lunes, 12 de octubre de 2015

CONFORMISTAS Y SERVILES, PERFILES DOMINANTES


Hay momentos felices, hay momentos tristes, hay momentos de llanto, hay momentos de gloria, porque la vida es un torrente dinámico, un columpio de venturas y desventuras. Y, del mismo modo, no hay momentos neutros.

La vida es un combate constante, para mantener una condición o para salir de ella. Los poderosos –léase los políticos, los gobernantes y los dueños del dinero- se nutren con las mentiras y traiciones, mientras el pueblo lucha contra ellos en un intento por mejorar sus condiciones, para sobrevivir, como la boruga atrapada por los perros de cacería que defiende la guarida y sus cachorros. Mientras más luche, mayores serán sus posibilidades de salvarse. Pero nunca, aunque la pelea es desigual, la boruga será indiferente ante el ataque de los perros y sus amos.
Por qué el hombre asume una actitud indiferente ante algunas amenazas ciertas, inminentes y feroces que lo han asediado históricamente, que se transmiten de generación en generación?.

Por qué mientras se prepara para eventuales terromotos e inundaciones, inclina la cabeza y dobla sus rodillas ante los ataques contra la Verdad, contra la Libertad, contra la Educación y contra su propia comida, y prefiere someterse antes que luchar?.
Sencillo. Porque las iglesias y los grandes medios de comunicación que son de los poderosos señalados arriba, maquillan las garras y las fauces de los perros de cacería mediante operaciones retóricas que modifican la cosmovisión de los borugos colombianos, hasta hacerles confundir los zarpazos con caricias. Entonces, se vuelven adictos a esa condición de sometimiento.
En Colombia, los vicios contemporáneos más fatales no son la corrupción, el alcoholismo y la drogadicción, sino el conformismo, precursor del servilismo, y la indiferencia. Se afirma que los alcohólicos y los drogadictos pierden la autoestima, pero los indiferentes y conformistas pierden el sentido de la Libertad.

Pero, tal vez lo más grave, es que vivimos entre esclavos que aman su condición. Y, peor aún, cuando rebelarse contra el conformismo es una apostasía, cuando no una utopía romántica; cuando no se triunfa con los principios y doctrinas sino con las “posiciones” porque la virtud fue sustituida por el “éxito”, entendido como la capacidad para obtener bienes materiales. El mundo estomacal.
El pensamiento y la rebeldía son anacronismos, de acuerdo con los líderes de derecha y los izquierdistas conciliadores que se sienten muy grandes entre el tumulto de arrodillados que es Colombia entera. Me avergüenzo de los “dirigentes”, no de la Patria, ni de mis regiones amadas, Quindío, mi natal terruño, y Caquetá, que me adoptó.
El camino ha quedado, y seguirá marcado, por las batallas que libramos y el eco de las voces inconformes reverbera en los aires aunque todavía no se escuchen las voces gemelas que, como en la leyenda bíblica, se disputen el peso de la cruz de la lucha constante.

La dignidad debe ser una bandera, un gesto supremo que debe convertirse en actitud contra el despotismo. Y es a través de la palabra que nos corresponde denunciar la indiferencia porque es preferible un pueblo muerto a uno mudo. Es menos peligroso el tirano que sus acólitos y vale más un hombre muerto que un esclavo vivo.
Todo con la palabra, porque no hay nada contra ella.


2 comentarios:

  1. Gritábamos: Indiferencia... ¡Complicidad! Y es cierto. Yo me acuso de haber callado, algunas veces, ante crímenes de derecha y de izquierdas. Y soy feliz de también haber gritado crímenes de parte y parte. Todo con la palabra, como dice el viejo Chucho

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  2. Me alegra que alguien de "Organicémonos" cite al viejo Gramsci! Cambian los tiempos, para bien!

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