sábado, 31 de octubre de 2015

Creatividad, magia y sorpresas en la noche del "Halloween"



El primer niño que llegó a mi apartamento reclamando dulces con motivo de la noche de brujas, vino disfrazado de Álvaro Uribe.
-"Si no me das dulces, te pego en la cara, marica, te monto un par de falsos positivos, te pongo de nuevo a Pachito en RCN” y como estoy a punto de enmosarme con el exvice, te doy un coscorrón, me dijo con acento paisa cuando abrí la puerta.

 Los niños ven la realidad de una manera muy particular y a partir de un hecho, de una frase, de una fotografía o de una simple conversación, comienzan un proceso mental que desemboca en la elaboración de su cosmovisión, fantasiosa, sofisticada o verdadera, se apropian de ella y la defienden con la fuerza de su corazoncito, con lágrimas, con sonrisas, con caprichos o con rabietas y hasta con silencios inexplicables.
Los pequeños perciben el mundo sin las prevenciones de los mayores, palpan los hechos inconvenientes de sus padres y de sus profesores; observan y sufren la violencia pero no son capaces de comprenderla y mucho menos pueden justificarla. Al pedir explicaciones sobre los conflictos -incluido el armado- entran en un verdadero purgatorio, en una cascada de dudas y penalidades porque los mayores no somos capaces de dárselas. O se las damos amañadas a nuestros puntos de vista, o simplemente dejamos que saquen conclusiones a partir de lo que les dicen los grandes Medios manipuladores. Del mismo modo, los pequeños no tienen las competencias para entender las decisiones inapelables de sus papás, no comprenden muchos fenómenos sociales como las injusticias, la corrupción o los avances tecnológicos, pero están inevitablemente sometidos a sus consecuencias.
En fin, los menores viven en medio del huracán de la vida social, política, científica y deportiva, no como protagonistas sino como elementos pasivos, como una especie de David, con su honda entre las manos, a la defensiva, ante los gigantes que los asedian, los amenazan, los agreden, los explotan, los manipulan y los dominan.
Para muchos niños, la vida no está siempre suspendida entre la obediencia, el miedo y las privaciones porque tienen el privilegio de vivir como reyes, en medio de la abundancia, aunque sin mucho cariño, porque sus padres son ricos... pero no tienen sino dinero.
Los hijos del pueblo, los que viven en las zonas deprimidas, aquellos que se quedan solos en sus casas mientras sus padres trabajan; los que toman aguadepanela y comen arroz diaria y persistentemente; los que sufren periódicos accidentes o son víctimas de los malvados, los que van a la escuela del barrio o de la vereda, los que sufren la guerra que tampoco entienden, de la misma manera viven la dinámica social sin comprenderla. Ellos también tuvieron este 31 de octubre un mensaje para la sociedad que no los protege de manera adecuada, que algunas veces los desprecia y en muchas ocasiones los utiliza como coraza para defenderse o para la comisión de algún delito.
Porque la llamada noche de las brujitas se universalizó con distintas denominaciones, entre ellas "día de la muerte" o "noche del espíritu", pero de todas maneras con el predominio de la versión gringa "Halloween", como consecuencia de la expansión ideológica "made in USA"  que tiene como objetivo la homogenización del pensamiento y la cultura, es decir, poner a la gente a pensar de manera unánime porque la controversia desbarata las mentiras, y ante la debilidad de las instituciones nacionales y su falta de creatividad para diseñar fiestas originales, auténticas que no reproduzcan modelos extranjeros.

Anoche, hasta los ciudadanos más distraídos sentimos una agitación de pequeños guerreros por las calles de pueblos y ciudades, metidos entre los disfraces que ellos imaginaron, entre las figuras de su simpatía o de su odio, utilizadas como mensajes de protesta o gratitud, como expresión de un anhelo, como provocación, como denuncia, como reflejo de las opiniones de sus padres y profesores o simplemente como un instrumento para hacerse reconocer, para salir del anonimato, o para reclamar un momento de atención.
“Dame amor, dame dulces por favor” fue la consigna más agitada por los pequeños, muchos de los cuales salieron acompañados por personas mayores. Tocaron la puerta del apartamento desde las 5 de la tarde hasta pasadas las 10 de la noche.
El primer grupo, se abalanzó sobre el paquete de dulces en una competencia anárquica como la izquierda colombiana.
-Vamos en orden, niños, les reclamé mientras los puse en una fila que llegó hasta las escaleras del primer piso.
Antes de comenzar la entrega de las golosinas, les pedí que cada uno explicara su disfraz a medida que pasaban por la puerta.
-Soy el presidente Santos, y necesito dulces, mermeladas y dinero para ganarme al Congreso y para financiar las inversiones del postconflicto, dijo un niño embadurnado de silicato de magnesia, imitando la voz gangosa y seca del mandatario.
-Solo dulces puedo darte y, por favor, no pidas ni recibas dinero esta noche, le advertí.
-Soy un signo de interrogación y quiero saber hasta cuándo seguirá la guerra, se identificó el siguiente.
-Difícil respuesta, anoté. Por Uribe y su combo de ultraderecha, secundado por el fundamentalista exprocuraGODOr y otros personajes obsesionados por la violencia, la tendremos durante muchos años más y entonces ustedes, como Yo, nunca conocerán la paz.
-Soy un verdugo, ejecutor de las penas de muerte y quiero acabar con los corruptos, con los violadores de niños y con los maltratadores de mujeres, gritó uno, entre la fila, con evidente enojo, desde el interior del disfraz de "la santa parca".
-Soy Iván Márquez y reitero que el mundo no ha dado ni un paso hacia la civilización sin la ayuda de las armas y sin un ejército del pueblo...tengo los fusiles y un ejército ya desmovilizado pero no tengo pueblo. No tengo sino esperanzas de que "El Paisa" no se vuele de la zona de transición. Sacó dos barriletes, 3 supercoco y muchas bombas, se puso el pasamontañas y bajó veloz las escaleras.

-Soy un campesino de "El Pato" y quiero una reconstrucción histórica basada en las huellas de la sangre, en la memoria colectiva, sin reservas sobre la verdad de la violencia. Una paz verdadera, sanadora y duradera...me salió en verso, agregó recogiendo su poncho que se le cayó cuando al saludar hizo una venia.
-Soy congresista de la iglesia cristiana, dijo una pequeña, arrodillada ante el paquete de dulces, extrañada por su marca...¿son dulces MIRA?, preguntó.
-Casi adivinas, pequeña...son Miraflores, pero leíste solo la mitad porque tengo la bolsa doblada, le dije.
-Dame muchos dulces y los diezmos para llevarle a mi pastor, me rogó, mientras estiraba una bolsa grande de tela, igual a las que utilizan en las iglesias de la Piraquive para recoger las vacunas de los fieles.
-Soy un puñal de luz que me quiero meter en el corazón de los Medios de comunicación porque están inundados de basura mentirosa, declaró el muchacho que llevaba un micrófono colgado en su pecho con los logotipos emblemáticos de RCN y Caracol, radio y televisión.
-Somos dos enfermos que padecemos el calvario de las EPS, más grave que nuestra propia enfermedad, y ya no tenemos ni fuerza ni paciencia pues llevamos 6 meses a la espera de citas con el especialista y turno para una cirugía, dijeron con voces casi inaudibles dos niños metidos en esqueletos que semejan cadáveres ambulantes.

-Soy la tierra, exclamó una pequeña de 8 años, gordita y metida en un mapamundi. Todo está muriendo en Mí porque todos me han vuelto la espalda, empujados por la ambición. En el futuro amasaremos mucho dinero pero no tendremos mercancías para comprar, pronosticó.
-Me llamó la atención una niña que murmuraba debajo de las escaleras, asustada y sola, con un loro en su mano derecha y una anaconda plástica que le envolvía el cuello.
-Qué te pasó?, le pregunté desde arriba
-Soy la exalcaldesa de Florencia y...
-y qué?, la acosé
-Pues como estoy condenada espero mi turno, aquí escondida, anotó, ocultada por un velo sostenido por uno de sus contratistas.
-Soy Cárdenas, el extécnico del deportivo Casi, me dijo un pequeño parándose al frente de la puerta, con un balón verdiblanco en el piso, un fusil al hombro y un estribo en su mano derecha.
-Bueno, le dije, pero si eres Cárdenas, cómo explicas lo del fusil y el estribo?
-Ahh, mirá, ve, tu sabes que Yo siempre juego a la defensiva...y el estribo porque dicen que no sirvo sino para meter la pata.

Llamó la atención de los concurrentes la llegada de dos mujeres jóvenes y hermosas que trajeron a una niña dentro de un raro cajón metálico.
Apenas saliendo del singular empaque, la pequeña se confesó:
-Soy un fruto LGBTI y fui adoptada por ellas. Mi cosmovisión y mi estructura socio-política son tan inusuales como el cajón en el que llegué...pero antes que me den dulces, quiero quejarme porque... ¡¡ustedes no se imaginan lo trágico que es aguantarse la opresión y la cantaleta de dos mamás!!.
-Soy congresista, se me presentó un niñito de 7 años, vestido como un rey. Soy el rey del ausentismo...y desapareció, como hacen los congresistas luego de contestar el llamado a lista.
-Soy el exfiscal corrupto anticorrupción, gritó un muchacho casi adolescente desde el interior de un toro mecánico que, sacudiéndose, subió las escaleras.
No veo la asociación entre corrupción y el disfráz, observé.
-Soy un toro mecánico porque tumbo a todo el que se me arrime, incluidos abogados, jueces y magistrados.
-Estas fiestas, estos pedidos de dulces, estos disfraces están hechos para poner a la gente del común, especialmente a nosotros los niños, a pensar, a sentir y a esforzarse para vivir como los gringos, me dijo una jovencita que hizo fila pero no recibió dulces ni juguetes y tampoco estaba disfrazada.

-Soy el pueblo, me dijo tímidamente al oído un niño que llegó en medio de dos banderas de Colombia.
-Y tus banderas que representan?, le pregntó el niño que seguía en la fila.
-Una está arriada...es la bandera de las luchas...y esta otra está izada...es la bandera del conformismo, la resignación y el servilismo, respondió. El pueblo adora la servidumbre.
Con alardes de preciosismo literario y acompañada por dos papagayos, una linda muchacha, de ojos azules, llegó atropellando al grupo. Soy la mentira, se identificó. Me encanta la seducción y dio varias vueltas en el descanso, al pie de la puerta.
- Y los pagayos?, la interrogué.
-Son la prensa y la radio...mis más importantes conquistas, contestó a tiempo que metía a los animales en una jaula.

Un delfín amarillo bajó del  sexto piso y, muy de prisa, confesó que
representaba a Rodrigo Lara.
-El alcalde de Neiva o el hijastro de mi amigo Vargas Lleras, le preguntó un inquieto niño disfrazado de director de Noticias Caracol que agitaba un incensario.
-El de Vargas Lleras, dijo tranquilo.
Primer delfín amarillo que veo, reclamó "la paloma de la paz" que comía maíz pira en el suelo.
-Amarillo de la pena con mi papá que fue asesinado por la gente que ahora defiendo, exclamó con el cinismo que ya es natural entre los congresistas.
-Soy la paz, gritó el último niño de la cola, soltando una paloma flaca y desplumada que se precipitó sobre la bandeja de maíz pira que repartí entre los niños.  
-Estoy moribunda y sucesivamente manoseada. Primero por diálogos más largos y aburridores que "sábados felices", después por la disputa del SI y el NO y ahora por los partidarios de la violencia, dijo mientras tomaba los últimos dulces y juguetes que quedaron del desfile de disfraces.
Una niña, disfrazada de pata sola, llegó cuando ya me retiraba
-Soy la izquierda y no quiero dulces. Solo pido que todas las "patasolas" de Colombia, todos los que hemos sufrido por causa del Estado excluyente, corrupto e injusto, implantado por unas pocas familias, nos juntemos para fundar una patria con justicia social. El sectarismo, la incompetencia y el complot de la derecha nos ha dejado históricamente sin opciones.
Cerré la puerta, agotado por la faena con los niños y su fiesta de brujas pero cuando empecé a quitarme los zapatos sonaron en la puerta tres golpes extraños y atropellados, como cuando alguien llega de prisa, perseguido, o acosado por un cólico de amebiasis.
-Soy la parca, llavecita, me gritó en la cara.
Desperté a las 7 a.m. envuelto en una cobija térmica que me puso mi hermana  Martha para enfrentar una de las noches más frías de este otoño en la zona metropolitana de Washington. Soñe con el mundo sin alma, que celebra el día de los niños sin enseñarles a pensar, a comprender el universo y los conflictos sociales, a entender por qué la justicia y la ley han sido sustituidos por la fuerza. 
Mi sobrina Karina encontró un billete colombiano de $100 mil -que alguien metió por debajo de la puerta- cuando salió a las 6 de la mañana.
-Tío -me dijo por celular- me acaban de llamar de la oficina de una campaña política desde Bogotá para decirme que el nietecito del señor de la foto del billete no pudo llegar al desfile de disfraces por causa del paro de Avianca pero que unos amigos suyos pasarán más tarde para que le firmemos un certificado chimbo de su asistencia.
-Más fácil le firma Santos!!, le dije mirando el billete del abuelo del "coscorronero"
-¡Y saber que en Colombia nunca tuve uno de estos en mis manos!!
Me tomé un café de orígen "Kajamarca" que personalmente recogí, despulpé y sequé. Tostado en el SENA Agropecuario de Armenia, me traje 12 libras para degustar en las tierras del mono Trump.
Con el primer sorbo solté una sonrisa por las amenazas del niño que inició anoche el desfile. Y me senté a escribir este relato.


1 comentario:

  1. Se sacó el clavo Chucho con tantos embuchados que atormentan nuestra conciencia de demócratas sin ataduras. Pena que los niños fueron el instrumento de la catarsis. Pero vale.

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