martes, 26 de septiembre de 2017

Vueltazo por el parque del río James en Richmond, Virginia

Después de 12 días metido en la selva de cemento, caminando entre los rascacielos de Miami y las monumentales vías de Fort Lauderdale y Richmond, Virginia, ayer tuve mi primer encuentro con la naturaleza y en un breve recorrido por el parque del legendario río James me sentí feliz pero nostálgico con algunas estampas que me transportaron al querido e inolvidable Caquetá.
El parque tiene 11 grandes componentes principales, entre los cuales se destacan: Belle Isle, Pony Pasture, Los humedales, Prado de Riverside y el famoso e intrépido Muro de Manchester.
Piedras planas, senderos para caminantes y ciclistas; sitios históricos, una zona popular para nadar y tomar el sol. Los humedales tienen senderos para caminar y montar en bicicleta y sitios especiales para el avistamiento de especies silvestres y observación de aves, de las cuales las migratorias ofrecen espectáculos exclusivos. La pared de escalada de Manchester está situada debajo del puente de Manchester al sur del Richmond céntrico, y es una serie de caballetes abandonados del tren que se han equipado con los pernos y los arnés.
Quizás por el conocimiento y la familiaridad con la Amazonia, vi una flora muy uniforme, sin gracia, de color verde grisáceo. Y el histórico río James, a través del cual se embarcaron los primeros luchadores por la independencia americana, eje del parque, es como un viejo nostálgico que contiene el breviario de las luchas de los antepasados. En desarrollo de esa guerra, Patrick Henry, una de las figuras más prominentes de la guerra por la independencia americana, pronunció la famosa frase  "Give me liberty or give me death" ("dadme la libertad o dadme la muerte") durante un acto político desarrollado aquí en Richmond.
El James se despliega lentamente, desparramado por un lecho ancho, lleno de piedras grandes aplanadas, atravesado por el monumental puente Manchester Bridge de casi un kilómetro de largo. Es el alma de los americanos, algo así como el Magdelena colombiano y de acuerdo con testimonios de algunos residentes, aunque parece inofensivo en verano, en invierno es como una fiera que baja cautelosa y en varias ocasiones se ha llevado algunos puentes. Precisamente, el grandioso Manchester Bridge fue construido muy por encima del río y remplazó a una vieja estructura sumergida por el James, enojado tras el huracán Agnes en 1972.
En uno de sus costados fue construida una muralla de protección contra los embates de las inundaciones, coronada por un sendero utilizado principalmente por turistas para su reconocimiento. Desde allí, sentí palpitaciones extrañas, tal vez por la inmensidad del megapuente y pocos minutos después por la confusión derivada de sentirme debajo de su estructura. Por momentos, intenté descorrer el velo de la historia americana, recordé que Thomas Jefferson, nacido aquí en Virginia, fue autor de la Declaración de Independencia y del Estatuto de Virginia a favor de la libertad de religión y, además, tercer presidente de USA.
Pero me aparte del tema al ingresar al sendero que une la ciudad con el bosque, por debajo de la mega estructura y observar el tren lento y kilométrico que pasó muy cerca con sus 200 vagones. Inevitablemente, me metí en el cancionero popular porque mi hermana Liliana cantó:
El Tren lento va partiendo
Sobre los hilos de acero
Y en él se va despidiendo
El amor que yo más quiero
-En esta ocasión no es maldito tren, es bendito tren, le dije. Y no lleva, sino que trae alegrías a tierras lejanas. Caminé otros metros con Julio Jaramillo mientras tuve al otro tren, el carbonero, deslizándose perezoso por la orilla derecha del James. Orgulloso y feliz, hice un video de 5 minutos para mi familia y sus comentarios fueron de incredulidad por la longitud del tren al que no le vieron ni su locomotora ni la cola de la cadena de vagones. 
Desde luego, por ser una zona natural con senderos sinuosos, rocas escarpadas y un río caudaloso, el parque tiene peligros inherentes en muchas de las 550 hectáreas integradas al parque en las que abundan las oportunidades para disfrutar de paseos, descensos por rápidos, remo, la pesca, los inflables, el senderismo, el ciclismo, las carreras de montaña, la natación, los baños de sol, la observación de pájaros, los picnics, las escaladas y saltos en rocas, los paseos con perros, el estudio de la naturaleza, la fotografía e incluso trepada a los árboles, bucear, instalación de campamentos y otras actividades guiadas.
Los visitantes, la mayoría expertos en este tipo de aventuras,  utilizan mapas donde se muestran todas las áreas abiertas al público, así como también las reglas del parque y los las recomendaciones de seguridad. El parque tiene varias entradas, en cada una de las cuales existen zonas de estacionamiento que se saturan en verano.
 Además de los turistas internacionales. la gente del común también acude masivamente a este escenario para encontrarse con su propia vida en medio de la tranquilidad ensoñadora de la naturaleza, para decirse cosas dulces en el mutismo del bosque y del río sin rumores, con sus ondas irisadas y erizadas; para gritar atropelladamente sus triunfos, para ejercitar sus condiciones físicas, para abrazarse, para congraciarse, para discutir entre el espejismo y los recuerdos del río que recoge historias de vida asociadas a la independencia americana. Otros llegan para disfrutar de la lectura al aire libre, para hacer estrofas, para tenderse a las caricias y a los besos, para sentir el aire que empieza a enfriarse por el otoño.
El colectivo ciudadano y el gobierno se apoderaron de este espacio colosal, lo cuidan, se puede afirmar que lo acarician pues a pesar de su gran extensión y al alto número de visitantes, permanece limpio, como recién lavado.
Las mentiras de la vida moderna, las pérfidas conductas de los políticos y gobernantes; las desigualdades profundas en muchos campos, la frustrada fraternidad, la esterilidad de las luchas, la corrupción elevada a la máxima potencia por el siniestro cartel de la "Justicia", la delincuencia en las calles, en fin, el espectáculo de vergüenza y de oprobio que se ofrece como pan de cada día -a falta de pan- desaparecen ante el frondoso apaciguamiento, ante la belleza beatífica del paisaje y ante el espíritu cordial que se apodera de la gente que circula por distintos sectores del James River Park.
Con los ojos puestos sobre la naturaleza cálida y colorida, aquí en el Estado de Virginia, en compañía de la algunos familiares, es un privilegio que nos consuela en medio de tantos sueños insatisfechos y ante la palidez que se percibe a la distancia de nuestro país, sometido por la politiquería y la corrupción, arrodillado, silencioso y conformista.
El parque del río James, como un emperador con su corona monumental, el puente Manchester Bridge, es como un sueño placentero, cuasi-erótico, de esos que uno tiene cuando se duerme muy cansado.




lunes, 25 de septiembre de 2017

Los sindicados y condenados "VIP" del Estado


Escribo estas reflexiones a propósito de la conmemoración, este 24  de septiembre, del día de Las Mercedes, la virgen patrona de los reclusos del Estado, porque los rehenes de las fuerzas ilegales tienen otros patrones, ya sean paracos, guerrilleros o delincuentes comunes...
Reflexiones motivadas por los últimos  y muy sonados sucesos de la vida nacional que tienen tras las rejas a numerosos delincuentes de cuello blanco y cuyo protagonismo es evidente no solo por su condición y por la connotación que tiene su conducta delictiva sino por el tratamiento preferencial que han recibido por parte del poder judicial.
La finalidad de la pena privativa de la libertad apunta simultáneamente a la protección social, a la prevención de futuros delitos, a la retribución por los daños causados y a la resocialización del delincuente. Tres de esas metas no  han sido alcanzadas en ningún país del mundo, pero la que sí se practica es la de la retribución, que se ejecuta como un castigo y para lo cual solo se necesitan recintos seguros para aislar a los acusados y condenados. No es una inversión políticamente rentable alcanzar las otras metas y por ello nunca existen los recursos suficientes para su implementación.
Además de ineficaz, selectiva, lenta y prostituta, la justicia penal colombiana cimenta su práctica en la protección del sindicado o condenado-élite y en la desprotección del sindicado-masa. El primero es objeto de una acuciosa defensa, tratamiento preferencial en inspecciones de policía, juzgados y cárceles, aunque la mayoría no van a ellas o si lo hacen es por pocos días y disfruta de un estricto cumplimiento de los términos legales. En fin, gozan en general de simpatía judicial y social porque sus casos son considerados como una desgracia. El sindicado-masa, por su parte, debe resignarse a una defensa de oficio, que es una burla a la justicia y, además, no es ni defensa ni oficiosa, es sometido a  tratamientos despectivos y a veces violentos, al incumplimiento sistemático de términos y, en general, se gana una aversión judicial y social.
El "pincher" Arias, como se conoce al consentido exministro de agricultura de Uribe; Bernardo Moreno, exsecrtario general de la misma y corrupta administración; los hermanos Nule, Samuel  Moreno y su hermano, el senador Ivan; los directivos del hospital de Meissen, el joven borracho que mató a dos damas con su carro de alta gama, los intocables burgueses de Interbolsa y los protagonistas de los más recientes y sonados casos de Odebrecht y el cartel de la "Justicia", son personajes que, tristemente, han recibido tratamientos preferenciales a pesar de la gravedad de los delitos que cometieron. Alcobas -léase verdaderas suites- les fueron asignadas en los sitios de reclusión a los que llegaron después de muchos meses de libertad. A ellos se les anunciaron los cargos por todos los medios y tuvieron tiempo de conspirar contra el mismo sistema penal, apoyados en sus reconocidos poderes políticos y económicos, antes de acudir a las audiencias respectivas. Esa facilidad para conspirar contra el sistema judicial, les permitió a la ex-directora del DAS, al propio "pincher" Arias, al exalto comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo y a la excontralora Sandra Morelly, entre otros, salir del país para evadir sus responsabilidades. Los defraudadores del hospitales y EPS, es decir,  quienes se roban la plata para la salud del pueblo y por culpa de quienes mueren muchas personas, recibieron el beneficio de casa por cárcel. Delincuentes de talla menor son encarcelados en celdas frías y oscuras desde el momento de la presunción de su culpa y ni decir de los ladrones de relojes, celulares y cadenas en las calles, quienes son maltratados físicamente antes de ser encerrados en calabozos hacinados.
Un exjefe de la Sijin en el Caquetá, capturado con casi 100 kilos de cocaína, hace algunos años, fue condenado a unos pocos meses, mientras cientos de campesinos se pudren en las cárceles porque les encontraron unas cuantas matas de coca en sus predios.
El magistrado Pretel sigue atornillado a su cargo a pesar de las graves denuncias en su contra y el propio Fiscal general, Néstor Humberto Martínez, salpicado por los graves hechos delictivos del exfiscal Moreno, mantiene su soberbia y saluda a la bandera a pesar de la descobijada prostitución de la justicia.
El aparato jurídico- penal es un poderoso instrumento de dominación que golpea principalmente a los sectores populares. Los más altos porcentajes de la población carcelaria pertenecen a los iletrados, gente con poca educación, campesinos, colonos e indígenas, que soportan hacinamiento y condiciones anti-higiénicas en todas las cárceles del país.
"La crisis carcelaria es un reflejo de la crisis del sistema penal y solo encontrará soluciones mediante reformas profundas de las estructuras políticas, sociales y económicas del Estado", pronosticó el inmolado maestro de las leyes Alfonso Reyes Echandía, en un trabajo divulgado pocos meses antes del holocausto del Palacio de Justicia y agregó que "tenemos que preferir la evolución a la revolución, pero si la evolución es muy lenta, estallará la revolución". Una sentencia premonitoria de la crisis que vivimos, 32 años después de su muerte.También hizo claros señalamientos  en los que debatió los objetivos de venganza y expiación que tiene la pena en nuestro país para las minorías, para las personas de los estratos populares.
El nivel de efectividad real de las normas jurídicas es bajísimo, mientras los efectos nocivos de las prisiones aumenta en proporciones geométricas. Las  cárceles son verdaderas universidades del delito y desde ellas se cometen crímenes de distinto tipo. Cuáles son las políticas de repersonalización y reinserción social y productiva de los prisioneros?.
En un día como hoy, cuando el Estado les celebra su día a los internos de las cárceles con un pedazo de carne mal asada y los familiares y amigos acuden a  esos centros de reclusión para celebrar el único día de integración, se siente la angustiosa necesidad que viven esas personas para que alguien que no pertenezca al sistema y al poder, los escuche. Para que  recoja su voz de soledad, de abandono, de marginación y de tristeza que los destroza y desintegra a su familia. Porque nuestro sistema carcelario, en lugar de rehabilitación, ofrece amargura, hostilidad, violencia y desmoralización entre la población que por distintas razones cae en las obsoletas pero peligrosas garras del resentimiento, de la discriminación y de la injusticia.
Otro tema que amerita la intervención urgente de los organismos encargados de la defensa de los derechos humanos es el relacionado con el alto número de inocentes que se encuentran en las prisiones, ratificado numerosos y dolorosos casos, de los cuales el del carpintero caqueteño, de San Vicente del Caguán, señalado como "extraditable" hace varios años. Después de 6 meses de penosa detención, volvió a su hogar. Mientras su traslado a Bogotá, se hizo en un vuelo charter, escoltado por helicópteros, su regreso tuvo que hacerlo en un bus de servicio público. Entre tanto, miles de culpables de los estratos altos, disfrutan de la libertad y continúan en la delincuencia. 
Del mismo modo, es crítica la situación de los internos-masa en materia de salud. De acuerdo con estadísticas oficiales, durante el último año murieron al menos 6 internos como consecuencia de la ausencia de atención oportuna en medicamentos y procedimientos.
.El personal médico no recibe su sueldo, no hay medicamentos y los hospitales no atienden a los enfermos. La situación se salió de control y en varias ocasiones el gobierno ha decretado la emergencia carcelaria.

Además de la pena, los reclusos deben pagar la condena del contagio de graves enfermedades, adquiridas por causa del alto grado de hacinamiento y de las pésimas condiciones de higiene que son comunes en la mayoría de las cárceles del país, a las cuales NO llegan los sindicados ni los condenados de los estratos altos, por la "consideración" que reciben del aparato judicial o porque compran las decisiones de jueces y magistrados.
Un saludo para todos los presos "oficiales" en su día tradicional. Y otro, con abrazo, para quienes están presos de sus odios que no les permiten desarmar sus espíritus de cara a la reconciliación que reclama todo el país.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Cataño en Fort Lauderdale

Después de casi 4 horas de vuelo desde Armenia, con una que otra sacudida sobre cordilleras, selvas y el Atlántico, y del pánico primitivo que me invadió al imaginar que sobrevolaba el misterioso Triángulo de las Bermudas, vi las aguas  atornasoladas de una gran inundación, un intrincado y extenso sistema de canales y los árboles desnudos y tristes de Fort Lauderdale, la llamada Venecia de América.
Es un importante destino turístico y de acuerdo con las estadísticas, más de 20 millones de personas la visitaron durante el último año, existen más de 50 mil barcos, pesqueros y veleros, de propiedad de los  residentes, con más de 100 puertos deportivos y de astillería.
Un agente turístico del hotel nos explicó que la ciudad recibe su nombre por numerosas fortalezas construidas por Estados Unidos durante la denominada segunda guerra seminola y por el apellido de un alto oficial encargado de la construcción de las más importantes fortificaciones.
En general, La Florida es una gran esponja que absorbió muy pronto no solo el agua sino también los dolores causados por "Irma". Pero también la esperanza lo llena todo, hasta las casas y edificios vacíos por la huida masiva de la gente que apenas retorna después del gran susto.
Amanecí, pues, en Florida, uno de los grandes destinos imaginados por todos, que a la vez es un lugar de grandes historias e ideal para grandes relatos. Desde mi cama del hotel Ramada Plaza vi un cielo azul nítido. Una raya amarilla brillante y fugaz me partió en dos sin dolor cuando el viento movió la cortina que dejó ver una gran planada, un paisaje extenso cuyo aire todavía tiene el aroma de los árboles caídos, algunos de los cuales representan las palpitaciones postreras de la muerte y destrucción provocada por el huracán "Irma" hace apenas una semana en La Florida.
Desde el  tercer piso, allá lejos veo la ciudad que se hunde bajo una singular telaraña de puentes y avenidas, los automóviles parecen quietos, como indecisos en su viaje de regreso después de la mayor evacuación de la historia, forzada por los pronósticos meteorológicos pesimistas acerca del poder destructor del huracán.
La insolencia de la naturaleza unió a la gente en el miedo pero no pudo romper el individualismo capitalista del gringo que prefirió huir antes que desarrollar una actividad colectiva de protección. El temor propicia la desbandada de todos los ideales, de todas las ecuanimidades.
La ciudad está terriblemente quieta y la gente habla bajito, como los visitantes en la habitación de un enfermo grave, por temor a que "Irma" se devuelva con su ira exaltada. Se diría que aunque ya regresó la mayoría de la población, la ciudad está sola, callada y quieta. Los árboles, los jardines y sus lugares fecundos y queridos ya no están por cuenta de  la naturaleza, de esa naturaleza igualmente silenciosa pero irrespetada por quienes se creen superiores a ella.
La misma naturaleza que da respuestas de castigo y de venganza a las agresiones recibidas por parte del hombre que, invocando dioses y espíritus, presume de omnipotente. Precisamente aquí, frente a sus costas, se registró uno de los mayores desastres ambientales, el famoso arrecife artifical de Osborne, formado por casi un millón de llantas desechadas que fue construido con la pretensión de que sirviera como hábitat para algunas especie de peces pero se convirtió en una gran fuente de contaminación. Las llantas fueron desplazadas hacia un arrecife vivo, produjeron su muerte y han quedado varadas en las playas de manera escandalosa después de los huracanes y tormentas.
Pero bueno, aquí están los elementos vitales del temperamento americano, su gente, su disciplina, sus capacidad de trabajo, su orden, su amor por la patria...y su consumismo compulsivo.
La soledad de las vías peatonales, derivada del uso masivo del automóvil, me espantó y, quizás por el trauma desarrollado por la constante inseguridad en Colombia, entré en pánico, me sentí en riesgo, me creí una paloma asustada, salvada del terrible ciclón y me vi amenazado por las pocas personas que observé. Después de unas pocas fotos, corrí de regreso al hotel.
Los automóviles solo tienen una placa que va en su parte trasera, las mujeres son hábiles conductoras de articulados similares a los de Transmilenio -que aquí se llaman "guaguas" - dotados de dispositivos para el transporte de bicicletas. El pasajero detiene el bus, acomoda su bicicleta y aborda el vagón, sin afanes como si se tratara de su carro particular. Las conductoras -todas morenas claras y oscuras- hablan en voz alta y sustituyan las voces extrañas robotizadas que hacen los anuncios en el sistema de transporte bogotano. Los miembros de la tercera edad pagamos solo un dólar por trayecto. En mis recorridos de reconocimiento me gasté apenas 5 dólares. Eso sí, debes llevar el "peso" suelto porque la máquina no te da vueltas. Y también me encontré con los "avivatos", esa especie que abunda en el mundo, esa esencia sobrehumana simbólica, llena de ambiciones graciosas que te explota de manera inmisericorde. Uno de ellos me cobró 1 dólar por el cambio de un billete de 5. Pero lo tomé por el lado amable, como nos enseñó el genial Chavo.
De regreso al hotel, en la comodidad de mi cama, frente a una pantalla gigante, preparando un café que es un insulto para mi sobrino Javier, ahora experto catador, pensé que el periodismo es por momentos una forma de vagancia productiva que nos ofrece estos momentos de refinamiento voluptuoso. De todas maneras y aunque les despierte una sonrisa medio guevona, sigo siendo una persona que está fuera de toda contaminación y servidumbre. Soy siempre libre porque estoy por fuera de todos los convencionalismos. Ríanse porque la risa es un esfuerzo del espíritu hacia el olvido del dolor. Aunque muchas personas dicen temerle a las risas exageradas y sostienen que algunas veces se han sentido tristes pocos minutos después de haber reído. Entonces, no se rían.
En medio de la embriaguez visual después del recorrido de 3 horas en "guagua", sintiendo la grandeza del poder gringo que se percibe por todas partes y es un orgullo nacional tan grande como sus rascacielos, recordé que precisamente aquí en Fort Lauderdale la naturaleza se tragó a un escuadrón de 5 aviones torpederos, pocos meses después de finalizada la segunda guerra mundial. Con ese episodio triste, comenzó la leyenda famosa del "Triángulo de las Bermudas", cuyos otros dos ángulos son Puerto Rico y Las Bermudas.
Mañana les contaré detalles sobre la visita que hice a Miami, el corazón turístico y de negocios golpeado por la revolución completa de las leyes de la naturaleza que sometió a sus habitantes. Por eso es que afirmamos que todo lo que ocurre es natural porque fuera de la naturaleza no están sino los fantasmas, que en Colombia se personifican en la inequidad, la corrupción y la politiquería.
Tenemos que devorar la vida antes de que ella nos devore. La naturaleza misericordiosa nos tiene mientras tanto entre las maravillas de mi familia y amigos residentes en USA, perdonando a quienes se ríen de nosotros.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El encuentro con mi hermano "Concho"


 

Hay momentos en la vida cuando uno no puede decir nada pero lo siente todo, cuando las emociones son tan fuertes que tardamos más tiempo para asimilar la complacencia que se nos sale de los sentidos y vuela como un fantasma que nos hace mover el piso. Cuando no sabemos qué hacer con tanta dicha. Mientras más grandes son la belleza y la alegría, más grande es la impotencia para describirlas.
Aunque la emigración familiar a USA, que comenzó en 1972 con el viaje de Gladys, la hermana mayor, ya sacó del país a otros 6 miembros del clan Catano Espinosa, mi hermano Cesar, "Concho" como le decimos, llegó en asilo por razones profesionales y en busca de opciones medicas para su salud maltrecha y adolorida.
Anoche, cuando lo vi sentado en un sillón de la sala de espera, sentí que el destino me hacía una ofrenda con un monumento a mis sueños. Mi hermana "Nena" y algunos sobrinos hicieron una avanzada para recibirme con calidez y alborozo especiales pero "Concho" se quedó varios metros con el celular y el corazón en sus manos, con la seguridad de que de todas las alegrías la sorpresa es la mas auténtica. Caminamos despacio en medio de la ansiedad por abrazarlo en su casa, a media hora de camino. Mientras hablamos de los pormenores del viaje y sobre mis dos días en Miami, incluido mi momento fatal, como si hubiera desaparecido el sol, cuando estuve a punto de perder el vuelo. De pronto, la "Nena" pidió que nos sentáramos para hablar unos minutos. Entonces, un viento huracanado, como Irma que paso hace apenas una semana por La Florida, me sacudió y me mostró que lo mejor de la familia es el afecto y la unidad. Agazapado en un sillón estaba "Concho" emboscado para darme por la espalda un golpe de felicidad. Como el cazador cazado, corrí a recoger la victoria con una abrazo salido del alma, que tal vez es el mas largo y apasionado que haya dado.
Todos los recuerdos en un minuto, como una cascada sonora, pasaron mientras lo golpeé en su espalda...la fuerza de las emociones rompió el dique y por mis ojos brotaron los tapones salados que cayeron en su espalda...tuve que pedirle a mi corazón que frenara sus ímpetus que escuché como el ariete acelerado que papá Jesusma tuvo en la finca El Silencio, del corregimiento el Caimo de Armenia.
Todas  mis horas han sido atropelladas y en esa sucesión dinámica de las cosas, incluidos desde luego  los torbellinos formados en las aguas sucias de la indisciplina y en los huracanes perversos de los momentos "exitosos", he visto florecer las plantas y también he visto su marchitamiento.  He saludado la vida de distintas maneras, desde partos en humildes canoas campesinas, hasta nacimientos pomposos en clínicas de reconocido prestigio. Y he sentido las garras de la parca, en la guerra, en hospitales y en anfiteatros. Pero ya en la llamada tercera edad - eufemismo utilizado para denominar a los ancianos- la turbiedad derivada del agitamiento se ha perdido, llegaron la calma y la claridad y entonces los torrentes vigorosos y contradictorios se transformaron en corrientes que avanzan con angustiosa melancolía en busca del beso con la playa para fundirse en la paz infinita.
Acabo de aterrizar en Richmond, Virginia, un viaje que he soñado, casi que lo he vivido, más por encontrarme con mi hermano César, insignia de la lucha y resistencia del hombre frente al dolor y la adversidad, que por visitar este Imperio colosal, criticado sucesivamente con mis acciones y con mis palabras, como un hierro caliente que pone su marquilla indeleble con todo el peso del desprecio que desciende desde la cima de la dignidad.
Ante la emoción del encuentro, mis calificativos y apóstrofes vehementes y soberbios se silencian y mi condición de luchador indignado, vibrante y enfadado se transforma hasta el punto que solo quiero incienso de rosas para celebrar este momento, el de un anhelo satisfecho, coronado, como dicen los muchachos.
Todo lo que hice en mi vida calla en este momento como un homenaje a mi hermano "Concho", un luchador solitario y un soñador al mismo tiempo...los escombros de mi vida, esa conflagración tormentosa de los acontecimientos desafortunados, se apagó anoche  y siento que comenzó la germinación de los  arboles que le darán sombra a mi vejez...quiero ensayar un poema pero, ¡ay!, no puedo porque son muchas emociones juntas.
A pesar de su calvario, doble calvario, múltiple calvario por el que le tocó transitar, lleno de espinas que le pinchan el alma, y no obstante la precariedad de su salud, "Concho" es una persona excepcionalmente simpática, dotada de chispa repentista singular y con habilidades expresivas y afectivas que perfuman  las relaciones familiares y se decantan en sus dos nietos, Damián y Andrea.
Por sus mismas condiciones físicas, no hablamos mas de dos horas tras la ruidosa llegada a casa, pausada por una rica chocolatada que nos preparó Luz Elena. Desfilaron sueños, castidades, violaciones de todo tipo, con sobre dosis de corrupción y el cartel de las altas  Cortes.  Pasaron flores, amigos, café, guadua, el ariete acelerado de la  finca El Silencio y hasta el soplo del zarpazo de la parca que le cambió su destino y el de su familia. Su desamparo, su soledad, sus pensamientos. Pero pude comprobar que  no obstante su contacto permanente con el  dolor, su alma  esta llena de de sonoras melodías que le cantan a El y a su familia.
Y como soy un enamorado de la perfección cuando me siento a garrapatear palabras, renuncio a esta tarea ahora mismo porque este portátil descompuesto ya no resiste  mas insultos.
Del mismo modo, sigo convencido de que no podemos dejar a otros el trabajo de  de contar nuestras propias historias..."Concho" nos enseña que la vida hay que disfrutarla y celebrar todas las emociones...no podemos aplazar el uso de las buenas emociones porque quizás nos pase lo mismo que con el dinero: que un día no sepamos que hacer con ellas.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Personajes de la vida cotidiana. Los arrieros: madrazos de nobleza y sabiduría

Arrieros somos y en el camino nos encontramos
Agua que no has de beber, déjala correr
Muerto el perro, muerta la chanda
Es mejor volver atrás que perderse en el camino
Al mal tiempo buena cara y a lo hecho, pecho
Solo quien carga el costal sabe lo que trae adentro 
Donde se halla la hierba se encuentra la contrahierba
Cayendo y levantando, pero caminando
El camino no es el destino
Tu eres más desconfiado que un gallo tuerto 
Adentro mulas maiceras que el putas nos está esperando



 El desarrollo del país, su gente, su economía, su folclor, en fin, su historia toda, tienen una deuda ya impagable con los arrieros, quienes por montañas, cañadas, precipicios, valles y lomas inaccesibles hasta entonces, protagonizaron lo que Manuel Mejía Vallejo denominó como “la epopeya del hombre y la bestia frente al desafío del paisaje abrupto, en el milagro de los avances”. Y otra deuda con los cascos y los lomos de mulas y caballos que llevaron al hombre a los confines más lejanos e inhóspitos de la geografía nacional.
En Antioquia y el eje cafetero, la arriería fue pionera del desarrollo de esos pueblos y junto con el hacha, el machete y el sombrero, son los emblemas de esa raza pujante, preciosista, melancólica y prodigiosamente fecunda y longeva. Entre los abismos de su accidentada geografía se escuchan todavía los ecos de los madrazos de los arrieros pues ellos mismos dicen que “a las mulas hay putearlas para que trabajen”.
La expresión “¡arre mula hijueputa!, además de haber sido el combustible que movió el progreso de comunidades y pueblos enteros, es la síntesis de una operación semántica construida por la sabiduría del arriero para describir de manera simultánea la torpeza y la capacidad de trabajo de la bestia mular. Inspiradores de cientos de refranes, el arriero fue la síntesis de la sabiduría popular, del sentido común y del buen humor. 
 La devaluada figura del arriero en las regiones cafeteras, revive en zonas atrasadas del país, como la Amazonía, Orinoquía y llanos orientales, en donde todavía los caminos de herradura son los únicos contactos con la civilización.
El caballo, la mula y el arriero con su lenguaje procaz pero frentero, son actores de mucha importancia en la vida de pueblos olvidados, anónimos y hasta desconocidos por el Estado porque no aparecen ni en los registros del instituto Agustín Codazzi. En el Caquetá, Amazonas, Putumayo y en general en los antiguos llamados “territorios nacionales”, se levantan caseríos que funcionan como estratégicos centros de acopio y ejes de la economía de colonos, campesinos e indígenas, cuya vida gira alrededor de los arrieros y sus bestias.
Sobre lomos de mulas llegan hasta las entrañas de la selva el maíz, la panela, los fríjoles, el arroz, los combustibles, los aceites, los comerciantes, los sacamuelas, los políticos, los curas, los pastores, los vendedores de ilusiones, las putas, los paras, el ejército y la guerrilla. Y hasta las enfermedades llegan a lomo de mula.
Los madrazos gritados de los arrieros son -quién lo creyera- como caricias de amor para la selva dormida, herida por los caminos que se meten en sus entrañas. El “¡¡arre mula hijueputa!!” se eleva hasta los árboles y despierta los pájaros que sacan sus cuellos y con sus trinos piden que les canten algo sentimental.
 En las llamadas zonas rojas, la condición de mensajeros fue fatal para los arrieros pues tanto la guerrilla como el ejército y los paracos asumieron una actitud paranoica, de desconfianza que los involucró en el conflicto y los puso en medio de las balas cruzadas de todos los bandos. El arriero, el hombre bueno, picaresco, servicial y comunicativo se transformó en un ser desconfiado, solitario e, inevitablemente, en un individuo sucesivamente maltratado por los actores del conflicto.
La sangre del arriero, como la de la masa campesina, fertilizó las praderas, las selvas y hasta los grandes ríos de todo el país. Ültimamente, la sangre arriera se vierte de manera constante en Caquetá, Putumayo y los antiguamente llamados territorios nacionales principalmente. Las cicatrices quedaron ahí, debajo de sus ponchos, en lo profundo de sus pechos, en sus piernas, en sus pies aplanados por las alpargatas, en sus manos encallecidas por los rejos, las riendas, el poncho, la enjalma y el zurriago, que en el sur del país se llama perrero.
Las recuas de mulas ya son poco visibles en tierras cafeteras pero sobreviven en muchas zonas rurales  del país donde fueron maltratadas por la violencia. Y con ellas, los únicos madrazos de nobleza y sabiduría mentados por los arrieros, musicalizados con silbidos y con el rumor tenebroso de los zurriagos o perreros que levantan las mulas de los pantanos y alejan las fieras de los caminos solitarios.
Un campesino en el surco, el vaquero en su caballo, un arriero en la trocha, el pescador con su chile y el motorista de la pequeña embarcación en la popa, son los componentes fundamentales del progreso en apartadas, desconocidas y humilladas zonas de la patria, generadoras de riqueza pero miradas con desprecio por el Estado.
Los arrieros se destacaron, del mismo modo, por una "virtud" Non Santa, que les mereció el terror y el desprecio en muchas regiones, como fue su capacidad para seducir muchachitas -y también mujeres casadas- con sus promesas mentirosas, que generaron numerosos conflictos y hechos violentos entre algunas comunidades rurales.
Con su abundante oralidad, con sus dichos y refranes, con su sonrisa permanente -algunas veces espantosa- con su optimismo, con su buen humor, los arrieros nos dejaron el lenguaje coloquial, informal, familiar, ese que utilizamos en nuestras conversaciones, independientemente de nuestras profesiones. El lenguaje distendido, pero franco, directo, llano, carente de sofisticaciones, "irrespetuoso" con la gramática castellana. A mamá Alicia y muchas señoras "encopetadas" les disgusta, pero creo que es una herramienta facilitadora  de una comunicación rápida y directa con nuestros semejantes. La informalidad no le resta puntos a la seriedad. Ni tampoco a la vehemencia, ni a la sinceridad. La amenidad y la sonoridad no excluyen a la trascendencia.
Además, la sabiduría del dicho "arrieros somos y en el camino nos encontramos" es una advertencia de que ya tendremos la oportunidad para devolver un favor o un agravio, que en términos coloquiales significa pagar con la misma moneda.
-Y ¡arre mula hijueputa! porque "paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todas son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas "
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Monumento a la mula y al arriero, en ArmeniaMonumento a la mula y al arriero, en Armenia