jueves, 9 de febrero de 2023

Premios de periodismo: chantajes ocultos y rapiña por el dinero de los ganadores

 El único premio para los trabajadores de la palabra es el placer que produce la escritura cuando se cumple con el deber verdadero, con la pasión por la Justicia y por la Libertad. 


Los "premios" inventados por el gobierno y los políticos son una mentira y hacen parte de las dádivas ofrecidas a cambio de actitudes acríticas y complacientes, es decir, son un soborno disfrazado que reproduce constantemente el estereotipo del periodismo costeado por los poderosos y ejercido por canarios que les cantan, les ponen incienso, construyen calumnias y, cuando menos, guardan silencio sobre sus mentiras sustentadoras de la  tiranía progresiva que asfixia a los colombianos. El triunfo de la verdad es, por sí solo, un aplauso apoteósico, el mejor reconocimiento para el periodista. Lo demás es un asunto de vanidad y de chantaje. 


Aunque todo acto de exhibición del deber cumplido es innecesario, en Colombia los únicos premios de periodismo que pasan, son los del CPB, porque son reconocimientos creados por periodistas, para periodistas. Ese espíritu funcionaría de manera más práctica y pedagógica si al mismo tiempo con los premios se definiera un decálogo de castigos para señalar las faltas contra el ejercicio de la profesión.

 Los criterios universales para la calificación de los trabajos que presentan los candidatos a premios de Periodismo son: Originalidad del enfoque, Innovación en el uso de lenguajes y medios; Impacto en la opinión pública, Rigor investigativo y Ética en el manejo de la información.

No obstante, gobernaciones, alcaldías, Concejos, Asambleas y otras entidades públicas y privadas, han establecido Premios de Periodismo, como propuestas surgidas de sus debilidades, para acorazarse ante la prensa libre que les puede poner el ojo, porque temen que sus actos de inmoralidad y corrupción sean descubiertos. Entonces, poco importa la calidad de los trabajos porque en la práctica eso no cuenta y siempre se cuidan en la conformación de los jurados para asegurarse que los ganadores sean siempre aquellos acólitos más fervorosos del patrocinador. Hay un dicho muy popular: "quien paga la orquesta, decide la clase de música que se toca".

Tales "premios" tienen una retribución en dinero, proveniente del impuesto de los contribuyentes, y son utilizados en la mayoría de los casos por gobernantes y caciques políticos para seducir a periodistas, o al menos, neutralizarlos. Los "premios" y la pauta oficial son los vientos que hacen sonar las flautas en las cabinas de radio y en las redacciones de los periódicos. Son los mismos vientos que ahogan el Derecho de la información. Muchas veces -tristemente, la mayoría- logran comprar periodistas que, acosados por los bajos salarios y por las crisis económicas, quedan encadenados a la pauta e, irónicamente, deben dedicar más tiempo a las ventas de publicidad que a sus investigaciones. Entonces los operadores semánticos que convertían  hechos en noticias se transforman  en asesores comerciales. Los periodistas se vuelven propagandistas. Y la información, una mercancía.

Y por causa de la cultura violenta que se entronizó con más fuerza que el "Corazon de Jesús" en todos los colombianos, si no funciona la mordaza de los premios y las pautas, al periodista le ponen el tapabocas definitivo con las intimidaciones desestabilizadoras o con la eliminación física. Es más importante tener habilidades para las ventas de pautas que para la escritura y la fonética.

En la provincia, principalmente, los "engrases" a los periodistas se hacen a través de medios escritos cuyos editores muchas veces imprimen solamente la cantidad de ejemplares requeridos para la presentación de las cuentas de cobro, y en programas radiales que escasamente son escuchados por el personal de la planta transmisora. No son proyectos periodísticos sino "machetes" para sobrevivir e incensarios para "progresar". En algunos casos, se puede configurar un detrimento patrimonial por parte de funcionarios oficiales y ejecutivos "vitrineros" de empresas privadas. 

Recientemente, cuando comenté este tema con algunos colegas del departamento de Caquetá, recordamos que el Premio de Periodismo Diosa del Chairá, establecido por el gobierno regional, también ha sentido las garras de los políticos y de la corrupción. Hace algunos años, "traicionados" por el jurado calificador, y nadando en las aguas de la ilegalidad, los políticos de la época modificaron el acta de premiación. El caso no tuvo la resonancia debida precisamente por la condición lacaya de algunos colegas y por el miedo a las represalias.

También se conocieron casos de jefes de prensa que "vendieron humo" a precios altos para mover sus influencias a favor de algunos periodistas, candidatos a obtener premios oficiales.
Pero la más perversa aberración en la historia de los premios Diosa del Chairá, como “Yarupayí”, el dios malo que en la leyenda llevaba en sus brazos a la doncella para su sacrificio, es la rapiña de los propietarios de los Medios en los que se han publicado trabajos premiados, para despojar a los ganadores del billete retribuido por el patrocinador.

Los mismos periodistas saben -y lo ratificaron durante la tertulia- de casos en que el dueño de la publicación presiona al periodista ganador para que le transfiera el dinero, parcial o totalmente. Como en la misma leyenda de la Diosa del Chairá, en la que era necesario sacrificar a la mejor de las mujeres, el periodista es expoliado con iniquidad y no pasa nada porque para el dueño del concurso es más importante el comerciante que el periodista.
 En un sano ejercicio periodístico, para los editores, los  premios deben ser un estímulo y un orgullo y el único rédito debe ser la etiqueta o pegatina que lo identifica como Medio ganador de la distinción.
Parodiando a la leyenda de la Diosa del Chairá, que inspiró el premio, podemos decir que los dueños de algunos Medios en el Caquetá, ejercen el nuevo reinado al dios supremo del dinero, pero es muy posible que antes de terminar la próxima luna, los periodistas no estén listos para la boda sino para el divorcio. 
El sequito divino hace su aparición y ocupa los respectivos tronos. ”Usianamú”, dios supremo, inicia la ceremonia y cuando el Chairá se levanta del trono nupcial para recibir el billete, reaparecerá la silueta del periodista saliendo de las aguas para decorar su dignidad.


 

sábado, 21 de enero de 2023

Animales virtuosos por el río Caquetá


A lo largo de un recorrido por el río Caquetá, encontré 4 animalesfamosos por sus virtudes asociadas con la vida y con la muerte. Aunque 3 de ellos han sido reconocidos en otras regiones del Colombia, son muy abundantes en el exótico, variado y espectacular zoológico de la selva caqueteña.
La Conga, una hormiga muy peligrosa, capaz de causar, con una sola picadura, intenso dolor muscular y fiebre delirante durante una semana,  considerada como la reina de las hormigas, presenta un singular y cinematográfico caso de transformación en el que la muerte es el comienzo de una nueva vida. Este insecto himenóptero, muy querido por la población indígena y temido por los "occidentales", blancos y negros, tiene una especial predilección por las semillas del yaré, el bejuco utilizado por colonos y campesinos para remplazar al alambre. Las semillas germinan en su abdomen, producen la muerte de la hormiga, que se fija en el arbusto huésped de la planta parásita y pocos días después se pueden observar las raicillas que salen por los ojos, por la boca y paralelas a las patas de la conga. Los indígenas utilizan el yaré -no confundirlo con el yagé- para amarrar las bigas de sus malocas, para la construcción de utensilios de cocina y en distintas actividades de artesanía.
También existe en la región una mariposa de llamativos colores, distintos en el anverso y el reverso de sus alas, muy voraz, cuyo macho se distingue por exhibir un bellísimo azul tornasolado, del cual también nace otra parásita muy común en la región. El espectáculo que ofrece la germinación de la planta al brotar por los ojos reales y por los ojos pintados de este insecto, es sencillamente abrumador por el contraste de colores que forman un arco iris flotante con los movimientos producidos por el viento suave.
A pocos metros de la desembocadura del río Caguán que tributa sus agua al hermano mayor dela hidrografía regional, el  Caquetá, y en la parcela de un extraño hombre promiscuo e incestuoso, que tuvo 20 hijos en dos mujeres hermanas y en las hijas de sus hijas, los gallos que salen de las distintas camadas no pisan a sus hermanas, en un contraste con las relaciones del citado colono. Es increíble, pero los descendientes de Chelo, "el cojo", como se llama el personaje, tienen que conseguir los huevos para la reproducción entre los vecinos lejanos porque sus gallos tampoco permiten la presencia de machos traídos de otros corrales.
Finalmente, la boa, conocida como "el monstruo de Solano", famosa porque se ha tragado atropelladamente y sin mascar, a muchas personas y animales en presencia de bañistas y transportadores, fue vista de nuevo hace pocos días en el antiguo puerto principal, hoy muelle de la inspección fluvial. El último engullido fue un trabajador adscrito al servicio de erradicación de la malaria, quien cayó de un yate y entró directamente a las fauces de la enorme serpiente. Este monstruo de la muerte se mueve constantemente entre la bocana del Orteguaza y el muelle de ese municipio y su vivienda es una insondable cueva que ya comenzó a provocar un serio fenómeno erosivo por cuenta del cual el muelle local podría desaparecer.
PD: a propósito de la conga, a un estudiante de la escuela La Esperanza, a solo una hora a pie del perímetro urbano de Solano, le preguntaron ¿cuál es el insecto que pone los huevos más grandes?.
-"La conga", respondió el muchacho...
-"Cómo que la conga, explícame, por favor", le dijo la profesora extrañada por la inusual respuesta...
-"Pues a mi papá lo picó una conga y sus huevos se le pusieron muy grandes", replicó el estudiante en medio de la ingenuidad y sin sonrojarse por la respuesta.

lunes, 24 de octubre de 2022

Universidad de la Amazonia, cosechas sin temperamento

 



Empujado por la crisis permanente que atraviesa la universidad de la Amazonia, y a propósito de la elección de su rector, prevista para este 28 de octubre, tomé el periscopio familiar para hacer una observación de ese centro élite de la academia amazónica, inspirado en la necesidad de formar hombres encumbrados capaces de hacer un paralelo con la intelectualidad de otras zonas del país y en momentos en que el mundo entero se rinde ante el valor inconmensurable de los servicios ambientales, ecosistémicos y de soporte a la vida de la región que le da su nombre.



Lo que veo a través de estos prismas instalados en la granja de descanso en Solano, capital de la Amazonia caqueteña, es una reproducción del  pálido y mediocre progreso de la madre nutricia de la región amazónica, en la que ha desaparecido el alma de esos pueblos, en donde abundan los muertos heroicos que siguen la lucha desde sus tumbas sin encontrar académicos que propicien la revalidación de su pensamiento y de sus virtudes para ponerlas al servicio del pueblo.

La aristocracia mental que se atornilló en la universidad solo ha servido para conducirla hacia su prosperidad física y a la formación de generaciones cuyo academicismo ha desembocado en una intelectualidad dirigida a la resolución de sus problemas particulares, a la cosecha de “triunfos” personales, a la materialización de exitosos proyectos de vida, entendido el éxito como la habilidad para buscar el metal, el dinero y las mercancías. Y la capacidad para joder al otro.

Lo que veo es la fisonomía promedio de un centro de educación superior y por ninguna parte encuentro personas o grupos de conductores, de reflectores brillantes capaces de convertirse en eje del desarrollo social, económico y político de la región. Esa flora exquisita del pensamiento que pueda atraer la atención del mundo hacia sus riquezas hídricas, hacia su flora y fauna exóticas, hacia la quietud de su selva. Que seduzca la mirada y conquiste la admiración de los colombianos y el reconocimiento internacional.

Aunque giré mi periscopio, no encuentro a los pensadores, a los poetas, a los artistas, a los administradores,  a los científicos, a los investigadores que, egresados de la Uniamazonía, le den dirección a una región caracterizada por el contubernio vergonzoso de la audacia y la ignorancia. Una sociedad “dirigida” por el “Patrón de patrones”,  que busca la cura de su propia insuficiencia; un pueblo que tuvo como alcaldesa a una exreina del bambuco y a un candoroso pastor de la iglesia, léase, del negocio, de la tristemente célebre María Luisa Piraquive, como gobernador. Que tiene, del mismo modo, a las dos cabezas visibles de los partidos tradicionales, condenados por graves delitos, después de que las luchas populares sacudieron al pueblo de la tenaza hegemónica godoturbayista.


Un departamento en donde la resignación y la sumisión bufa sustituyeron la beligerancia de las épocas de lucha popular que  recordamos con nostalgia Su espíritu combativo ha sido transformado en una melancólica, desentonada y ridícula banda  de aplausos. Un pueblo olvidado y en el que la corrupción y la incapacidad de sus dirigentes ha campeado a lo largo de sus más de 42 mil kilómetros de extensión.

Y es la Uniamazonnia responsable de estas ausencias y de otras, expresadas por ejemplo en la vigencia de congresistas acerebrados, cuyos votos han sido conquistados a fuerza de retóricas basadas en doctrinas hipotéticas y en sus virtudes comerciales, cuando no comprados con los dineros de la corrupción. Los principales frutos de la cosecha de la universidad son los filósofos de la conveniencia, los inventores de la moral como antídoto contra el inconformismo, los licenciados en reproducción de los valores de la ideología dominante, los profesionales de la mentira, los abogados de sentencias inapelables que matan la controversia constructiva y, en fin, de los autosuficientes de mirada agresiva con la que tapan su incapacidad.

Veo, del mismo modo, excepcionales muestras de profesionales honestos egresados de la Uniamazonia, brillantes exponentes del genio y el ingenio caqueteños en distintas partes del país. Pero, “¿qué puede hacer un hombre dónde ha muerto un pueblo?”.

Veo, en el interior de la universidad, muy pocos sobrevivientes de aquellos grupos que entre los estudiantes y docentes propusieron con vehemencia otras orientaciones, incapaces de  sostener un esfuerzo, a causa del sectarismo que dispersa los sacrificios de los espíritus inquietos y rebeldes. O por el miedo ante el despotismo que sucedió al nepotismo característico de algunas administraciones dentro del roscograma que ha manejado nuestra Alma Mater.  Son demasiado débiles para provocar los cambios que necesita la universidad.

Veo que muchos luchan sin éxito –como el movimiento que puso al recordado estudiante  Albeiro  al borde de la muerte por su heroísmo frente a la indolencia del entonces rector Leonidas Rico, a quien las mieles del poder modificaron su universo cultural hasta el punto de convertirse en el único directivo que ha puesto las bestias del ESMAD en los predios universitarios para golpear a los estudiantes, traicionando una tradición de hombre de izquierda y dirigente sindical del magisterio.  


Mientras en la universidad de la Amazonia no se abran los espacios para la confrontación y el debate saludables, y el unanimismo sea el común denominador en la toma de las decisiones que la enrumban, las próximas promociones de egresados no serán más que soberbios dioses de la academia.

Los integrantes del Consejo Superior de la Unimazonia tienen una gran responsabilidad, a propósito de la elección del nuevo rector, pero, específicamente, le corresponde al presidente Petro, a  través de los delegados del alto gobierno, cortar de raíz los votos de “viveza” y de confabulación, votos de rapiña que históricamente han frenado el desarrollo del Alma Mater de la Amazonia.

En ese limbo de componendas y “muñequeo”, en donde muy pocos se alzan contra la corrupción y la impunidad; en ese laberinto donde crece un rebaño dominado por el ejercicio tormentoso y criminal de la politiquería, le corresponde al nuevo gobierno proponer con autoridad el comienzo de un nuevo proceso en el seno de la Uniamazonia.

 


miércoles, 20 de julio de 2022

20 de julio, ¿cuál independencia?


 "Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos el oro y la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y las riquezas y nosotros teníamos la Biblia". Eduardo Galeano

El Imperio romano desapareció, vencido por unos bárbaros crueles, pero surgieron los dioses y los césares, tan violentos como aquellos, y entonces continuó la edad del lodo y de la sangre; de la piedad y la de la penitencia; de la opresión y la esclavitud; del arte y de la literatura en nombre de la cruz y sus derivados. El trono y el altar pusieron sus reyes y el pueblo siguió sometido en la esperanza de un renacimiento que efectivamente llegó pero como un movimiento artístico, no político, pues la gente siguió sometida y arrodillada ante los dogmas por los siglos de los siglos, amén.

El "descubrimiento" de América no fue otra cosa que la invasión de los españoles, el choque entre los blancos y los indios; entre los católicos y los adoradores del sol y de la luna. Bien los define Eduardo Galeano: "los indios tenían la tierra, el oro y las riquezas y los españoles trajeron la biblia y se la metieron por lo ojos a los nativos hasta dormirlos. Cuando despertarn, los españoles tenían el oro, la tierra y las riquezas y ellos solo tenían las biblias".
Los españoles utilizaron a los indios para exterminar a los indios, como lo hacen en la actualidad los "dueños del país" que utilizan soldados y policías del pueblo, contra el pueblo, en una intervención que provocó -y provoca todavía- el aniquilamiento de pueblos y comunidades en todo el país.
Los españoles y sus religiosos destruyeron la sociedad primitiva, al derrumbar su gobierno, sus creencias y sus métodos de trabajo. Y su lenguaje, intervenido por el castellano y otras lenguas que llegaron con los "conquistadores", especialmente desde el Perú. Remplazaron sus dioses reales, vivos, objetos de su adoración -el sol, la luna, las estrellas, la Naturaleza, los animales, las plantas, el agua, los ríos, el fuego- por figuras inventadas, imaginadas. Les robaron su cosmovisón.
En Colombia, se conquistó la independencia del yugo español en 1810 pero el pueblo sigue sometido, políticamente, a la oligarquía criolla e, ideológicamente, a las sectas religiosas, después de haber pasado por periodos  como la tristemente célebre “Regeneración”, encabezada por el fantasma sanguinario de Rafael Núñez, que fue como una avalancha de hombres de todos los bandos que cayeron sobre el país, como cayeron los bárbaros sobre Roma. 
La Constitución del 86 fue su parto, considerada como la reaparición del siglo XVI en pleno siglo XIX, es recordada tristemente porque en ella nunca se mencionaron los derechos, pero sí impuso deberes y en ninguna parte se mencionó al pueblo pero evocó a Dios como refugio de los cavernícolas que humillaron a los colombianos en medio de  crímenes atroces, el silenciamiento de las imprentas de entonces y el establecimiento de la horca, pero no para los criminales sino para los contradictores del régimen. Una Constitución que violó todos los derechos, incluido el derecho a la vida, con la pena de muerte.
Colombia, además, sigue sometida al Imperio gringo, ante el cual, políticos, gobernantes y empresarios hacen venias constantes y entregan las riquezas nacionales. Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB, por sus siglas en inglés) es el nombre de la brigada que llegó hace apenas un par de años a territorio colombiano, sin autorización previa del Senado, como establece la Constitución.  "Para ayudar a Colombia en su lucha contra narcóticos", fue la explicación oficial de USA sobre la llegada de soldados estadounidenses. “La alianza entre Colombia y EE.UU. nunca ha sido tan firme”, embajador ante la ONU.

 El país ha visto desaparecer a sus dirigentes, a sus voceros, a sus apóstoles, a los grandes hombres, a los más brillantes parlamentarios y hasta a los grandes partidos que fueron la esperanza de respuesta a los círculos siniestros que se hacen alrededor del poder, hoy caracterizados por la simbiosis del narcotráfico, la politiquería, la corrupción, y sus hijos, la infamia, el despotismo, el arrasamiento y la exclusión.
  
En 1991,como resultado de un proceso glorioso pero doloroso de luchas populares, caracterizado por un auge de masas sin precedentes y de una fallida reforma en 1988 con la cual se pretendía garantizar la participación ciudadana en las  grandes decisiones nacionales, el movimiento estudiantil logró, mediante la denominada séptima papeleta, la convocatoria de a Asamblea Nacional Constituyente que desembocó con la promulgación de la nueva Carta el 4 de julio de ese año.
Desde entonces, "los dueños del país" han motilado sucesivamente la Carta, y poco a poco recortaron numerosas reivindicaciones obtenidas por el pueblo y a pesar de que sobreviven figuras importantes como la Tutela, la manguala de jueces y políticos la hacen cada vez menos eficiente en la lucha por los derechos fundamentales de los ciudadanos.
El pueblo no se ha apropiado adecuadamente de los contenidos de la Constitución, especialmente en lo relacionado con su participación política, como consecuencia de la manipulación que ejercen los caciques regionales en el manejo de los asuntos en la provincia. El miedo, el conformismo derivado de la influencia religiosa y de los grandes medios de comunicación; la indiferencia, las amenazas, el chantaje, la persecución y la eliminación física de los contradictores del Estado y de los partidos tradicionales, también atentan contra el ejercicio de los derechos establecidos en la Carta.




La Constitución del 91 fue como un rayo que iluminó el cielo colombiano para iniciar el camino hacia su Libertad pero todavía hace falta el volcán que revolucione el ejercicio político, que sepulte la actual clase política y sus vicios: la corrupción, el narcotráfico, el padrinazgo y la deslealtad con la gente que la elige.
Solo con la organización y la lucha de los colombianos se podrá terminar con la bacanal de la politiquería y con el abandono estatal, como está demostrado con los movimientos populares que se han desarrollado en Colombia durante los últimos años: en El Catatumbo, el de los habitantes de zonas escogidas para la explotación minera y petrolera; el movimiento de los camioneros y de los campesinos, el de los cafeteros, de los cocaleros, el de los educadores, el de los indígenas, el gran movimiento de masas del 2019, que sobrevivirán y triunfarán a pesar de la satanización y criminalización por parte del alto gobierno, de los Medios de comunicación y de algunos periodistas vendidos.
Cuando se cumplen 212 años de la Independencia del yugo imperial español, el pueblo colombiano tiene una tarea igualmente heroica, la de su lucha por una  real independencia, porque el proceso de conquista sigue vigente e igualmente violento, para los sectores populares, para los indígenas, para los afroamericanos. La corona española cobraba impuestos, ahora los "dueños del poder" cobran cuotas de sangre, de hambre, de Libertad, de autonomía. 
Por momentos como el de hoy, cuando se posesiona el nuevo Congreso en medio de grandes esperanzas, se sienten como oleadas de rebelión por encima de las amenazas y de las dudas y temores sobre eventuales traiciones de algunos dirigentes. Porque, como en la canción popular, "después de una ilusión, un desengaño" se apodera de la gente que asume como propia la lucha por la justicia y por la Libertad.
Da la impresión de que también ahora, como durante los 6 años que Nariño denominó como "La Patria Boba" (1810-1816), quienes creemos en la "utopía de la vida" de la que habló García Márquez, "en la que nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir...en donde las estirpes condenadas a 100 años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra, esa utopía no sea más que un simple ideal.
Solo así, en la lucha y en las conquistas, derrotando a los caudillos sin virtud, perdiendo el miedo a sonrojarse con los gritos de la verdad, podemos soñar con la independencia que vemos en el calendario pero que todavía no celebramos.




martes, 18 de enero de 2022

Personajes de la vida cotidiana. María Calzón, ni loca, ni muerta...¡viva y cuerda en el jardín encantado de su hora crepuscular!!

En desarrollo de mi ejercicio periodístico, regresé muchas veces a escenarios de vida, de muerte, de alegría, de violencia, de Paz, de deporte, de paseo. En algunos casos encontré variaciones no solo del entorno sino también del entramado social, de la actitud de las personas y de las circunstancias que motivaron el primer trabajo de campo; en fin, modificaciones que, del mismo modo, provocaron el cambio de las narrativas iniciales. Uno de los casos más representativos de esos regresos, fue el de Puerto Torres, una zona rural del municipio de Belén de los Andaquíes, Caquetá,  al que los paramilitares convirtieron en el más tenebroso centro de torturas y de muerte. Todos sus habitantes salieron del pueblo.

Los sobrevivientes que regresaron muchos años después, se inventaron una escenografía singular en homenaje a las víctimas y en un costado del pequeño parque establecieron “El Laberinto de la Memoria” que, como un hongo gigante, es un círculo deforme, como fue la violencia; los mojones con nombres de víctimas forman hileras encrucijadas que confunden y enredan de la misma manera que sufrieron las personas asesinadas. Por momentos se juntan y se abren, como los destinos dramáticos de los habitantes de este rincón de la geografía caqueteña.

De la guerra sangrienta que me tocó contar, a la voluptuosidad de la Esperanza.



                                      El poder de una mano querida
 
Once años después de mi primera visita, volví a Lorica, Córdoba, la tierra de Manuel Zapata Olivella, quien dejó un vasto legado en lo literario, en la investigación, en la defensa de los derechos de las negritudes y en lo humano. Esta visita me impuso una revisión, más que una rectificación o retractación, que no están presentes en mi espíritu de negación.
Engañado por un falso procesamiento de la información social, hice una interpretación inadecuada, equivocada sobre la señora María Encarnación Miranda Montaña y con gran despliegue la mencioné como “la loca que me cogió las bolas” en el mercado de ese pueblo, que también es la cuna del cronista David Sánchez Juliao, “precursor de la llamada “literatura casete” o audio libros.

Empujado por la curiosidad periodística, con la fotografía de hace 11 años en mano, me propuse indagar por Jacinta, la “loca” que en un gesto de excesiva simpatía y en medio de la sorpresa y el susto me cogió las pelotas cuando me le acerqué para hacerle una pregunta. Los riesgos siempre me atrajeron de manera particular hasta el punto de  convertirse en un interés morboso.

-Eche, cachaco, esa es María Calzón, y está mueta, me dijeron varios comerciantes.

Decepcionado, después de una ronda por el mercado local, recurrí a los mototaxistas, que son considerados “reyes” en esta población, pues acabaron con el transporte formal de buses, busetas y taxis. No usan cascos ni chalecos y se lavan las manos con las normas. En los cruces con semáforos se ven como un enormes enjambres ruidosos de abejas.

-Esa es María Calzón y la vi hace pocos meses en el barrio Kennedy. Camina te llevo, cachaco; son 5 barras, me dijo afanado.

Llegamos a una casa grande, de dos pisos, aparentemente recién construida, en donde un joven nos recibió con la simpatía característica del costeño y, entre sorprendido y asustado, confirmó que efectivamente “aquí vive la señora de la foto”.

Fue el primer aguijonazo que me alertó sobre el cambio total del escenario en el que encontré a doña María hace 11 años y entonces recordé que los expertos en cognición e inteligencia afirman que no son los acontecimientos en sí mismos los que desencadenan nuestras emociones sino la interpretación que hacemos sobre ellos. Es decir, cómo los percibimos y de qué modo los interpretamos.

Entre el bullicio de la plaza de mercado, una señora alegre, con la capacidad de involucrarse, de conectarse con los demás, de participar en las conversaciones de los otros con alegría y amor, como la canción de Lizandro Mesa, fue considerada como “loca” y hasta me advirtieron de su peligrosidad, en una grave distorsión de la realidad, quizás porque la violencia nos ha lesionado la capacidad de interpretación de las emociones ajenas. Juzgamos de manera apresurada por los rostros, el vestido, por la perspectiva de las reacciones, por la forma de caminar o por la mirada, como una clara alteración de las posibilidades de percibir el entorno y a la gente.

Sentada en una silla bajita, con la vaga incertidumbre de los ancianos, que ven o adivinan los linderos de la vida, con la indiferencia derivada del descanso, emocionada con la contemplación de su propio ser, levantó los brazos en un gesto de sublime hospitalidad. Sentí la potencia del abrazo, la misma sinfonía que percibí al llegar a mi natal Armenia y encontrarme con Mamá Alicia. Los cuadros maravillosos de la vida siempre están asociados a la calidez humana y a la solidaridad, disueltas por los afanes  de la vida moderna, por la desconfianza característica del individualismo sembrado por los grupos dominantes, para los que todo tipo de afecto es inconveniente. A la gente se le educa para devorar al otro y en esa carnicería está la clave del “éxito”.

Me senté a su lado, le mencioné la escena de las bolas y me corrigió:

-Las pelotas…porque quise hacerlo y no lo he hecho con ninguna otra persona, dijo. Porque me gustó, agregó mientras movía su mano sobre mis piernas. Volví a asustarme y me distraje de la conversación. Discretamente tome su mano entre las mías mientras pensé en la belleza de ese momento sentimental.

Aunque simple, cada cuadro de la realidad y principalmente de la calidez humana y del paisaje, tiene trascendencia. ¿Dónde encontrarán placer aquellos que no le dan importancia a las cosas sencillas, aquellos que no tienen sensibilidad para disfrutar el olor del bosque, el color de los animales, el perfume de las flores, el golpe del viento y la neblina?.

María Encarnación Miranda Montaño es oriunda del Chiqui, una vereda perteneciente al municipio de San Bernardo del viento, Córdoba, es hija de Mateo Miranda Gonzalez y Ana Francisca Montaño Segura y de acuerdo con los comentarios familiares, “desde muy pequeña tuvo espíritu aventurero pues siempre le gustó la adrenalina”.

Tuvo una hija única, Fulgencia María Racero Miranda, producto de una relación con Cilio Abel Racero Cardenas, reconocido deportista que murió ahogado en las aguas del río Sinú. Tras la muerte de su compañero, en doña María despertó el volcán de energía contenida que poseen las mujeres de las masas populares y entonces su vida dolorosa se transformó en una lucha constante para sobrevivir con su pequeña hija, que hoy está convertida en dirigente cívica y social de sueños y actitudes generosas con la población más vulnerable de sus contornos.

Vendió boletas de rifas, hizo todo lo que pudo y aunque su alma estaba triste, desarrolló un estilo  de trabajo y simpatía que llegó a ser considerado como un modelo único en el medio. Rompió los estereotipos de la mujer muñeca-bonita y con su informalidad atractiva se convirtió en un personaje querido por la comunidad. Y también se especializó en la preparación de la chicha, “con la sabrosura que solo las chichileras saben hacer”. Su insolencia se extendió a la moda y se vistió con pantalones que por la época solo estaban reservados para los hombres. Esa actitud brilló tanto que el público la bautizó con el remoquete que lleva orgullosa, María Calzón.

El heroísmo venció a la tristeza y sus descendientes celebran los triunfos heredados, como un sudario trabajado por ellos mismos, tejido con respeto, admiración y cariño.

Foto de María Calzón en 2011
                               Foto de María Calzón tomada en 2011

La “loca” Jacinta, como me la pintaron, altanera, dolorosa, triste, agresiva, nunca existió y todo por causa de pensamientos negativos que se adueñen del colectivo social, provocan distorsiones de la realidad y resultan peligrosos para nuestra salud mental.

Hoy, María Calzón, gracias a la virtud de su energía y de su genio, disfruta de la tranquilidad de sus años ochenteros, con las comodidades de la vida moderna, ofrecidas por una familia unida y solidaria. Aunque su voz está cansada, su elocuencia se mantiene vigorosa pero estéril, porque sus evocaciones prodigiosas se quedan en el rinconcito donde pasa la mayor parte del tiempo.

No tiene la vitalidad de antes pero como dice ella misma cuando le preguntan:

-Mayo cómo estás?

-Aquí "firme como la mancha e papoche"


Cuadro familiar:


                             
 Antonio José Ballesta Racero, profesor de Inglés, el hombre que nos recibió

                                 Fulgencia Racero, única hija y apoyo especial para la elaboración de esta nota

viernes, 31 de diciembre de 2021

¡Bienvenido, 2022!!



Termina el 2021 y en el sendero que recorre nuestro país no vemos sino las rosas pálidas de la injusticia, de la violencia, de la inseguridad, de la represión, bajo un cielo de quietud, de conformismo, de resignación y de hipocresía. Las flores del triunfo se abren solamente para los poderosos, quienes bajo un viento de voluptuosidad celebran el vencimiento y el letargo de la gente del común.

Y bajo la sombra del silencio que lo tapa todo, se oyen tenues y confusos gruñidos que intentan mostrar la miseria de un pueblo sometido por la mentira e ilusionado con promesas imposibles de materializar. Una izquierda atomizada y confusa, que le hace el favor a la derecha con su sectarismo, fanatismo y dogmatismo; un sindicalismo asustadizo y arrodillado que le da visos de legalidad al salario insuficiente y a la infamia de los patronos.

Los sectores dominantes logran -por la magia del mercadeo- que el pueblo abyecto se funda con ellos en el abrazo de Judas a la medianoche y se mantenga hipnotizado mientras le venden sus mercancías y toda la basura del consumismo. Terminadas las fiestas,  la gente del común se despertará, regresará a la realidad con el puño, con el puñal y con el hambre que le devolverán los dueños del poder, sus elegidos y sus gobernantes.

Las fiestas de Navidad y fin de año son como el anestésico para poner a dormir al pueblo, como un sueño de muerte, durante el cual le cierran la boca y le ponen sobre su pecho la marquilla de la dominación, la semilla de la servidumbre y de la resignación, para que florezcan durante todo el año, como un combustible, como un inmunizante que les dure hasta las próximas fiestas.

Confiemos en que un rayo salvador nos sacuda o que un genio del pensamiento nos ponga en los corazones otra semilla, la de la protesta, que germine y produzca el fruto despertador de la movilización para transformar esa diversión en momentos de reflexión, para desatar las cadenas, para insultar la desigualdad, para formar un torbellino que trastorne el “triunfo” de los poderosos y ponga la gloria de la justicia y el bienestar en manos del pueblo.

Invoquemos el rayo salvador y metámosle cráneo para imaginarnos nuevas formas organizativas que nos permitan unir el enojo colectivo en contra de quienes han manipulado la realidad nacional por siempre para su beneficio, han llevado al país por los caminos de la desigualdad, que a su vez provoca la violencia, han dilapidado los recursos naturales, se han enriquecido con la corrupción y han entregado el país, de rodillas, a los monopolios extranjeros.

A los periodistas

A quienes trabajamos con la palabra nos duele la violencia y la injusticia que predominan en nuestra sociedad y un vigoroso clamor se escapa de nuestros gargantas para que la muerte y la desigualdad no sean más los temas centrales de nuestro trabajo. Pero, mostrando la muerte y el desequilibrio, nos hemos familiarizado con ellos hasta el punto de perder la capacidad de asombro y en consecuencia nuestra sensibilidad ha disminuido de manera vertiginosan; os hemos convertido en artistas de las calamidades, nos hemos familiarizado y hasta romantizado la crueldad y hemos caído en la rutina que nos aleja de la crítica sobre nuetro desempeño como verdaderos dirigentes de la sociedad, como hombres privilegiados con el don de la palabra para provocar los cambios que el país necesita.

Las fiestas fin de año son un el anestésico para poner a dormir al pueblo, como un sueño de muerte, durante el cual le cierran la boca y le ponen sobre su pecho la marquilla de la dominación y la semilla de la servidumbre para que florezcan durante todo el año.

Podemos ser la verdad o la mentira, una tormenta o un oasis, una luz o un túnel; todo cabe en nosotros y, en muchas ocasiones abusamos de estas condiciones privilegiadas. Convirtamos nuestro ejercicio en una bandera de dos colores resplandecientes, uno el arte, y el otro, la vida, para que, con calidad y eficiencia, también humanicemos nuestro trabajo.

¡Feliz abrazo con la palabra verdadera, llavecitas!