jueves, 22 de febrero de 2018

Las mujeres convertidas en botines de guerra

Las mujeres convertidas en botines de guerra

Con la firma de los acuerdos de paz, renació la primavera para la gente y para la naturaleza pero el espíritu del mal está flotando y se oculta en muchos corazones, así como el pecado de los hijos de Adán perduró en los hijos de Noé, según nos refiere la leyenda bíblica. Muchas veces, la virtud se contamina con el crimen y la  paz se contagia con las arengas de los promotores de la guerra. Y, aunque la violencia también ofreció espacios para el amor puro y para la sensualidad ocasional, porque la soledad pone la tentación, el deseo vehemente de dormir o simplemente descansar en los brazos de una mujer, como un refugio, como un recreo voluptuoso, la guerra se puso por encima del amor y la ternura y convirtió a las mujeres en verdaderos trofeos disputados de manera salvaje por parte de los todos actores armados del conflicto. Destruyeron hogares, rompieron virginidades y las sometieron a distintos vejámenes para revolcar los sedimentos morbosos...a las trabajadoras sexuales las obligaron a convertirse en correos humanos al servicio de sus intereses. Fueron miradas con ojos de tigre y cocodrilo, hostigadas con promesas y amenazas y en general un furioso deseo de posesión les quitó el brillo esplendoroso de sus ojos...
Beatríz Elena Rodríguez sintió la guerra en su cuerpo y en su entorno y como un breviario de las batallas perdidas, aceptó compartir su experiencia con Punto de Encuentro, el programa de la Oficina de Paz, de la universidad de la Amazonia.
Como se trata de desaprender la guerra, Beatríz se abrazó a las oportunidades del posconflicto con la memoria y las huellas de su pasado, por entre la neblina de sus experiencias y su testimonio es como una poesía al servicio de la inclusión, el perdón y la reconciliación...para que seamos capaces de meter la paz  no solo a la cama sino a toda la vida,,, para revivir la hora sublime de la tranquilidad.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Un sueño de heroísmo, de igualdad y de justicia

Posee un espíritu ardiente, insaciable; vive obsesionada por la justicia y decepcionada porque, dice, "uno ya no vale nada...el dinero el lo único que vale". Ella es Adonay Muñoz, la reconocida dirigente campesina de la vereda Cándido,  de Morelia y una de las personas más visibles dentro de la organización campesina que se opone a las actividades de exploración petrolera en algunos municipios del Caquetá.
Asegura que desde muy joven sintió el impulso de una fuerza acelerada y vehemente que la invadió a partir de los dolores cotidianos de la gente campesina, como un hálito de libertad que exhalaba desde la profundidad de sus entrañas.
Con la humilde serenidad de los labriegos, Adonay declaró que la violencia y la guerra fueron las peores cosas que ha vivido y aunque se firmaron los acuerdos de paz, teme que "las cosas no salgan como se pactaron". Contó que desde cuando empezó la lucha contra las petroleras, sus días transcurren en medio de una agitación sin tregua y muchas veces ha tenido que abandonarlo todo por la defensa de su territorio.
Le pedimos que nos hablara de su día a día, comenzando labores a las 6 de la mañana y sin vacilar nos corrigió: 
-Usted se levantará a las 6 de la mañana. Nosotros, los campesinos tenemos que pararnos a las 4 porque a las 6 ya debemos tener adelantados muchos oficios.
Ve con preocupación la indiferencia de los jóvenes hacia los problema de la comunidad. La fuerza de un amor inextinguible por su comunidad es su poder y con ella avanza como absorta porque, de verdad, "me siento enamorada de las grandes armonías de la naturaleza. Su voz y su actitud sorprenden en medio de una población en la que los hombres han sido los defensores de los derechos de los campesinos. Siempre está de frente ante las tempestades desatadas por el desequilibrio y confía que con su lucha y la de toda la comunidad, los árboles y los ríos que protegieron su juventud le darán nueva vida a los días de su vejez.


lunes, 19 de febrero de 2018

Una caminata de oportunidades


Caminando para inspirar, para producir un afecto por las bellezas naturales, por su cuidado y preservación,  atados por el cordel de la solidaridad y la apertura, dos muchachos soñadores llegaron ayer al medio día a Florencia, en desarrollo de lo que han denominado como "una caminata de oportunidades".
Salieron desde San Vicente hace 10 días y su destino final es Mocoa...tienen la piel curtida, llevan la cabeza levantada y sus miradas se mueven lentamente entre el horizonte y el entorno como el vuelo lento del águila real, que busca afanosa sus presas...adelante de esta pareja de caminantes se mueve una comitiva que prepara las condiciones para que al final de cada etapa un auditorio de amigos de la naturaleza escuche el mensaje medio ambientalista y lo multiplique en su medio...Se trata de mensajes que exaltan la belleza caqueteña y al tiempo expresan el horror por el maltrato, la preocupación porque la linda porcelana está a punto de volverse añicos, dijo el chileno que acompaña a un bogotano seducido por la selva amazónica.

Por entre la bruma pluviosa y contaminada que envuelve a la ciudad desde hace 48 horas, llegaron los caminantes que presidieron en la universidad de la Amazonia para mostrar los alcances de su inusual actividad.
Los caminantes fueron recibidos por estudiantes de la institución educativa Puerto Arango, por la policía ambiental y un grupo de activistas ecológicos que además adelantaron una jornada de limpieza y una sembratón de árboles de guadua y carbones.
La obsesión de la selva, de sus bosques y llanuras remotas, de sus ríos y quebradas, de sus pueblos y de su gente, es el motor de estos caminantes que se mueven por el sendero infinito del ensueño llenos de un candor luminoso que los oxigena constantemente y les alcanza para tirarle las orejas a los habitantes del Caquetá quienes, familiarizados, con el entorno perdieron su capacidad de asombro ante tanta belleza. Son rebeldes originales que solo serán vencidos por su propia victoria.

miércoles, 14 de febrero de 2018

¡Hasta luego, compañero Tangarife!!



No lo vi durante los últimos 5 años pero conservo viva la visión de aquella tarde, ya muy remota, cuando fue presentado como docente del colegio comercial Chairá, del entonces corregimiento Cartagena del Chairá.

Acababa de llegar en la canoa que hacía la “línea” diaria entre Puerto Rico y esa población que todavía no era famosa como se hizo años después por cuenta de los cultivos ilícitos, la presencia guerrillera y los enfrentamientos entre los distintos actores armados del conflicto. La vía fluvial era el único camino para llegar y, recuerdo, en la canoa –ni siquiera carpada- el costo del pasaje era de $70.

En Medio de las miradas hipócritamente serias del grupo de profesores, Ancízar, con su cabello ligeramente crespo, su cara de recién desempacado y por momentos temeroso, contó que venía de un pueblo metido en un hueco de la cordillera occidental, a 90 kilómetros de Pereira, llamado Guática.

Se asomaba apenas al misterio inexorable de la selva caqueteña que lo absorbió como un tornado de fuego cuyo remolino lo paseó por toda la geografía caqueteña, que lo encantó, lo sedujo y se apropió de su conocimiento, de su simpatía y de su solidaridad. Y las puso al servicio exclusivo de la educación.

La imagen del muchacho que se abraza a su bella quimera, que va al encuentro de la vida con la sinceridad, casi la ingenuidad de un recién egresado del bachillerato, me sedujo, tal vez porque vi en Él la fotografía de mi propia precocidad y sensibilidad. Terminada la reunión de presentación, sentí una especie de compasión con el nuevo compañero, quizás porque percibí una muda hostilidad o al menos indiferencia en algunos de los docentes.

Una rara pero vigorosa tendencia a cuestionar el manejo de la institución educativa y de rechazo al unanimismo en las decisiones que afectaban a los estudiantes, a la comunidad educativa y hasta a los habitantes de la pequeña población, fortaleció la amistad que apenas comenzaba entre esos dos seres rebeldes y contestatarios que después se volvieron indomables para el sacerdote italiano, José Manca, quien para entonces era no solo el jefe religioso, sino también político y administrativo de Cartagena del Chairá. La hosquedad imperiosa de su carácter displicente, frío  y autoritario, reflejado en las aulas, en la calle y hasta en la práctica de los deportes, tenía genuflexa a toda la ciudadanía y, desde luego, a los docentes que se movían en actitud de reverencia.

La férrea disciplina escolar, deformadora de caracteres y envilecedora de almas, y la soberbia, crearon un ambiente de adulación fastidiosa al tiempo que se escucharon voces aisladas de rechazo para favorecer una actitud crítica y propositiva sobre el manejo del colegio y de la población.

Empujados por el sarampión periodístico, concretamos la idea de poner en circulación una hoja volante, como semilla organizativa para generar actitudes críticas frente a distintos procesos en la pequeña localidad, como una mariposa que empezaba a aletear sobre los problemas y temas de mayor interés. Una rara metamorfosis convirtió a esa mariposa en un buitre que puso su pico en la cara del religioso y le abrió los ojos a la ciudadanía local. La hoja volante se convirtió en un periódico impreso en las máquinas de escribir, con los estudiantes como  digitadores en sus clases de mecanografía orientadas por el profesor Camilo Ardila, con papel carbón para producir 5 copias, y con el apoyo del diseño y diagramación de otro docente, Benjamín Puerta, los dos aliados a la causa, los alcahuetes que encubrieron esa relación amorosa con el periodismo escolar: nació “El Zurriago”, como su nombre lo indica, para dar fuete, bajo el lema “arriesgado poder informativo, crítico y educativo”.

Soñadores olímpicos, nos olvidamos que habíamos agredido el orgullo del poderoso padre Manca y una mañana del año 1976, cuando “El Zurriago” ya circulaba impreso en mimeógrafo, el colegio no abrió las puertas y el sacerdote condicionó su reapertura al traslado de los 3 profesores responsables de su edición. Benjamín Puerta se disculpó y con sus habilidades para camuflarse obtuvo la bendición del cura italiano.

Meditativo, sensual y soñador, Tangarife instaló, pocos años después, su jardín de sueños en El Doncello y en su querido “Corazón Inmaculado” por casi 40 años, en donde vivió el desenvolvimiento total de su sensibilidad y perfeccionó la profesión docente como una pasión que lo puso en la cima de los educadores consagrados del Caquetá. Y fue allí donde le llegó el beso redentor de la muerte que hoy lo tiene en esos parajes silenciosos en donde fluye la calma.

Mientras más grande es el dolor, más grande es la impotencia de pintarlo. Entonces, el silencio es el mejor asilo.

Muchas veces, cuando no decimos nada, hemos dicho mucho de nuestro dolor.

Con el dolor pasa lo mismo que con la alegría: A veces no sabemos qué hacer con ellos.
¡Hasta luego, mi hermano!!!.

"Me duele la bala, me duele mi territorio"


Oprimiendo las palpitaciones de su memoria, con su piel cobriza, con los dolores derivados de una bala que lleva dentro de su cuerpo, pero con la esperanza de un futuro mejor que lo empuja de manera constante, Wilson Báquiro, la primera víctima de los enfrentamientos entre campesinos que defienden su territorio contra la ofensiva de las petroleras que pretenden adelantar labores de exploración en los municipios de Morelia, Valparaíso y Milán, declaró que a pesar la satanizacion de sus luchas, los campesinos proseguirán su pelea con mayor vigor y ardiente organización porque, dijo, "nuestros hijos tienen derecho a disfrutar de un ambiente sano, de aire puro, agua suficiente y de excelente calidad"
"Cuando se interrumpe el curso normal de la naturaleza, cuando el hombre la violenta, asoma la cabeza del monstruo", agregó, mientras hace una pausa en el relato de su drama tras recibir una bala disparada por el ejército durante una de las manifestaciones campesinas...
Ls dirigentes campesinos saben que la lucha es difícil porque es contra el poder de la empresa petrolera que tiene las bendiciones del alto gobierno y el dinero para comprar voluntades de campesinos y de funcionarios. Tienen conciencia del aluvión que se viene pero insisten en que  venderán muy cara su dignidad y su vergüenza. La verdad es amarga y repugna, pero es obvio que los campesinos no tienen aliados en el alto gobierno... durante la preaudiencia realizada el pasado jueves 8 en Morelia, quedó claro que su oposición al proyecto de exploración petrolera es inmodificable.
Recordaron un pasaje bíblico y mencionaron que cuando el Nazareno subía al calvario entre las vociferaciones del pueblo judío, seguro de que moriría por la verdad, solo un grupo lo comprendió... pero cuando estuvo muerto, el pueblo se arrepintió pero ya era demasiado tarde...nuestra lucha no será demasiado tarde y no dejaremos que caiga sobre la cabeza de nuestros hijos el dolor de la naturaleza expuesta y violada.
La percepción general de los asistentes a la preaudiencia de Morelia es que superada la guerra de los fusiles, ahora tienen un nuevo conflicto con actores armados de taladros que agreden la naturaleza.
La paz no es solo entre los humanos, es, del mismo modo, la paz con la naturaleza, le dijo a los periodistas, y mientras nos daba la mano para despedirse aseguró que las máquinas de la perforación de los pozos son como las picas con las que se abren los sepulcros para los campesinos y su descendencia.
 Se quejó porque el proceso de denuncia y de indemnización de por los daños sufridos camina muy lento, mientras siguen las complicaciones de salud derivadas del atentado. "El dolor de la bala es menos profundo que el dolor de sentir destrozada la naturaleza, puntualizó el señor Báquiro. 
-Pero, por favor, señor periodista, quiero dejar muy claro que así como nos pusimos la camiseta de la paz y la reconciliación, tenemos que ganar la paz con la naturaleza, me dijo mirándome a los ojos fijamente.

domingo, 21 de enero de 2018

Hasta pronto, USA!!!!

Llegué en otoño y aunque aterricé en Miami pocas horas después del paso devastador del tristemente recordado huracán "Irma", que dejó patas arriba esa metrópoli internacional y sus principales centros de interés, muy pronto encontré en USA las respuestas a mis inquietudes estéticas, económicas, sociales, arquitectónicas, urbanísticas y políticas que siempre fueron un referente desacreditado por el discurso de los movimientos de izquierda en Colombia.
Y también pude verificar de manera efectiva su condición Imperialista, entendida como el expansionismo que por cualquier vía ha utilizado el gobierno de USA históricamente para imponer su influencia política, ideológica, cultural y económica a escala mundial. Se trata de la dinámica de la historia, construida sobre un enfrentamiento de fuerzas, cuya correlación siempre estará determinada por el capital, el trabajo y los medios de producción. Por quienes se han convertido en los dueños de los países y del planeta.

Es, del mismo modo, la sede del reinado del diseño, la ingeniería, la arquitectura, las comunicaciones, la alta cocina, los negocios y la delincuencia de alta alcurnia, que influyen en las decisiones de todo el mundo a través de sofisticados sistemas y aparatos ideológicos. Que cuando no pueden persuadir sobre una tendencia o una decisión, la imponen por la fuerza inapelable de las armas.

Pero, específicamente, satisfice el sueño de encontrarme con mi hermano "Concho". Entonces, comprobé que hay momentos en la vida cuando uno no puede decir nada pero lo siente todo, cuando las emociones son tan fuertes que tardamos más tiempo para asimilar la complacencia que se nos sale de los sentidos y vuela como un fantasma que nos hace mover el piso. Cuando no sabemos qué hacer con tanta dicha. Mientras más grandes son la belleza y la alegría, más grande es la impotencia para describirlas. 
Hoy, a pocas horas de tomar mi vuelo de regreso, y a casi 150 kilómetros de su casa, dos lagrimones, como piedras, cayeron sobre la barra espaciadoraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa al revivir la noche cuando hace 4 meses lo vi sentado en un sillón de la sala de espera del aeropuerto de Richmond, Virginia, y sentí que el destino me hacía una ofrenda con un monumento a mis sueños. Me tocó limpiar la barra para detener las aaaaaaaaa y otras lágrimas brotaron al pensar en la incertidumbre de un próximo encuentro. El ideal tomó forma y a partir de este momento nace otro, porque la belleza es la materialización de los sueños. De los sueños fraternales, como nuevos abrazos y muchas risas al lado de César, Martha, Nena y Gladys, residentes en este país del poder y la dominación mundiales.
Disfruté los atardeceres dulces y coloridos del otoño y sentí las palpitaciones postreras del sol metido entre un bosque de tonos pastel. Me emocioné con la siluetas de los campanarios, de las casas grandes, de muchos edificios sobrios en Washington, hundiéndose, como indecisos, en las sombras de la noche y también entre los papelitos de nieve.
Y en ese marco especial también vi muchas veces a la patria amada, como a una madre desolada llamando a sus hijos dispersos por el huracán de la politiquería y de la corrupción. Invocando a sus hijos rebeldes para que se levanten contra el conformismo y la resignación que le permiten a los dueños del país mantenerse cómodos de manera indefinida.
Recorrí las renombradas avenidas de Manhattan que son canales estrechos y largos, abiertos entre los rascacielos de vidrio, aluminio, hierro y cemento, de la misma forma cuidadosa como los carpinteros abren las ranuras para hacer los ensambles de las piezas que construyen. A ellas no entra el sol y solo sus torres y pináculos se ven iluminadas por los rayos oblicuos porque el astro rey nunca asciende como en el trópico.
Caminé por el Time Square y  el Rockefeller Center, y saliendo de la colosal Biblioteca Publica de New York, impresionado por la apoteosis de sus asistentes, por las dimensiones, por la sobriedad y, en fin, por sus niveles de excelencia, y en medio de una temperatura de menos 10 grados centígrados, llegué al sitio en donde estuvieron las famosas Torres Gemelas.
Sentí la nieve, como una peregrinación romántica, por entre los chamizos pelados y raquíticos, empecé a ver los papelillos de agua que se balanceaban coquetos, como una ilusión y como una amenaza a la vez. Sus centellas se multiplicaron, me dieron en la cara y percibí una sensación combinada de tranquilidad y admiración, que se transformó muy pronto en una emoción-ilusión como la que despierta la mano de una mujer que se desliza suave por tu frente y mejillas.
Me salí de la selva de vidrio, hierro y cemento y me encontré con la perfección de la naturaleza, expresada en la armonía de los colores y las formas, con sus tonos verdes que palidecen por la llegada del otoño y configuran un contraste con el azul del cielo diáfano.
Dimensioné el viaje de cerca los cientos de miles de personas que se movilizan por la monumental carretera interestatal 95 que atraviesa el país de sur a norte, que nos muestra la belleza y precisión de las obras vanidosas y soberbias construidas por el hombre para acomodarse armónicamente en el planeta.

Mirando el lento discurrir del esplendoroso río Hudson, el sol, el mar, el horizonte infinito, los edificios  de belleza impecable que son los ojos de la dominación del Imperio, así como el tapete dorado sobre el cual se mueve un gran barco crucero, también miré mi vida, mi vida de hombre sensible y entonces siento que algo me falta - tal vez una caricia femenina sincera- para completar este cuadro, este prisma de policromía misterioso y encantador que me ofrece la visión de la gloria americana resumida en Manhattan.
Manhattan es un conjunto de dioses narcisistas y soberbios que se miran en las aguas del brillante río Hudson, son 3 las moles de acero, hierro, vidrio y cemento que se imponen en su cielo casi siempre de un azul nítido, un poco desteñido, como la campaña del exglorioso y ahora vergonzoso Deportivo Cali. Uno de los soberanos de las alturas neoyorkinas destronado hace 45 años y el más legendario, es el "Empire State building", construido en 1930, con 381 metros en sus 102 pisos, más los 62 metros de su pináculo y las 21 mil personas que trabajan en su interior. Visitado por 5 millones de personas cada año, fue durante 40 años el referente del poder y la dominación americanas. Fue despojado del título de edificio más alto de New York por las tristemente célebres torres Gemelas del Trade Center, el eje económico mundial atacado el 11 de septiembre de 2001. Con el derribamiento de las Gemelas, otro rey depuesto, el 426 Park Avenue, recuperó su liderazgo en las alturas, con su estatura de 427 metros, con una estructura cuyos diseños simples han sido criticados por los los expertos, quienes afirman que tiene poco valor creativo. Es un edificio de apartamentos de 85 plantas. Hace apenas un poco más de 5 años, el "One World Trade Center", del complejo reconstruido en honor a las víctimas de las Torres Gemelas, es el nuevo emperador del conglomerado de Manhattan y sede del museo que guarda los recuerdos de las destruidas Gemelas. Es el rascacielo más alto del hemisferio occidental y el sexto más alto del mundo, dotado de un potente ascensor que en 47 segundos llega a lo más alto de la estructura, en donde se encuentra un observatorio.
Me impresioné en el cementerio de Arlington, en donde, con la precisión de la era digital, el reloj del anfiteatro emitió los 12 golpes sinfónicos del medio día y todos los presentes se pusieron de pie para presenciar el cambio de guardia en la tumba legendaria del Soldado Desconocido, el acto más solemne, firme e imponente que he visto.
Y como repetidas veces sentí impulsos de regresar a la simétrica soledad del cementerio de Arlington y a su anfiteatro para confrontar mi alma de hombre envejecido, volví. Porque las ruinas de los hombres y de las cosas son los mejores interlocutores para un diálogo con nosotros mismos. 

Con la emoción del reencuentro familiar, con la vista puesta en las grandes construcciones de edificios y telarañas de puentes y carreteras, invocando una nueva oportunidad y disfrazando el dolor por la partida, después de unas pocas horas de sueño, volveré a la patria querida, triste y vencida por el furor de la politiquería.
Y volveré a la diversa Amazonia. Porque necesito un receso para abrir de nuevo las alas de mis ensueños, agotados con este caudal de sensaciones extraordinarias con las que ya estoy convencido de que la perfección SÍ es posible.
Y porque definitivamente, como dijo el personaje de La Vorágine en una de sus sentencias: "Amo más a la selva porque su soledad no ha sido deshonrada por el hombre".



jueves, 4 de enero de 2018

El hombre más grande desde el diluvio


Les comparto la reseña sobre este libro de antología, escrita por mi hijo Oscar Fernando, enamorado de las letras y de la naturaleza. El tema del cuidado de la naturaleza es mirado de reojo y, cuando más, se maneja como una forma de estar a la moda con los ecologistas que advierten sobre los funerales de muchos sitios y especies en el planeta.

La invención de la naturaleza

Autor: Andrea Wulf
Editorial: Taurus
Precio: $57.000


El hombre más grande desde el diluvio

Por Óscar F. Cataño


L
a invención de la naturaleza cuenta la vida de Alexánder von Humboldt (14 de septiembre de 1769 – 6 de mayo de 1859), su influencia intelectual en los científicos de su tiempo, su enfoque comparativo y su método innovador de vincular todas las disciplinas para aproximarse a una mejor comprensión de la naturaleza. Su vigencia hoy día es enorme, tanto que se le considera  el fundador del ecologismo y uno de los hombres más brillantes que ha dado el mundo moderno.  

Fue un intelectual osado y con mucho arrojo. Escaló montañas y volcanes de más de 5000 metros de altura, recorrió el río Orinoco y fue el primer científico que evidenció la conexión de este gran río con el Amazonas, a través del Casiquiare, algo de lo que no se tenía evidencia hasta el momento. Llegó a Sudamérica con 25 años y estuvo hasta los 30. En esos cinco años, en varias ocasiones, casi pierde la vida, sin embargo esos riesgos no fueron obstáculos para hacer sus descubrimientos y seguir sus exploraciones.

Viajó al Nuevo Mundo con el botánico francés Aimé Bonpland, con quien se escribiría hasta la muerte de este, más de medio siglo después de la expedición. Bonpland, después de llegar de Sudamérica, no pudo quitarse la belleza y abundancia de vida del Nuevo Mundo. Y aunque trabajó como director del jardín de Josefina, la esposa de Napoleón, Sudamérica ya estaba en su mente y su corazón, y un día regresó para jamás volver. Murió en Argentina. Su deseo siempre fue reencontrarse con Humboldt.

Cuando Alexánder regresó a Europa llevaba consigo el mérito de haber descubierto el ecuador magnético,  hacer mejores mapas que los españoles y corregir los ya existentes sobre las tierras americanas que le dieron más precisión a su expedición. Sus mapas resultaron ser mejores que los de la Corona Española, que administraba las tierras americanas. Cuando Simón Bolívar empezó su aventura independentista, usó los mapas de Humboldt para ubicarse y atacar al enemigo. En estos, Humboldt puso ríos que no existían ni en la imaginación española, montes y volcanes, pueblos indígenas y corrigió grados.  Además, había observado el funcionamiento de las colonias, la explotación agrícola, la tala indiscriminada para el monocultivo, los canales de riego y -lo que más llamó su atención- la esclavitud, experiencia que lo horrorizó. Siempre fue un abolicionista.
A su paso por Bogotá conoció a José Celestino Mutis, de quien dijo que tenía una de las mejores bibliotecas con libros sobre botánica que había visto. En Venezuela conoció a las hermanas de Bolívar y a su maestro Andrés Bello. También conoció a un hombre de una familia acomodada de Caracas de apellido Montúfar, quien lo acompañaría en el ascenso al Chimborazo -en ese momento considerada la cúspide más alta del mundo. En Estados Unidos conoció a Thomas Jefferson, a quien siempre le reprochó que esa patria nueva que proclamaba la libertad, no liberara a los esclavos de las plantaciones. En varias cartas, cuando Bolívar estaba en su campaña libertadora, Humboldt le reprochó a los norteamericanos que no ayudaran a sus “hermanos del sur”.

Fue en Ecuador, estando casi en la cima del Chimborazo, que la naturaleza se le reveló como un tejido, miles de cuerdas que se tocan, se entretejen y se unen para crear la gran red en donde todo se relacionaba con todo, lo que más tarde evolucionaría en una idea original que él  llamaría Naturwemalde. Parado a más de 5000 metros de altura, observó el valle y entendió que a medida que ascendía, las plantas iban cambiando. Fue ahí en donde comprendió que las plantas se adaptan al tipo de clima. En los llanos venezolanos conoció la palma de moriche y fue por medio de esta que concibió su idea de la especie clave -esa que es fundamental para la reproducción y supervivencia de diferentes tipos de existencias. Para Humboldt, la palma de moriche era “el árbol de la vida”.

Cuando regresa a París, como dice Wulf, ya se había convertido “en el científico más extraordinario de su tiempo”. Había escogido París para vivir, a pesar de que Francia estaba en guerra con Prusia, por su importancia en el ámbito científico. Además, porque París era, en ese momento, la capital editorial del mundo. La mayoría de los libros que se publicaban en Europa nacían de las imprentas y casas editoriales parisinas. Fue allí, en uno de los muchos cocteles a los que era invitado, en donde conoció a Simón Bolívar, cuando este contaba con 21 años.

Bolívar estaba de luto y había ido a París –con Simón Rodríguez- a olvidar a su esposa. Y había escogido una manera ya popularizada en la Ciudad Luz: vida nocturna llena de sexo, alcohol y tertulia. En esas circunstancias lo encontró Alexánder. Conversaron – quiero creer que en español- sobre Sudamérica, la explotación agrícola que realizaba España y la esclavitud. También, por supuesto, sobre la riqueza sin parangón del Nuevo Mundo. También se vieron y conversaron en Roma.

Años después, cuando ya había dejado de ser un joven imberbe, Bolívar escribiría que Humboldt era el “verdadero descubridor del Nuevo Mundo”. Intercambiaron correspondencia por más de tres décadas. Años más tarde, Humboldt recibió en su casa de Berlín a Daniel O’Leary, el ayudante de campo de Simón Bolívar, para escuchar sobre los últimos días de quien consideró su amigo. Humboldt siempre se refirió a Sudamérica “como mi segunda patria”. Soñó siempre con regresar.

En Europa era una celebridad. Su fama había sido ganada a pulso. La expedición le permitió publicar Cuadros de la naturaleza, “este sería uno de sus libros más leídos, una obra famosísima que acabaría por publicarse en once idiomas”, apunta Andrea Wulf. Además, en Cuadros de la naturaleza, “Humboldt demostró la influencia que podía tener la naturaleza en la imaginación humana. La naturaleza, escribió, establecía una comunicación misteriosa con nuestros ‘sentimientos más íntimos’”. La influencia de la naturaleza en la sensibilidad humana fue uno de los ejes más importantes en los estudios de Humboldt. Cuando escribía lo hacía para el gran público con un lenguaje poético. Poesía y ciencia fue su aporte a la divulgación del conocimiento. El conocimiento –y mucho menos el que surgía de la observación de la naturaleza- no tenía por qué encerrarse en tablas matemáticas, porcentajes y cifras. El canal que eligió Alexánder von Humboldt para aprehender y divulgar, fue el arte: “La poesía era necesaria para comprender los misterios del mundo natural”, afirmaba.

Andrea Wulf lo llama el último polímata. Humboldt era una fuente inagotable de datos, aventuras, relaciones, en apariencia arbitrarias, opiniones políticas controversiales por sus ideas liberales y antimonárquicas: “Hablaba de poesía y astronomía, pero también de geología y pintura paisajística. En sus lecciones entraban la meteorología, la  historia de la Tierra, los volcanes y la distribución de las plantas. Deambulaba de los fósiles a la aurora boreal, del magnetismo a la flora, la fauna y las migraciones de la raza humana (…) caleidoscopio de correlaciones que abarcaban todo el universo”.
Siempre usó dinero de su propio bolsillo para viajar, publicar sus libros, patrocinar científicos exploradores o la publicación de obras de divulgación de otros científicos. Caroline, la esposa de su hermano Wilhelm, siempre le preocupó que ciertas personas se aprovecharan de su benevolencia y amplitud, en cierta medida porque a Humboldt nunca le interesó el dinero. Algunos llegaron a opinar que Alexánder era bueno en todas las ramas del conocimiento, menos en la economía y la administración. Viendo esta situación, su hermano logró conseguirle una pensión vitalicia de la corona prusiana: 2500 táleros anuales. En sus últimos años, su pobreza no le permitió llegar a mitad de mes y se veía obligado a pedir prestado dinero a sus criados o cochero.  Quienes lo visitaban se admiraban de la modestia y sencillez con la que vivía. No poseía ni la colección completa de sus propios libros porque, según Wulf, “eran demasiado caros”.

Desde que llegó de Sudamérica, siempre tuvo el deseo de viajar a las Indias Orientales. Para ir, necesitaba un pasaporte que sólo era emitido por la Compañía de las Indias Orientales, con sede en Londres, quienes administraban los intereses coloniales de Inglaterra. Humboldt envió una carta solicitando el permiso y le fue negado, quizás, porque los ingleses habían leído sus libros sobre la expedición en el Nuevo Mundo, en donde Alexánder criticaba el sistema económico que no respetaba la naturaleza y se basaba en la esclavitud.
El objetivo de Humboldt de ir a las Indias Orientales era escalar el Himalaya para tomar datos y hacer comparaciones con sus observaciones en Sudamérica. Durante 30 años escribió solicitudes que siempre eran respondidas con negativas. No valió la presencia de su hermano como embajador en Londres, ni las conexiones que tenía con la élite académica y científica en Inglaterra y el resto de Europa. Siempre le negaron la entrada a las Indias Orientales. No conocer el Himalaya fue una de sus grandes frustraciones. No obstante, cuando escuchaba de algún científico o viajero que había estado por esas tierras, lo invitaba a su casa para obtener de segunda mano informaciones que consideraba valiosas para construir su sistema de pensamiento.

Fue, también, un gran promotor científico. Creía que el conocimiento debía circular sin ninguna restricción y costo por todo el mundo: “En septiembre de 1828 invitó a centenares de científicos de toda Alemania y Europa a una reunión en Berlín (…), a la conferencia asistieron alrededor de quinientos”.  

Humboldt y Darwin

En mayo de 1839, salieron de una imprenta londinense los primeros ejemplares de Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, su autor: Charles Darwin, quien le envió un ejemplar a Humboldt, a Berlín. Humboldt leyó el libro incrementando su emoción a cada página. Quedó tan emocionado que escribió una carta a la Sociedad Geográfica de Londres en la que dijo que el libro de Darwin era ‘uno de los trabajos más extraordinarios que, en el curso de una larga vida, he tenido el placer de ver publicados’”. Humboldt iba cumplir 70 años, era “el científico más grande de su época” y estaba diciéndole a Darwin “que la antorcha de la ciencia estaba en sus manos”.

Algunos años más tarde Humboldt, antes de ir a Londres, escribió a Darwin para concertar una cita. Se vieron solamente en esa ocasión. Darwin no habló, Humboldt no lo dejó. Le robó la palabra por tres horas seguidas mientras discurría sobre sus ideas y descubrimientos. Si de verdad se hubiera dado una conversación ¿qué ideas hubieran puesto en diálogo? ¿A qué conclusión hubieran llegado? ¿Qué perspectivas científicas hubiesen encontrado? ¿Hubiesen hablado del futuro de la humanidad? ¿De religión? ¿De Dios? ¿Del sentido de la vida y del hombre y su relación con la naturaleza? Estas preguntas son solo hipótesis porque la realidad fue otra. Humboldt no permitió un diálogo, fue un monólogo -¿ególatra?- producto de la emoción del científico alemán, originada, tal vez, por haber encontrado quien siguiera sus pasos.

Humboldt en Rusia

Humboldt era un viajero. Siempre fue un viajero. La negación de la Compañía de las Indias Orientales para visitar sus territorios no le truncó sus deseos de explorar el mundo. Antes de cumplir sesenta años le escribió al zar de Rusia Nicolás I para manifestar sus deseos de explorar su gran imperio, y poder recolectar datos para comparar con sus investigaciones anteriores. El zar aceptó y agregó que la corona misma pagaría la expedición.

Esta oferta tenía contraprestaciones. Por un lado, Humboldt exploraría lo que quisiera, pero a cambio del pago de la expedición debía buscar diamantes en las minas de la Rusia zarista. Nicolás I estaba en guerra con los mongoles y necesitaba dinero para financiar sus incursiones militares. En cierto momento, Humboldt halló platino en una mina y pronosticó, contra todas las estadísticas, que era posible encontrar también diamantes.

Su hipótesis se basaba en lo que había observado en las minas de Sudamérica, en donde había encontrado platino y diamantes juntos. Era una hipótesis producto de la comparación. El mundo científico europeo se le vino encima alegando que su afirmación se basaba en la especulación científica. No obstante, Humboldt fue el primer ser humano que encontró diamantes en Europa. Publicó el resultado de sus pesquisas en revistas científicas y hubo alguien que lo juzgó de alquimista.

Al terminar la expedición, le había sobrado la tercera parte del dinero y la devolvió al zar pidiendo que se usara en patrocinar a algún científico con ganas de explorar el mundo. El conocimiento, argumentaba siempre, estaba por encima del dinero. Regresó a Europa convertido en una figura mítica. Tenía sesenta años y había recorrido 16.000 kilómetros en 6 meses. En ese tiempo y en ese espacio, utilizó 12.244 caballos.

La influencia de Humboldt en el mundo científico

Las ideas de Alexánder von Humboldt tuvieron mucha influencia en todo el mundo científico pero, sobre todo, en ámbito científico y político norteamericano.

Las ideas de Humboldt, sus viajes y los deseos de explorar y observar el mundo, tuvieron mucha influencia en George Perkins Marsh, quien publicó Man and Nature. Y fue en este libro en donde Marsh evidenció, con estadísticas, estudios académicos y observación de la tala indiscriminada de árboles en Estados Unidos, que “el aspecto de la naturaleza tenía mucho que ver con las acciones de los seres humanos”. Al comienzo de Man and Nature, Marsh escribe que “Humboldt fue un gran apóstol”.

En este sentido, Henry David Thoreau no hubiese escrito su Walden sin la lectura de los libros de Humboldt, especialmente Personal Narrative. En abril de 1852 escribió: “El año es un ciclo”. Siguiendo el método de la observación llevado a la máxima expresión por Humboldt, Thoreau se dio cuenta que “las mariposas, las flores y las aves reaparecían cada primavera…”. Descubrir el papel de las estaciones fue fundamental para el pensamiento de Henry David, porque le daba una estructura y por lo tanto un propósito al clima. Una estación estaba vinculada a la otra y funcionaban en armonía, se correspondían, para lograr el fin último: garantizar la vida.

Así mismo, John Muir fue uno de los primeros hombres del siglo XX en despojarse del antropocentrismo y tener una visión diferente de la naturaleza. Una visión en donde la conservación era la base. Fue quien, junto con Thoreau, llevó al terreno político las ideas de Humboldt del respeto al medio ambiente: “1892, Muir fundó el Sierra Club. Concebido como una ‘asociación de defensa’ de la naturaleza, el Sierra Club es hoy la mayor organización ecologista de base en Estados Unidos”. Muir vivió algunas temporadas en lo que hoy es el Parque Nacional de Yosemite y fue él quien promovió su creación y propuso que su administración debía depender del gobierno federal y no estatal.

La invención de la naturaleza –bello y brillante título- es un libro fundamental para conocer de fondo las repercusiones que tienen las acciones humanas en la naturaleza. Humboldt pensaba que a la naturaleza no aplicaba el concepto de muerte. Y que sólo el hombre, en su intento de apropiarse del mundo y enajenado por la avaricia, el odio y la violencia, podría inocular la muerte al ciclo vital que garantizaba la vida, e incluso infectar las estrellas y el espacio exterior. La cadena trófica era prueba de la renovación y la necesidad que existan todos los eslabones para el equilibrio y la armonía y la unión y la concordia, en la explosión vital que es la naturaleza. En este sentido, quiero creer que la naturaleza en su inteligencia interna, en su último intento por sobrevivir, envió a Humboldt a predicar un tipo de evangelio que –como siempre- pocos escucharon.  

En síntesis, Alexánder von Humboldt fue, como dijo el rey Guillermo de Prusia, el “hombre más grande desde el diluvio”.