sábado, 16 de mayo de 2026

HISTORIAS DE VIDA.- Luis Antonio, "Toño", Marín Pérez, 80 años...un caballero de la lucha, el talento y el honor



La generación de luchadores de los años 60s,70s y 80s, en Caquetá, no puede pasar por delante de figuras como "Toño" Marín, sin descubrirse

Nació en Castilla, corregimiento del municipio de Pácora, norte de Caldas, sexto hijo de una camada de 13 hermanos, hace parte de la diáspora paisa dispersa en territorio del Caquetá desde la mitad del siglo pasado, como producto del desplazamiento forzado por la violencia bipartidista. Hace parte, también, del puñado de soñadores que movidos por la injusticia, el atraso, la pobreza de la gente - que entre la sombra absoluta no vivía, sino que apenas vagetaba- desarrollaron una lucha lenta, con austeridad, sin precipitud, pero persistente, a favor de las masas campesinas, que fueron la vanguardia de la lucha social en ese departamento a comienzos de los años sesenta. La representación de una sociedad perfecta, justa y armónica, como la utopía de Tomás Moro.

Alternó sus estudios primarios con la recoleccion de café y aunque tímido, nervioso y llorón, recuerda sus pilatunas, que le costaron numerosas "reprimendas", de los profesores y de sus padres, exigentes, rígidos y ejemplares de la disciplina, el estudio y la honradez. Fue acólilto en la iglesia de su pueblo cuando las misas se daban en latín, de espaldas a los fieles. Pero él, sí se puso de frente ante sus responsabilidades escolares, se graduó como Normalista en Manizales e, invitado y seducido por unos paisanos, se fue al Caquetá, en donde, un día después de su llegada, fue nombrado profesor por el sacerdote italiano Juan Demichelis. En 1974, fue elegido en la junta directiva de la entonces beligerante y famosa Asociación de Institutores del Caquetá, AICA, desde donde se dirigió el proceso organizativo y ejecutivo de las movilizaciones campesinas, en acciones coordinadas con la ANUC y otras organizaciones sindicales y populares.

En medio de la nueva decoración geográfica, de entorno y hasta del lenguaje "cantadito" de los caqueteños, a "Toño", muy pronto se le apareció otro paisaje, el sentimental: se encontró con Carlina Collazos, en el municipio de El Doncello, quien le abrió las pupilas más de la cuenta, y le hundió la flecha del amor. Desde entonces, con sus sueños juveniles reforzados, su combate por la vida fue más suave, se ilusionó, y prácticamente  arrancó a Carlina del seno de su familia, que se opuso desde el comienzo a esa relación. La boda no tuvo pompa porque mientras el cura los casaba, el papá de la novia, borracho, pedía un machete "para matar a ese hp". Eliana y Luis Gabriel, ya exitosos profesionales, sus dos nietas y un nieto, son el fruto de ese idilio que estuvo a punto de convertirse en una tragedia. 




En momentos en que el proceso de lucha social estaba en ascenso, en medio de muchos lidiadores y pocos pensadores, cuando se defendía con vehemencia pero sin comprender claramente, infectados por los virus nocivos del fanatismo, sectarismo, dogmatismo y radicalismo, entre los sectores de izquierda, "Toño" mostró su espíritu cultivador, conciliador y sereno, pero siempre al lado de los más vulnerables, sin ambiciones, en su ejercicio como Supervisor de Educación, en contacto permanente con las comunidades campesinas y fue pieza importante en la defensa de los intereses de sus colegas, desde la Asociación de Supervisores del Tolima, Huila y Caquetá, ASETOHUILCA, que se fundió con ASDE, Asocición de Supervisores de Educación del Estado.

Hasta hace más de medio siglo, las mulas y equinos desempeñaron un papel determinante en el desarrollo de los pueblos y sobre sus lomos se movieron la economía, la cultura, la comida, el deporte, todo. Los supervisores de educación fueron, además de líderes académicos, acompañantes de los procesos técnicos-pedagógicos-administrativos, un eslabón del proceso organizativo de las comunidades alrededor de sus problemas y necesidades. Se convirtieron en baquianos conocedores de la geografía regional, de sus habitantes en zonas escarpadas y selváticas, de sus costumbres y hasta de sus amores furtivos; y de trochas, caminos, parajes, fondas de arrieros, a partir de sus expediciones cotidianas montados sobre las bestias. Mientras hablábamos sobre este tema, "Toño" adornó la conversación con una anécdota campeona:

En una vereda de Cartagena del Chairá, relató, montando una yegua en celo, apareció un burro "arrecho" mientras yo trataba de abrir un broche de puerta, o separador de potreros. El semental hizo dos descargas, una entre la yegua y otra, de babas espesas, sobre mi espalda. El campesino que me acompañaba gritó, asustado, "quédese quieto, profesor". 

- Te salvaste, le dije, porque es más riesgoso cuando montas un caballo cojudo, brioso, y este encuentra una yegua "caliente".

En Cartagena del Chairá, "Toño" también acompañó otro proyecto histórico, el periódico El Zurriago, editado inicialmente en las máquinas de escribir del colegio comercial -a hurtadillas de las directivas- con el apoyo de los estudiantes durante las clases de mecanografía y duplicado con papel carbón. Después, se editó en papel "stencil", "picado" o perforado   en las mismas máquinas e impreso en mimeógrafo -precursor de las fotocopiadoras- con el apoyo del sindicato AICA. Fue instrumento fundamental para la organización de la comunidad local alrededor de su anhelos, necesidades y denuncias; pulverizó la poderosa autocracia del cura italiano José Manca, quien además de rector, mantuvo una hegemonía visible en todas las actividades de la población; denunció irregularidades en el manejo del entonces Corregimento e inició el estudio teórico con estudiantes y padres de familia a partir de sus quejas e inquietudes.


En Secretaría de Educación, además, se desempeñó como jefe de la división de adultos; jefe de la división pedagógica y jefe de educación preescolar, básica y media; jefe de educación continuada (capacitación del magisterio para ascenso), después de que la ley 115 acabó con el CEP. Caracterizado por su apostasía del dogmatismo y la ortodoxia, fue un crítico silencioso de los "teóricos" deformadores de los intereses colectivos que pusieron su "dialéctica" al servicio de diferentes grupos políticos. Siempre fue un soñador que se negó a creer de "primerazo" los análisis sobre la coyuntura nacional y regional, mientras avanzaban la pobreza y el abandono estatal de las comunidades y del magisterio. Nada doblegó sus fuerzas, siemprre mantuvo su energía, cordialidad y excelente salud. Nadie recuerda a "Toño" enfermo u hospitalizado, es un cedro que resiste erguido el huracán de la vida.

Más pensador que hablador, su elocuencia radica en el tono persuasivo con el que "tiró línea" - y tira todavía- ante grupos pequeños de compañeros, campesinos y maestros "descarriados", siempre con una sonrisa, que es como el perfume de su personalidad. Con memoria fotográfica, relata episodios notables de su ejercicio laboral y como organizador de comunidades campesinas, dejando caer puyas o flores, según cada caso, y rematando con una carcajada, se levanta y da dos brinquitos afirmativos. Es, para los amantes de la oralidad, una joya de filosofía, sus narrativas son como soplos de mitología caqueteña que brotan con la misma fuerza de los Bakaki en la cultura uitoto, en los que lo sagrado se vuelve un cuento en sus "coqueaderos". 

Como los de su generación, también sufrió el tormentoso momento del tristemente célebre Estatuto de Seguridad, del expresidente Turbay Ayala, diseñado con el discurso falaz de combatir la subversión pero efectivamente inspirado para imponer la represión, la violación de los Derechos Humanos, las torturas, las desapariciones, las detenciones arbitrarias y los asesinatos de sus opositores. Precisamente dentro de esa etapa represiva, en junio de 1979, el entonces secretario de Educación del Caquetá, el turbayista Robespierre Rodríguez, destituyó al grupo de supervisores, acusándolos de apoyar de manera ilegal el paro que los profesores adelantaban por su Estatuto Docente. El grupo estalló en mil pedazos y todos los procesos, incluidos los asociados a lucha social, quedaron en las manos huérfanas de los maestros y en la improvisación administrativa de la Secretaría de Educación.

Del grupo de 14, se "salvaron" dos: Orlando Rojas, por incapacidad médica, y Albeiro Vidarte, el "intendente", quien, traicionando al grupo, negoció con el secretario Robespierre. La pálida vaguedad de los argumentos expuestos por el Secretario de Educación, fue derrotada casi dos años después por el Tribunal Administrativo del Huila y su reintegro -con el pago de todos los emolumentos dejados de percibir desde su declaratoria de insusbsistencia-  fue firmado por el entonces Intendente del Caquetá, Félix Tovar Zambrano. 


Durante esa vacancia forzosa, "Toño" intentó volverse comerciante pero fracasó porque sus competencias y su imaginario estaban en los procesos pedagógicos y organizativos de sus comunidades. Su esposa Carlina se hizo cargo de las responsabilidades materiales de la familia.

Apaciguadas las aguas, en el retiro, "Toño" mantuvo su liderazgo y fue el inspirador de los "Encuentros de Caqueteños en Ibagué", donde existe una numerosa colonia caqueteña, que alcanzaron a reunir hasta 120 personas, no solo de la capital del Tolima, sino de diferentes partes del país y estuvo a punto de escalar a otra forma organizativa, solo interrumpidos por la pandemia del 2020.


Los más fanáticos le criticaron muchas veces su actitud serena, pero severa, frente a los extremistas y personalistas que siempre rompieron los caminos de los acuerdos y la conciliación de posiciones planteadas durante le proceso de organización y lucha social en Caquetá y concretamente frente a la metodología en el manejo de protestas, marchas, paros y negociaciones.

Hospitalario y generoso, acogió en su casa a paisanos que llegaron en busca del "sueño caqueteño" y a compañeros "emproblemados" que encontraron refugio y apoyo económico. Justo en sus decisiones, pero enérgico y exigente, "Toño" fue como la estrella del grupo de supervisores de educacion, importantes en las luchas del magisterio, por el pago oportuno de sus salarios y por reivindicaiones, como los programas de validación de Normal y el establecimiento de los proyectos extramurales de la Universidad de la Amazonia en algunos municipios del Caquetá.

En la quietud de sus años crepusculares, "Toño" y su esposa Carlina avanzan con dignidad y autonomía, alimentan relaciones sociales cordiales, basadas en la calidez y la solidaridad, y los viajes frecuentes les permiten amontonar aprendizajes que se suman a su sabiduría acumulada, lo cual refuerza su bienestar. 


Su vida transcurre en medio de una caravana de recuerdos gratos que le dan ese aire victorioso de todos quienes han  tenido una vida tenazmente agitada y heroica. Y, contemplando el humo que sale de de la hoguera de un país selectivamente polarizado, lleno de odios entre los sectores que deben estar unidos, su existencia, entrelaza las viejas luchas de ayer con la tranquilidad de hoy, sin apartar los ojos de la actual coyuntura política-social del país: la otra hoguera, la hoguera de la  guerra, medio extinta, con su humo espeso.

¡Vivirás en el corazón de quienes hemos tenido el privilegio de estar cerca de tus éxitos y de tus dolores, "Toñito", porque eres un coloso de la amistad!.