Por la falla geológica doblada hacia adentro, en cuyas hendiduras transitan los ríos “Blanco” y “Neiva”, se deslizan los sueños de paz de un pueblo azotado por el frenesí de la violencia, sobreviviente de varias décadas de sacudidas constantes por su condición de escenario de guerra, que erosionaron no solo la tierra sino su economía, su cultura y su organización social.
En medio de la dinámica geológica que configura uno de los entornos verdes más espectaculares del departamento del Huila, se agitan las esperanzas de su grandeza desolada, a pesar de los temores por el recrudecimiento de la violencia, que recientemente revivió las escenas de pánico en esta región del oriente del departamento, considerada históricamente como uno de los “santuarios” de la guerrilla de las FARC y corredor principal para sus desplazamientos hacia el Caquetá.
La paz se sintió, se vivió y se disfrutó durante las conversaciones de Paz y en los años siguientes a la firma del acuerdo con ese grupo. Sus habitantes percibieron en todos los sectores la modificación positiva de las condiciones de convivencia, desde el puesto de control del ejército, a la entrada del municipio, en donde disminuyó el rigor de las requisas, hasta en los centros poblados de la jurisdicción, como El Paraíso, El Toro y La Arcadia que, forzosamente, fueron la plataforma desde donde se fraguaron los actos de violencia.
La luna de miel con la tranquilidad fue interrumpida hace algunos años, tras el fracaso de la llamada "Paz Total" del expresidente Petro y entonces el ruido de las bombas volvió a despertar a la gente del casco urbano y generó temor entre los campesinos. En la calle del comercio, en la plaza de mercado, en el parque, en la sede del gobierno local, en las instituciones educativas, en los hogares, se advierte con facilidad un sentimiento combinado de inquietud, enojo, frustración y angustia, que parecen acentuarse con las decisiones del nuevo gobierno en relación con el manejo del orden público en todo el país.
-Hay que confiar en la película, no tanto en los actores, declaró un funcionario del gobierno municipal, al referirse al desenlace de los anuncios del alto gobierno porque este mal no puede ser eterno”, y recordó que detrás de la euforia generalizada por el cese de la violencia, siempre se escondió el fantasma de la duda y de la incertidumbre sobre el proceso de transición de su condición de escenario de guerra, a laboratorio de Paz. La gente estuvo feliz, pero no existió claridad sobre el proceso de recomposición de sus estructuras económicas y familiares. La gente disfrutó el momento a su manera, y con iniciativas, sin dirección muchas veces, emprendió el recorrido por el sendero de la Paz, inspirada en la organización comunitaria como instrumento para sacar adelante sus proyectos productivos. En el sector rural se conformaron numerosas asociaciones cuyo objetivo es la gestión y administración con autonomía de la producción, transformación y comercialización de sus cultivos. Los ramales de la cordillera oriental que se descuelgan hacia el Huila reverdecieron en todos los tonos y a medida que se asciende por la carretera maltrecha aparecen los cultivos multiformes y multicromáticos alrededor de los invernaderos para la siembra de tomate, principalmente, rodeados por lindas casas solariegas con sus jardines florecidos y en donde al atardecer encontramos el alma de los campesinos, pesimistas por su futuro, pero del mismo modo preocupados porque los programas del gobierno no tienen el acompañamiento adecuado.
El entorno está dominado por cultivos de café y los invernaderos de tomate, pero son notorios los sembradíos de lulo, caña –con sus trapiches para la molienda- yuca, arracacha, plátano, tubérculos, cítricos y hortalizas. Algunos campesinos recordaron al fallecido profesor y ecologista, Jaime Lizcano, inspirador de la Corporación Municipal Agroecológica de Algeciras, COMUNA, que agrupó a cultivadores que decidieron retomar las prácticas agrícolas ancestrales, introduciendo conceptos modernos para la producción limpia de alimentos perecederos. Lizcano advirtió entonces, que no se trata, exclusivamente, de celebrar el cese de la violencia, sino también de generar entre la población sentimientos de aprecio por el escenario natural sobre el que se actúa. “Se trata de redescubrir el santuario verde que nos permita ver el horizonte de la soberanía alimentaria con equidad, autonomía y libertad”, dijo en su momento el profesor Lizcano.
Algeciras no es solo la despensa agrícola del Huila. También es un gran productor de agua con numerosos riachuelos y quebradas tributarios de los dos afluentes principales, los ríos Blanco y Neiva, que son explotados por los arroceros de Campoalegre, principalmente, quienes le pagan a la CAM impuestos altos que no son revertidos en la protección de las cuencas de los abastecedores que, en verano, prácticamente desaparecen.
Por el aprendizaje obligatorio y de supervivencia durante su largo periodo de convivencia con los actores armados, los residentes de toda la región son recelosos casi al extremo, desconfían y sospechan de los desconocidos y los periodistas les despiertan temor. Es muy difícil la obtención de testimonios y cuando se logra, las personas piden el anonimato y no permiten las fotografías.
La Paz es, además, un desafío para el desarrollo y debe traer, de entrada, una agenda de temas estratégicos como la justicia y la reforma agraria. Sobre esta temática existen más dudas que esperanzas ante los anuncios del nuego gobierno sobre su política de arrasamiento de sus contradictores.
-Además de las inversiones estatales en zonas como el municipio de Algeciras, en estas etapas de dudas y temores, se deben manejar otros elementos como los orígenes y patrones de la conflictividad y el manejo de las disputas individuales, conceptuó un funcionario de la administración municipal que pidió el anonimato.En Algeciras se viven tiempos de mucho miedo, esa emoción primaria y natural que surge ante la percepción de un peligro, ya sea real o imaginario, presente o futuro, aunque en la mayoría de las personas sus deseos son imprecisos, tal vez por la incertidumbre de los tiempos que vendrán como consecuencia del nuevo gobierno...tal vez por el peso del recuerdo de sus muertos.
De todas maneras, sus paisajes que parecen pintados con pinceles gigantes, seguirán ahí como testigos inmutables de la historia y sus ríos y quebradas arrastrarán los sueños y ambiciones de un pueblo que, como Marcel Proust, va “en busca del tiempo perdido”.