domingo, 1 de noviembre de 2026

NOCHE DE BRUJAS.-

El primer niño que llegó al apartamento pidiendo dulces, estaba disfrazado de Abelardo de la Espriella y, apuntándome con una pistola de agua, me dijo: ¡vivan los impuestos hasta para los aliños El Rey".

Ayer, hasta los ciudadanos más distraídos sentimos una agitación de pequeños guerreros por las calles de pueblos y ciudades, metidos entre los disfraces que ellos imaginaron, entre las figuras de su simpatía o de su odio, utilizadas como mensajes de protesta o gratitud, como expresión de un anhelo, como provocación, como denuncia, como reflejo de las opiniones de sus padres y profesores o simplemente como un instrumento para hacerse reconocer, para salir del anonimato, o para reclamar un momento de atención.

Dame amor, dame dulces por favor” fue la consigna más agitada por los pequeños, muchos de los cuales salieron acompañados por personas mayores. Tocaron la puerta del apartamento desde las 5 de la tarde hasta pasadas las 10 de la noche.

El primer grupo, se abalanzó sobre el paquete de dulces en una competencia anárquica, como la politiquería colombiana. Vamos en orden, niños, les reclamé, mientras los puse en una fila que llegó hasta la vuelta de la esquina. Y antes de comenzar la entrega de las golosinas, les pedí que cada uno explicara su disfraz a medida que recogían las golosinas al pie de la puerta.

-Soy un signo de interrogación y quiero saber hasta cuándo seguirá la guerra, se identificó el siguiente. "Porque con ese combo de ultraderecha, dirigido ahora por el fundamentalista exprocuraGODOr Ordoñez y otros personajes obsesionados por la violencia, la tendremos durante muchos años más", comentó.

Soy un verdugo, ejecutor de las penas de muerte y quiero acabar con los corruptos, con los violadores de niños y con los maltratadores de mujeres, gritó uno, entre la fila, con evidente enojo, desde el interior del disfraz de "la santa parca".


-Soy "Iván Mordisco" y reitero que el mundo no ha dado ni un paso hacia la civilización sin la ayuda de las armas y sin un ejército del pueblo...tengo las armas y un ejército que no se quiso desmovilizar, pero no tengo pueblo. Sacó dos barriletes, tres supercocos  y muchas bombas, se puso el pasamontañas y bajó veloz por la escalera.

-Soy un campesino de "El Pato" y quiero una reconstrucción histórica basada en las huellas de la sangre, en la memoria colectiva, sin reservas sobre la verdad de la violencia. Una paz verdadera, sanadora y duradera...me salió en verso, agregó, recogiendo su poncho que se le cayó cuando al saludar hizo una venia.

-Soy el alcalde de Neiva, dijo un niño bonito y suavecito, metido en un disfraz de Pinocho…llevo 7 meses sufriendo por la falta de techo del polideportivo del parque Mirador del Sur Las Tres Cruces, pero ya se me acabaron las disculpas.

-Soy congresista de la iglesia cristiana, dijo una pequeña, arrodillada ante el paquete de dulces. Dame muchos dulces y los diezmos para llevarle a mi pastor, me rogó, mientras estiraba una bolsa grande de tela, igual a las que utilizan en las iglesias de María Luisa Piraquive para recoger las vacunas de los fieles.

-Soy un puñal de luz que me quiero meter en el corazón de los Medios de comunicación porque están inundados de basura mentirosa, declaró el muchacho que llevaba un micrófono colgado en su pecho con los logotipos emblemáticos de RCN, Caracol y Semana.

-Somos dos enfermos que padecemos el calvario de las EPS, más graves que nuestras propias enfermedades, y ya no tenemos ni fuerza ni paciencia pues llevamos 6 meses a la espera de citas con el especialista y turno para una cirugía, dijeron con voces casi inaudibles dos niños metidos en esqueletos que semejan cadáveres ambulantes.

-Soy la tierra, exclamó una pequeña de 8 años, gordita y metida en un mapamundi. Todo está muriendo en Mí porque todos me han vuelto la espalda, empujados por la ambición. En el futuro amasaremos mucho dinero, pero no tendremos mercancías para comprar, pronosticó.

Me llamó la atención un niño que murmuraba debajo de las escaleras, asustado y solo, con un loro en su mano derecha, una anaconda plástica que le envolvía el cuello y un perrito pincher, amarrado con una piolita.

-Qué te pasó?, le pregunté desde arriba

-Soy el gobernador-EmperadoRUIZ, del Caquetá

-Y qué?, lo acosé

-Pues como estoy a la espera de una condena de la Corte Suprema espero mi turno, aquí escondido, anotó, oculto tras un velo sostenido por uno de sus contratistas.

-¿Y el perrito?, le pregunté

-Es inofensivo y muy obediente, se llama Marlon

Llamó la atención de los concurrentes la llegada de dos mujeres jóvenes y hermosas que trajeron a una niña dentro de un raro cajón metálico.

Apenas saliendo del singular empaque, la pequeña se confesó:

-Soy un fruto LGBTIQ+ y fui adoptada por ellas. Mi cosmovisión y mi estructura socio-política son tan inusuales como el cajón en el que llegué...pero antes de que me den dulces, quiero quejarme porque... ¡¡ustedes no se imaginan lo trágico que es aguantarse la opresión y la cantaleta de dos mamás!!.

-Estas fiestas, estos pedidos de dulces, estos disfraces están hechos para poner a la gente del común, especialmente a nosotros los niños, a pensar, a sentir y a esforzarse para vivir como los gringos, me dijo una jovencita que hizo fila pero no recibió dulces ni juguetes y tampoco estaba disfrazada.

La noche las brujitas se universalizó con distintas denominaciones, pero de todas maneras con el predominio de la versión gringa "Halloween", como consecuencia de la expansión ideológica "made in USA" que tiene como objetivo la homogenización del pensamiento y la cultura, para poner a pensar a la gente de la misma manera, para evitar la controversia que desbarata las mentiras. Ese predominio también se deriva de la sumisión a los mandatos gringos y de la falta de imaginación que limita la creación de fiestas originales, auténticas, que no reproduzcan modelos extranjeros.

En fin, los menores viven en medio del huracán de la vida social, política, científica y deportiva, no como protagonistas sino como elementos pasivos, como una especie de David, con su honda entre las manos, a la defensiva, ante los gigantes que los asedian, los amenazan, los agreden, los explotan, los manipulan y los dominan.



Para muchos niños, la vida no está siempre suspendida entre la obediencia, el miedo y las privaciones porque tienen el privilegio de vivir como reyes, en medio de la abundancia, aunque sin mucho cariño, porque sus padres son ricos... pero no tienen sino dinero.

Los hijos del pueblo, los que viven en las zonas deprimidas, aquellos que se quedan solos en sus casas mientras sus padres trabajan; los que toman aguadepanela y comen arroz diaria y persistentemente; los que sufren periódicos accidentes o son víctimas de los malvados, los que van a la escuela del barrio o de la vereda, los que sufren la guerra que tampoco entienden, de la misma manera viven la dinámica social sin comprenderla. Ellos también tuvieron este 31 de octubre un mensaje para la sociedad que no los protege de manera adecuada, que algunas veces los desprecia y en muchas ocasiones los utiliza como coraza para defenderse o para la comisión de algún delito.


miércoles, 14 de octubre de 2026

ARMENIA, 137 AÑOS. REGRESO AL BARRIO EL JAZMÍN

Calle 36 con carrera 26, barrio El Jazmín, hoy Santander
Caminando por los senderos de la evocación, me tropecé justo en la esquina de la calle 36 con carrera 22, con una casa vieja en donde funcionaron algunas aulas de la escuela Jesús María Ocampo. Me detuve emocionado ante el recuerdo  de tanta belleza espiritual sepultada bajo ese rancho y, como arrancada por la fuerza de un huracán, emergió la figura del profesor Ramón Velásquez, con quien aprendí las primeras letras y de quien, asimismo, recibí los primeros castigos por mi conducta de diablo chiquito.
Sentí que no podía continuar sin dedicarle unas cuantas líneas a ese sector de Armenia, el antiguo barrio el Jazmín, lindo nombre de ese oloroso arbusto, de flores de 5 pétalos, soldados por la parte inferior a manera de embudo, que por asuntos relacionados con la politiquería, sufrió el cambio de nombre…le pusieron barrio Santander. Así son los políticos, cambian perfumes por mierda.
En la esquina del frente, funcionó la más grande tienda del sector, La Palmera, de Doña María Agudelo y su esposo Pedro Villamizar, y una cuadra más abajo, las aulas hermanas de la escuela en donde mandó con mucho criterio el profesor Luis E. Olarte, pero a quien se le salió de las manos muchas veces la anarquía escolar al paso de “Buche”, la demente incurable que entraba en crisis peligrosas de disociación de sus funciones síquicas cuando le gritaban su apodo, desde las ventanas de la escuela.
Zurda, con su cauchera de dos hilos sin orqueta, Buche fue durante muchos años un factor de perturbación grave, no solo en el barrio El Jazmín, sino en toda la ciudad y no es exagerada la afirmación de entonces, según la cual cuando una persona alcanzaba algún reconocimiento le decían que se había vuelto más famosa que esa loca. Mientras los muchachos estimulábamos los trastornos de la loca como una manera de interrumpir  la monotonía escolar, Buche comenzaba un periplo compulsivo y violento por todo el barrio, desde el parque hasta el paso del ferrocarril, por las calles 33, 34, 35 y 36. La gente se encerraba pero los “patos”, sacando la cabeza por los postigos –muy comunes entonces- gritaban el apodo y renovaban la pasión de Buche.
Calle 36 No 26-42, casa paterna entre los años 1956 y 1961
El sacerdote Fernando López, párroco de la iglesia de San José, con jurisdicción en el Jazmín, intentó en vano muchas veces apaciguar los arranques violentos de la famosa loca y algunos vecinos se vieron obligados a intervenir para protegerlo. En mi recorrido, vecinos del ahora Santander, recordaron la frecuente coincidencia de Buche con “Avenegra”, otro demente cuyo hábitat era la “Cueva del humo”, pero que también incursionaba por el sector. Su mención, me recordó a otro, “Pinga Pérez”, un manco alcohólico que merodeaba principalmente por los cafés y cantinas del centro de Armenia, de mesa en mesa. Fue un personaje simpático que algunas veces, a causa de la sobredosis, ofrecía espectáculos bochornosos que obligaron la intervención de las autoridades.
Los escolares nos gozábamos a Buche, pero nos aterrorizábamos ante otro personaje siniestro de la época, el  homosexual “Mono Pirobo”, un individuo blanco, alto, que usaba gafas oscuras, que nos acosó muchas veces con piropos de doble y triple calibre.  También recordaron a “Chencha”, una mujer bajita y coja que solo se perturbaba cuando le hablaban de su estatura. 
El "Conde de El Jazmín" o "doctor cuajada", y “Guacarí” fueron otros personajes del barrio, satanizados por los muchachos pero realmente inofensivos.
Las familias Rave y Castañeda fueron las más numerosas del barrio, con sus pilares don Jacobo y don Félix, respectivamente, un conductor de taxi que con el paso de los años alcanzó figuración y reconocimiento en la empresa Tax Páramo.  Junto con don Kiko Mesa, Mercedes Rodas, la familia Quintero, don Tista Velásquez, Juan Casallas, Arcángel Espinosa, la familia Aguilar, doña Carlota León, con su fábrica de arepas, la familia Ramírez,  los hermanos Garcés, uno de ellos conocido como “Chonto” y excelente futbolista. El barrio creció con su nuevo nombre y comenzó la construcción de las nuevas viviendas que remplazaron a las casas de bahareque.
Esas horas inquietas de la niñez romántica y lirica, que ya son rumores lejanos del viaje que empezamos en el Jazmín, tuvieron el acompañamiento de la profesora Hortensia en la escuela de niñas, Nuestra Señora del Carmen, y de don Diego Mejía Mejía, con los muchachos, que tomamos leche abundante y comimos  grandes pedazos de queso amarillo en los recreos, como parte del programa gringo “Alianza para el Progreso”.
Esquina de la calle 36 con carrera 22,  costado sur-oriental del actual parque del barrio Santander
El servicio de transporte público lo prestaba la naciente cooperativa de  buses urbanos o buses blancos, que competía con la de los buses amarillos y era algo así como la empresa pobre contra la rica. Buses que salían de rutas nacionales, de expreso boliviariano, flota Magdalena y expreso Palmira, eran enganchados a la cooperativa sin cambiarles de pintura. Eran los parches de la empresa, pero los más preferidos porque representaban la renovación del parque automotor.
Las preocupaciones de hoy son demasiado tristes frente a las de entonces, cuando en medio de la jocosidad, el facilismo y especialmente la tranquilidad se alegraban los momentos más trascendentales de la vida infantil. Las noches del alumbrado, de la velitas, transcurrían en absoluta calma, sin los temores de hoy derivados de la inseguridad, la violencia y la pólvora, y quizás una de las mayores atracciones era la de recorrer el barrio en una divertida tarea de recolección de parafina, con la que construimos figuras de distintas formas y tamaños. Hoy, las velitas fueron sustituidas  por las luces eléctricas y en las calles abundan los tacos de pólvora y los ladrones.
Además, muchos niños viven en las calles, con sus conciencias y cuerpecitos deformados por una sociedad que los satanizó por su pobreza y los marginó, los arrinconó a los vericuetos tenebrosos en donde aprenden a delinquir para sobrevivir. Esos niños que no gozaron en la escuela sino que sufrieron en las calles, son los delincuentes que te matan para robarte el celular.
Nostálgico de estos bellos parajes de la memoria, llegué a casa y entonces mi vida reapareció fría, desnuda y desgarradora, como si una mano traidora me hubiera puesto en la frontera de la realidad. Uno de mis mayores recuerdos fue cuando en una fiesta del niño, mi mama me disfrazó de diablo, pintado con carbón, con cachos y cola de color rojo…hice llorar a muchos pequeños y asusté hasta los mayores. ¡Desde entonces, no he podido dejar de ser el diablo que me pusieron encima!!.

jueves, 1 de octubre de 2026

Día Internacional del café. El cafetal desnudó mis recuerdos, dolores y alegrías





Un tinto es la destilación del péndulo eterno de la cultura cafetera que oscila suspendido en los hilos del trabajo y la honradez, con los altibajos y brincos tan comunes como su geografía. Es el sudor de los caficultores en un país tocado por una insensata tendencia hacia la injusticia.


En una loma pequeña, pero empinada, de la finca Kajamarca, municipio de Salento, en medio del rumor de las aguas del río Quindío, los golpes fantásticos de un pájaro carpintero copete rojo, repetidos por el eco desde la cañada, y la algarabía de un grupo de chapoleras y recolectores, sentí el regreso a mi vida pasada al percibir el olor indefinible de la miel de un grano de café maduro que le arrebaté a una planta y llevé a mi nariz.
¡Cómo es de bella la vida cuando al oscurecerse se llena de gratos recuerdos!, pensé, ese momento cuando el néctar de la pepa roja me puso sobre un gigante arbusto de café arábigo en la vereda El Caimo de Armenia, en donde viví mi mejor infancia y en donde sentí los primeros impulsos de mi imaginación creadora.
Metiendo la mano dentro del "coco" que remplazó al histórico canasto de los recolectores, y siempre con el olor y los matices del grano maduro, entre arena, astillas, hormigas y hojas secas, comparé cada pepa que cae al recipiente con las palabras que también se desprenden desde el cerebro y caen a la pantalla en blanco del computador.
Los recuerdos empezaron a caer de la misma manera y como una velada solitaria vi a mis padres en el "tajo" y en la cocina; las noches estremecidas por el miedo, agrandado por el sonido de la sirena instalada en la alcoba; la misteriosa zanja defensiva, cuya desembocadura nunca conocí y las noticias de la radio sobre las últimas incursiones de "Sangrenegra", "El mosco" y otros "bandoleros" que se movieron por el eje cafetero, relatadas por las voces magistrales de Julián Ospina Mercado y Armando Osorio Herrera en el famoso e igualmente legendario "Reporter Esso". 
Pero, asimismo, los pintorescos relatos de los labriegos mientras tomaban su cena -inevitablemente con fríjoles- en una mesa larga, y después, el llamado de mamá Alicia al grupo familiar para dar la gracias por "las bendiciones de este día". Cuando la noche empezaba a extender sus alas sobre los guaduales, guamos, plataneras y palos de café arábigo, mi mamá Alicia nos llamaba a la mesa de tablas, en donde media hora antes habían comido 25 recolectores de café y en medio de la frijolada hacía una corta oración de agradecimiento por “el pan de este día”.
En verano, el sol se escondía entre una llamarada y desde la finca de la vereda Golconda, se observaban las luces intermitentes de Armenia. En el horizonte se perfilaban las siluetas del alto de la línea. Un tinto humeante unía al grupo antes de las 8, en un ritual inaplazable, mientras una a una aparecían las estrellas como mariposas gigantes. Uno a uno, los labriegos iban soltando apuntes de su cotidianidad, reciente o lejana, de sus encuentros amorosos, de sus afanes en el surco, del drama de la jornada, de los “galones” de café recolectados, que ahora se cuentan por kilos; de la penuria para traerlos hasta la tolva, del chocolate derramado, del filo de su machete, del sombrero roto, de la culebra, del gusano “pollo” que los pringó; de la arepa quemada, del caballo colorado, de la enjalma rota, de la muchacha de la cocina que a veces les echaba dos carnes al desayuno; del encuentro con los guatines o guaras del Huila y Caquetá. 
Los más imaginativos mencionaban las peleas con el tigrillo y la danta y los más pequeños gozábamos con esas historias. Las mujeres cosían y hasta bordaban a la luz de las velas moribundas. 
Algunas se aventuraban a contar sus picardías, expuestas a los regaños de las mayores. Mi hermano mayor y otros muchachos mostraban los trompos y las bolas de cristal ganadas en la escuela y yo mencionaba las carreras en la juega de “la lleva”, para distraer la atención de quienes me vieron en el "rajadero" de leña con la prima que llegó de Ulloa al comienzo de la semana. Con apenas 7 años, descubrí, entonces, que todos tenemos una historia para contar y quedé marcado por ese ensueño infantil, como la visión impresionante de una rosa que se abre en nuestra presencia; fue como el primer beso con los relatos, con la tradición oral, con las "películas" de la gente.

Además del fascinante perfume de la baba pegajosa del café maduro, en diciembre último -75 años después- volví a emocionarme con el olor de la hierba recién cortada, con el pico de marfil del pájaro carpintero, con el aire campesino y con el lenguaje procaz de los recolectores, verdaderos personajes de la vida cotidiana.
Es la cultura de lo inmediato, la vivencia del día a día, de todo a
quello que tiene que ver con la vida de la gente, con su trabajo, con sus idilios, con sus anhelos, con sus fatigas y con sus conquistas. Es la cultura de un pueblo, es la cultura cafetera, son los corazones de todas las personas que se mueven alrededor del grano; de los antecesores que hicieron rugir la selva y soportaron todas las tempestades
; que convirtieron a Colombia en un territorio fértil para las cosechas y para la convivencia. Del mismo modo, las historias de otros personajes complementarios de la actividad cafetera: del chofer, del comprador del grano, de la profesora de la escuela veredal, del negociante de plátano y naranja, y hasta del sacerdote que esperaba a los campesinos en la misa de 10 de  la mañana todos los domingos.

Me estremecí con los recuerdos de las páginas infantiles que llegaron impulsadas por el viento de la mañana y sentí el calor de las cenizas de los años quemados. Escuché el rumor de los cuentos y los viví como un poema; sentí la música interior de aquel ensueño y vi cómo los cafetos se sacudieron con el aterrizaje de las invocaciones, como un conjuro que trajo la belleza de las cosas muertas.

Ante el avance acelerado del crepúsculo de la vida, me aferré a este momento, percibí el cafetal como mi entorno natural, sentí que un rocío de ternuras caía sobre mi y reviví las primeras caricias y besos que me dieron debajo de un frondoso cafeto algunos años después. 
Me emocioné con el proceso organizativo y de luchas del pueblo, cuando los campesinos, docentes, trabajadores, algunos sacerdotes y religiosas se unieron y con una vitalidad de fuerza reclamaron con vehemencia sus derechos y propusieron opciones para caminar hacia el bienestar de la comunidad.
Por momentos necesité valor para recordar mi vida pasada, específicamente cuando la película pasó por los años violentos de la llamada "guerra del Caquetá", el narcotráfico y los últimos años del conflicto armado.
"Una taza de café es el proceso o la cadena que se inicia desde la genética del árbol, el cultivo, la recolección, el beneficio y la misma preparación", me dijo mi sobrino Javier, reconocido como uno de los personajes que más conocen de cultura cafetera en el Quindío. "La mejor taza de café la definen las preferencias, los gustos del consumidor, pero por lo general se busca un café que tenga un balance entre el ácido, el dulce y el cuerpo, añadió tomándose un sorbo de un café filtrado que prepara con meticulosidad, en un ceremonial repetido que incluye el precalentamiento de los pocillos, la preinfusión de la bebida para disfrutar los aromas y el servido con aristocrática atención. Y como sabe de mis preferencia por el espresso sencillo, me puso el néctar de los 14 gramos con la temperatura y  presión adecuadas. En cuanto a los cafés especiales me explicó que reciben ese nombre porque son cultivados en zonas especiales, con cuidados igualmente especiales, con tecnologías de procesamiento y producción únicas, que no tienen defectos y por tanto dan una taza exclusiva.
Aunque para muchos, en el crepúsculo de la vida todo se oscurece y sus asuntos se tiñen de miedos y negruras, personalmente me siento feliz entre los perfumes del café, cuya cosecha ya comienza, entre pétalos de flores que encuentro en el camino, entre el canto de los pájaros que llenan el alma, como el Mochilero en el Caquetá, y el Carpintero en esta región cafetera.

Por la noche, en medio de chistes y chismes, hice una pausa y les recordé la escena dolorosa que presencié en una escuela del Caquetá durante las recordadas movilizaciones cafeteras del 2015, violentamente reprimidas por el gobiero de Santos: un niño precoz me mostró la foto de la mano cercenada de uno de los manifestantes del movimiento cafetero de Calarcá, que amplio y pegó en una cartulina para pedirle explicaciones a su profesora. No me pude tomar el café y simplemente le dije al niño: no creo que tu profesora pueda explicarte lo de la mano.
Con el pocillo pequeño de mi café espresso en la mano zurda, les mencioné una sentencia según a cual los dolores provocan fraternidades pasajeras. Fraternidades nada más, porque los colombianos somos incapaces de construir verdaderos lazos de solidaridad para enfrentar los males comunes. Del tinto, a la tinta sangre.



lunes, 28 de septiembre de 2026

Fotógrafos "de cajón": de los tiempos de los helados en nevera de petróleo, de las figuras de parafina durante los "alumbrados", de los juegos de "bolas", el trompo y el escondite

 

Después de la primera fotografía obtenida en 1826 por el francés Joseph Nicephore, y del primer proceso fotográfico de uso comercial logrado por Luis Daguerre, de donde surgió el daguerrotipo, que utiliza una placa de cobre, recubierta por una placa de plata pulida como un espejo, expuesta a vapores de yodo, aparecieron unos locos inmortales, virtuosos del entusiasmo que, con el sentido común y la visión de Don Quijote, se apoderaron de esos procesos, establecieron verdaderos laboratorios químicos ambulantes y le brindaron alegría a los sectores populares, al retratar la cotidianidad de manera casi instantánea y a la vista de todos.

Son los fotógrafos de cajón o de agüita, que se hicieron famosos en plazas, parques, ferias y eventos populares en momentos en que los estudios fotográficos eran un lujo, exclusivos de la "clase alta" que se pavoneaba con ostentaciones vanidosas en sus clubes privados y presumía con las "fotografías de estudio" en sus fiestas familiares elegantes.

De esa rebelión sobre un trípode rústico, sacada del entorno por el huracán de la tecnología, sobreviven unos pocos héroes que parecen estar clavados a los escenarios en donde fueron figuras del paisaje urbano. En medio del calor abrasador de Guayaquil, Ecuador, en el parque Centenario, a pocos metros del monumento a los próceres del 9 de octubre, nos sorprendió don Antón Calderón, a quien vimos mientras metía la cabeza y sus manos por entre un trapo rojo para manipular los líquidos al oscuro. Nos llegaron a la memoria estos personajes anónimos que fueron actores importantes en la identidad de pueblos y ciudades, esa identidad que se construye en los barrios, en las comunas, en los núcleos precursores de la sociedad, que se manifiesta principalmente en los parques y sitios de concentración popular. Con su cámara antigua, capta la imagen directamente sobre el papel fotográfico y obtiene un negativo, al que le coloca un material fijador. Enseguida, pone el negativo húmedo sobre un soporte frente al lente de la cámara y le toma una foto, espera que seque...y está la fotografía lista, claro, en blanco y Negro.

El desarrollo tecnológico y la popularización de cámaras instantáneas les quitó, de a poco, su protagonismo y su forma de generar ingresos y entonces los fotografos del pajarito y el  cartel se fueron diluyendo en el olvido y en el escenario público. -"Este trípode está prácticamente sembrado aquí porque llevo 60 años convirtiendo la  gente común y corriente, en seres inmortales", nos dijo don Antón, que siempre está acompañado de su esposa, doña Anita, quien se conmovió por el impacto causado entre nosotros, un fotógrafo y un periodista colombianos, por ese dibujo prácticamente desaparecido en el país de García Márquez.

Un niño preguntó por el caballito para tomarse la foto montado en él, pero el cucho le dijo que tenía un pajarito que cantaba muy bonito y que sus notas quedaban en las fotos. El niño no le comió cuento y entonces le pedimos que nos hiciera nuestras fotos. Volvió a meter su brazo izquierdo por entre la manga maloliente, sus dedos se mueven cuidadosamaente, como los de un cirujano, toca el papel fotosensible y lo desliza hacia una cubeta con agua. Ese proceso es vigilado desde un visor de vidrio en el techo de la cámara misteriosa; mi foto  empieza a surgir del papel como un fantasma que sale de la neblina. Hace un  enjuague breve y le manda el fijador. Sacando la mano,  extrae el negativo húmedo y con la velocidad de un relámpaago, lo coloca frente al lente para retratarlo de nuevo. Con un par de pinzas muestra la foto mientras el aire termina la revelación. Con unas tijeras viejas, recorta los papeles y nos entrega las fotos, que obviamente, no tienen la calidad ni la resolucion de las que tomamos con el celular o las cámaras profesionales.

-Y el canto del pajarito, dónde quedó, le pregunté

-No alcanzó a quedar, pero dentro de 50 años tus bisnietos y tataranietos podrán verte porque desde este momento te volviste inmortal, señor periodista.

Entré en una laguna de nostalgia, ese afecto y melancolía hacia los viejos tiempos y, velozmente, pasaron por mi cabeza las imágenes de los juegos con parafina los días del "alumbrado", las noticias perifoneadas por en personaje del pueblo, las esperas hasta de 48 horas para disfrutar de un helado en las neveras de petróleo, los juegos de "bolas" -hoy les dicen canicas-, las "calles" de trompos, con su "puchador", llamado también el de los "quiñes", los escondites, la "lleva"...hasta las primeras caricias, por lo regular con una prima...pero, por sobre todo, ¡la falta de responsabilidad!

-Son 20 dólares, dijo don Antón

-Pero acordamos solo 10, le reclamó Jorge Enrique, su colega, mi compañero de expedición.

Sí, pero en ese acuerdo verbal no incluimos la inmortalización, respondió con una sonrisa, poniendo su brazo mágico sobre mi hombro derecho...¡ese brazo que apenas unos minutos antes se estiró hasta el siglo XIX.

En las horas decisivas de la humanidad, los locos siempre han alumbrado el paisaje repetitivo de los hombres normales. Cuánta faltan hacen hoy cuando, a pesar del desarrollo, la globalización y la inmediatez, estamos asustados frente a los ojos de lo infinito, una noche profunda, más profunda que la misma parca.





















martes, 22 de septiembre de 2026

Genaro Granja, una gloria profanada

 


Menesteroso de calma, con dificultades para mover su cuerpo, con la actitud de un hombre triste, como la de un vencido, encontré a Genaro Granja, dos semanas después de que el "emperadoRuiz" y el alcalde Marlon, quien ahora lo sigue como perro faldero, llegaron hasta su casa del barrio Obrero, de Florencia, con sus antorchas cascabeleras y en medio de una ceremonia espectacular le entregaron sendas "distinciones" de reconocimiento y le anunciaron ayudas para mejorar la vivienda.
Pocos días después, se inventaron la payasada de la pelea entre los dos pesos pesados del gobierno, supuestamente para recolectar fondos benéficos con destino al exboxeador glorioso, que sufre de un cáncer terminal. Como buenos demagogos y expertos en mercadotecnia, se subieron a un cuadrilátero improvisado y fingiendo una pelea en medio de la gritería de fanáticos -no del deporte, sino de la politiquería- se dieron en la jeta por algunos minutos, durante los cuales el alcalde sufrió más que el gobernador. Pero al que le dieron el golpe más fuerte, en la cabeza, fue al "homenajeado" porque los recaudos por concepto de las entradas -de hasta $50 mil cada una- quedaron "noqueados" entre los bolsillos de los organizadores. 

Esa vieja pasión locuaz y vivaz por los recaudos de beneficencia, muy común en la politiquería, por lo regular tiene el perfume del engaño, la avaricia y el pillaje. ¡Pero, no importa, porque Genaro tiene colgadas, orgulloso, las medallas que le pusieron para disfrazar el acto demagógico y electorero de los dos altos funcionarios, a quienes solo les interesa el ruido provocado por sus áulicos en los alrededores de la vivienda del campeón, en donde se ejecutan unas mínimás obras de reparación de su batería sanitaria.

Fue un atrevido, brillante y generoso acto de publicidad pero manchado con la tinta asquerosa de la politiquería, que alimenta el vago sueño de poder de la dupla de nuevos dominadores exóticos de la actividad pública del departamento. Pero, aunque los otros actores políticos de la región, no lo crean, estos actos pasan como una fanfarria de advertencia que muchas veces tienen aclamaciones del público y de a poco pueden convertirse en explosiones que ayudan al triunfo de sus protagonistas.





 










Caquetá: de la lucha, a la indiferencia y el conformismo

Una miirada oculta desde mi periscopio instalado en una cafetería de Florencia


Cobijado por la sombra del pueblo combatiente de ayer, en el Caquetá avanza hoy un tumulto sumiso y apacible dedicado a la contemplación -no a la admiración- de sus bellezas hídricas y topográficas, extasiado por la belleza de las serranías de Araracuara y Chiribiquete, impresionado por sus ríos gigantes, por sus animales exóticos y sus mujeres de poema. Los habitantes de esta tierra de ensueño fueron anestesiados por una "clase dirigente" oportunista, cuyas cabezas visibles consideraron que era más cómodo y rentable cambiar la resistencia por el reclinatorio.

Un pueblo fatigado  por sus luchas, que conoció el heroismo, quedó en medio de los disparos cruzados de los actores armados y a expensas de los  pontífices de la mentira y la retórica, acolitados por un periodismo comercial que le agregó a la pauta, la venta de perfiles inflados. Muy pronto, quienes murieron por la defensa de los intereses populares y quienes sufrieron los rigores de las torturas y las desapariciones, fueron cobijados por el silencio y el olvido, y muchos sectores, entre ellos el magisterio, aprovecharon las victorias parciales, las reivindicaciones gremiales, para hacer fila en la competencia individualista de la vida, en una clara oposición a los intereses colectivos.

Cientos de profesores, quienes gracias a las luchas de entonces, validaron su bachillerato y su normal, y después coronaron un pregrado por las presiones para que la universidad estableciera los programas extramurales, ascendieron velozmente a la cumbre del escalafón docente, arriaron la bandera de las luchas e izaron la del arribismo sin escrúpulos que los puso en el camino de los "triunfos" y levantaron una muralla que los librara  de los bullicios de la protesta sindical que entró en agonía. El miedo puso a la gente a hablar cada vez más bajo y los únicos que elevaron sus gritos fueron los caciques políticos y sus cortesanos que, sobre las necesidades de la comunidad, construyeron castillos, engañaron a los inocentes y compraron conciencias con tejas de zinc y mercaditos de segunda para legitimar una representación en los distintos organos de elección popular. 

Con alardes de preciosismo literario y siempre secundados por los papagayos de la prensa y la radio, con raras y valientes excepciones,  la mentira triunfó y entonces el fantasma de Atila -la fuerza, el engaño y la intolerancia- comenzó a proyectar sus  tenebrosos efectos, a modificar el mapa político del departamento, a sembrar la semilla de la ressignacion. Las antorchas de la lucha y del inconformismo se consumieron hasta convertirse en unos cirios mortuorios que velan la agonía de un pueblo indiferente, sometido por el despotismo que avanza hacia la subordinación.

Porque cuando un gobernador pendiente de resoluciones judiciales, que ha mostrado su desprecio por las altas Cortes, que vive más preocupado por los esguinces y estiramientos de los procesos legales, por las maquinaciones que puedan aplazar sucesivamente las decisiones sobre sus señaladas conductas ilegales, que por sus funciones administrativas, ya se configura una situación efectivamente anómala. Aunque por regla general, estar bajo investigación no implica la pérdida automática del empleo debido al principio de presunción de inocencia, la presencia de funcionarios en ejercicio, investigados por la justicia genera, profundas distorsiones en el sistema institucional, afectando la estabilidad, la legitimidad y la eficiencia del Estado.

Esa actitud prepotente de sentirse por encima de la ley le pone a las actividades del gobernador un perfume de feudalismo y, obviamente, de la época de esclavitud, cuando los Amos disponían de la voluntad de sus esclavos. Y lo más grave, como consecuencia del cultivo de la indiferencia y el conformismo, los esclavos sumisos ejecutan la voluntad del "patrón" y muchos de ellos, entrre quienes se encuentran los viejos "liberales auténticos", los "godos con dignidad" y la izquierda que perdió su fuerza operativa, su pasión ideológica y su capacidad de transformación real, que quedó desconectada de las realidades materiales, han pasado de "agache" ante los piruetas del "costeño" que, como un gato, se tomó el poder de un solo salto. La indiferencia e incapacidad del colectivo político del Caquetá favoreció los intereses del soberbio "EmperadorRuíz", quien tiene ante sí una avenida despejada para desarrollar sus pilatunas. Ah, el alcalde Marlon, que sigue las "lecciones" del Emperador y ya es un elemento irreconocible, lejos del profesor universitario cordial y comprensivo. El poder los sedujo y le ha causado mucho daño. Por ese carril despejado, el gobernador ya puso a su esposa en la carrera por la  gobernación para el próximo periódo y tiene asegurada la financiación para su eventual vacancia derivada de la inminente condena por parte de la Corte Suprema.

martes, 15 de septiembre de 2026

TIEMPOS DE PAYASOS

Foto tomada de https://twitter.com/i/status/2099166374492868671
 A lo largo de la historia, la soberanía y la solemnidad de los tronos se han visto interrumpidas por monarcas y emperadores cuya comicidad, excentricidad o ironía pasaron a la posteridad. Calígula, por ejemplo, famoso por su humor negro y satírico contra la clase política  amenazó con nombrar cónsul a su caballo Incitatus. No era locura, sino un chiste pesado para humillar a sus adversarios. En Colombia, el presidente De la Espriella estableció un fomato de espectáculo para llamar la atención. En Caquetá, el "Emperadoruíz" y el alcalde de Florencia, Marlon Monsalve, se les ocurrió volverse cómicos en un intento de emular al presidente payaso, pero de manera especial para apartar la atención del público de asuntos muy serios, como los procesos judiciales que avanzan en la Corte Suprema por presuntas conductas dolosas durante su gestion como gerente del hospital Maria Inmaculada, en contra del primero, y por retrasos en obras de infraestructura, como la doble calzada al aeropuerto de Florencia, en el caso del alcalde.

Como buenos demagogos y expertos en mercadotecnia, se subieron a un cuadrilátero improvisado y fingiendo una pela de boxeo en medio de la gritería de fanáticos -no del deporte, sino de la politiquería- se dieron en la jeta por algunos minutos, durante los cuales el alcalde sufrió más que el gobernador. Minutos antes, sus respectivos jefes de prensa, difundieron los perfiles de los contrincantes.

Ruíz Aguilar: astuto, feroz, perverso, autoritario, inculto, saltó al estrellato como un gato, de un solo brinco.

Monsalve Ascanio: libre, indómito, fogoso pero tímido, con temperamento perfecto para ascender en el podio de la historia regional.

Sin esperar la decisión de los jueces, el "Emperadoruíz" se autoproclamó ganador y en una lacónica comunicación dijo que todos los tribunales, todos los políticos, todas las entidades, todos los Medios de comunicacion, todos las páginas de redes sociales y toda la gente del Caquetá deben ponerse al servicio de su causa y de la de su esposa, que será la próxima gobernadora. Como en todas las ruedas de prensa, nadie preguntó y todo el mundo aplaudió.

Tras el  nocaut -más verbal que físico- el alcalde Marlon se sintió sin gloria, sin corona, desnudado...revivió sus tiempos en la Universidad de la Amazonia, solitario, humilde, aislado de la  gangrena de la politiquería. En voz baja, les dijo a sus "asesores" que tomará el mismo camino del gobernador, sus mismas tácticas de soborno de los Medios y de los dirigentes de barrio, los alentará en sus sueños de dominio porque "tengo la esperanza de que, caído el "Emperadoruiz", podemos vencer a la primera dama".