Como buenos demagogos y expertos en mercadotecnia, se subieron a un cuadrilátero improvisado y fingiendo una pela de boxeo en medio de la gritería de fanáticos -no del deporte, sino de la politiquería- se dieron en la jeta por algunos minutos, durante los cuales el alcalde sufrió más que el gobernador. Minutos antes, sus respectivos jefes de prensa, difundieron los perfiles de los contrincantes.
Ruíz Aguilar: astuto, feroz, perverso, autoritario, inculto, saltó al estrellato como un gato, de un solo brinco.
Monsalve Ascanio: libre, indómito, fogoso pero tímido, con temperamento perfecto para ascender en el podio de la historia regional.
Sin esperar la decisión de los jueces, el "Emperadoruíz" se autoproclamó ganador y en una lacónica comunicación dijo que todos los tribunales, todos los políticos, todas las entidades, todos los Medios de comunicacion, todos las páginas de redes sociales y toda la gente del Caquetá deben ponerse al servicio de su causa y de la de su esposa, que será la próxima gobernadora. Como en todas las ruedas de prensa, nadie preguntó y todo el mundo aplaudió.
Tras el nocaut -más verbal que físico- el alcalde Marlon se sintió sin gloria, sin corona, desnudado...revivió sus tiempos en la Universidad de la Amazonia, solitario, humilde, aislado de la gangrena de la politiquería. En voz baja, les dijo a sus "asesores" que tomará el mismo camino del gobernador, sus mismas tácticas de soborno de los Medios y de los dirigentes de barrio, los alentará en sus sueños de dominio porque "tengo la esperanza de que, caído el "Emperadoruiz", podemos vencer a la primera dama".
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