martes, 22 de septiembre de 2026

Genaro Granja, una gloria profanada

 


Menesteroso de calma, con dificultades para mover su cuerpo, con la actitud de un hombre triste, como la de un vencido, encontré a Genaro Granja, dos semanas después de que el "emperadoRuiz" y el alcalde Marlon, quien ahora lo sigue como perro faldero, llegaron hasta su casa del barrio Obrero, de Florencia, con sus antorchas cascabeleras y en medio de una ceremonia espectacular le entregaron sendas "distinciones" de reconocimiento y le anunciaron ayudas para mejorar la vivienda.
Pocos días después, se inventaron la payasada de la pelea entre los dos pesos pesados del gobierno, supuestamente para recolectar fondos benéficos con destino al exboxeador glorioso, que sufre de un cáncer terminal. Como buenos demagogos y expertos en mercadotecnia, se subieron a un cuadrilátero improvisado y fingiendo una pelea en medio de la gritería de fanáticos -no del deporte, sino de la politiquería- se dieron en la jeta por algunos minutos, durante los cuales el alcalde sufrió más que el gobernador. Pero al que le dieron el golpe más fuerte, en la cabeza, fue al "homenajeado" porque los recaudos por concepto de las entradas -de hasta $50 mil cada una- quedaron "noqueados" entre los bolsillos de los organizadores. 

Esa vieja pasión locuaz y vivaz por los recaudos de beneficencia, muy común en la politiquería, por lo regular tiene el perfume del engaño, la avaricia y el pillaje. ¡Pero, no importa, porque Genaro tiene colgadas, orgulloso, las medallas que le pusieron para disfrazar el acto demagógico y electorero de los dos altos funcionarios, a quienes solo les interesa el ruido provocado por sus áulicos en los alrededores de la vivienda del campeón, en donde se ejecutan unas mínimás obras de reparación de su batería sanitaria.

Fue un atrevido, brillante y generoso acto de publicidad pero manchado con la tinta asquerosa de la politiquería, que alimenta el vago sueño de poder de la dupla de nuevos dominadores exóticos de la actividad pública del departamento. Pero, aunque los otros actores políticos de la región, no lo crean, estos actos pasan como una fanfarria de advertencia que muchas veces tienen aclamaciones del público y de a poco pueden convertirse en explosiones que ayudan al triunfo de sus protagonistas.





 










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