martes, 17 de marzo de 2020

Memorias. Estoy a punto de olvidar (I)



1.- La felicidad inocente que sentí aquel ya muy remoto día cuando mi hermano Néstor me obsequió un juego de cuchara, tenedor y cuchillo con motivo de mi quinto cumpleaños. Ese día escuché por primera vez la palabra trinche y muchos años después, en el departamento del Caquetá, conocí y me moví por algunas trinccheras. Entonces pensé que mi hermano mayor, de maneara no deliberada, me predispuso con su regalo a la lucha constante que ha sido mi vida.

2.- La perturbación angustiosa que viví en Girardot durante un paseo escolar, a mis 8 años, al cruzar el puente férreo, en uno de mis primeros desafíos a las prohibiciones. Hoy, siento un placer casi morboso que me empuja a trasgredir, a actuar en contra de las normas, de lo establecido, de los convencionalismos, de los formalismos, de los protocolos hipócritas.

3.- La frustración provocada por mi profesor de quinto año, Ricardo Gonzáles, al reversar mi promoción al bachillerato, en represalia por un acto que le costó la pérdida de su traje por un corte que le hice -con una cuchilla de afeitar- en la manga derecha de su saco. Mi padre me produjo cortes muy similares en las nalgas, con un rejo conocido como "pretina", utilizado para los castigos más severos.


4.- El sentimiento combinado de vergûenza y orgullo que experimenté cuando me tocó caminar por las calles de mi natal Armenia, vestido con una sotana como estudiante del Seminario Menor San Pio X. Todavía conservo la estampa ridícula que me tomó un fotógrafo callejero en la carrera 16 de la capital quindiana. Cuatro años después, en esa misma institución y en desarrollo de mi conducta en contravía de los ordenado, fuí acusado de incurrir en actos de apostasía por mis frecuentes y calurosos debates sobre el orígen del hombre. Sin embargo, mi excelente rendimiento académico garantizó la permanencia en ese plantel hasta 10º grado, cuando fue clausurado por ausencia de estudiantes.
El ingeniero Humberto Gallego, el extinto comerciante Guillermo Alzate, el contralmirante Fernando Quintero, el abogado Octavio Osorio, el experto internacionalista en comercio exterior Carlos Enrique Ocampo, el licenciado en Idiomas Alfredo Maya, el médico ginecólogo Germán Arango y este suscrito "apóstata" tuvimos que graduarnos como bachilleres en otros establecimientos.


5.- El enfado de la directivas del mencionado Seminario al conocer un acto calificado como inocultable manifestación de iconoclastia perpetrado con la colaboración del hoy médico Germán Arango, en la continuación de las extravagancias juveniles. Las imágenes de la vírgen del Carmen y su niño en brazos, instaladas en la peluquería del claustro, fueron desfiguradas, disfrazadas y ridiculizadas con la colocación de barbas y bigotes usando pelo natural y pegante, que entonces se conocía como goma.
La  molestia del rector del seminario, el cura Julio Ernesto Dávila fue de tal intensidad que durante la asamblea general de estudiantes y padres de familia, convocada para denunciar el hecho, no pudo recobrar la calma y siempre habló con interrupciones espasmódicas, como los tartamudos. A mis padres se les pusieron los pelos de punta con esa historia y una semana después los "iconoclastas" seguíamos desfigurados, disfrazados por las secuelas del castigo que nos infligieron en casa y satanizados por el colectivo escolar.

6.-Los momentos de intensidad y plenitud que vivieron mis padres y mi hermana mayor, Gladys, durante la ceremonia de graduación como bachiller del colegio Rufino José Cuervo, donde aterricé tras el lanzamiento desde el Seminario. La obtención del grado de bachiller hace 42 años equivale a coronar un postgrado en la actualidad. Fue algo así como la recuperación del muchacho apartado del camino del sacerdocio, de la oveja separada del rebaño, del joven que cada día se alejaba de la conducta ideal diseñada por unos padres ultraconservadores.

7.-Mi desilusión por el engaño de la Universidad La Gran Colombia que en 1970 abrió en Armenia el pregrado de Derecho, después de una campaña nacional por los medios de comunicación. Al final, la propuesta resultó una tibia imitación de facultad de ciencias políticas que motivó el retiro de muchos de quienes anhelábamos convertirnos en brillantes abogados. El periodismo tiene una deuda con esta universidad de garaje, pues tras mi decepción di un giro hacia esta, la más linda e igualmente peligrosa profesión del mundo.

8.-La tristeza severamente perturbadora al encontrar a mi padre entre un grupo de sus "amigos", en una bulliciosa repartición de billetes, en el café El Ajedrez, de Armenia, gravemente afectado por el consumo de licor. Esta escena y otras muy frecuentes de sus borracheras semanales provocaron una fuerte vinculación de mi conciencia con esos episodios y lo que inicialmente fue un rechazo, se tornó progresivamente en una aceptación cómplice y -lo más grave- en una conducta aprendida que traspapeló el libreto de mi proyecto de vida.

9.-Mis largos -pero frecuentemente interrumpidos- sueños en los prados de la universidad de Antioquia, durante una desesperada cacería al hoy brillante y encumbrado abogado Nodier Agudelo Betancurt, quien telefónicamente me ofreció su apoyo para reintentar mi ingreso a una facultad de Derecho. Fue una semana kilométrica de hambre, frío, sueños no conciliados y problemas  con las autoridades a causa de mis merodeos constantes por los mismos lugares. Este trágico itinerario también me empujó hacia el periodismo de alguna manera pues una noche, casi madrugada, llegué hasta los estudios de La Voz de Antioquia, en donde el locutor de turno -nadie menos que el glorioso Pastor Londoño Passos- (q.p.d.) me dió café con pan y vigiló mi sueño de 4 horas en el sofá de la recepción, después de escuchar atentamente mi película y los relatos sobre mis efímeras incursiones en Radio Reloj de Calarcá y La Voz de Armenia.


domingo, 1 de marzo de 2020

Historias deVida: Argemiro García, una lucha desde las fronteras vulnerables de la docencia y el periodismo




Hijo de campesinos desplazados por la violencia al casco urbano del municipio de Génova, Quindío, acostumbrado a las privaciones, rebelde y orgulloso de su familia, el joven Argemiro García se montó en un bus de servicio intermunicipal con dos cartones: el de bachiller, debidamente registrado ante la autoridades educativas, y otro, lleno de ropa sin aplanchar, un par de tenis "croydon", sus pensamientos tristes perseguidos por la incertidumbre propia del joven que toma un camino desconocido, y sus sueños humedecidos por las lágrimas del desarraigo.
Con $200 de 1973 que le dio su papá como capital para la construcción del proyecto de vida, se dirigió al Caquetá, ilusionado por el sacerdote Leonel Narváez, quien días antes le aseguró que esa región de selvas vírgenes y de diversidad inconmensurable, no imaginada, necesitaba jóvenes como él, dinámicos, inquietos, llenos de vitalidad, dispuestos  a producir hechos trascendentales, a construir región y desarrollo, a comenzar un periodo histórico desde la Colombia olvidada de los entonces llamados "Territorios Nacionales".
Otro sacerdote, el inolvidable Padre Arnulfo Trujillo, lo recibió en su despacho de la entonces Inspección Nacional de Educación, a donde llegó el bachiller recién desempacado en busca de un trabajo como docente.
-Por qué te vienes desde el Quindío a aguantar hambre en esta tierra tan lejana, le preguntó el sacerdote|
-Yo no vengo a aguantar hambre, Padre, vine a trabajar en estas regiones olvidadas por el poder, por el centralismo y por la geografía, replicó el muchacho.
Con sus frases lentas pero llenas de sabiduría, el Padre Arnulfo le pidió que se fuera para Valparaíso en donde por la época la Iglesia estimulaba y exhortaba a la gente, a los campesinos principalmente, para que opusieran resistencia a las injusticias mediante la organización y la defensa de sus derechos.
Era la línea perfectamente cristiana dirigida por el emérito monseñor Ángel Cuniberti, según la cual la Iglesia debe estar al lado de los pobres, con su equipo integrado, entre otros, por el citado Padre Trujillo, las religiosas de la comunidad Bethlemita y un selecto grupo de cooperadores laicos, entre las cuales se destacaron Graciela Uribe y Clara Lucía Loaiza.
Muy pronto, el nuevo profesor hizo parte de los grupos de estudio que promovidos por reconocidos dirigentes sociales de la zona como el brillante e inolvidable líder, Jeremías Mendoza, mantenían la dinámica de la inconformidad y de la capacitación teórica que ayudó a la comprensión de los fenómenos sociales y de los orígenes de la desigualdad y la injusticia. Tenían, además, un instrumento llamado "Las Comunas Campesinas", eje de todo el proceso organizativo. Don Jeremías fue una de las primeras víctimas del conflicto en el departamento del Caquetá y de acuerdo con las averiguaciones de la época, los responsables del crimen fueron milicianos de las FARC.


 En ese renacimiento de ideas que buscaba cambiar la región desde los umbrales de la filosofía, se propagó un sarampión revolucionario tan contagioso como el "coronavirus", en medio de una extraña simbiosis ideológica, en una organización híbrida con gente de distintos sectores, estaban también Mario Poveda, Alfonso Bolaños, Octavio Narváez, su esposa Soledad Durán; Francisco Pabón, Wilfredo Jaramillo y Ricardo Franco, entre otros.
Era como un rugido de tigre que salía desde las montañas despertando las esperanzas de la población abandonada y excluida por el Estado, que finalmente evolucionó y se convirtió en la semilla de los distintos movimientos sociales de la década de los años setenta, alimentada por la desesperación del pueblo ante el desprecio oficial.
En ese medio se formó el docente Argemiro, desarrollando una sensibilidad especial por los dolores de la comunidad y avanzando en su proceso de cualificación política y académica, validó los estudios de Normal, gracias a las luchas del magisterio que presionó mediante la movilización los programas de capacitación y posterior profesionalización de los maestros del departamento.
Los campesinos recibieron el apoyo permanente de la Iglesia católica y de los docentes y entonces se produce un auge de masas que se expresó en distintas movilizaciones campesinas, una de las cuales, desde Valparaíso, tuvo la dirección del grupo de amigos de Argemiro, quien la presidió. El inconformismo campesino brotó en varias zonas del departamento, se produjeron muchas movilizaciones y surgieron los activistas quienes probados en la práctica de la protesta, se transformaron en verdaderos dirigentes populares que alcanzaron talla nacional como Jorge Guevara en la presidencia de FECODE y después como Senador, cargo al cual acaba de regresar en remplazo de Antanas Mockus. 
En Valparaíso, de manera simultánea, también dio sus primeros pasos en el despertar de su pasión por la radio. Cada partido de fútbol, de baloncesto y hasta algunas peleas de gallos, fueron "transmitidas" como si lo hicieran con los micrófonos de una gran emisora. 
 Trasladado al municipio de Morelia, los gamonales del pueblo, entre ellos los miembros de la familia Ricardo Acosta, lo pusieron a a prueba y aunque perdió su batalla con la casta turbayista que tenía a una de sus fichas, Hernando Henao, como secretario de Educación, mostró su garra y fue uno de los activistas más notables durante la lucha por la expedición del Estatuto Docente 2277. Y ademas, se cruzó en el camino de la profesora Esperanza Rincón, con quien se casó en Anserma, Caldas, y formó la linda familia, con sus dos hijos -Alejandro y Paola Andrea- y sus 4 nietos: José Daniel, Martín Andrés, Inti Isabel y Jerónimo.

Recordó con mucho cariño que por mediación de la entonces religiosa bethlemita Graciela Uribe, llegó a la inspección de Guacamayas, pasó a la educación secundaria y puso en marcha varias obras de teatro para expresar la situación social del momento y mostrar los anhelos de la comunidad.  
Inmerso en esa dinámica, adelantó estudios de pregrado y especialización y saltó a las cabinas de radio en donde terminó absorbido por la pasión de las comunicaciones.
Traslado al colegio Migani, y entre breves incursiones en los Medios locales, tomó las banderas del proyecto simbólico de ese colegio, el Encuentro de Periodismo Escolar, creado por otro docente y periodista, Nelson Osorio Patiño, lo fortaleció con el apoyo del Maestro Javier Dario Restrepo y lo convirtió en un referente para muchas instituciones educativas del sur del país.
Durante muchos años fue el motor que hizo crecer el periodismo escolar en el Caquetá y a través de los encuentros anuales en medio de la violencia, dejó escuchar la voz de los jóvenes contra la injusticia, contra las prácticas que destruyen el derecho y, de manera vehemente, sobre el derecho a la vida que no debe ser violado por ningún hombre ni por la sociedad. Mientras algunos Medios nacionales recogieron las conclusiones de los talleres de periodismo, los periodistas de la región no dimensionaron los alcances de ese proceso y se limitaron a registrarlo como un evento social.

Muchos jóvenes y profesores verificaron la importancia del uso de medios de comunicación masiva en la escuela y comprobaron que se trata de una herramienta de gran utilidad para el aprendizaje atractivo, interesante y cercano a la realidad tanto del alumno como de su entorno social. El periodismo escolar tuvo como temática principal el uso de los Medios para la Paz y para la transformación de los conflictos cotidianos.


Como producto de una tendencia ya  generalizada en casi todas las esferas sociales, administrativas y docentes del departamento, caracterizada por la envidia, las "zancadillas" y los golpes bajos como instrumento del "éxito", derivado de los paradigmas que forman ciudadanos individualistas, algunos lobos agazapados lograron sacar al profe Argemiro de la coordinación de los Encuentros anuales de Periodismo, en una decisión que sorprendió a la misma comunidad educativa.
Tras la llegada del obispo José Luis Serna al Caquetá, se conformó lo que se ha conocido como la dinastía eclesiástica que lleva su nombre, por la alianza con su hermano, el sacerdote Alvaro Serna, para retomar el vuelo clásico, romántico y vertical de la iglesia en el departamento. Las proporciones miniaturistas que la dinastía Serna le otorgó a los problemas de su feligresía y la falta de compromiso real por parte del entonces Vicariato para el desarrollo de los objetivos del movimiento de cooperadores laicos,  desbarató el trabajo adelantado en el marco de los postulados cristianos de solidaridad y lucha al lado de los más necesitados.
Este cambio en la conducción de la Iglesia católica caqueteña, sumado al incremento de la violencia y de la represión oficial, produjo la dispersión de los movimientos sociales, de sus principales dirigentes y, desde luego, de las masas que quedaron al garete, como escudo de las acciones militares.
La elocuencia y el brillo de los discursos de los dirigentes fueron remplazadas por el ruido de las balas y por el llanto de las comunidades. Muchos dirigentes silenciaron sus voces, los periodistas guardaron silencio o abandonaron la región  por causa de las amenazas, y la ciudadanía entró en una etapa de resignación y conformismo que fue aprovechada por la politiquería regional para la comisión de distintos actos de corrupción sin contradictores visibles.

El profesor Argemiro quedó atrapado en ese ambiente y como muchos docentes y periodistas, tuvo que rendirse a medias y con las banderas de su heroísmo casi arriadas, decidió fundar su programa de radio, "Cómo atardeció Florencia" que, con las limitaciones derivadas del miedo, el chantaje, la extorsión y las conveniencias, fue un ejercicio periodístico de servicio y de participación de la comunidad y un intento por acercarse al periodismo alternativo de doble vía entre emisores y receptores.
En medio de la inclemencia hostil derivada de la agudización del conflicto en Caquetá, como escenario importante de los actores armados, legales e ilegales, el profesor García admitió que tuvo que callar muchas  verdades, en el aula y en el micrófono.
-Los vientos de las inquietudes seguían soplando fuerte, pero en el ambiente y en el cielo se palpaban las amenazas, confesó.
Recordó que uno de los mayores miedos lo experimentó durante el tristemente recordado episodio de corrupción protagonizado por la alcaldesa Susana Portela. Con el documento en su poder, en el que German Isaza Morales se declaró como el cerebro de ese entramado delincuencial y relató pormenores de su itinerario, Argemiro dudó sobre su difusión en el programa radial. Pero finalmente lo publicó como una elocuente y ruidosa chiva periodística.
Se puede afirmar, pues, que además de las comunidades, la prensa y la docencia fueron otras víctimas del conflicto en el Caquetá.
Reconoció, del mismo modo, que el periodismo regional vive una etapa de marchitamiento, atribuido a las deficiencias en la formación y a la transformación de los periodistas en propagandistas que deben arrastrarse detrás de la pauta para asegurar un salario digno. 
-En la actualidad la prensa del Caquetá está al servicio de la clase política, dijo Argemiro en un tono combinado de dolor y enojo, y reclamó de sus colegas una autocrítica sana que permita construir formas de comunicación alternativas al servicio de de los intereses de las comunidades. Y especialmente al servicio de la Paz en esta época del posconflicto.

Su combatividad nativa, heredada de la raza campesina, lo ayudó a florecer también en el medio de la economía solidaria, en donde mantuvo la mano tendida a sus amigos en una actitud humanitaria desde la cooperativa Utrahuilca, een la cual ocupó algunos cargos de dirección.
Desde la dulce quietud de su enfermedad, con los vientos de la solidaridad y reconocimiento que en las redes sociales forman una tempestad cuando se presentan noticias sobre el docente, amigo y cooperativista, el profe Argemiro  me dejó ver su alma excepcionalmente optimista y la fuerza moral que le permite superar su conmoción dolorosa. Es como una actitud triunfal en medio de los dolores, pero también de la solidaridad, el reconocimiento y la gratitud del pueblo caqueteño, de sus alumnos, de sus lectores, de sus oyentes.
Y caminando sobre los laureles conquistados, nos olvidamos de las penas y en un viaje hipotético, regresamos altivos a su natal Génova para entregarle a su papá los trofeos conquistados a partir de los $200 pesos de 1973.






jueves, 13 de febrero de 2020

La magia de la Radio, como herramienta para la construcción de Paz, debe reinventarse




La cercanía, la inmediatez, la imaginación y la inspiración de quienes la realizan, hacen de la Radio un instrumento casi mágico para el  tratamiento constructivo de las diferencias, el cultivo de la tolerancia y la promoción de la convivencia.
A pesar del auge de la  tecnología y las redes sociales, la Radio es el medio de comunicación más dinámico y atractivo que sobrevive gracias al vínculo siembre renovado e imperturbable entre los actores de este medio de comunicación, los emisores, y sus oyentes, en campos y ciudades. La magia de las palabras que se meten por entre un micrófono, saltan a un equipo transmisor, ascienden por una antena desde donde saltan al  vacío y se convierten en patrimonio colectivo, logra que, sin autorización, se metan, gloriosas o tristes, falsas o verdaderas, a todas partes y provoquen, además, situaciones comunicativas muy particulares porque el oyente tiene que imaginarse todo a partir de lo que escucha. Un oyente de radio nunca será un individuo solitario porque por esa magia siempre tendrá una compañía.
El ama casa que prepara los alimentos, los conductores de buses, busetas, colectivos y taxis; los lustrabotas -embellecedores de calzado, se autodenominan ahora-, el obrero, el estudiante, el campesino en el surco, todos, pueden escuchar la radio sin abandonar su actividad principal.

Hasta hace pocos años, quienes produjeron la radio, se proclamaban como los ojos, los oídos y la voz de sus oyentes, demostraron que  la Palabra lo es todo, que la Palabra es la vida, y renovaron permanentemente su pasión por el micrófono como instrumento ideal de la comunicación que permite el diálogo para el tratamiento de las diferencias cotidianas, para la consolidación de la convivencia en regiones que históricamente han sido escenarios del conflicto.
Pero la Radio entró en decadencia vertiginosa, golpeada por el auge de las redes sociales que recogieron toda su magia, o mejor, expresaron espontáneamente la imaginación, la creatividad, el buen humor y en general las condiciones que caracterizaron a la buena Radio. Además, a las cabinas de las emisoras llegaron personas sin voz, sin aliento, sin preparación, sin pasión por el oficio y entonces la crisis no es de la Radio misma sino de quienes la hacen. Es triste, pero evidente, que muchas emisoras de radio se convirtieron en flautas que suenan con el aire de las pautas publicitarias del gobierno y de los grupos económicos. A los gobernantes, les maquillan constantemente sus perfiles y a los segundos les ayudan a vender sus productos. Los Periódicos también entraron en crisis y, como la Radio, su decadencia no es por su condición sino por quienes hacen periodismo.

Pero en el fondo de la crisis de los Medios está la concentración del capital económico, que va de la mano  con el llamado capital informacional, mediante el cual el Estado elabora, concentra y maquilla la  información, con la ayuda de los grandes Medios de comunicación. Solo los peces gordos sobreviven..
 En un sondeo con personas que hacen Radio, la mayoría de los consultados admitieron que aunque en la actualidad existen más Medios, hay menos comunicación entre la  gente y en muchos casos, la Radio y las redes sociales, se utilizan para difundir ingredientes contrarios a la convivencia.
Estuvieron de acuerdo en que por las condiciones económicas y formas de contratación, los realizadores de Radio ocupan la mayor parte del tiempo en la búsqueda de anunciantes para garantizar la subsistencia, lo cual, muchas veces incide en la calidad de la producción.
Con todo, muchos radiodifusores, se aferran al concepto clásico de la belleza de la palabra oral en los labios de quienes la pronuncian con espontaneidad, con claridad, con amenidad y siempre en función de los intereses del colectivo, como un contrapoder que lleva la vocería de aquellos que regularmente no son escuchados.
La Palabra de la gente que hace la Radio cotidiana en la provincia, en pueblos y veredas, es reveladora, apasionada, solidaria y gloriosa. Pero, del mismo modo, la Palabra debe ser un acto que convenza, un ejemplo que fecunde. Nuestras palabras siempre deben corresponder con lo que pensamos y lo que hacemos siempre debe coincidir con lo que decimos. De lo contrario, nuestra Palabra sería tan traidora como el silencio cómplice.

Las nuevas condiciones para el ejercicio de la Radio abrieron el camino para las propuestas de la Radio alternativa que ya es más que una ilusión, es una esperanza para un país dominado por el crimen y la fuerza.

El periodismo alternativo desde la Radio es, pues, una opción que nos permite cortarle la carótida a la politiquería en la información y romper esa cadena que condena a los comunicadores a su dependencia del gobierno, de los poderosos, del comercio y de la politiquería.

Un periodismo alternativo que, además, por su carácter horizontal, se retroalimenta de manera constante y pone la controversia fraternal como elemento fundamental en la dinámica informativa que, del mismo modo, genera grupos de estudio y trabajo que no solo contribuyen al registro verdadero de los hechos, sino que también impulsa procedimientos dirigidos a transformar la realidad en donde se ejercita.
El periodista alternativo es, asimismo, un generador de ideas, un inquieto creativo de circunstancias, un inventor de nuevas formas de mostrar los hechos y de explicar sus implicaciones, un analista permanente y a su vez autocrítico que corrige las fallas en un aprendizaje permanente.


La Palabra es el molde en el que vaciamos las ideas. Un molde mágico y sonoro, y la Radio seguirá siendo el verboducto para transportar los pensamientos. 



miércoles, 12 de febrero de 2020

Adiós, a mis “Hasta luego”





Muchos, muchísimos familiares y allegados míos se han apagado, hasta el punto de que ya es más larga la lista de amigos muertos que la de los vivos y vividores. Camino por entre una larga avenida de cruces, semejante al colosal cementerio de Arlington, en donde la simetría de cruces en todas las direcciones impresiona por su rigurosidad y por el origen de esos muertos, que es la guerra.
Muchos volcanes apagados, algunos de dos cráteres, se saludan, extintos bajo la misma causa, la violencia, y las llamas de sus secretos son como las rosas negras del silencio, que también son las flores del dolor y en muchos casos de la complicidad. Otros bajo el hacha de las enfermedades, pero todos van por el camino del gran silencio, el silencio del olvido.
Y como la diversa desigualdad es una condición que vivimos todos los colombianos, hay muertos envueltos en los laureles del éxito, entendido como la capacidad para derrotar al amigo, al vecino, al compañero de aula y montarse en el ascensor social. Murieron, del mismo modo, los amigos tempestuosos, los triviales, los cantores, los poetas, deportistas, los docentes que valen más que los poetas, los luchadores sociales, los que le dieron la espalda al dolor colectivo, los ruiseñores del poder.
A unos les hicieron suntuosos funerales y otros, como el poeta y maestro argentino Almafuerte, llegaron al cementerio escoltados por los niños a los que enseñaba.
Con manos, labios y palabras trémulas, a muchos de ellos les dije “Hasta luego” desde mi blog, siguiendo una tendencia muy generalizada en nuestro medio como es la reproducción y admiración, a veces preciosista, de las tristezas, de las nostalgias derivadas de la muerte de las personas.
Huyendo de esa tendencia, de la atracción que sentimos hacia la muerte y hacia todos los aspectos relacionados con ella, de esa necrofilia que une a las familias de los difuntos, he decidido detener los gemidos, los panegíricos y los ecos del llanto por la muerte de un amigo. Mis “Hasta luego”, como voces de los muertos, serán remplazados por vigorosas “Historias de Vida” con las que mostraré y cantaré los vuelos de mis amigos y exhibiré sus laureles antes que se marchiten con la muerte porque, más temprano que tarde, ese muerto estará solo y le llegará el olvido.
“En vida, mi hermano, en vida”, es un concepto de Pablo Neruda que se ha hecho popular para expresar la importancia de los reconocimientos en vivo, que describan los hechos más  importantes compartidos por las personas que se cruzaron y se mezclaron en el paseo terrenal.
Trabajo en la elaboración de la lista. Y comenzaré muy pronto porque prefiero estrechar la mano calurosa de muchos sobrevivientes de la violencia, de la injusticia y de la politiquería, antes que darle una mirada triste en su féretro y escribir unos recuerdos sin interlocutor.
Quiero charlar, quiero explotar, quiero gozar, quiero llorar pero de alegría; quiero “conspirar” con el buen humor; quiero revivir, quiero escribir sobre la trascendencia política de una generación que lideró el auge de masas para luchar contra uno de los gobiernos más represivos de la historia y que acompañó importantes reivindicaciones para el pueblo caqueteño, como la interconexión eléctrica.
Muchos de esos guerreros y conquistadores sobrevivientes que ocupan un espacio importante, determinante, en la historia personal y en la de mis territorios queridos, Quindío, Huila y Caquetá, estarán aquí muy pronto y como la lírica es “el vestido visible de las cosas invisibles”, vamos a darle a la amistad la dimensión que tiene en la.vida…del mundo de los muertos que yacen en el fondo del alma, vamos al mundo de los huracanes vivientes, llavecitas.


jueves, 23 de enero de 2020

Puerto Arango-Solano-Mononguete, un viaje lleno de contrastes…y esperanzas




Puerto Arango es la capital del río Orteguaza, el eje del comercio, del transporte y del dolor que se mueven a ritmo de trineo y de canguro desde los más recónditos lugares de la geografía regional, a bordo de yates, lanchas, botes, humildes canoas y  frágiles “potrillos” sobre las aguas de caños, quebradas, ríos y lagunas de Caquetá, Putumayo y Amazonas.
Allí comienza el camino descendente por el flanco bello pero hostil del bosque, por entre el río, que es una serpiente con su cuerpo colorado y turbio, lleno de anillos y crestas arresortadas que la alargan de manera constante a tal punto que no encontramos su cabeza aunque recorramos miles de kilómetros.
Bellos campos para el exilio de las penas, pero, del mismo modo, el río herido de muerte por la tala de árboles en sus orillas, especialmente en los primeros kilómetros, hasta provocar la ampliación del cauce con la consecuente pérdida de su navegabilidad, especialmente en épocas de verano.
La armonía del color, la perfección de las líneas del horizonte y el aumento del volumen de las aguas con el aporte de los afluentes tributarios, llaman al silencio y al ensueño y entonces el ideal se vuelve realidad y nos llegan las vibraciones secretas. Las bandadas de garzas reales y chiflonas, y de loros que pasan casi rasantes, con sus cantos notifican que estamos en la Amazonia de la belleza.
La cabalgata loca de los sueños se interrumpe al paso por San Antonio de Getuchá al recordar que por esta zona del río flotaron centenares de cuerpos durante el conflicto armado. Un extraño dolor colectivo se siente entre mis compañeros de banca en el yate–no bancada- quienes recordaron los chulos hoscos de la desolación, no solo sobre el río sino también en campos y veredas. Comprobé que el dolor es una fraternidad, que el éxito divide pero las penas unen.
Ese primer contraste entre la tristeza, el espanto y la belleza, dejó el aire cargado de miseria, que se acentúa al paso por “Remolino”, Granario y Jerichá, verdaderos santuarios de los grupos armados, legales e ilegales, y monumentos al abandono oficial. Estas pequeñas poblaciones son una misma foto, la de la pobreza extrema y la pobreza multidimensional, con algunas casas de tabla levantadas sobre cuerpos de agua o palafitos, con techos de zinc, la mayoría sin puertas, con perros, gatos, cerdos y caballos. Son pueblos de edad y miseria indefinidas con atardeceres admirables.
-Son casas en zancos, dijo un muchacho, señalando hacia la ribera.
Como las aguas que siempre van hacia adelante de manera compulsiva en busca de su final en el mar, los habitantes de estos centros poblados marginales, ya sean grupos o comunidades indígenas, campesinos y colonos o grupos de razas africanas siempre sufren la presión de los ganaderos que los empujan de manera constante al interior de la selva. Un pasajero que asciende al yate trae el olor del bosque enorme y profundo, pero es tan frágil, solitario y vulnerable como los copos de espuma formados por las crecientes, desbaratados por las embarcaciones.
El viaje transcurre sin campamentos ni retenes del ejército o la guerrilla, como era habitual hasta hace pocos años y entonces se habla de la guerra, pero también de la Paz. El vapor de la violencia golpea los rostros con las ráfagas del viento y un visitador médico apunta que la violencia no solo fue contra la gente sino también contra la Naturaleza.
Hace 25 años, los recorridos por los afluentes tributarios del río Caquetá, se hacían entre paujiles, pavas, micos, tentes, loros y hasta culebras amenazantes. Los pescadores capturaban presas de tamaños colosales, de las cuales no quedan sino las fotografías de los gringos con sus trofeos. Los paujiles son una reliquia, los micos son muy escasos y los tentes que las señoras adoraban porque cuidaban a los niños como a Zoro, en la novela de Jairo Aníbal Niño, son puro recuerdo.
Los habitantes de la región se refieren a la “bocana” para denominar a la desembocadura del río Orteguaza al Caquetá, cuando la furia del primero se devalúa en medio de una turbulenta contradicción para entregarse a su hermano mayor y entonces, ante la presión del río Caquetá las aguas del Orteguaza intentan devolverse, formando un estanque gigante. En época de invierno, el espectáculo de unión de estos dos colosos de la hidrografía produce vértigo, que pasa a medida que cesa el duelo. En ese espejo monumental se retratan y se resumen las vidas de los pobladores de la región que sobrevivieron a la violencia pero están muertos por la exclusión y la desigualdad.
Desde la Bocana, se ve Solano como un pesebre decembrino encumbrado sobre el majestuoso horizonte del gigantesco afluente. Solo, entre la inmensidad de la selva caqueteña, Solano es también otro socio del club de municipios abandonados por el Estado y es el que mayor número de necesidades insatisfechas tienen en el departamento del Caquetá.
El club de pueblos perdidos en la fascinante amazonia fundados casi todos por compatriotas expulsados en sus territorios nativos por la violencia, el hambre y la falta de oportunidades. O simplemente atraídos por el misterioso encanto de la manigua.
Al estilo de los viajes de Maqroll, el viajero, del genial Alvaro Mutis, a Solano, “los productos, los dolores, la enfermedades y hasta las pequeñas soluciones llegan en oxidados planchones empujados por un remolcador que asciende la corriente con una  lenta y terca dificultad de asmático”.
En la inspección de Mononguete, uno de los escenarios principales del conflicto, se percibe un miedo generalizado y sus habitantes no hablan ni de la guerra, ni de la Paz y en voz baja, como si estuvieran en la alcoba de un moribundo, responden con evasivas las preguntas asociadas con esos temas.
No tienen agua potable y reciben el líquido bombeado directamente del río Caquetá pero viven felices aunque algunos se refirieron al abandono oficial como una forma de discriminación, de exclusión y, desde luego, como una forma de violencia.
Allí hay una  verdadera memoria histórica encriptada por el temor y la mayoría de las personas que sufrieron durante el conflicto prefieren el silencio como terapia. Muchos campesinos e indígenas han aprovechado las nuevas condiciones derivadas de los acuerdos de Paz para cultivar en sus huertas caseras y algunos ya participan en los mercados semanales que se desarrollan en la cabecera municipal.
Con un conductor de yate que hacía cabriolas para mostrar cierto virtuosismo en la conducción, terminamos “emplayados” o “ensecados” y todos los pasajeros tuvimos que evacuar el pequeño bote para empujarlo hasta aguas profundas.
Pegándome un golpecito en la frente, al estilo del padre Ángel en La Mala Hora”, me percaté que no me había quitado los zapatos cuando me bajé del yate.
La vida es una afirmación de la esperanza y estos pueblos que viven su drama y su desnudez por la violencia, por la pobreza y por la exclusión, caminan de espaldas hacia su pasado y con un manto de silencio cubren sus dolores.
Los acuerdos de Paz prendieron los fuegos de la esperanza para sus sueños…sueños que a veces pasan raudos como el río, algunas veces se encienden como el sol de los ruiseñores con sus manos callosas por su trabajo y otras se frustran en la asombrosa soledad de quien no tiene apoyo.

lunes, 25 de noviembre de 2019

La magia de la radio, herramienta para el tratamiento constructivo de los conflictos y el fomento de la convivencia



La cercanía, la inmediatez, la imaginación y la inspiración de quienes la realizan, hacen de la Radio un instrumento casi mágico para el  tratamiento constructivo de las diferencias, el cultivo de la tolerancia y la promoción de la convivencia.
Radio Universidad de la Amazonia-logo
A pesar del auge de la  tecnología y las redes sociales, la Radio es el medio de comunicación más dinámico y atractivo que sobrevive gracias al vínculo siembre renovado e imperturbable entre los actores de este medio de comunicación, los emisores y sus oyentes, en campos y ciudades. La magia de las palabras que se meten por entre un micrófono, saltan a un equipo transmisor, ascienden por una antena desde donde saltan al  vacío y se convierten en patrimonio colectivo, logra que, sin autorización, se metan, derrotadas o gloriosas, a todas partes y provoquen, además, situaciones comunicativas muy particulares porque el oyente tiene que imaginarse todo a partir de lo que escucha. Un oyente de radio nunca será un individuo solitario porque por esa magia siempre tendrá una compañía.
Los realizadores de Radio más reconocidos del departamento del Caquetá y dos del departamento del Guaviare, se encontraron este miércoles en un ejercicio promovido por el programa “Puntos de Encuentro” de la Oficina de Paz de la Universidad de la Amazonia, a propósito de la conmemoración del Día Mundial de la Radio y compartieron durante una hora la pasión que los une.
Las emisoras comunitarias de Curillo, Belén de los Andaquíes, San Vicente del Caguán, Puerto Rico, El Paujil, la 104.1 FM de Florencia, Radio Marandúa de San José del Guaviare y la 98.1 FM de la Universidad de la Amazonia, conformaron una cadena fraternal a través de la cual mostraron sus ejercicios cotidianos y contaron los orígenes de sus radiodifusoras.
Durante 60 minutos, hombres y mujeres que se identifican como los ojos, los oídos y la voz de sus oyentes, demostraron que  la Palabra lo es todo, que la Palabra es la vida, que el silencio es la muerte y renovaron su pasión por la radio como instrumento para la propagación de la palabra conciliadora que permite el diálogo para el tratamiento de las diferencias cotidianas, para la consolidación de la convivencia en regiones que históricamente han sido escenarios del conflicto.
Admitieron que aunque en la actualidad existen más Medios, hay menos comunicación entre la  gente y en muchos casos, como las redes sociales, se utilizan para difundir ingredientes contrarios a la convivencia.
Estuvieron de acuerdo en que por las condiciones económicas, la mayor parte del tiempo la ocupan en la búsqueda de anunciantes para garantizar la subsistencia, lo cual, muchas veces incide en la calidad de la producción.
Escuchando a los radiodifusores, concluimos en que la palabra oral es bella en los labios de quienes la pronuncian con espontaneidad y libertad. 
 La Palabra de la gente que hace la Radio cotidiana en la provincia, en pueblos y veredas, es reveladora, apasionada, solidaria y gloriosa. Pero, del mismo modo, la Palabra debe ser un acto que convenza, un ejemplo que fecunde. Nuestras palabras siempre deben corresponder con lo que pensamos y lo que hacemos siempre debe coincidir con lo que decimos. De lo contrario, nuestra Palabra sería tan traidora como el silencio cómplice.
La Palabra es el molde en el que vaciamos las ideas. Un molde mágico y sonoro, y la Radio es el verboducto para transportar los pensamientos.

Historias de Vida Edilberto Monje, teatro para ocultar los dolores y resucitar la esperanza


Sufrió las humillaciones constantes de un profesor que le pronosticó una vida llena de fracasos pero, sin proponérselo, también le enseñó a ocultar sus dolores y a construir con sus sueños los puentes para cruzar los pasos difíciles y abreviar los 

caminos de la vida.


Nació en el centro de Florencia, muy cerca del parque Santander, fue un niño excepcionalmente hiperactivo y “mamón” para quien lo único importante de la escuela eran las vacaciones en la finca. Sufrió las humillaciones constantes de un profesor que le pronosticó una vida llena de fracasos pero, sin proponérselo, también le enseñó a ocultar sus dolores y a construir con sus sueños los puentes para cruzar los pasos difíciles y abreviar los caminos de la vida.
Como en la canción del compositor y músico puertorriqueño Manuel Jimenez, “El Canario”, la nieve de los años ya cayó sobre su abundante y característica melena “colecaballo” pero conserva el brillo y el fuego de la juventud que pasó en el colegio Migani, y en la Salle, de su natal Florencia, y en otras instituciones educativas del centro del departamento del Valle en donde se distinguió como un pésimo estudiante de matemáticas y, del mismo modo, descubrió sus competencias para el deporte y para las artes escénicas.
Durante una charla de cafetería, en donde la gente habla en voz alta y manotea, comprobamos su desdén por los triunfos y aplausos cosechados a lo largo de su trasegar en el teatro, principalmente por la "barrida" en el zonal universitario realizado en Armenia en 2018, en el que el grupo Laberinto y su obra Cabaret acapararon todos los galardones entre los resplandores de los asistentes y el máximo reconocimiento para la Universidad de la Amazonia.
No le dejaron nada a los demás participantes porque se trajeron  los trofeos como mejor obra, mejor puesta en escena, mejor director, mejor vestuario, mejor escenografía y mejor maquillaje.
Edilberto es una institución en el teatro nacional, tiene el alma inmortal de la belleza artística a pesar de que cuando terminó su bachillerato y ante la disyuntiva de escoger entre el deporte y el arte escénico para su formación universitaria, enamorado de los dos, un “carisellazo” nos lo puso en el camino de animador en ese mundo de seres irreales pero bien representados.
En ese ejercicio capaz de esconder las angustias y los dolores con escenas rituales, de dibujar con gracia los momentos más cruciales de la vida nacional, estuvo en Barcelona, España, donde vivió ese espíritu endiablado y pecaminoso de los cabarets, se vistió de rojo para bailar bolero y se llenó de imágenes que fueron como piezas de un rompecabezas que armó después a punta de creatividad y con el apoyo de los integrantes del grupo Laberinto, fundamentales en la conquista de los éxitos.
En medio de la mezcla confusa de histriones, bacanes, oradores de taberna, escritores infalibles, hombres y mujeres infieles, sacerdotes descarriados, bombillas multicolores, las sofisticadas ejecutantes de la “barra del placer” y el portero que invita a los transeúntes a sumergirse en los placeres de la noche, se inspiró Edilberto para crear su obra Cabaret, que a sido presentada por ciclos en el Campus Porvenir de la Universidad de la Amazonia.
En medio de la nostalgia que produce coger del espejo retrovisor de la vida, con una mirada tranquila y gozando con los hilos del recuerdo, Edilberto revive sus aventuras en el campo y sin esfuerzo escucha los sonidos de los caballos atascados en el barro, los cantos de los pájaros al amanecer, el rumor de la quebrada La Perdiz cuando se “volaba” en la balsa de su papá, el peligro del ganado arisco, el canto armonioso de los gallos en la madrugada, los aullidos de los perros y también sus lanzamientos al agua para rescatar el balón con el que jugaban los mayores en el entonces colegio Antonio Ricaurte.  “Mis aventuras al aire libre me volvieron sensible a las riquezas naturales y me abrieron la imaginación, me pusieron a volar y me lanzaron al espacio de la observación, precursora de la creación”, me dijo con el pocillo de café muy cerca de su boca.
De modales desabrochados, tiene lo que necesita un buen actor: la audacia de un loco mezclada con los gestos de un niño precoz. Pero también posee otra virtud, componente igualmente importante para su oficio, el don de mando que en una obra resucita las esperanzas de los desesperados.
De tanto estudiar y ensayar gestos, posturas y ademanes, de impostar la voz y pintarse la cara, algo se le ha quedado, pero lo que más se le nota es el rito de cariño con el que se refiere a su trabajo como teatrero y como docente de la Universidad de la Amazonia, cuyas clases son verdaderas escenografías de vida llenas de realidades aterradoras sobre el país violento en el que nos ha tocado vivir.
Pero también de esperanza porque confía en que la vida y los acuerdos de Paz le permitirán montar la obra de la reconciliación entre los colombianos, libre del huracán de la politiquería que se mueve en todos los escenarios, con la verdad y la convivencia que se palpen y se asomen en todos los ingredientes del teatro, desde el vestuario hasta el maquillaje.
Como el arte teatral es una forma de expresión capaz de inscribirse en cualquier espacio, Monje se apropió de una de las bodegas sombrías del antiguo Idema, en la sede Centro de la UDLA, y de a poco le ha dado dimensión escénica, cuyo último desarrollo fue la instalación de la tarima utilizada para los actos del Encuentro Nacional de Estudiantes, ENEES en octubre de 2018. Es un verdadero laboratorio en el que han nacido todas las obras que trabajan los integrantes del grupo Laberinto.
Cree que las circunstancias o momentos de devastación pueden ser la antesala del sepulcro o del éxito, de acuerdo a cómo se manejen y recuerda cuando en Andalucía, Valle del Cauca, quedó atrapado en un caudaloso canal de riego subterráneo pues  la salida estaba obstruida por un ternero muerto. “En medio de la oscuridad, con poco aire y golpeándonos fuertemente contra la paredes y contra el animal, pensé que Dios estaba indignado por mis fechorías y con su mano tapara la salida. En esos momentos caóticos, cuando desmaya la fe y brotan las peores incertidumbres, es cuando deben aparecer las virtudes”, me dijo.
Tiene tres hijas –Juanita, Laura y Sofía- con su esposa Clara Olaya, y muchas veces, cuando las observa en labores de maquillaje, le viene a su memoria aquel día cuando en Andalucía, Valle, vestido de payaso, se pintó la cara con un rara sustancia…”tan rara, dice, que duré pintado todo un mes”. Fue tanta su afición por el teatro que muchas veces cogió huevos recién puestos en el corral de su casa y tomates verdes que vendió para conseguir la entrada al circo. Fue su enamoramiento definitivo del teatro y el comienzo de su inducción. Allí se le pegó la gomina que desembocó con la formación de este personaje popular, querido, reconocido, del que todos disfrutamos.
Tampoco podrá olvidar sus primeras experiencias, ya formales, en el teatro, al lado de dos de sus amigos del alma, Manuel Cortéz y Rodolfo Vela, con el grupo Simacota, que los puso principalmente en escenarios escolares y con el que comprobaron lo difícil que es recordar los textos y simultáneamente adoptar un gesto, al tiempo que ganaron en el uso la dicción adecuada mientras sumaban la indulgencia del público. Fueron tiempos de auge del teatro en Florencia hasta imponer la presentación de sociodramas severamente críticos en casi todas las reuniones de padres de familia y en los llamados centros literarios semanales. Nos acordamos de otro grupo, El Sapo, del inquieto Fabio Valderrama (q.e.p.d).
Cuando se difundió la noticia sobre la “barrida” del grupo Laberinto en el zonal universitario de Armenia, me imaginé a Edilberto y sus muchachos en la preparación, en el vestuario, en la narración, en el maquillaje, en la descripción y en la puesta en escena de una obra que se agita en los pies de todos los caqueteños: la construcción de la Paz después de estar arrodillados ante la violencia.
Y en sus libretos desfilarán los que dudan, los que aplazan, los que retroceden, los que esperan y hasta quienes tienen miedo de que la Paz los cambie positivamente.
Porque, como en las obras de teatro, cuando ya se han ido los asistentes, comienza otro capítulo, el de la revisión. En Caquetá ya se fueron los combates y las “tomas”… solo quedan el silencio y el dolor…se asoma la Paz entre el vestuario y Edilberto Monje con sus escenografías de vida y de futuro.