Los Medios hegemónicos pusieron el grito en el cielo, como decía mamá Alicia, ante la convocatoria del jugador Sebastían Villa a la Selección Colombia, por haber cometido un delito que ya pagó, pero guardan silencio cómplice-pagado, por la actuación pública de cientos de políticos acusados de delitos graves, algunos ya condenados y otros abiertamente confesos, que le hacen esguinces a la justicia. Su falso pudor, su vergüenza fingida, les obnubila su capacidad mental, les cierra la boca y les ata las manos, por ejemplo, para asombrarse por la presencia de Ciro Ramirez, condenado por la justicia recientemente, sentado muy tranquilo en un escaño del Congreso. O por la frescura y cinismo del exalcalde de Florencia, Álvaro Pacheco, quien durante la reciente campaña electoral se movió en abierto proselitismo a favor de su esposa, a pesar de haber "cantado" ante la JEP sus "hazañas" que beneficiaron a los grupos paramilitares. Y por su estilo existen decenas de políticos en todas las regiones del país. Su recato hipócrita tamapoco les permite informarse sobre los diseños del sistema penal universal que tiene como una de sus misiones lograr la reinserción de las personas juzgadas, no solo a la producción, sino también a la sociedad.
Los voceros más reconocidos de esta "vergüenza nacional", son Carlos Antonio Vélez y su combo del canal Win+, Cesar Augusto Londoño, caracterizado razonero de sus patrones y Javier Hernández Bonet, para quien es más grave la actuación - ya redimida- del jugador Villa, que la conducta asquerosa de su "escudero" en los deportes, Ricardo Urrego. El controvertido Vélez, por su parte, mantiene una campaña pública para que Lorenzo convoque al jugador Alfredo Morelos a la Selección, sin más méritos que ser el 9 del equipo Narconal, también propiedad de su patrón, la organización Ardila Lulle, dueña del . Y, justamente, Morelos causó graves heridas a una personas en un accidente de tránsito cuando conducía su vehículo en estado de embriaguez. Las tinieblas para ver los pecados de sus patrones y sus amigos, y el sol canicular y sofocante para sobredimensionar la agenda editorial que la imponen a cambio de su lambonería incondicional, llavecitas.
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