jueves, 13 de febrero de 2020

La magia de la Radio, como herramienta para la construcción de Paz, debe reinventarse




La cercanía, la inmediatez, la imaginación y la inspiración de quienes la realizan, hacen de la Radio un instrumento casi mágico para el  tratamiento constructivo de las diferencias, el cultivo de la tolerancia y la promoción de la convivencia.
A pesar del auge de la  tecnología y las redes sociales, la Radio es el medio de comunicación más dinámico y atractivo que sobrevive gracias al vínculo siembre renovado e imperturbable entre los actores de este medio de comunicación, los emisores, y sus oyentes, en campos y ciudades. La magia de las palabras que se meten por entre un micrófono, saltan a un equipo transmisor, ascienden por una antena desde donde saltan al  vacío y se convierten en patrimonio colectivo, logra que, sin autorización, se metan, gloriosas o tristes, falsas o verdaderas, a todas partes y provoquen, además, situaciones comunicativas muy particulares porque el oyente tiene que imaginarse todo a partir de lo que escucha. Un oyente de radio nunca será un individuo solitario porque por esa magia siempre tendrá una compañía.
El ama casa que prepara los alimentos, los conductores de buses, busetas, colectivos y taxis; los lustrabotas -embellecedores de calzado, se autodenominan ahora-, el obrero, el estudiante, el campesino en el surco, todos, pueden escuchar la radio sin abandonar su actividad principal.

Hasta hace pocos años, quienes produjeron la radio, se proclamaban como los ojos, los oídos y la voz de sus oyentes, demostraron que  la Palabra lo es todo, que la Palabra es la vida, y renovaron permanentemente su pasión por el micrófono como instrumento ideal de la comunicación que permite el diálogo para el tratamiento de las diferencias cotidianas, para la consolidación de la convivencia en regiones que históricamente han sido escenarios del conflicto.
Pero la Radio entró en decadencia vertiginosa, golpeada por el auge de las redes sociales que recogieron toda su magia, o mejor, expresaron espontáneamente la imaginación, la creatividad, el buen humor y en general las condiciones que caracterizaron a la buena Radio. Además, a las cabinas de las emisoras llegaron personas sin voz, sin aliento, sin preparación, sin pasión por el oficio y entonces la crisis no es de la Radio misma sino de quienes la hacen. Es triste, pero evidente, que muchas emisoras de radio se convirtieron en flautas que suenan con el aire de las pautas publicitarias del gobierno y de los grupos económicos. A los gobernantes, les maquillan constantemente sus perfiles y a los segundos les ayudan a vender sus productos. Los Periódicos también entraron en crisis y, como la Radio, su decadencia no es por su condición sino por quienes hacen periodismo.

Pero en el fondo de la crisis de los Medios está la concentración del capital económico, que va de la mano  con el llamado capital informacional, mediante el cual el Estado elabora, concentra y maquilla la  información, con la ayuda de los grandes Medios de comunicación. Solo los peces gordos sobreviven..
 En un sondeo con personas que hacen Radio, la mayoría de los consultados admitieron que aunque en la actualidad existen más Medios, hay menos comunicación entre la  gente y en muchos casos, la Radio y las redes sociales, se utilizan para difundir ingredientes contrarios a la convivencia.
Estuvieron de acuerdo en que por las condiciones económicas y formas de contratación, los realizadores de Radio ocupan la mayor parte del tiempo en la búsqueda de anunciantes para garantizar la subsistencia, lo cual, muchas veces incide en la calidad de la producción.
Con todo, muchos radiodifusores, se aferran al concepto clásico de la belleza de la palabra oral en los labios de quienes la pronuncian con espontaneidad, con claridad, con amenidad y siempre en función de los intereses del colectivo, como un contrapoder que lleva la vocería de aquellos que regularmente no son escuchados.
La Palabra de la gente que hace la Radio cotidiana en la provincia, en pueblos y veredas, es reveladora, apasionada, solidaria y gloriosa. Pero, del mismo modo, la Palabra debe ser un acto que convenza, un ejemplo que fecunde. Nuestras palabras siempre deben corresponder con lo que pensamos y lo que hacemos siempre debe coincidir con lo que decimos. De lo contrario, nuestra Palabra sería tan traidora como el silencio cómplice.

Las nuevas condiciones para el ejercicio de la Radio abrieron el camino para las propuestas de la Radio alternativa que ya es más que una ilusión, es una esperanza para un país dominado por el crimen y la fuerza.

El periodismo alternativo desde la Radio es, pues, una opción que nos permite cortarle la carótida a la politiquería en la información y romper esa cadena que condena a los comunicadores a su dependencia del gobierno, de los poderosos, del comercio y de la politiquería.

Un periodismo alternativo que, además, por su carácter horizontal, se retroalimenta de manera constante y pone la controversia fraternal como elemento fundamental en la dinámica informativa que, del mismo modo, genera grupos de estudio y trabajo que no solo contribuyen al registro verdadero de los hechos, sino que también impulsa procedimientos dirigidos a transformar la realidad en donde se ejercita.
El periodista alternativo es, asimismo, un generador de ideas, un inquieto creativo de circunstancias, un inventor de nuevas formas de mostrar los hechos y de explicar sus implicaciones, un analista permanente y a su vez autocrítico que corrige las fallas en un aprendizaje permanente.


La Palabra es el molde en el que vaciamos las ideas. Un molde mágico y sonoro, y la Radio seguirá siendo el verboducto para transportar los pensamientos. 



miércoles, 12 de febrero de 2020

Adiós, a mis “Hasta luego”





Muchos, muchísimos familiares y allegados míos se han apagado, hasta el punto de que ya es más larga la lista de amigos muertos que la de los vivos y vividores. Camino por entre una larga avenida de cruces, semejante al colosal cementerio de Arlington, en donde la simetría de cruces en todas las direcciones impresiona por su rigurosidad y por el origen de esos muertos, que es la guerra.
Muchos volcanes apagados, algunos de dos cráteres, se saludan, extintos bajo la misma causa, la violencia, y las llamas de sus secretos son como las rosas negras del silencio, que también son las flores del dolor y en muchos casos de la complicidad. Otros bajo el hacha de las enfermedades, pero todos van por el camino del gran silencio, el silencio del olvido.
Y como la diversa desigualdad es una condición que vivimos todos los colombianos, hay muertos envueltos en los laureles del éxito, entendido como la capacidad para derrotar al amigo, al vecino, al compañero de aula y montarse en el ascensor social. Murieron, del mismo modo, los amigos tempestuosos, los triviales, los cantores, los poetas, deportistas, los docentes que valen más que los poetas, los luchadores sociales, los que le dieron la espalda al dolor colectivo, los ruiseñores del poder.
A unos les hicieron suntuosos funerales y otros, como el poeta y maestro argentino Almafuerte, llegaron al cementerio escoltados por los niños a los que enseñaba.
Con manos, labios y palabras trémulas, a muchos de ellos les dije “Hasta luego” desde mi blog, siguiendo una tendencia muy generalizada en nuestro medio como es la reproducción y admiración, a veces preciosista, de las tristezas, de las nostalgias derivadas de la muerte de las personas.
Huyendo de esa tendencia, de la atracción que sentimos hacia la muerte y hacia todos los aspectos relacionados con ella, de esa necrofilia que une a las familias de los difuntos, he decidido detener los gemidos, los panegíricos y los ecos del llanto por la muerte de un amigo. Mis “Hasta luego”, como voces de los muertos, serán remplazados por vigorosas “Historias de Vida” con las que mostraré y cantaré los vuelos de mis amigos y exhibiré sus laureles antes que se marchiten con la muerte porque, más temprano que tarde, ese muerto estará solo y le llegará el olvido.
“En vida, mi hermano, en vida”, es un concepto de Pablo Neruda que se ha hecho popular para expresar la importancia de los reconocimientos en vivo, que describan los hechos más  importantes compartidos por las personas que se cruzaron y se mezclaron en el paseo terrenal.
Trabajo en la elaboración de la lista. Y comenzaré muy pronto porque prefiero estrechar la mano calurosa de muchos sobrevivientes de la violencia, de la injusticia y de la politiquería, antes que darle una mirada triste en su féretro y escribir unos recuerdos sin interlocutor.
Quiero charlar, quiero explotar, quiero gozar, quiero llorar pero de alegría; quiero “conspirar” con el buen humor; quiero revivir, quiero escribir sobre la trascendencia política de una generación que lideró el auge de masas para luchar contra uno de los gobiernos más represivos de la historia y que acompañó importantes reivindicaciones para el pueblo caqueteño, como la interconexión eléctrica.
Muchos de esos guerreros y conquistadores sobrevivientes que ocupan un espacio importante, determinante, en la historia personal y en la de mis territorios queridos, Quindío, Huila y Caquetá, estarán aquí muy pronto y como la lírica es “el vestido visible de las cosas invisibles”, vamos a darle a la amistad la dimensión que tiene en la.vida…del mundo de los muertos que yacen en el fondo del alma, vamos al mundo de los huracanes vivientes, llavecitas.


jueves, 23 de enero de 2020

Puerto Arango-Solano-Mononguete, un viaje lleno de contrastes…y esperanzas




Puerto Arango es la capital del río Orteguaza, el eje del comercio, del transporte y del dolor que se mueven a ritmo de trineo y de canguro desde los más recónditos lugares de la geografía regional, a bordo de yates, lanchas, botes, humildes canoas y  frágiles “potrillos” sobre las aguas de caños, quebradas, ríos y lagunas de Caquetá, Putumayo y Amazonas.
Allí comienza el camino descendente por el flanco bello pero hostil del bosque, por entre el río, que es una serpiente con su cuerpo colorado y turbio, lleno de anillos y crestas arresortadas que la alargan de manera constante a tal punto que no encontramos su cabeza aunque recorramos miles de kilómetros.
Bellos campos para el exilio de las penas, pero, del mismo modo, el río herido de muerte por la tala de árboles en sus orillas, especialmente en los primeros kilómetros, hasta provocar la ampliación del cauce con la consecuente pérdida de su navegabilidad, especialmente en épocas de verano.
La armonía del color, la perfección de las líneas del horizonte y el aumento del volumen de las aguas con el aporte de los afluentes tributarios, llaman al silencio y al ensueño y entonces el ideal se vuelve realidad y nos llegan las vibraciones secretas. Las bandadas de garzas reales y chiflonas, y de loros que pasan casi rasantes, con sus cantos notifican que estamos en la Amazonia de la belleza.
La cabalgata loca de los sueños se interrumpe al paso por San Antonio de Getuchá al recordar que por esta zona del río flotaron centenares de cuerpos durante el conflicto armado. Un extraño dolor colectivo se siente entre mis compañeros de banca en el yate–no bancada- quienes recordaron los chulos hoscos de la desolación, no solo sobre el río sino también en campos y veredas. Comprobé que el dolor es una fraternidad, que el éxito divide pero las penas unen.
Ese primer contraste entre la tristeza, el espanto y la belleza, dejó el aire cargado de miseria, que se acentúa al paso por “Remolino”, Granario y Jerichá, verdaderos santuarios de los grupos armados, legales e ilegales, y monumentos al abandono oficial. Estas pequeñas poblaciones son una misma foto, la de la pobreza extrema y la pobreza multidimensional, con algunas casas de tabla levantadas sobre cuerpos de agua o palafitos, con techos de zinc, la mayoría sin puertas, con perros, gatos, cerdos y caballos. Son pueblos de edad y miseria indefinidas con atardeceres admirables.
-Son casas en zancos, dijo un muchacho, señalando hacia la ribera.
Como las aguas que siempre van hacia adelante de manera compulsiva en busca de su final en el mar, los habitantes de estos centros poblados marginales, ya sean grupos o comunidades indígenas, campesinos y colonos o grupos de razas africanas siempre sufren la presión de los ganaderos que los empujan de manera constante al interior de la selva. Un pasajero que asciende al yate trae el olor del bosque enorme y profundo, pero es tan frágil, solitario y vulnerable como los copos de espuma formados por las crecientes, desbaratados por las embarcaciones.
El viaje transcurre sin campamentos ni retenes del ejército o la guerrilla, como era habitual hasta hace pocos años y entonces se habla de la guerra, pero también de la Paz. El vapor de la violencia golpea los rostros con las ráfagas del viento y un visitador médico apunta que la violencia no solo fue contra la gente sino también contra la Naturaleza.
Hace 25 años, los recorridos por los afluentes tributarios del río Caquetá, se hacían entre paujiles, pavas, micos, tentes, loros y hasta culebras amenazantes. Los pescadores capturaban presas de tamaños colosales, de las cuales no quedan sino las fotografías de los gringos con sus trofeos. Los paujiles son una reliquia, los micos son muy escasos y los tentes que las señoras adoraban porque cuidaban a los niños como a Zoro, en la novela de Jairo Aníbal Niño, son puro recuerdo.
Los habitantes de la región se refieren a la “bocana” para denominar a la desembocadura del río Orteguaza al Caquetá, cuando la furia del primero se devalúa en medio de una turbulenta contradicción para entregarse a su hermano mayor y entonces, ante la presión del río Caquetá las aguas del Orteguaza intentan devolverse, formando un estanque gigante. En época de invierno, el espectáculo de unión de estos dos colosos de la hidrografía produce vértigo, que pasa a medida que cesa el duelo. En ese espejo monumental se retratan y se resumen las vidas de los pobladores de la región que sobrevivieron a la violencia pero están muertos por la exclusión y la desigualdad.
Desde la Bocana, se ve Solano como un pesebre decembrino encumbrado sobre el majestuoso horizonte del gigantesco afluente. Solo, entre la inmensidad de la selva caqueteña, Solano es también otro socio del club de municipios abandonados por el Estado y es el que mayor número de necesidades insatisfechas tienen en el departamento del Caquetá.
El club de pueblos perdidos en la fascinante amazonia fundados casi todos por compatriotas expulsados en sus territorios nativos por la violencia, el hambre y la falta de oportunidades. O simplemente atraídos por el misterioso encanto de la manigua.
Al estilo de los viajes de Maqroll, el viajero, del genial Alvaro Mutis, a Solano, “los productos, los dolores, la enfermedades y hasta las pequeñas soluciones llegan en oxidados planchones empujados por un remolcador que asciende la corriente con una  lenta y terca dificultad de asmático”.
En la inspección de Mononguete, uno de los escenarios principales del conflicto, se percibe un miedo generalizado y sus habitantes no hablan ni de la guerra, ni de la Paz y en voz baja, como si estuvieran en la alcoba de un moribundo, responden con evasivas las preguntas asociadas con esos temas.
No tienen agua potable y reciben el líquido bombeado directamente del río Caquetá pero viven felices aunque algunos se refirieron al abandono oficial como una forma de discriminación, de exclusión y, desde luego, como una forma de violencia.
Allí hay una  verdadera memoria histórica encriptada por el temor y la mayoría de las personas que sufrieron durante el conflicto prefieren el silencio como terapia. Muchos campesinos e indígenas han aprovechado las nuevas condiciones derivadas de los acuerdos de Paz para cultivar en sus huertas caseras y algunos ya participan en los mercados semanales que se desarrollan en la cabecera municipal.
Con un conductor de yate que hacía cabriolas para mostrar cierto virtuosismo en la conducción, terminamos “emplayados” o “ensecados” y todos los pasajeros tuvimos que evacuar el pequeño bote para empujarlo hasta aguas profundas.
Pegándome un golpecito en la frente, al estilo del padre Ángel en La Mala Hora”, me percaté que no me había quitado los zapatos cuando me bajé del yate.
La vida es una afirmación de la esperanza y estos pueblos que viven su drama y su desnudez por la violencia, por la pobreza y por la exclusión, caminan de espaldas hacia su pasado y con un manto de silencio cubren sus dolores.
Los acuerdos de Paz prendieron los fuegos de la esperanza para sus sueños…sueños que a veces pasan raudos como el río, algunas veces se encienden como el sol de los ruiseñores con sus manos callosas por su trabajo y otras se frustran en la asombrosa soledad de quien no tiene apoyo.

lunes, 25 de noviembre de 2019

La magia de la radio, herramienta para el tratamiento constructivo de los conflictos y el fomento de la convivencia



La cercanía, la inmediatez, la imaginación y la inspiración de quienes la realizan, hacen de la Radio un instrumento casi mágico para el  tratamiento constructivo de las diferencias, el cultivo de la tolerancia y la promoción de la convivencia.
Radio Universidad de la Amazonia-logo
A pesar del auge de la  tecnología y las redes sociales, la Radio es el medio de comunicación más dinámico y atractivo que sobrevive gracias al vínculo siembre renovado e imperturbable entre los actores de este medio de comunicación, los emisores y sus oyentes, en campos y ciudades. La magia de las palabras que se meten por entre un micrófono, saltan a un equipo transmisor, ascienden por una antena desde donde saltan al  vacío y se convierten en patrimonio colectivo, logra que, sin autorización, se metan, derrotadas o gloriosas, a todas partes y provoquen, además, situaciones comunicativas muy particulares porque el oyente tiene que imaginarse todo a partir de lo que escucha. Un oyente de radio nunca será un individuo solitario porque por esa magia siempre tendrá una compañía.
Los realizadores de Radio más reconocidos del departamento del Caquetá y dos del departamento del Guaviare, se encontraron este miércoles en un ejercicio promovido por el programa “Puntos de Encuentro” de la Oficina de Paz de la Universidad de la Amazonia, a propósito de la conmemoración del Día Mundial de la Radio y compartieron durante una hora la pasión que los une.
Las emisoras comunitarias de Curillo, Belén de los Andaquíes, San Vicente del Caguán, Puerto Rico, El Paujil, la 104.1 FM de Florencia, Radio Marandúa de San José del Guaviare y la 98.1 FM de la Universidad de la Amazonia, conformaron una cadena fraternal a través de la cual mostraron sus ejercicios cotidianos y contaron los orígenes de sus radiodifusoras.
Durante 60 minutos, hombres y mujeres que se identifican como los ojos, los oídos y la voz de sus oyentes, demostraron que  la Palabra lo es todo, que la Palabra es la vida, que el silencio es la muerte y renovaron su pasión por la radio como instrumento para la propagación de la palabra conciliadora que permite el diálogo para el tratamiento de las diferencias cotidianas, para la consolidación de la convivencia en regiones que históricamente han sido escenarios del conflicto.
Admitieron que aunque en la actualidad existen más Medios, hay menos comunicación entre la  gente y en muchos casos, como las redes sociales, se utilizan para difundir ingredientes contrarios a la convivencia.
Estuvieron de acuerdo en que por las condiciones económicas, la mayor parte del tiempo la ocupan en la búsqueda de anunciantes para garantizar la subsistencia, lo cual, muchas veces incide en la calidad de la producción.
Escuchando a los radiodifusores, concluimos en que la palabra oral es bella en los labios de quienes la pronuncian con espontaneidad y libertad. 
 La Palabra de la gente que hace la Radio cotidiana en la provincia, en pueblos y veredas, es reveladora, apasionada, solidaria y gloriosa. Pero, del mismo modo, la Palabra debe ser un acto que convenza, un ejemplo que fecunde. Nuestras palabras siempre deben corresponder con lo que pensamos y lo que hacemos siempre debe coincidir con lo que decimos. De lo contrario, nuestra Palabra sería tan traidora como el silencio cómplice.
La Palabra es el molde en el que vaciamos las ideas. Un molde mágico y sonoro, y la Radio es el verboducto para transportar los pensamientos.

Historias de Vida Edilberto Monje, teatro para ocultar los dolores y resucitar la esperanza


Sufrió las humillaciones constantes de un profesor que le pronosticó una vida llena de fracasos pero, sin proponérselo, también le enseñó a ocultar sus dolores y a construir con sus sueños los puentes para cruzar los pasos difíciles y abreviar los 

caminos de la vida.


Nació en el centro de Florencia, muy cerca del parque Santander, fue un niño excepcionalmente hiperactivo y “mamón” para quien lo único importante de la escuela eran las vacaciones en la finca. Sufrió las humillaciones constantes de un profesor que le pronosticó una vida llena de fracasos pero, sin proponérselo, también le enseñó a ocultar sus dolores y a construir con sus sueños los puentes para cruzar los pasos difíciles y abreviar los caminos de la vida.
Como en la canción del compositor y músico puertorriqueño Manuel Jimenez, “El Canario”, la nieve de los años ya cayó sobre su abundante y característica melena “colecaballo” pero conserva el brillo y el fuego de la juventud que pasó en el colegio Migani, y en la Salle, de su natal Florencia, y en otras instituciones educativas del centro del departamento del Valle en donde se distinguió como un pésimo estudiante de matemáticas y, del mismo modo, descubrió sus competencias para el deporte y para las artes escénicas.
Durante una charla de cafetería, en donde la gente habla en voz alta y manotea, comprobamos su desdén por los triunfos y aplausos cosechados a lo largo de su trasegar en el teatro, principalmente por la "barrida" en el zonal universitario realizado en Armenia en 2018, en el que el grupo Laberinto y su obra Cabaret acapararon todos los galardones entre los resplandores de los asistentes y el máximo reconocimiento para la Universidad de la Amazonia.
No le dejaron nada a los demás participantes porque se trajeron  los trofeos como mejor obra, mejor puesta en escena, mejor director, mejor vestuario, mejor escenografía y mejor maquillaje.
Edilberto es una institución en el teatro nacional, tiene el alma inmortal de la belleza artística a pesar de que cuando terminó su bachillerato y ante la disyuntiva de escoger entre el deporte y el arte escénico para su formación universitaria, enamorado de los dos, un “carisellazo” nos lo puso en el camino de animador en ese mundo de seres irreales pero bien representados.
En ese ejercicio capaz de esconder las angustias y los dolores con escenas rituales, de dibujar con gracia los momentos más cruciales de la vida nacional, estuvo en Barcelona, España, donde vivió ese espíritu endiablado y pecaminoso de los cabarets, se vistió de rojo para bailar bolero y se llenó de imágenes que fueron como piezas de un rompecabezas que armó después a punta de creatividad y con el apoyo de los integrantes del grupo Laberinto, fundamentales en la conquista de los éxitos.
En medio de la mezcla confusa de histriones, bacanes, oradores de taberna, escritores infalibles, hombres y mujeres infieles, sacerdotes descarriados, bombillas multicolores, las sofisticadas ejecutantes de la “barra del placer” y el portero que invita a los transeúntes a sumergirse en los placeres de la noche, se inspiró Edilberto para crear su obra Cabaret, que a sido presentada por ciclos en el Campus Porvenir de la Universidad de la Amazonia.
En medio de la nostalgia que produce coger del espejo retrovisor de la vida, con una mirada tranquila y gozando con los hilos del recuerdo, Edilberto revive sus aventuras en el campo y sin esfuerzo escucha los sonidos de los caballos atascados en el barro, los cantos de los pájaros al amanecer, el rumor de la quebrada La Perdiz cuando se “volaba” en la balsa de su papá, el peligro del ganado arisco, el canto armonioso de los gallos en la madrugada, los aullidos de los perros y también sus lanzamientos al agua para rescatar el balón con el que jugaban los mayores en el entonces colegio Antonio Ricaurte.  “Mis aventuras al aire libre me volvieron sensible a las riquezas naturales y me abrieron la imaginación, me pusieron a volar y me lanzaron al espacio de la observación, precursora de la creación”, me dijo con el pocillo de café muy cerca de su boca.
De modales desabrochados, tiene lo que necesita un buen actor: la audacia de un loco mezclada con los gestos de un niño precoz. Pero también posee otra virtud, componente igualmente importante para su oficio, el don de mando que en una obra resucita las esperanzas de los desesperados.
De tanto estudiar y ensayar gestos, posturas y ademanes, de impostar la voz y pintarse la cara, algo se le ha quedado, pero lo que más se le nota es el rito de cariño con el que se refiere a su trabajo como teatrero y como docente de la Universidad de la Amazonia, cuyas clases son verdaderas escenografías de vida llenas de realidades aterradoras sobre el país violento en el que nos ha tocado vivir.
Pero también de esperanza porque confía en que la vida y los acuerdos de Paz le permitirán montar la obra de la reconciliación entre los colombianos, libre del huracán de la politiquería que se mueve en todos los escenarios, con la verdad y la convivencia que se palpen y se asomen en todos los ingredientes del teatro, desde el vestuario hasta el maquillaje.
Como el arte teatral es una forma de expresión capaz de inscribirse en cualquier espacio, Monje se apropió de una de las bodegas sombrías del antiguo Idema, en la sede Centro de la UDLA, y de a poco le ha dado dimensión escénica, cuyo último desarrollo fue la instalación de la tarima utilizada para los actos del Encuentro Nacional de Estudiantes, ENEES en octubre de 2018. Es un verdadero laboratorio en el que han nacido todas las obras que trabajan los integrantes del grupo Laberinto.
Cree que las circunstancias o momentos de devastación pueden ser la antesala del sepulcro o del éxito, de acuerdo a cómo se manejen y recuerda cuando en Andalucía, Valle del Cauca, quedó atrapado en un caudaloso canal de riego subterráneo pues  la salida estaba obstruida por un ternero muerto. “En medio de la oscuridad, con poco aire y golpeándonos fuertemente contra la paredes y contra el animal, pensé que Dios estaba indignado por mis fechorías y con su mano tapara la salida. En esos momentos caóticos, cuando desmaya la fe y brotan las peores incertidumbres, es cuando deben aparecer las virtudes”, me dijo.
Tiene tres hijas –Juanita, Laura y Sofía- con su esposa Clara Olaya, y muchas veces, cuando las observa en labores de maquillaje, le viene a su memoria aquel día cuando en Andalucía, Valle, vestido de payaso, se pintó la cara con un rara sustancia…”tan rara, dice, que duré pintado todo un mes”. Fue tanta su afición por el teatro que muchas veces cogió huevos recién puestos en el corral de su casa y tomates verdes que vendió para conseguir la entrada al circo. Fue su enamoramiento definitivo del teatro y el comienzo de su inducción. Allí se le pegó la gomina que desembocó con la formación de este personaje popular, querido, reconocido, del que todos disfrutamos.
Tampoco podrá olvidar sus primeras experiencias, ya formales, en el teatro, al lado de dos de sus amigos del alma, Manuel Cortéz y Rodolfo Vela, con el grupo Simacota, que los puso principalmente en escenarios escolares y con el que comprobaron lo difícil que es recordar los textos y simultáneamente adoptar un gesto, al tiempo que ganaron en el uso la dicción adecuada mientras sumaban la indulgencia del público. Fueron tiempos de auge del teatro en Florencia hasta imponer la presentación de sociodramas severamente críticos en casi todas las reuniones de padres de familia y en los llamados centros literarios semanales. Nos acordamos de otro grupo, El Sapo, del inquieto Fabio Valderrama (q.e.p.d).
Cuando se difundió la noticia sobre la “barrida” del grupo Laberinto en el zonal universitario de Armenia, me imaginé a Edilberto y sus muchachos en la preparación, en el vestuario, en la narración, en el maquillaje, en la descripción y en la puesta en escena de una obra que se agita en los pies de todos los caqueteños: la construcción de la Paz después de estar arrodillados ante la violencia.
Y en sus libretos desfilarán los que dudan, los que aplazan, los que retroceden, los que esperan y hasta quienes tienen miedo de que la Paz los cambie positivamente.
Porque, como en las obras de teatro, cuando ya se han ido los asistentes, comienza otro capítulo, el de la revisión. En Caquetá ya se fueron los combates y las “tomas”… solo quedan el silencio y el dolor…se asoma la Paz entre el vestuario y Edilberto Monje con sus escenografías de vida y de futuro.

Personajes de la vida cotidiana. Los desminadores: la fraternidad con la muerte


El desminador tiene la certeza de que bajo sus pies está la muerte, pero también la vida, la esperanza, el triunfo y la gloria. Y en su peregrinación guerrera, en medio de la incertidumbre de su soledad hostil, extiende sus pies y da pasitos suaves, como un adolescente que camina ansioso en busca de la emoción y la delicia del primer beso.
Miguel Ángel Hernández es un soldado profesional de 38 años y participó en el proceso de desminado que terminó el 9 de abril de 2019 con la proclamación del municipio de Valparaíso, Caquetá, como territorio libre de sospecha de minas antipersonas y otros elementos sin explosionar. Lleva 18 años en el ejército y dijo que por la guerra y por el heroísmo, su adolescencia y su juventud las pasó dedicado a los combates, mientras sus amigos de generación las vivieron en el seno de sus hogares.
-El primer beso que desfloró mi frente fue un enfrentamiento y la voz de los combates le contaron a mi corazón los secretos que las mujeres le dicen a los jóves, le dijo Hernández a periodistas que lo abordaron durante el acto desarrollado por la Sexta División el en el municipio de Valparaíso para entregar el informe final de las operaciones de barrido en el citado municipio.
Moreno, con la piel curtida por el sol, siempre está al lado de su perro “Quijote”, un Pastor belga malinois. Frío pero sociable, disfruta con el éxito que le ha puesto el penacho de luchador sobre su cabeza, cubierta por el casco protector de los desminadores, que les pone un aire de robots.
Orgulloso, recordó sus hazañas en el bosque y explicó que el canino barre 100 metros en media hora, mientras una persona invierte 4 o 5 días para la misma tarea. Con nostalgia recordó el paisaje funerario que se observa después de las operaciones de extracción de las minas. Precisamente, para recuperar esos espacios, el batallón de ingenieros de desminados No 1 sembró al menos 200 plantas de guadua, guamo, cedro y otras especies.
Mientras los perros desarrollan capacidades de detección de las minas con el olfato potente y su jadeo constante, los desminadores aprenden a percibir el eco y las vibraciones de las minas, en un trabajo complementario de hombre-animal, tras la terminación del conflicto y en desarrollo de los acuerdos de Paz suscritos entre las FARC y el Estado colombiano.
-Los soldados y los perros somos una sola familia y el canino se convierte como en un hijo, al que tenemos que ofrecerle todos los cuidados, dijo el desminador Hernández, tras indicar que sus días más felices han sido aquellos en que la jornada parecía más desgraciada. “Pero siempre que salgo a campo, me acuerdo de mi familia y me encomiendo a Dios”, observó.
Acostumbrado a las dificultades del bosque, ha desarrollado una especie de fraternidad  con la muerte y con todos los retos asociados a sus tareas y ahora que disfruta del triunfo sobre los materiales contaminantes se extraña con la normalidad de la ciudad. Como los mineros que solo pueden caminar en el fondo de sus cavernas y la luz les hace daño.
Las minas son el recuerdo y el alma de la degradación del conflicto en Colombia y con el barrido que se hace en distintas zonas del territorio caqueteño se apaciguan los  temores y se percibe un aire perfumado de calma que se escapa de los acuerdos de Paz.
Anónimos, como la mayoría de héroes y personajes de la vida cotidiana, los desminadores se vuelven públicos cuando cometen su primer error, que siempre es el último…entonces, son mencionados en los noticieros de radio y televisión, en la prensa escrita y en las redes sociales. Sus fotos en las páginas de los diarios son vistas con cierta morbosidad curiosa..
Desaprender la guerra es la consigna…para sanar las heridas con el perdón, el olvido y la identificación de las causas que nos llevaron a una guerra fratricida.
Como el desminador que espera la señal de su perro, esperemos que el futuro nos libre de las minas y de las penas de ayer.

Segundo Encuentro por la Verdad: “La indiferencia duele más que la desaparición”

Levantando el sudario de sangre, de olvido, de desprecio social, de injusticia y de indiferencia que cubre a las víctimas de la desaparición forzada en Colombia, cientos de madres y familiares mostraron los dolores del viacrucis que los tortura, que los quebranta, que les pulverizó su vida  desde el momento en que la violencia les arrancó un ser querido del seno de su hogar.
Y con ese aguijón que absorbió toda la savia de sus almas, convertido en organización y fuerza, descobijaron las discriminaciones y humillaciones que han recibido a lo largo del proceso de búsqueda de sus familiares y le pidieron al Estado colombiano, a la comunidad internacional y los mismos connacionales, sumarse a esa brigada que va más allá del hallazgo de los cuerpos y apunta hacia el esclarecimiento de los hechos, la identificación de las causas y la siembra de condiciones que garanticen la no repetición de las  atrocidades que caracterizaron la reciente historia del país.
El encuentro de este martes en el recinto de la Cámara de Comercio de Pasto superó los aspectos meramente testimoniales y arrojó importantes avances conceptuales sobre la desaparición forzada en Colombia, sus impactos en el tejido social, en la conducta de las personas afectadas y también en las respuestas institucionales.
Más allá de los relatos dramáticos que comienzan en una inspección de policía, siguen en la Fiscalía, se complican con los desplazamientos sin dinero, avanzan hacia las organizaciones sociales, siguen con la búsqueda hasta debajo de las piedras y en los sueños, y se diluyen en la tramitología o quedan reducidos a las marchas, los plantones y a las galerías de fotos, la sesión este jueves en la mañana, le dio un vistazo a las alternativas de búsqueda, al cambio de metodologías e investigaciones que realizan las buscadoras, que son consideradas, además, como verdades sospechosas por parte de las autoridades.
Las reconocidas dirigentes de las organizaciones que buscan desaparecidos Luz Marina Hache, Adriana Quintero, Nélida Algarra, Janeth Bautista, Martha Oviedo y Lina Quevedo, abrieron el intercambio de saberes y experiencias en el acto de este jueves temprano y todas coincidieron en que las derrotas no las abaten y están dispuestas a hacer de su Victoria el reinado de la Verdad.
Del mismo modo, se enfatizó en el tratamiento despectivo que reciben los familiares de los desaparecidos negros, indígenas, mujeres y miembros de grupos minoritarios, en una abierta conducta de exclusión. También se mencionaron las distintas formas de violencia sexual con las que agreden a las mujeres que buscan a familiares desaparecidos.
En relación con las respuestas institucionales se acusó a la JEP, que hasta el momento no tiene ni un caso de desaparición forzada, y se insistió en que la Verdad y la Justicia deben ir de la mano como única garantía para la no repetición pues la impunidad es el caldo de cultivo para nuevas desapariciones. Para algunos de los participantes, Colombia vive un posconflicto, en el conflicto, pues persisten muchas condiciones similares al reciente periodo de cierre de la violencia.
Una de las exponentes aseguró que la búsqueda no debe excluir la sanción, que según su opinión, se ha dejado a un lado porque muchos consideran que el hallazgo de una víctima es un premio y se olvidan de la parte de responsabilidad. Algunas madres también insistieron en que las labores de búsqueda de los desaparecidos no son solo una responsabilidad de sus familiares.
En todo caso, esas memorias de las páginas tristes de la historia de Colombia, tan pálidas, llenas del silencio y del misterio de los desaparecidos, aunque profananadoras del recuerdo, hacen parte también de la Verdad que buscamos.
Cuando terminaron su exposición, algunas Madres estaban pálidas, temblorosas, con sus labios contraídos, como si todas las cóleras, los miedos y la desesperanza hubieran pasado por sus corazones.
Pero a pesar de sus penas profundas, la indiferencia les duele más que las propias desapariciones.