martes, 27 de junio de 2017

Dramas y anécdotas de la cotidianidad en Solano, Caquetá


En una finca donde pernoctamos hace unas pocas semanas, uno de los raspachines salpicaba de sangre su pañuelo al estornudar. Preocupados, sus compañeros le dijeron que se fuera para el pueblo porque esa sintomatología podría corresponder a un problema grave. El hombre, entre inocente y despreocupado, dijo que no podía ir al médico porque estaba enfermo.
En la inspección de Mononguete encontramos un gallo con dos cabezas y en la inspecciòn de Campoalegre, una gallina con 3 patas. En el casco urbano, nacieron dos pollitos que comparten una pata y las señoras de mayor edad aseguran que provienen de un huevo de dos yemas, insuficientemente incubado. Los colonos, indígenas y campesinos atribuyen estos fenómenos a las fumigaciones con glifosato que "nuestro" gobierno ha permitido para congraciarse con su patrón del norte, a pesar de los daños irreparables causados a la naturaleza.
Y en un caso parecido al del raspachín enfermo, un muchacho de 10 años nos dijo que su papá le había regalado libros, cuadernos y enciclopedias pero que no iba a la escuela porque "para qué si no se leer".
Pero un episodio que nos impresionó porque refleja la nociva influencia del conflicto armado en los niños y que se siente con mayor fuerza en estas regiones que han sido escenario de la guerra, lo vivimos en una escuelita muy hermosa, la típica escuela campesina, en el filo de una pequeña colina, de color azul encendido, con corredores amplios que le dan la vuelta y un patio grande en donde se siente desde lejos el cacareo  de las gallinas y el canto del gallo padrón. Mientras hablábamos con la profesora, uno de sus alumnos de 7 años, llegó llorando  y se quejó ante la maestra porque, según dijo, habiendo matado a su compañero, éste no se quería morir. 
En una zona donde se vivió la intensidad del conflicto, en donde el avión fantasma y los helicópteros artillados descargan ráfagas y bombas dirigidas con rayos lásser que enrojecen los cielos en la noche o cuando los policías disparan sus armas pocos minutos después de la suspensiòn del servicio de energía en el casco urbano del municipio de Solano, en lo que llaman entrenamiento o medición de la disposición de combate, los niños juegan sucesivamente a soldados o guerrilleros y convierten palos y piedras en fusiles y bombas...se "matan" los unos con los otros y el niño de la historia, naturalmente, se enojó porque dándole a mansalva a su adversario, tenía que haberse muerto de manera instantánea, pero el muchacho seguía caminando. La profesora los reunió y después de una charla que dirigimos conjuntamente, los alumnos se pusieron a disparar de nuevo, pero frases de convivencia, oraciones de tolerancia y ráfagas de reflexiones sobre la necesidad de luchar constantemente por la paz del país.
Pero el drama cotidiano que viven los campesinos y colonos obligados por el abandono oficial y por su pobreza, es el aprendizaje para sobrevivir de los cultivos ilícitos...estigmatizados, perseguidos y satanizados por las autoridades, son conscientes de los riesgos que implica esa actividad pero ante la falta de alternativas, deben asumirlos aunque les cueste la vida o la libertad. El caso de Arley, un niño "apenas gateadorcito", como dicen las abuelas, sintetiza ese drama y tales riesgos. Sus papás le hicieron una torta, la mandaron a decorar, le pusieron una velita dorada en el centro para celebrarle su primer aniversario. Pero también remojaron con furadán, tal vez el más poderoso matamalezas existente en el mercado, varios trozos de pan para acabar con los ratones de la pequeña parcela. Las trampas fueron colocadas en los habituales corredores de los roedores que en su lucha por alcanzarlos, dejaron caer al piso algunos pedacitos que fueron consumidos por el niño...el bebé fue traslado de urgencia a la capital del departamento y a la finca llegaron muchos vecinos no a la fiesta de cumpleaños sino a una rogativa por la recuperación del pequeño y encendieron muchas velas en una plegaria que se prolongó por varios días. Este tipo de riesgos y los asociados con el conflicto como caer en una mina o ser señalados como guerrilleros o "sapos", tienen que correr los campesinos para conseguir un caldo de papa que se toman como única comida diaria. Y pensar que en las ciudades existen perros, gatos, caballos y otros animales  que viven mejor que muchos compatriotas...cosas de la desigualdad...hasta cuándo????

viernes, 23 de junio de 2017

Animales virtuosos por el río Caquetá

A lo largo de un recorrido por el río Caquetá, encontré 4 animales famosos por sus virtudes asociadas con la vida y con la muerte. Aunque 3 de ellos han sido reconocidos en otras regiones del Colombia, son muy abundantes en el exótico, variado y espectacular zoológico de la selva caqueteña.
La Conga, una hormiga muy peligrosa, capaz de causar con una sola picadura un dolor muscular y una fiebre intensa durante una semana,  considerada como la reina de las hormigas, presenta un singular y cinematográfico caso de transformación en el que la muerte es el comienzo de una nueva vida. Este insecto himenóptero, muy querido por la población indígena y temido por los blancos y negros, tiene una especial predilección por las semillas del yaré, el bejuco utilizado por colonos y campesinos para remplazar al alambre. Las semillas germinan en su abdomen, producen la muerte de la hormiga, que se fija en el arbusto huésped de la planta parásita y pocos días después se pueden observar las raicillas que salen por los ojos, por la boca y paralelas a las patas de la conga. Los indígenas utilizan el yaré -no confundirlo con el yagé- para amarrar las bigas de sus malocas, para la construcción de utensilios de cocina y en distintas actividades de artesanía.
También existe en la región una mariposa de llamativos colores, distintos en el reverso de sus alas, muy voraz, cuyo macho se distingue por exhibir un bellísimo azul tornasolado, del cual también nace otra parásita muy común en la región. El espectáculo que ofrece la germinación de la planta al brotar por los ojos reales y por los ojos pintados de este insecto, es sencillamente abrumador por el contraste de colores que forman un arco iris flotante con los movimientos producidos por el viento suave.
A pocos metros de la desembocadura del río Caguán al Caquetá, y en la parcela de un extraño hombre promiscuo e incestuoso, que tuvo 20 hijos en dos mujeres hermanas y en las hijas de sus hijas, los gallos que salen de las distintas camadas no pisan a sus hermanas, en un contraste con las relaciones del citado colono. Es increíble, pero los descendientes de Chelo, el cojo, como se llama el personaje, tienen que conseguir los huevos para la reproducción entre los vecinos lejanos porque tampoco permiten la presencia de gallos traídos de otros corrales.
Finalmente, la boa, conocida como "el monstruo de Solano", famosa porque se ha tragado atropelladamente y sin mascar, a muchas personas y animales en presencia de bañistas y transportadores, fue vista de nuevo hace pocos días en el antiguo puerto principal, hoy muelle de la inspección fluvial. El último engullido fue un trabajador adscrito al servicio de erradicación de la malaria, quien cayó de un yate y entró directamente a las fauces de la enorme serpiente. Este monstruo de la muerte se mueve constantemente entre la bocana del Orteguaza y el muelle de ese municipio y su vivienda es una insondable cueva que ya comenzó a provocar un serio fenómeno erosivo por cuenta del cual el muelle local podría desaparecer.
PD: a propósito de la conga, a un estudiante de la escuela La Esperanza, a solo una hora a pie del perímetro urbano de Solano, le preguntaron cuál es el insecto que pone los huevos más grandes?
-La conga", respondió el muchacho...
-Explíqueme por qué la conga", le dijo la profesora extrañada por la inusual respuesta...
-Pues a mi papá lo picó una conga y se le pusieron muy grandes", replicó en medio de la ingenuidad y sin sonrojarse por la respuesta.


miércoles, 21 de junio de 2017

Capuchino en una fonda cafetera urbana de Circasia, Quindío


En las montañas, en los valles incendiados por el calor, en las cañadas y hasta en los solares de pequeños pueblos del eje cafetero, se respira, se transpira, se prepara y se disfruta el aroma de este grano, cuyos productos generaron una cultura que identifica y distingue a la región. Y la bebida que se prepara por infusión de esta semilla, tostada y molida, es un emblema colombiano en el mundo.
El asentamiento de los productores cafeteros se hizo después de un duelo inmenso con la naturaleza, a punta de hacha y machete, apoyados por la mula terca y fuerte, y por su persistencia de gotera, por su fuerza y por sus arrestos.
Esta tarde, cuando en Circasia, Quindío, entramos a una fonda urbana, “El café del guadual”, nos encontramos frente a la síntesis del péndulo eterno de la cultura cafetera que oscila suspendido en los hilos del trabajo y la honradez, con los altibajos y brincos tan comunes como su geografía.
Las alegrías por los triunfos y los hechos siniestramente tristes de la violencia, o los saltos bruscos de los precios del grano, se reflejan en las estampas pegadas en sus paredes, en los monigotes construidos por los niños y por recolectores analfabetas, y en los cuadros y elementos desnivelados que cuelgan  por todo el local.
Cuando la tierra gime por los temblores o cuando las chapoleras bellísimas recolectan el grano, se siente el calor del tinto que devora los temores, derrota las amarguras y celebra las conquistas. A un capuchino, que nos sirvieron en un pocillo de esmalte con peladuras, al estilo campesino, le pintaron con la crema una rama de cafeto, como otra síntesis de la imaginación y creatividad de la gente del Quindío.
Y en esa asociación de cosas vinculadas al trabajo cafetero, vimos hasta la maleta grande, de color marrón, para el momento del abandono, de la partida voluntaria o forzosa, para el comienzo de la ruta incierta porque los caficultores –y los recolectores, principalmente, son trashumantes por instinto.
El canasto para la recolección del grano en la mata, el costal 3 rayas, la tolva o cono invertido en donde se echan los granos para descascarar; la tostadora, el molino, la máquina para preparar el café y los pocillos históricos servidos sobre mesas de madera y taburetes de vaqueta, comparten el paisaje de la actividad cafetera resumida en este paradero sencillo pero enormemente significativo.
Campesinos soñadores, o tenebrosos, bebedores, sinceros o ficticios, escondidos en tiendas, cantinas y fondas en medio de la bruma de las montañas; contertulios con las frases de Vargas Vila a flor de labios o con las canciones de Olimpo Cárdenas reventando sus gargantas o rumiando sus sueños, entre luces trémulas, se ven, del mismo modo, en las fotos amarillentas.
Una época que ya no tiene fuerzas para volver porque los de hoy no tenemos conciencia para recordarla pues estamos asustados por este tiempo deforme y azaroso en el que vivimos. Son vestigios de lo que fue, con gérmenes no cultivados de lo que será.
El sombrero para protegerse del sol y de la lluvia y para cubrir sus pensamientos; el carriel, para guardar los documentos, el dinero, los tabacos, los cigarrillos y las fotos de  la mamá, de la amada y o la puta quien, consintiéndolos hipócritamente, les quita el billete los domingos; la ruana, que mantiene el calorcito al final de la jornada, los acompaña en los viajes al pueblo  y cobija sus anhelos, casi siempre frustrados; el apero,  para montarse en el caballo prestado del patrón en las ferias populares que los hace sentir como Atila cuando en su bestia pasaba atropellando la libertad y el derecho; el poncho, los alpargates, el zurriago, la mulera, los zamarros, el rejo y la enjalma para sus labores de arriería cuyos madrazos reverberan  todavía en las hondonadas y desde las crestas de las colinas montañeras. Ah, y hasta la mica o bacinilla para las necesidades nocturnas o para “cagarse en la suerte de los enemigos”, como me dijo uno de los visitantes, hacen parte de los elementos de la raza cafetera.
Saboreando el capuchino, mamá Alicia y mis hermanas Adiela, Martha y Liliana, se transportaron a los tiempos de infancia en la inspección de El Caimo, vereda Golconda, fincas Leticia y El Silencio en donde sentimos con pasión la cultura cafetera que nos marcó con una impronta imborrable como personas de lucha y simpatía.
Cuando pedimos la cuenta, volvimos al presente porque además de los capuchinos desocupamos la vitrina de las almojábanas y las tortas. Después de una carcajada entre bestial y sagrada desde ese recinto del pasado, sentí miedo de mirar el porvenir porque las grandes ideas y los grandes hombres han  desaparecido.

Casa en  Circasia que conserva la arquitectura histórica de esa poblaciónCasa en Circasia que conserva la arquitectura histórica de esa población
Al pie de un costal 3 rayas, lleno de caféAl pie de un costal 3 rayas, lleno de café
Con la crema, le pintaron una rama de cafeto al capuchinoCon la crema, le pintaron una rama de cafeto al capuchino

viernes, 16 de junio de 2017

¡Hasta luego, Mariluz!!

¿Acaso el dolor es una parte de nosotros mismos?
La reflexión transforma el dolor, pero  somos masoquistas y a veces, con los recuerdos, sufrimos por haberlo superado
La muerte pone en evidencia la tormentosa impotencia de todos los esfuerzos que hacemos en la vida y entonces no sabemos cómo vengarnos de la parca.
Cada amigo que se va es un campanazo sobre la cercanía de las sombras de la noche que están a punto de atraparnos.
Cuando en septiembre de 2016 compartimos varios días con los miembros de la colonia de caqueteños en Ibagué, fuimos reiterativos en el abordaje del tema de los recuerdos como una manifestación inconsciente del miedo que le tenemos al pórtico de la vejez, ya próximo, por el cual ingresamos a los jardines de los años postreros.
Y en medio de esta paz triste y precaria que vive Colombia, revivimos los vuelos apasionados de la juventud, como una coraza protectora del terror que le tenemos a la parca.
Y sobre ese valle feliz de griterías, todos supimos que el ala misteriosa de la muerte se extendía entre nosotros, ya por las edades, por las enfermedades, por las contingencias cotidianas, por los accidentes, por el cierre del ciclo generacional.
Hermanos en la alegría, en el ensueño de los recuerdos, en el espectáculo de nuestras vidas, hoy la parca nos demostró que la vida es un columpio desde el cual no podemos saber lo que ocurrirá en los próximos minutos. Las sorpresas, los hechos imprevistos e inexplicables hacen parte de llavero que llevamos en el bolsillo o en la mano. El vértigo del dolor y del mal está ahí pero no lo vemos porque no resuena con la intensidad de las alegrías.

Nunca estaremos suficientemente preparados para el rompimiento de los lazos afectivos que nos unen con muchas personas, en especial con aquellas más cercanas porque muchas veces nos ponemos lejos de la visión de los dolores ajenos y caemos en la insolidaridad derivada de la ingratitud.
La decoración del encuentro de Ibagué fue engalanada por la sonrisa fresca de Mariluz, quien durante varios meses trabajó con intensidad al interior del comité organizador, a pesar de las limitaciones físicas ya impuestas por la enfermedad,  para asegurar el éxito de ese proyecto que creció hasta lograr la presencia de más de 130 caqueteños. En el salón, su rostro encantador como el de una niña, con una extraña belleza y su personalidad funcionando como un imán que atrajo a los asistentes, se ganaron la admiración y el respeto. De hecho, los asistentes le rindieron homenaje con un largo aplauso a instancias del propio comité organizador que destacó su esfuerzo en el proceso de organización del encuentro..
Hoy concluimos que se trataba de una tempestad escondida por las nubes de la falsa serenidad que no dejaba ver a la parca emboscada en el recodo de la mitad del año.
Sin embargo, debo confesarlo, Yo adiviné que esos ojos inquietos de Mariluz habían llorado pues existen almas que no pueden escapar ni un solo momento a las miserias de la vida. Fui a uno de los baños y con una cerveza en la mano también estuve a punto de entrar en llanto. No por sus limitaciones, sino por su valor, por su fraternidad espiritual, a pesar de la penas y dolores que crecían en su interior.
Me guardé ese momento de aflicción que reviví hace una semana cuando Toño Marín me informó sobre la agudización de las condiciones de salud de la querida esposa de Bernardo. Fue un secreto inviolado hasta este momento, tras una corta visita al apartamento de la familia Marín-López, en Ibagué, en compañía de Luis Angel Sánchez, "Eusajo".
Convencidos del fatal e inapelable desenlace, nos miramos durante horas al fondo de nuestros corazones. De manera no deliberada, hablamos como con los ojos vendados, espantados por una realidad que no admitimos, en la sala de su apartamento, esperando a la muerte intrusa que no habíamos invitado.
Fue como una rara fraternidad con la parca que por momentos me hizo pensar en la fraternidad con la violencia que hemos practicado por años en este país casi inviable.
Todas la virtudes, toda la bondad, toda la resistencia del mundo entrarán con Mariluz a la eterrnidad y florecerán sobre ella como un manojo de lirios abiertos para perfumar el sendero que inevitablemente tomaremos -más temprano que tarde- quienes le hemos sobrevivido.
La mano asesina de la parca mandó un batacazo muy cercano, el hedor de su paso nos estremece y sus garras flotan todavía en los contornos. ¡Pongámonos de pie para verla pasar...y para vencer el dolor!!
¡¡Hasta luego, Mariluz!!!

miércoles, 31 de mayo de 2017

Centro Nacional para el estudio del bambú-guadua, la biblia del llamado "acero vegetal"

Los guaduales son una de las más grandes armonías de la naturaleza; cantan o lloran, según cante o llore en nuestro espíritu, la conciencia íntima, nuestro Yo.

Los Quimbayas le dijeron "caña gorda" por su parecido con la planta del azúcar y en la región conocida como "Antioquia grande", pueblos enteros, aferrados de las laderas y de los filos de las montañas, sostenidos en guadua, conforman conjuntos que se ven excepcionalmente en esta zona del país, flotando y soportando el paso de los años. Esta característica fue determinante para que la UNESCO declarará al  "Eje cafetero" como Paisaje Cultural de la Humanidad, pues no solo el verde que tapiza las laderas enmarca la belleza singular que hoy es atractivo para el turismo nacional e internacional, sino la armonía que el mismo conjuga con la arquitectura y colorido de sus edificaciones, tanto en la zonas rurales como en las urbanas.
También se les reconoce con el nombre de "tacuaras"y "cañazas, pero universalmente reciben el nombre de bambú americano. En 1806 fue descrita por Alexander Von Humboldt como bambusa-guadua.

Su uso es tan antiguo que, según el libro ‘Nuevas técnicas de construcción en bambú’, en el Ecuador y Colombia se han encontrado improntas de bambú en construcciones que se estima tienen 9500 años de antigüedad.
Puentes colgantes y atirantados de impresionante precisión de ingeniería, poderosas embarcaciones así como flautas, quenas y marimbas, fueron construidos por los incas con este recurso durante la época de preconquista, y después de ella la especie fue la encargada de proteger a los indios y hasta pequeños pueblos del asedio de los españoles escondiéndolos tras sus espesuras.
La arquitectura regional de la zona cafetera adoptó la tradición indígena del cultivo y el manejo de la guadua en las técnicas constructivas correspondientes, como su fundamento esencial.
En 1988, la Corporación Autónoma Regional del Quindío -CRQ- fue distinguida con el premio nacional del Medio ambiente, por la importancia que ya representaba el Centro Nacional para el estudio del bambú-guadua en el campo de la investigación, y por los logros que se habían obtenido con los estudios de este Bambú Americano como recurso natural e industrial.
Según estudios publicados en Wikipedia, en Colombia la guadua ha sido sometida a grandes presiones deforestadoras; de extensas áreas existentes ha pasado a pequeñas manchas boscosas ubicadas en las orillas de los ríos y en los bosques húmedos de las laderas de montaña, especialmente en los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca, Cauca, Antioquia y Santanderes.
La guadua es un vegetal de rápido crecimiento que puede alcanzar 25 metros de altura en 6 meses y hasta 21 centímetros de crecimiento diario en zonas cafeteras. Es una planta que regula la humedad del suelo porque retiene agua en periodos lluviosos y la entrega en periodos secos y tiene registrados más de 1000 usos en Colombia.


Ubicado a tan solo 22 kilómetros en la vía Armenia-Córdoba, el Centro Nacional para el Estudio del Bambú Guadua presta los servicios de capacitación a profesionales, universitarios, estudiantes, agricultores, asociaciones, grupos ecológicos y otros grupos de interés de cualquier región de Colombia y visitantes de otros países. Además, en sus laboratorios se llevan a cabo investigaciones permanentes sobre su mejoramiento, nuevos usos, agentes perturbadores de su desarrollo como coleópteros de distinto tipo y en general sobre todos los aspectos asociados con su cultivo, intervención y usos.
De acuerdo con la ingeniera Eucaris Millán, administradora del Centro, está a punto de terminar un proceso de readecuación de las instalaciones, que estarán de nuevo al servicio de los visitantes a partir del mes de agosto próximo. Inicialmete, dijo, el servicio de acompañamiento y asesoría se prestará mediante inscripción previa.
Exquisitos, tiernos y a veces tormentosos, los guaduales son una de las mayores armonías de la naturaleza. Los paisajes exteriores que moldean, modifican los paisajes interiores de las personas que los disfrutamos. Su perfume penetrante despierta un placer perturbador y el rumor de su movimiento flota mágicamente.


"El aprovechamiento es una práctica silvicultural de mantenimiento y mejoramiento del guadual. Puede definirse como una práctica silvicultural que procura crear condiciones favorables en el guadual, lo que implica el mejoramiento de la regeneración natural y de la composición estructural, que aseguran el máximo rendimiento sostenible, dijo la ingeniera Millán para justificar las actividades de intervención de los guaduales del Centro Nacional de la Guadua. 
"En los bosques de guadua, el proceso de sucesión, se puede considerar como progresivo cuando su manejo muestra el guadual en equilibrio biológico, contrario cuando se produce alguna alteración o deterioro en su estructura, producto de una intervención natural o artificial caso en el cual se considera que el guadual comienza a presentar una sucesión regresiva, lo cual puede ocasionar su completa desaparición", explicó la profesional.

Para evitar el proceso de sucesión es necesario conocer y diferenciar todos y cada uno de los elementos que conforman el guadual. Su conocimiento permite aprovechamientos técnicos, además de conocer su dinámica dentro del proceso de productividad del guadual.
Entre las causas que ocasionan la llamada sucesión regresiva del guadual está el no manejo, ya que si los guaduales no se aprovechan tienden a degradarse por exceso de individuos en determinado momento y/o por disminución de la actividad biológica o dinámica del guadual.
Por lo expuesto anteriormente los guaduales deben intervenirse periódicamente para regular el espacio vital de sus individuos y para favorecer una mayor aparición de rebrotes o renuevos. En Colombia, se han realizado investigaciones sobre aprovechamientos técnicos debido a que la gran mayoría de bosques se encuentran muy densos por falta de manejo, o muy intervenidos por una explotación antitécnica.
Es necesario determinar para cada sitio, el ciclo de corte o periodo de corte a transcurrir entre un aprovechamiento y otro, y la intensidad de corte, o sea la cantidad y clase de individuos a extraer en cada ocasión, siendo esto lo que constituye propiamente el Plan de manejo técnico de un guadual.




Con el aprovechamiento técnico se busca obtener un equilibrio en el bosque, en el ambiente y que a través de él, se obtengan ingresos según el manejo sostenible del recurso. En el Centro Nacional de la guadua se abordan todos estos temas y periódicamente se socializan las conclusiones de los estudios.
Aunque las instalaciones del Centro Nacional de la guadua tienen un aspecto aparentemente conventual, sus amplios corredores enchambranados son la antesala de los guaduales que lo circundan, los mismos queestán en las canciones, que embelecen los valles y montañas, que guardan los arroyos, ríos y quebradas del eje cafetero.
Esos guaduales que baten sus hojas diminutas y se inclinan reverentes por la furia del viento. El conocido empresario Luis Ángel Sánchez asegura haber escuchado el testimonio del célebre compositor Jorge Villamil, quien le dijo pocos meses antes de su muerte que su tema famoso, "Los guaduales" fue compuesto durante una visita a la vereda Versalles, del municipio de Acevedo, en una finca sobre la vía a la inspección de San Adolfo, por petición de una señora que lo reconoció mientras descansaba sobre una hamaca y escuchaba los gemidos del guadual.
Los guaduales que ocultan los secretos, los dolores, las angustias, las alegrías que albergan los espejos de agua en el eje cafetero, que empujan los sueños de los campesinos e inspiran a los poetas, están bien cuidados por el Centro Nacional del estudio de la guadua.
Invocando las habilidades de un poeta para rimar hasta el cansancio inspirado por el acero vegetal y por el arco iris que pone entre paréntesis el casco urbano de Córdoba, me subí al bus, de regreso a Armenia.


lunes, 29 de mayo de 2017

Cumpleaños.El laberinto de la soledad

Mi vuelo por la vida, que ha sido una cascada de negaciones, entró en zona de huracanes en la cual la única certidumbre es la horrible soledad que atrapa a quienes vemos morir, despacio pero de manera inevitable, la tarde de la vida.
Y así como la luz llora sobre los picos de las montañas en la hora del crepúsculo, el aire de la soledad se trasforma en borrasca que arrastra nuestras ilusiones, nuestros amigos, nuestra familia, nuestras fuerzas, nuestra voluntad, y devora nuestra salud.
Del mismo modo, se cierran los horizontes de la esperanza y con tristeza observo que a estas alturas del viaje la vida se metió por una larga avenida de cruces de mis amigos y parientes, rodeada de árboles desnudados por el viento y el paso de los años, en uno de cuyos recodos se embosca la parca con su arco envenenado. Es el espanto de quien ha visto morir sus ilusiones.

Es un gran contraste con los campos ya lejanos de la juventud bajo el sol efervescente de la lucha, del heroísmo, del sacrificio por un ideal de justicia social que no pudimos materializar mediante la movilización de voluntades y de masas y nos puso a dudar sobre el secreto de los veredictos históricos arrancados con la fuerza de las armas. Deserté en una trinchera pero los dos grandes amores de mi vida, la libertad y la duda, nunca me soltaron de sus manos enérgicas.
Hoy, al levantarme y con el primer saludo de cumpleaños, me atropelló una gran duda, sin resolución: ¿Las luchas fueron miserablemente estériles  porque, igualmente, fueron cándidamente heroicas?.
Después, cambió la perspectiva de la lucha pero no su esencia. Con el periodismo, clavé muchas veces mis garras sobre el crimen, la corrupción y la asquerosa politiquería que como bestias destruyen al país, pero fui vencido por sus poderosos apéndices a los cuales mi indisciplina e inestabilidad les facilitaron su progreso. Y también por el poder de las amenazas pues la intimidación es un procedimiento horriblemente desestabilizador.
Está pendiente el incendio que destruirá los males colombianos.Será una llamarada, una gran columna de fuego. Y no es solo un deseo romántico porque ya se escuchan voces juveniles amantes de la libertad. Como me lo dijo una tarde Jaime Bateman, el insigne comandante del M-19, una tarde de agosto de 1982 en las selvas del Putumayo: "Mientras exista una sola persona dispuesta a morir por una causa justa, habrá esperanzas".
En esta época del derrumbamiento de los sueños hechos polvo, no quedan sino recuerdos para hacerle el duelo a la muerte de todas las ambiciones. Con mi mamá Alicia, con mis hermanos, con mis hijos, con mis parientes, con mis amigos del alma, busco de manera permanente la chispa que inicie, que desate los recuerdos. Las historias de mi madre, con sus 96 años de sabiduría, son confidencias divinas, relatos besados por los labios de la belleza, con suaves cadencias y frecuentes enlaces con otros episodios. No es una poetiza pero sus recuerdos tienen la musicalidad de los versos que los traigo a cada momento como nuevas revelaciones.

Paisajes, personas, acontecimientos y especialmente las risas, alcanzan dimensiones formidables con la recordación, aunque muchas veces un vaho doloroso se escapa de las praderas del recuerdo y hace temblar las voces de los relatores...y mi alma se perturba. Evocar el pasado es revivirlo y muchas veces vemos los laureles y otras las llagas miserables de la vida.
Para distraer la soledad en esta hora crepuscular del viaje terrenal, revivo mis sueños rebeldes que siempre escoltaron mi juventud batalladora y como único deleite y compañía vivo en contacto con la naturaleza y escribo sobre los sitios mágicos que visito. El sol, el azul del firmamento, las montañas, el jardín del eje cafetero, la calma del atardecer, las promesas de la aurora, el mar que lo contiene todo, el corazón de la selva caqueteña, el desierto de La Tatacoa, las aves pensativas en reposo y en vuelo, la gente, la coyuntura política nacional caracterizada por la mentira, la vanidad y el conformismo; las expectativas de paz, los ríos y en general el milagro de la belleza natural, me empujan hasta las páginas en blanco del computador para "garrapatear"  mis impresiones.

Y aunque mis ojos  todavía no se han fijado en el rostro inmutable e indiferente de la parca, tengo una cita con el irreverente Gustavo Álvarez Gardeazábal para visitar el cementerio libre de Circasia y sus leyendas que han peregrinado por mi sensibilidad desde niño, como una flota de fantasmas que viajan constantemente entre Armenia y Pereira.
Con las manos en el teclado, mirando el último párrafo de esta nota de cumpleaños me consolé:
-¡Esta soledad no es refugio seguro para mi alma...y menos para la parca!!!
Porque el mamagallismo es el abrevadero de los genios.





domingo, 28 de mayo de 2017

¡Hasta luego, Quindío, corazón mío, y sus decoraciones naturales de ensueño!!!




La fiesta del verde en todas sus tonalidades, la gama cromática del firmamento, el olor de la vida saliendo de la vegetación, los robles, los sauces, los nogales, los aguacates, los guaduales y las plataneras, rodean los cultivos de café, en el departamento del Quindío, que constituyen un área única de Colombia declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Aunque la producción cafetera se hace en 16, de los 32 departamentos del país, se estima que es la llamada “Antioquia Grande”, integrada por Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y  varios municipios del norte del Valle del Cauca, la columna vertebral de la economía cafetera. Y los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, son considerados el centro de esa columna, por lo que se les conoce como el “eje cafetero de Colombia”, unidos, además, por condiciones topográficas, costumbres, tradiciones, creencias y lenguaje similares. A su vez, el departamento del Quindío es el corazón del eje cafetero colombiano, inclusive el mapa de esta región muestra la forma de un corazón.




Esta área es representativa de las características naturales, económicas y culturales colombianas, combinadas en una zona montañosa con cafetales cultivados en comunidad, que históricamente fue la tierra de los indios Quimbayas, los más hábiles y refinados tejedores de oro, encontrados por Cristóbal Colón en 1.492, en el “descubrimiento de América”.
Como paradoja, el paisaje cafetero configura una armonía con los contrastes de la topografía y su apoteosis de colores, el resplandor del amanecer, la dulzura del crepúsculo, la palidez de las nubes,  y el color púrpura de las tardes en las extensas planicies o en las montañas coronadas por cerros que apuntan al cielo, como un laberinto demarcado por ríos y pequeños arroyos, a los que se les llama quebradas.
Tras su reconocimiento como “Paisaje Cultural Cafetero, se redoblaron los esfuerzos para dimensionar la cultura cafetera a niveles que permitan su conservación, sostenibilidad, integridad y autenticidad como integración del hombre con la naturaleza y los componentes fundamentales de su condición, como son la simpatía, la “picardía” -o tendencia permanente a utilizar expresiones de doble sentido en sus conversaciones- la solidaridad y el amor al trabajo.
El Paisaje Cultural Cafetero de Colombia es el resultado del proceso de adaptación de los colonos Antioqueños, quienes llegaron en el siglo XIX, que persiste en la actualidad y ha creado una economía y una cultura profundamente arraigada en la tradición de la producción de café.


En el departamento del Quindío se generó en los últimos años una nueva industria, a partir del paisaje cultural cafetero. En Armenia y sus alrededores los viajeros tienen la posibilidad de conocer de cerca la cultura del café al visitar haciendas donde se enseña cómo se cultiva, se recolecta, se beneficia, se seca, se trilla y se tuesta el grano. En algunas fincas se muestra a los visitantes la manera de preparar el café de estas tierras, cuyo aroma es apreciado en restaurantes elegantes de distintos países del mundo.
Y como lo bello es la materialización del sueño, como el ideal tomando forma, miles de personas, incluidas muchas del extranjero, visitan los municipios cafeteros como una terapia con la sinfonía de los colores y de las proporciones, los cafetales convertidos en poemas en la grandeza de la planicie o en el misterio de la montaña. El Paisaje Cultural Cafetero es una región próspera y generosa que seduce a los viajeros por el aroma de sus cafetales, el encanto de los paisajes y la simpatía de su gente.
El contacto con el espacio verde genera unas condiciones especiales que caracterizan a sus habitantes quienes, además de su simpatía, desarrollan habilidades especiales para sus relaciones con la naturaleza hasta el punto de conocer el cielo y sus señales para determinar el tiempo de lluvias o las época de siembra de sus cultivos de pan coger, alrededor de sus fincas, como maíz, yuca, fríjol y hortalizas. Asimismo, muchos de ellos pueden determinar la dirección donde se pone el sol, a partir del color de las hojas de las algunas plantas parásitas o establecer el sitio en donde se esconden el escorpión, la araña y la serpiente. A esas capacidades se les conoce como sabiduría popular, que incluye, del mismo modo, la capacidad para predecir eventos y para reconocer plantas medicinales.


Los visitantes pueden observar los caminos majestuosos, disfrutar la algarabía de las aves y el vuelo suave de las mariposas en el mariposario de Calarcá;  sentir el poder de la naturaleza cuyas montañas se yerguen como paredes, disfrutar del rumor de los ríos y quebradas que bajan saltando desde las cumbres por entre piedras enormes y ver a los trabajadores consagrados entre ese infinito horizonte verde de bondades excepcionales en esta tierra que evoca la magia de la naturaleza y la hospitalidad de sus habitantes.
La arquitectura de sus viviendas, en el campo y en los asentamientos urbanos es, del mismo modo, muy similar, con casas de solares grandes y corredores anchos, construidas principalmente con guadua -cañazas o tacuaras también conocidas como bambú americano- y una mezcla de barro y estiércol de ganado bovino. Por lo regular, las viviendas son construidas cerca de los guaduales, que dominan las orillas de las quebradas que cruzan el paisaje, como telarañas de agua.
El hecho de que el Paisaje Cultural Cafetero haya sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, significa que la región y el país obtendrán mayor reconocimiento mundial; que sus habitantes demostrarán una mayor apropiación y valoración de la riqueza cultural, arquitectónica, natural y productiva de su entorno; que se fortalecerá el compromiso institucional y comunitario con la protección del medio ambiente y se tendrá acceso a mayor asistencia internacional, mediante la cooperación e inversión en diferentes aspectos sociales y ambientales, todo monitoreado por la UNESCO. Aunque el beneficio más importante es asegurarles un invaluable legado cultural y la conservación de esos valores a las futuras generaciones.
Así que… ¿cómo venir a Colombia y no querer ser partícipe de su cultura cafetera, visitar una hacienda o finca cafetera e intentar descubrir los secretos del mejor café del mundo?
Manizales, Pereira y Armenia, tres ciudades que son a la vez  grandes centros del eje cafetero, puesto que aunque casi no tengan interés turístico en sí mismas, representan las puertas de entrada a los principales puntos turísticos de la zona, gracias a sus aeropuertos y grandes terminales de transporte. En pocas palabras, para llegar al eje cafetero, hay que pasar por lo menos por una de ellas.
El recolector, la mula, el arriero, las chapoleras –mujeres recolectoras- y el jeep, son los componentes principales de la cultura cafetera, pero los arrieros y los jeeps –vehículos construidos por los americanos durante la segunda guerra mundial- son, quizá, los elementos de mayor recordación, convertidos en verdaderas leyendas de la cultura popular en las zonas productoras del grano.
Salento, el municipio más antiguo del Quindío es, además, puerta de entrada para el parque nacional natural Los Nevados, una reserva geográfica en donde se encuentran los nevados del Tolima, Quindío, El Ruíz y otros picos nevados y hasta donde se asciende por un sendero sinuoso, con pendientes de hasta del 60% de inclinación, en jornadas de 3 o 4 días, a caballo o a pie, por entre un bosque de niebla y los páramos que preceden a las cúspides y sus glaciares. Al inicio del sendero se encuentra el valle de Cocora, hogar del árbol nacional de Colombia, la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense), así como de una gran variedad de flora y fauna, mucha de ella en peligro de extinción, protegida bajo el estatus de parque nacional natural.
El valle de Cocora, así como las localidades cercanas: Salento, Circasia y Filandia, se ubican entre los principales destinos turísticos de Colombia, por su belleza y tranquilidad, frescura y hospitalidad de sus moradores. De ellas se dice que en las noches silenciosas, las mujeres salen a recibir los besos que sus amantes les mandan con los rayos de la luna.
Los poetas dicen que en el Quindío se viven los momentos más fantásticos para la meditación pues los murmullos gimen, las palmas bailan, los arroyos cantan y la luna se levanta silenciosa en el oriente, como una hostia gigante sostenida por las manos invisibles del dios de los Quimbayas.