lunes, 25 de noviembre de 2019

Por pretensiones de las petroleras: Caquetá, entre la lucha y la crucifixión

Por caminos que son como enormes serpientes distendiendo sus anillos, llegaron al municipio turístico de Morelia casi 3 mil campesinos, quienes a las canciones de sus parcelas les pusieron las letras de sus anhelos, de sus triunfos y también de sus dolores. Se trata de la mayor movilización en la historia reciente del Caquetá, promovida por los ambientalistas que se oponen a la pretendida licencia por parte de la empresa Emerald Energy para adelantar labores de exploración y explotación petrolera, en el marco del proyecto conocido como Bloque El Nogal, considerado como un referente de la resistencia a la puesta en marcha de la denominada “locomotora energética” en la Amazonia.
Reviviendo las grandes movilizaciones campesinas de la década de los años 70, el coliseo cubierto de la población, situada a solo 20 kilómetros de Florencia, se convirtió en un jardín lleno de rosas, flores y animales amazónicos fotografiados en pequeñas laminas como emblema de la diversidad y riqueza de los recursos naturales amenazados por la incursión de las empresas petroleras. Y en su reverso, la palabra NO, que fueron agitadas constantemente durante la intervención de la empresa en la que mostró los estudios según los cuales el impacto de las actividades de exploración y explotación del petróleo no compromete la biodiversidad y asegura mejores condiciones económicas para las comunidades.
El obispo de la diócesis de Florencia, monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, abrió la audiencia programada en desarrollo de los trámites legales previos al licenciamiento y citando las palabras del Papa Francisco y de su encíclica sobre el medio ambiente, dijo que es un asunto moral la definición de nuevas actitudes frente al cuidado de los recursos naturales. Monseñor Mejía insistió que el pontífice hizo un llamado a proteger a nuestro planeta de la degradación medioambiental y cargó contra el actual sistema económico que explota los recursos naturales sin consideraciones éticas o morales.
Como si hubieran salido de sus propias entrañas, las palabras del prelado fueron interpretadas como un apoyo real a las aspiraciones de los campesinos, como bálsamo a las heridas que ya les han provocado los procesos preliminares por parte de la empresa china.
Un documento de los personeros municipales, la intervención de la directora ejecutiva de la vicaría del Sur, Yolima Salazar, y la exposición de los expertos de la fundación Terrae, desbarataron los argumentos de la empresa y con estudios técnicos y económicos conceptuaron que por ese camino del petróleo el Caquetá y la Amazonia no serían más que panoramas de devastación, como antesala de su conversión en zonas desérticas.
Unidos por la fuerza de los argumentos, muchos campesinos, con sus manos y sus voces temblorosas relataron las penas anticipadas, los dramas derivados de su lucha por la defensa del territorio y denunciaron, inclusive, haber recibido maltratos y heridas de bala en medio de las protestas que han realizado en varias zonas de los municipios de Valparaíso y Milán, otros dos territorios incluidos en el proyecto El Nogal.
Y en nombre de las almas primitivas, los voceros de las comunidades indígenas se mostraron perplejos por “tantos estudios, tanta academia y tanto dato con los que nos quieren transfundir en el alma de los nuevos conquistadores”. Para ellos, el sol que ilumina sus territorios y el agua que los riega, son las mayores riquezas y todo lo que se haga en su contra es un crimen y quienes lo promuevan son unos impostores, apóstoles del mal y de la mentira.
-No es violentando la naturaleza como vamos a construir una patria mejor para nuestros hijos, dijo un campesino, tras contar cómo las aguas de su finca ya tienen altos niveles de contaminación. Reclamó actitudes más consecuentes con la naturaleza y dijo que acabado el conflicto con los grupos armados, ahora le toca a la gente reconciliarse con los recursos naturales, deteniendo las agresiones y las costumbres que han destruido y agotado muchas de las riquezas del planeta.
En medio de esa afirmación vehemente de esperanza, los asistentes dejaron constancia de su negativa a la presencia de la empresa que pretende adelantar las actividades de exploración y explotación petrolera y le pidieron a la ANLA -Agencia Nacional de Licencias Ambientales- no otorgar la autorización respectiva, pues, como dijo otro líder, “no queremos que el dolor siga siendo parte de nosotros mismos, como lo fue durante la violencia que empezamos a dejar”.
-Tenemos que honrar la naturaleza, dijo un sociólogo, después de cuestionar la dinámica acelerada de adjudicación que en el Caquetá en pocos años ha implicado la conversión del territorio amazónico en un territorio estratégico para el sector petrolero, que responde a la necesidad de encontrar nuevos espacios, antes vedados, para continuar con la lógica producción que beneficia principalmente a los poderosos países consumidores.
Mirando el cielo, el campo, los árboles, los ríos, las pequeñas fuentes de agua, las abejas que extraen el néctar del alma de una flor y contemplando la masiva asistencia a este acto, con un pueblo expectante, bajo la lluvia del jueves 15 de marzo, tomo una foto, pienso en la belleza del entorno y mi alma sensitiva percibe que sin la lucha cotidiana la vida se abrevia.
Presiento que si la empresa recibe la licencia solicitada no será, justamente, por la argumentación técnica y económica -que fue pulverizada por los expertos- se abrirán las puertas del escándalo y me imagino la tristeza y el enojo de las comunidades. Pero, del mismo modo, las veo poniendo sus alas en la cruz esperando el momento de la lucha. O el de su crucifixión.
Y también deduzco, que el hombre, empujado por su ambición, deshonra la Naturaleza y la mancilla con su presencia irresponsable.
¿Habrá algo más vil que la ambición?
¿Y más noble que un campesino?

Viaje a la “Costa Azul”, refugio de las heridas en la sombra de la Esperanza

Oh!, cuánto deseamos subir hasta la laguna de La Cocha, ese espacio maravilloso que el río les regaló a los habitantes de esta zona en una caprichosa entrada tormentosa y una salida cuidadosa dejando sus aguas embarradas  para siempre…una gran “cocha” de barro, convertida en un singular hábitat de muchas especies.

Sobre los cerros y hondonadas que muestran la decadencia de la cordillera oriental en su transición a los bosques de la Amazonia, el sol lanza sus llamas fulgurantes de las 11 de la mañana que castigan nuestra sensibilidad desfallecida, pero el presentimiento de un divertido día de campo por la diversidad geográfica de la llamada “Costa Azul” del Caquetá, nos alienta y nos arrulla. Me acompañan los profesores Jorge Reinel Pulecio y Humberto Molina.
Después de los torrentes de brisa que entran por las ventanas del vehículo y coronando un leve ascenso en el sitio Tres Esquinas, aparece Morelia, entre un hueco, como una mancha multicolor regada sobre el inmenso tapete verde y a medida que avanzamos sentimos el rumor del río Bodoquero, famoso por ser el escenario del ya tradicional Festival de Verano, que reúne  cada año a miles de caqueteños y turistas de distintos lugares del país.
Y entrando, ahí en su parque principal, el enorme pirarucú artístico y el natural que vive en el estanque de la plaza, que son, junto con las empanadas, el símbolo de ese municipio, una decoración natural, con sus ojos altivos y su boca que es una cavidad profunda en donde a veces este pez guarda sus crías, son una decoración de ensueño, igualmente famosa entre muchos colombianos.
Pocos kilómetros más adelante y siempre entre la simpatía de la gente y el verdor de la potrerización, nos encontramos con los ríos Sarabando y Pescado,  ingredientes que confirman la sentencia según la cual el Caquetá es agua y biodiversidad. Y en la entrada del municipio, como guardián de sus tradiciones, de sus riquezas hídricas, y ahora de sus esperanzas de Paz, el escultor caqueteño, oriundo de esa población, Emiro Garzón, puso su “Último Andaquí”, de notorio colorido, como para recordar que, según versiones históricas, los primeros pobladores de Belén hablaban alemán, tenían tez color zapote, ojos azules y eran bastante acuerpados. Con sus manos y brazos enormes, levantados, simboliza la persistencia de la lucha Andaquí que no se dejó doblegar por ninguna de las circunstancias que la han afligido.
Y a pocos metros del parque principal, el mismo en el que se reunieron sus habitantes para detener un asalto de las FARC al puesto de policía hace algunos años, está el museo del profesor Eulises Santanilla y su familia, un proyecto que superó los cálculos iniciales y de a poco se convirtió en el centro de la formación, de la información y del cultivo de las hasta entonces silenciosas tradiciones regionales. El silencio inmutable que le sigue a la muerte de los grandes hechos y de sus personajes fue interrumpido por La PRAFA, como se le conoce -una sigla de Proyecto Familiar Ambiental- que surgió en el 2002 para “destacar que la educación es base fundamental de superación personal en todas sus dimensiones, que permite a las personas actuar en forma comprometida y responsable”.
Se acondicionaron diferentes espacios y se instalaron distintos objetos antiguos, todos asociados a la memoria del municipio y de la familia, con tanta cercanía que al ingresar al patio y subir por las escaleras al segundo piso, los recuerdos nos remontan a épocas no muy distantes pero también nos dibujan una perspectiva imaginada del futuro cercano, del tiempo del posconflicto.
Y entonces, se ven las muchas mañanas y tardes que han caído sobre las máquinas de coser de  comienzos del siglo pasado o las hojas impresas por el mimeógrafo antes de que se pusiera triste; o los sudores de quienes labraron las obras de arte en piedra y hasta los gemidos de alegría del escultor belemita Emiro Garzón, algunas de cuyas obras también se puede apreciar en el taller de Eulises Santanilla.

Dejamos al municipio que un día se ganó el premio al nombre más hermoso de los pueblos de Colombia y con el brillo del sol espectacular, por las praderas de los ganaderos, encontrando grandes fuentes de agua al menos cada 10 kilómetros y con el azul difuso del cielo, llegamos a San José del Fragua, transformado en una población bulliciosa, de gente amable y con un espectacular malecón sobre el río que le da su nombre. Se me borró la imagen del pueblo solo y discreto que conservé desde mis visitas en la década de los años 80. Y también recordé sus días sin calma y sus noche sin sueño por cuenta del conflicto.
Nos movimos de manera febril por el malecón, obsesionados por la visión cercana del Fragua y hasta descendimos a su lecho, nos sentamos sobre sus piedras grandes y nos tomamos fotos con los ojos fijos en el caudal espumoso.
La tarde empezó a volverse lánguida, apuramos el almuerzo y nos enrrumbamos hacia el sitio soñado desde el comienzo: El Portal del Fragüita, un lugar en donde casi todos los caqueteños anhelan tener su foto para el perfil de las redes sociales. Aunque el rostro de la geografía caqueteña es encantador, la belleza extraña de este sitio es un embrujo cautivador en donde el río Fragüita se desliza suavemente por entre dos paredes casi perfectamente perpendiculares, salpicadas del verde de la esperanza, una hendidura labrada por la potencia de las aguas a lo largo de cientos de miles de años.
Pero, a mitad de camino, está la legendaria piedra del indio Apolinar. Apolinar Jacanamejoy, un indígena que fue mensajero de los sacerdotes capuchinos, fundador del poblado Yurayaco –Aguas claras-. La piedra, de 40 metros de diámetro y 28 de alto, está relacionada con la mitología de la etnia Inga, según la cual fue su sitio de adoración pues era el centro de la vida y en donde los taitas recargaban sus energías para la sanación de sus comunidades.
La tarde se iba y queríamos ver el crepúsculo en el río Caquetá. En El Dorado gemimos como lo hacen todos los pasajeros, ante el cadáver todavía de pie de la también mitológica y legendaria Ceiba, en cuyos brazos algunas parásitas se aferran a los últimos chorros de savia que circulan por los vasos de la gigante derrotada. De su histórico saludo de triunfo, la Ceiba pasó a ser un dolor silencioso, una advertencia de que es imposible vivir sin la muerte…y tal vez de que nada es real en la vida.
El cielo teñido de pinceladas rojas, naranja y violeta, y el sol como una lámpara votiva moribunda, marcando la línea de su despedida, nos dieron la bienvenida en el puerto principal de Curillo. Pero ese paisaje vespertino, esa fiesta de colores en el firmamento, reproducida y ampliada por las aguas del grandioso río Caquetá, me trajo imágenes que apenas son un recuerdo de la bonanza del plátano, la madera y el arroz, determinante de una etapa importante en la historia de este municipio, al que se le denominó como la “Costa de oro” del departamento, truncada por el auge de la coca, primero, y por la violencia, después.
Oh!, cuánto deseamos subir hasta la laguna de La Cocha, ese espacio maravilloso que el río les regaló a los habitantes de esta zona en una caprichosa entrada tormentosa y una salida cuidadosa dejando sus aguas embarradas  para siempre…una gran “cocha” de barro, convertida en un singular hábitat de muchas especies.
Curillo, Albania, San José, Belén de los Anadquíes y Morelia, la llamada “Costa Azul” del Caquetá, como muchos otros municipios, fue escenario importante del conflicto y en los últimos años de esa violencia, sus  territorios fueron ocupados por grupos paramilitares. Pero, de las lágrimas no queremos acordarnos, no queremos revivir la gran tristeza, nos oponemos a la exhumación del dolor y hoy, en las carreteras, en las ramas de los árboles, en sus ríos cristalinos y caudalosos, en las armonías de la naturaleza, entre la calma del paisaje, disfrutamos una primavera de promesas.
Hemos venido a olvidar, a renunciar a las cosas imposibles, a disfrutar la belleza, a redescubrir los parajes encantados ocultos o prohibidos por el conflicto porque, de nuevo, podemos poner los ojos sobre esos lugares imposibles hasta hace pocos años.
Regresando a Florencia, todavía seguían vivos en mi mente los resplandores de las últimas llamaradas de ese incendio lejano que presenciamos desde el muelle de Curillo y, del mismo modo, y revitalizado, el optimismo acerca del desarrollo de los acuerdos de Paz de la Habana.
Porque todos tenemos derecho al vuelo de la convivencia, al amparo de nuestras heridas en la sombra de la Esperanza.

lunes, 18 de noviembre de 2019

¡Hasta luego, Nana querida y cómplice, Voz del Caquetá!





Cuando el ascensor de la vida nos lleva, raudos, hacia el “séptimo piso”, las horas pasan más atropelladas, más veloces, unas detrás de otras, fugaces, inasibles, como las olas en busca del beso de la playa. El tiempo dura menos, tal vez porque ya no tenemos sueños, solo recuerdos que también se destiñen, se marchitan, empiezan a morir.
Esas olas nos traen, intermitentemente, leños de cruces que señalan la muerte de amigos coetáneos, casi siempre, y también de jóvenes que mueren por razones asociadas a la  violencia, principalmente. Nos vamos quedando solos, la lista de los amigos muertos ya es más larga que la de los amigos vivos y cuando revisamos el celular presentimos el aviso sobre la partida de un amigo, de un familiar, de un pariente. A veces sueño con un gran cementerio, como el de Arlington, en donde busco mi propia tumba.
Mi blog se llena de los “Hasta luego”, con los que despido a los amigos más cercanos, a los seres queridos, y medito en los murmullos, entre los ecos de las tonos de sus voces, en los besos olvidados de mis amigas, en los legados de mis maestros, entre las carcajadas, entre las lágrimas, entre la decencia e indecencia, veo el desfile de sus caras, leo los escritos, entono las canciones y repaso las palabras que les sobreviven.
Hoy me toca despedir a la Nana querida y cómplice, La Voz del Caquetá, de muchos periodistas y locutores caqueteños que fueron muy importantes en el desarrollo de la región, con quienes nos tocó cubrir desde la llamada “guerra con el M-19” hasta la departamentalización del Caquetá y los juegos de los entonces “Territorios Nacionales”, las llamadas Comisarias e Intendencias, mejor dicho, el campeonato de la otra Colombia a la que solo le cambiaron la categoría administrativa para designar con otros nombres su abandono y exclusión.
Una Nana cómplice y protectora que nos permitió usarla como tribuna desde donde convocamos y “tiramos línea” a los movimientos sociales de las décadas de los 70s y 80s, durante el auge del movimiento de masas en el departamento del Caquetá, a pesar de que su patrón, RCN, ordenaba una línea editorial desde luego opuesta a los intereses populares. Con imaginación y creatividad logramos que la Nana se ganara las preferencias de los consumidores de radio y durante varios años consecutivos fuimos una señal casi exclusiva en los receptores regionales.
Pioneros de un estilo directo pero agradable, de brazo con la gente, y de un ejercicio honesto y valeroso, que marcaron la llamada época de oro de la radio regional, generamos un periodismo de servicio y de participación de la comunidad, cuyo estandarte fue el programa “Calle arriba, calle abajo”, la voz del pueblo a través de la Nana Voz del Caquetá.  Una Nana arruladora que cuidó en su seno a embriones de periodistas como Carlos Astorquiza, Gustavo Vega, Nelson Osorio, José Duviel Vásquez, Argemiro García, Fernando Bahamón, y a los pichones de locutores Rafael Chaux, Marco Antonio Segura, Álvaro Peralta, Rubén Dario Osorio y Manuel de La Vega, entre otros.  De La Vega, vio envejecer a la Nana y con el dolor del alma le tocó sepultarla.

Al lado de otros periodistas como Eliécer León, Mario Arboleda y locutores también en formación como Fred Emiro Núñez, Guillermo Clavijo, Arnoldo Barrera y Eduardo Vargas Gonzáles, desarrollamos habilidades especiales para el cubrimiento de la  primera violencia en Caquetá, la mencionada confrontación con el M-19, que nos llevó, incluso, a la transmisión en directo de la incursión de ese movimiento a Florencia, en 1984, cuando la entonces ministra de comunicaciones, Nohemí Sanín, dijera que “las emisoras transmiten la toma de la ciudad como un partido de fútbol”. A la Nana había llegado el periodista Ricardo Areiza quien fue el mayor damnificado con la mordaza impuesta por la conservadora ministra.
Los altos niveles de sintonía se tradujeron en aumento importante de la pauta publicitaria y entonces su director, Guillermo Clavijo, con excelentes resultados económicos para los propietarios de la Nana, pudo “capotear” las quejas que sectores políticos y gubernamentales elevaron por la orientación editorial que pusimos en marcha.
Bombardeados constantemente por comunicados de guerra de los actores legales e ilegales, los periodistas aprendimos a dudar, que es el primer paso para llegar a la Verdad, y entonces aprendimos a confrontar versiones y fuentes, construimos credibilidad y nos deslindamos de las verdades oficiales que desde los grandes Medios contribuyen a la homogenización del pensamiento colectivo, precursor de la dominación.
En la Nana Voz del Caquetá pusimos en práctica la Nota Editorial, con estilo panfletario y vehemente, belicoso sirirí que diariamente funcionó como un contrapoder dentro del noticiero regional para incomodar al gobierno, a funcionarios incompetentes y corruptos, y en general para decirles a los oyentes lo que querían escuchar. En la emisora de la competencia, La Voz de la Selva, a manera de émulo, se emitió una sección con el nombre "Tres minutos de Escándalo" bajo la misma línea de denuncia.
La agudización del conflicto nos encontró con el doble ejercicio de periodista íntegro y dirigente sindical del magisterio, lo que nos convirtió en objetivo de la represión oficial de entonces. Muchos abandonamos la región y otros, espantados, presionados, amenazados, chantajeados y extorsionados, se silenciaron o simplemente se acomodaron a las condiciones derivadas de la violencia. El periodismo caqueteño es otra víctima no reconocida del conflicto.
La Nana ha sido silenciada por decisión de sus propietarios y, como ocurre con nuestros seres queridos que parten de manera definitiva, no podemos resucitarla, pero sí revivo las emociones, las sensaciones, el alma de esos años de mi juventud soñadora que despertaba a las grandes luchas posteriores con el alma y la palabra. Lloro sobre sus ondas desvanecidas porque para un periodista el cierre de un Medio es como el asesinato de un colega, independiente de su orientación. Porque desde mis primeros pasos en la Nana, aprendí que la tolerancia es fundamental para la convivencia y en ese sentido algunas veces me he hecho notable por defender el derecho a la divulgación de opiniones contrarias a las mías.
El apasionado, romántico, de elocuencia lírica y mordaz, justiciero, evolucionó a viejo simplista, sincero y primitivo que se embriaga con el olor de la selva amazónica, con el concierto de su fauna, especialmente con el canto multifonético del pájaro mochilero; con la fragancia del jardín y del pasto recién cortado, como tónicos después de la época aciaga y fatal…y que se abraza a la esperanza de la Paz a pesar de la lucha de los guerreristas por revivir la violencia.
Al contemplar la foto insigne de la Nana silenciada, sentí un estremecimiento, un ventarrón que me trajo el aroma de mis instintos juveniles. Con la respiración agitada, “con los ojos abiertos y los oídos despiertos”, corrí hasta el patio de la casa para saludar al mochilero pechiamarillo que se resuena vanidoso desde el árbol de caimo.
Oh, Colombia, en medio de esta nueva tempestad de la violencia, te saludo desde el sepulcro de la Nana, Voz del Caquetá, el primer eslabón en la infinita sucesión de palabras, cuartillas y textos que, como Yo, yacen en la sombra de la amazonia caqueteña.



sábado, 26 de octubre de 2019

Las Comunidades Indígenas cantaron sus riquezas y mostraron sus dolores

En nombre de  la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana – OPIAC- y demás pueblos indígenas de la Amazonia, los portavoces  recordaron su génesis y revivieron las invasiones, exterminios y exclusiones históricas y las contemporáneas, sobre lo cual denunciaron que en la actualidad existen 33.523 víctimas indígenas reconocidas por el Estado colombiano.


Rostros percibidos como muy distintos a los comunes, en los que duermen muchas frustraciones; labios de pocas palabras que tiemblan con las quejas de muchas desolaciones; ojos buscando explicaciones en la pantalla del proyector instalado en el auditorio de la Cámara de Comercio de Florencia; cabelleras largas, adornos de artesanías, brazos intrépidos y un sentimiento combinado de tristeza y enojo, fueron estampas singulares durante el  Foro Regional Amazónico, desarrollado el pasado fin de semana.
El evento, convocado con el propósito de buscar la unidad de los 6 departamentos amazónicos por encima de los intereses locales y en la perspectiva de crear a largo plazo un bloque regional para presionar mayor atención del Estado hacia estos territorios, trajo hasta la capital caqueteña a los más caracterizados dirigentes de los 64 pueblos indígenas con igual número de lenguas maternas, ubicados en 6 departamentos del país, en 48 millones de hectáreas.
En nombre de  la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana – OPIAC- y demás pueblos indígenas de la Amazonia, los portavoces  recordaron su génesis y revivieron las invasiones, exterminios y exclusiones históricas y las contemporáneas, sobre lo cual denunciaron que en la actualidad existen 33.523 víctimas indígenas reconocidas por el Estado colombiano.
Con la tristeza de los vencidos, pero con la esperanza derivada de la lucha, como el vaho letal de las serpientes amazónicas, los indígenas mostraron ante los asistentes y le enviaron un mensaje al alto gobierno sobre los alcances de la organización alrededor de la defensa de sus intereses.
Loa indígenas de la Amazonia colombiana están cobijados por 3 figuras de ordenamiento territorial, integran el 6,4% del total del bioma amazónico equivalente al 41,8% del territorio Nacional en 178 resguardos indígenas situados en 25 millones de hectáreas de 12 parques nacionales naturales en cerca de 8 millones de ellas.
El debilitamiento demográfico es evidente y en la actualidad 31 pueblos indígenas se encuentran en inminente peligro de extinción, dijeron sus voceros, como un clamor atormentado y siniestro de todos los siglos, como un cansancio de las luchas, como un trofeo opacado por el paso del teimpo.
En las distintas comisiones y en la plenaria, en medio de la calma rumorosa del auditorio de la Cámara de Comercio, como en una confidencia melancólica ante sus paisanos amazónicos, los indígenas denunciaron que a pesar de la diversidad, multiculturalidad y pluralidad, afrontan un proceso sistemático de vulneraciones de los derechos humanos, que representa la consumación de un genocidio traducido en la persistencia y recrudecimiento de asesinatos, amenazas, desplazamientos forzados, confinamientos, violencias estructurales en contra de niños, niñas, adolescentes, mujeres y sabios indígenas, discriminación, racismo, empobrecimiento, criminalización y desterritorialización.
Fecundados por sus visiones, sus mitos, leyendas y rituales, en su ponencia no solo exteriorizaron y le cantaron a sus riquezas sino que también mostraron sus dolores. En la declaración dejada sobre la mesa principal se lee: “hoy los intereses ajenos sobre nuestros territorios profundizan los daños ya que se desconoce nuestra relación armónica y respetuosa con la Madre Tierra y, por ello, se victimiza de muchas maneras, entre ellas la vulneración del derecho a la Consulta Previa y al Consentimiento Previo, Libre e Informado, la entrada agresiva de megaproyectos y economías extractivas, la expansión de la frontera agrícola, la imposición de dinámicas agroindustriales y la prevalencia de un modelo económico desarrollista, lo que socava nuestros derechos humanos y fundamentales. El modelo de desarrollo y los intereses económicos del Gobierno Colombiano no pueden estar por encima de la vida de los Pueblos Indígenas y de la vida de todos los colombianos”.
Luz Mery Panche Chocué, reconocida dirigente indígena, víctima de la violencia, a quien le desaparecieron al papá de su hija, en una corta pero vehemente intervención, reivindicó el derecho de sus pueblos a la autonomía y al Gobierno propio y desde el reconocimiento de sus actuaciones como autoridades en los Territorios con potestades jurisdiccionales, legislativas y administrativas.
Aseguró que decidieron participar en el foro como un ejercicio de diálogo con el actual Gobierno Nacional demandando garantías para la generación de una política pública de planeación que parta del reconocimiento de Colombia desde una perspectiva pluriétnica y multicultural, permitiendo un ejercicio polifónico que imponga el respeto a la Madre Tierra como una necesidad ya no solo para nuestra pervivencia, sino para la pervivencia de toda la humanidad y la sostenibilidad de la vida misma.
Panche Chocué acometió con furia contra los 12 Representantes a la Cámara de los 6 departamentos amazónicos quienes no asistieron al Foro a pesar de la invitación que les extendió el Departamento Nacional de Planeación, DNP, y los calificó de “sanguijuelas” que deben ser excluidas del proceso de seguimiento a las conclusiones acordadas porque, dijo, “definitivamente somos nosotros mismos lo que debemos apropiarnos de la construcción de la gobernabilidad en la región”.
Los Representantes del Caquetá asistieron a la ceremonia de instalación del Foro pero no participaron en los debates de las comisiones ni en la plenaria del día sábado. De la misma manera, los asistentes criticaron severamente a los gobernadores que tampoco atendieron el llamado de los convocantes. Además, solo un alcalde, Manuel Eduardo Ocoró Carabalí, de Orito, Putumayo, participó en el Foro.
La Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana, OPIAC, aclaró  que su ponencia en el Foro no sustituye la consulta previa del Plan Nacional de Desarrollo con los Pueblos y que sus contenidos se fundamentan en el Programa Nacional de Garantías de los Pueblos Indígenas y Planes de Salvaguarda étnicos, una proclama de 26 puntos.
Finalmente, la propuesta hace un llamado a los gobiernos nacional, regionales y locales, para que se aboquen a ese propósito común  y los libre de los horrores de la guerra y las políticas extractivistas y desarrollistas.
“Queremos vivir sin terror sabiendo que el continuar con nuestras prácticas, usos y costumbres es vivir en armonía con nuestros Territorios, es calmar la devastación inminente por la amenaza del cambio climático, es escuchar el clamor de la Madre Tierra, es reconocer que el desbordamiento de los ríos, el desprendimiento de la tierra, la caída del rayo, la furia de la naturaleza al temblar, es el resultado de los abusos y es un llamado urgente a sanar las heridas que le hemos hecho, a curarla y, con ello, curarnos nosotros mismos”
Entre el silencio vital del bosque, interrumpido solamente por las voces de los grandes animales y por el canto de las aves, bajo los árboles gigantes de la arquitectura natural de la selva amazónica, guiados por el atractivo poderoso e irresistible de sus visiones y de sus fuerzas impetuosas, los pueblos indígenas confían en que sus propuestas sean escuchadas…
Porque, al paso vertiginoso del desarrollismo, muchos de ellos temen  su derrota definitiva.

Los Negros y los Indígenas no son minorías sino categorías de subordinación: alcalde de Orito Putumayo

Los afrodescendientes y los indígenas hemos permanecido sepultados por la invisibilidad y hostigados por las políticas de homogenización cultural promovidas por las diferentes administraciones gubernamentales y los medios de comunicación


El alcalde de Orito, Putumayo, Manuel Eduardo Ocoró Carabalí, defendió su tesis según la cual los Negros y los Indígenas no son minorías sino categorías de subordinación con las que hasta la fecha se insiste para facilitar su sometimiento como simples residuos étnicos.

Los afrodescendientes y los indígenas hemos permanecido sepultados por la invisibilidad y hostigados por las políticas de homogenización cultural promovidas por las diferentes administraciones gubernamentales y los medios de comunicación, dijo el funcionario, al reclamar una acción colectiva que les permita liberarse de esa etiqueta excluyente y discriminatoria.

Ocoró Carabalí fue el único alcalde de los 6 departamentos amazónicos que asistió y participó de manera activa en las deliberaciones del reciente Foro Regional Amazónico, de cara a la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, realizado en Florencia. Tanto en las comisiones de trabajo como en la plenaria del Foro, el alcalde se hizo notable por sus posiciones críticas y por sus propuestas, que despertaron aplausos de los participantes en el evento.
“Todos los Congresistas, por ejemplo, observó el alcalde Ocoró, no son blancos puros sino descendientes de los Negros y de los Indígenas y por supuesto que ellos sí son minorías. Tenemos que salir de ese limbo, de ese encajonamiento, precisó.
Sus primeras intervenciones en el Foro las dirigió a publicar sus denuncias sobre la pobreza de su municipio y de su departamento, a pesar de que desde hace 60 años son objeto de explotación petrolera. Presentó una triste radiografía de las necesidades más sentidas en materia de Educación, vías, infraestructura y salud, al tiempo que demandó la construcción de un hospital de Tercer Nivel de complejidad en Mocoa.
 “Más de medio siglo de explotaciones petroleras y tenemos muchas necesidades básicas insatisfechas, debemos tomar la ruta de la muerte hacia Pasto o Neiva cuando un enfermo se agrava y nos hace falta la universidad”, dijo en la plenaria del Foro.
Reclamó la ejecución de Planes Maestros de Acueducto y Alcantarillado para los pueblos localizados aguas abajo de los afluentes más importantes de la Amazonia porque, dijo, “todas las poblaciones situadas en la parte alta de los ríos vierten sus aguas servidas sin previo tratamiento y en consecuencia la gente que vive en sus zonas de influencia ingieren, inapelablemente, agua contaminada.
Del mismo modo, se mostró partidario de la sustitución de los rellenos sanitarios por grandes centros de transformación de los desechos sólidos, en un esfuerzo para garantizar mejores condiciones del aire y el aprovechamiento de los productos reciclables.
Se refirió al proceso de Paz como la esperanza para sus pueblos azotados por la violencia pero advirtió que no podrá haber convivencia mientras no exista justicia social y recordó los graves problemas que tienen los sectores vulnerables. “Sin agua, sin vías, sin educación, sin vivienda, no tendremos Paz, enfatizó.
“Hemos puesto el dinero con el petróleo y no nos han devuelto nada”, dijo en tono vehemente ante la plenaria del Foro al pedir para el Putumayo la implementación de la ganadería semientabulada, con la que se puede detener la tala del bosque amazónico.
Se declaró optimista por la acogida que hará el Departamento Nacional de Planeación, DNP, de las ponencias y conclusiones del Foro Regional Amazónico pero no pudo ocultar su preocupación por la inasistencia de los gobernadores de los 6 departamentos y sus Representantes a la Cámara.
Finalmente, y como en la introducción de la obra “Las venas abiertas de América Latina”, el alcalde se quejó porque definitivamente a su región le tocó la peor parte del proceso de producción de la riqueza.
“Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. Eduardo Galeano.

jueves, 17 de octubre de 2019

Poemas sin palabras en festival del grafiti y muralismo del ETCR Agua Bonita


Durante una semana, casi un centenar de artistas estuvieron en este espacio de concentración y reincorporación, en una convivencia fraternal con las más de 300 personas de esa comunidad que los invitó al festival para cantarle a la vida y a la esperanza de Paz derivada de los Acuerdos de La Habana




El viento de la tarde esparce un fuerte olor a pintura que llega hasta la cancha de fútbol en donde algunos niños y adultos juegan con el balón a medio inflar, mientras decenas de personas ingresan al foro programado en el marco del festival del grafiti y muralismo que se desarrolló en el ETCR Agua Bonita entre el 28 de octubre y el 5 de noviembre.
Mi umbral olfativo, muy distinto al de la mayoría de las personas, me condujo enseguida hasta las primeras casas en cuyas paredes varios artistas ponen las líneas que armonizan sus ideas, otros preparan las paredes de manera cuidadosa y algunos alistan los Sprays y sus boquillas, las mascarillas, la pintura de imprimación, el rodillo, las brochas, la cinta de enmascarar, la escalera y desde luego, su ropa de trabajo.
Llevan una semana en este espacio de concentración y reincorporación, en una convivencia fraternal con las más de 300 personas de esa comunidad que los invitó al festival para cantarle a la vida y a la esperanza de Paz derivada de los Acuerdos de La Habana. Las paredes de las casas de esta ciudadela ya son como flores que se abren ante los visitantes para saludarlos, para invitarlos a descorrer el velo con el que el conflicto mantuvo ocultos muchos elementos del paisaje personal y geográfico del Caquetá.
 Los grafitis y murales son como canciones que se entonan en silencio frente a las paredes, que son el lienzo en donde artistas expertos y también algunos aprendices, han fijado verdaderas acuarelas que muestran, ante todo, el futuro esperanzador tras el largo periodo de violencia. Pero también hay retratos de la violencia derrotada, de los Derechos Humanos y animales; de la pobreza, de la desigualdad, de la familia, de sus proyectos productivos, de cosas vagas y de homenaje a los luchadores que están en las riberas de la eternidad. Y, naturalmente, muchos otros temas que mi incapacidad para interpretar no pudo definir.
Llegaron desde el primer día del festival- aunque el viernes entró el último grupo- no fueron contratados a cambio de dinero y su participación es espontánea pero enérgica. Proceden de distintos lugares del país y los que aceptaron dialogar con el periodista lo dijeron a su manera:
 -Vengo a dejar el grito de mi fe en el proceso de paz.
 -Es como un encuentro con migo mismo, una sensación extraña, un sedimento morboso de mi sensibilidad. La Paz me emociona.
 -Estas son las primeras tempestades de la Paz, dijo un artista pastuso señalando su trabajo sobre la pared de una casa pequeña.
 Algunos no interrumpieron su labor, ni siquiera respondieron mi saludo.  Fue como una profanación de su hermetismo creador.


 Todas las pinturas, mejor todas las decoraciones, están íntimamente ligadas a las escenas comunes de la vida de los colombianos, como el trabajo, el amor, la gratitud y las que han marcado la memoria, las huellas de la existencia. Otras muestran algunos fantasmas que se levantan entre la neblina del conflicto. Pero en general, el presentimiento de la convivencia domina el conjunto de los grafitis y murales. Cada casa de Agua Bonita es una estrofa de ese gran poema construido a base de imágenes que la transformaron en una quinceañera tersa, vaporosa, serena y despejada.
 El festival del grafiti y muralismo fue, del mismo modo, un lavado y liberación sincera de las impurezas que dejó la guerra porque –aunque parece increíble- hay cosas  que agobian a muchas personas de las que se encuentran en ese proceso de reincorporación.
 Los expertos sostienen que una de las mayores virtudes del arte es su indispensable estímulo de la imaginación, porque sin imaginación no hay evolución, disfrute, innovación, resolución de problemas, empatía y muchas cosas más.
La visita al ETCR Agua Bonita es para cualquier visitante una singular huida de la uniformidad, un goce con las diversas tonalidades de la topografía, un encuentro con esa inspiración de colores y mensajes, y complementariamente, el contacto con almas adoloridas pero llenas de optimismos que florecen en sus corazones. Compartí sollozos llenos de emociones y también silencios estremecidos de almas orgullosas pero mudas ante sus pasados. De todas maneras, son un grupo de personas que abrieron sus brazos a la figura redentora de la Paz. Es un encuentro multicolor con el olvido y un saludo a la esperanza.
 En la agonía de la tarde, después de cientos de fotos y lecturas, el aroma de la belleza sustituyó al olor de la pintura.


viernes, 13 de septiembre de 2019

!Hola, Parca!!


Revisando el correo y ojeando los muros exquisitos -y algunos calientes- de mis contactos preferidos en whatsapp, twitter y facebook, sentí depronto una brusca perturbación de mis sensaciones. Todo el entorno se oscureció pero pocos instantes después una luz de relámpago me mostró un rosal colorido y perpetuo, una expresión sublime de la belleza en cuya mitad vi un mapa de Colombia con las caras de la politiquería y la corrupción, pero también las del conformismo y la resignación, con sus muecas de infamia, asomadas por entre los picos de las montañas.
Esa telaraña de rostros con sus fauces bien abiertas no mancilló el paraje encantador del idílico rosal que se adornó con una estrella de 4 puntas, diáfana y pura, en el horizonte lejano...es la gloria, pensé entonces. Sentí que alguien intentaba arrebatarme violentamente aquel momento feliz, me encontré de nuevo con la pantalla de mi computadora y con mi sobrino, el “loquito” Javier, quien me tendía sus manos. Ultrajando mi gloria, y sorprendido por mi cuerpo convertido en una gelatina, me levantó de un grito: 
-“Vamos para el hospital, tío, porque usted está vuelto mierda”.
Mi espíritu reaccionó ante el zarpazo de la parca y, aunque descompuesto y sin fuerzas, respondí las preguntas que me hicieron en la fundación cardioinfantil en desarrollo de los protocolos establecidos para la atención de pacientes que ingresan por la unidad de urgencias. En una sala de espera y frente a una pantalla gigante, pendiente de ver mi nombre, sometido a los convencionalismos y trámites engorrosos del sistema de salud, llamé a mi sobrino, lo hice sentar, incómodo, a mi lado.
-Bueno, loquito, pásame un papel en blanco... puse mi huella sobre él, marcada con tinta de lapicero
-Que quieres?, me dijo
-Si se trata de un accidente cerebro-vascular, comprométase solemnemente a que muy pronto después de que me declaren “muerte cerebral”, o algo así, usted se encargará de darme el empujón final hacia el precipicio eterno, de la manera que crea más conveniente, pero no permita que mi cuerpo quede por ahí rodando sin espíritu.
-Aunque no me lo pida, lo haré, tío, porque no soportaría verte de esa manera, respondió mientras me miraba fijamente a mis ojos vidriosos.
-Tampoco permitas que me pare en una esquina, con la Constitución en la mano, a vociferar contra la narco-oligarquía que la destrozó...porque le dispararán a ese esqueleto sin alma.
Javier soltó una carcajada que llamó la atención de la gente reunida en esa deprimente sala de espera.
-Eres un visaje, tío, y se alejó a pasos largos.
La triage es un eslabón de la tramitologia utilizado por hospitales y clínicas para establecer el nivel de urgencia de las consultas, para determinar si efectivamente los trastornos de un paciente deben avanzar con esa condición, con el tiquete de urgencia.
Un médico barranquillero me recibió en un pequeño consultorio
-Sufre de algunas alergias?, me preguntó
Si, médico...a la politiquería y la mentira, contesté de inmediato
-Me refiero a algunas sustancias, replicó
-La politiquería y la mentira son la gangrena social, añadí con una sonrisa, para atajar un eventual enojo del médico.
Me tomó el pulso.
-60-100, dijo con su voz gutural
-Entonces está muy mal, doctor, porque lo normal es 30 por 100, según me han dicho los contratistas y confirmado alcaldes, gobernadores y otros funcionarios públicos.
-Señor Cataño, me refiero a sus pulsaciones, a los latidos del corazón, por minuto, no a los porcentajes que por derecha sacan los contratantes en Colombia.
Se ajustó su estetoscopio y lo deslizó por el pecho, abdomen y espalda, examinó mis ojos, oídos, lengua y garganta. Y también me tomó la tensión arterial, además de hacerme distintas preguntas sobre mis antecedentes médicos.
-Los únicos antecedentes que recuerdo son los penales y los de mi conducta tormentosa, contesté manteniendo mi sonrisa, pues me pareció que el galeno estaba a punto de enojarse.
-Don Cataño, 120-80, pero autorizaré su segundo paso en el proceso de atención. Califico su caso como una urgencia vital, nivel 2, porque eventualmente usted puede haber sufrido pequeños eventos cerebrovasculares, cuya ocurrencia será confirmada por un TAC, me indicó.
-Perdone, médico, pero cómo así que 120-80, esos porcentajes tan altos solo los he visto en los departamentos de Quindío, Huila y Caquetá. En este último, a un gobernador lo bautizaron como “Juan 40”, porque siempre cobró el 40% del valor de los contratos. Y porque, además, por entonces, estaba de moda el famoso paraco “Jorge 40
-Mire, señor, me refiero a su presión sisto-diastólica, que se encuentra en los niveles normales y nunca a los porcentajes diabólicos y tenebrosos que pactan los administradores con los contratistas.
-Y recuerde, además, que un costeño no se enoja por un mamagallismo tan chimbo como el suyo, me dijo mientras me ponía su brazo sobre el hombro y abría la puerta de su mini-consultorio.
Un bomboncito de enfermera me tomó la mano derecha.
-Soy un hombre mayor de 60 años, señorita, le dije con voz suave. A pesar de esta manifestación pública, me haló hacia un cubículo verde, al fondo de un pasillo.
-Póngalo duro y apriételo, me pidió con su voz sensual
-No se engañe, señor Cataño, no sea iluso, me dijo hundiendo una aguja entre la vena bien definida.
-Apriete más fuerte su puño, me pidió. Entonces supe que la enfermera hacía parte de los “vampiros” chupa-sangre que trabajan en los laboratorios clínicos. Tras tomar las muestras, me canalizó y puso a circular una sustancia con goteo veloz que me produjo una avalancha de calor inusual en la nevera bogotana.
-Ninguno más digno de ser amado, que este cucho, señorita, pero me acabas de dejar en plena decadencia, en la vía de la ruina, con tu aguja profunda que ordeñó la poca sangre que traía, le comenté mientras me llevaban a otro cubículo.
-Acuéstese, por favor, en este sitio, me dijo el operador del tomógrafo.
-Me retiro las gafas y el saco, señor?, le pregunté
Terminado el procedimiento de la tomografía axial computarizada, después de haber dejado mi cráneo en las placas de ese aparato macabro, salí al pasillo. Me encontré con el “loco” a boca de jarro pues lo llamaron para que “vigilara” el procedimiento, pero el muchacho no hizo caso. Él, como los jóvenes modernos, miran con desdén los formalismos hipócritas de la gente y las instituciones.
Me hizo una broma asociada con mi comportamiento con el operador de la máquina.
-Tío, no se haga el pendejo, pero usted le preguntó a ese man que si se quitaba la ropa. Se le están modificando sus preferencias sexuales o qué?
-No era un man, era una chica linda...y le pregunté por si acaso, aunque temí por la agudización de mi disfunción circulatoria...del cerebro, claro.
-Si, como no, hágase el marica. Nos fuimos enseguida al restaurante de la clínica mientras esperamos los resultados de las pruebas.
-Qué tal que mi cerebro no quepa en ese tomógrafo?, le pregunté
Remitido al neurólogo para que  complemente los estudios iniciados en la unidad de urgencias, estoy aquí, en mi escritorio, y acabo de leer los conceptos de los otros dos médicos que me vieron y el resultado del TAC.
Para los médicos y para el tomógrafo, estoy en perfectas condiciones, pero por momentos he sentido los síntomas previos a esos momentos de gloria, gracia y belleza que viví ayer en la mañana.
Mientras escribía esta nota y al recordar a la enfermera que me tomó de las manos, vi rosas y azucenas, pintadas en su blusa de vampiro. Flores voluptuosas a la espera de abejas -o abejorros- que se posen sobre el jardín de su juventud.
Experimentado ya por esos episodios que alteraron mi fisiología, como bajo una leyenda mágica, recuerdo con nostalgia la belleza cándida de los paisajes que me mostró este zarpazo fallido de la parca, y me entretengo con mi única pasión productiva, la del relato.
Porque las otras, el amor y el odio, las guardo para recibir a la parca y, como los suicidas, para anticiparme a ella, para decidir el momento de su paso, para abrazarla si fuera necesario, para caer en sus brazos sin que me arrebate el estremecimiento que produce la belleza fantástica de la eternidad.
Porque mi Musa es impotente ante la parca, pero su arquitectura poética me permite construirle hendiduras para hacerle el quite permanente y sarcástico. Hasta cuando todo haya desaparecido y solo me queden la Verdad y la Justicia, como mis únicas compañeras. Entonces, me inclinaré reverente y con palabras armoniosas, la llamaré para meterme, ya no en el perpetuo jardín de rosas, sino el la selva perenne, entre los laureles líricos de la eternidad...