lunes, 27 de abril de 2026

Puerto Betania del Caguán, un pueblo congelado en el tiempo y abandonado por el Estado

 

Puerto Betania es otro socio del club de pequeños municipios y centros poblados abandonados por un Estado excluyente, mentiroso, corrupto y déspota que solo los reconoce como suyos cuando una de sus postales hermosas causa sensación en círculos internacionales, cuando los buscan en el mapa para definir alguna estrategia militar represiva o para el diseño de planes demagógicos que nunca tienen impacto sobre sus habitantes. Es un club de pueblos perdidos en la fascinante amazonia, fundados casi todos por compatriotas expulsados de sus territorios nativos por la violencia, el hambre y la falta de oportunidades, o simplemente atraídos por el misterioso encanto de la manigua.

Hasta hace 25 años, este pueblo sobre el río Caguán, situado entre San Vicente y Cartagena del Chairá, aguas abajo de Santa Rosa, fue el centro de confluencia de una extensa zona en donde en la última década surgieron otros asentamientos importantes como consecuencia del auge de la ganadería y la construcción comunitaria de carreteras y nuevos caminos. como Villalobos, La Novia, Las piscinas, Las Damas, La Chipa y Laureles, entre otros.

Su desarrollo y crecimiento se detuvieron hasta el punto de que su aspecto es como la misma foto del año 2000, modificada solamente por la adecuación de su parque y la construcción del polideportivo; sus calles arenosas, sus casas de tabla, la brisa que llega desde el río, los niños que corren tras una pelota y tambén, la  misma simpatía y hospitalidad de sus habitantes. Y, aparentemente por haberse quedado detenida en el tiempo, el alto gobierno también detuvo sus programas, como la electrificación y construcción de su acueducto y alcantarillado. A pesar de estar cerca de puntos interconectados a la red eléctrica nacional, como Campo Hermoso, la Chipa, Laureles y Tres Esquinas, Betania fue dejada por fuera de los proyectos. En materia de acueducto, los habitantes reciben agua bombeada directamente del río, sin tratamiento, cada dos días durante 3 horas.

Con el auge del transporte terrestre, el río, que fue la vida de ese caserio, en él se tejieron miles de historias dramáticas  amorosas,  mágicas y hasta de terror. perdió protagonismo. El bullicio del puerto, los pescadores que llegaban con sus cosechas, los botes que pitaron al zarpar y el hormiguero de gente, fueron una estampa de la Amazonia seductora, de la belleza natural y humana. 

La más atractiva decoración que vi en Puerto Betania, fue la de algunos ancianos  que me hablaron sonrientes, aceptaron que fueron desterrados desde el "Antiguo Caldas" y se declararon felices con los relatos de sus desventuras, las noches sin sueños y algunas lágrimas que les quemaron los ojos. 

Uno de ellos me llamó tras despedirme...

-Le autorizo unas fotos pero si las tomamos en el cementerio, porque ya estoy en las puertas de la muerte...





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