viernes, 23 de agosto de 2019

Arcesio Albino, un titán solitario, protector de las tortugas “charapas” en Caquetá



FotosWendy Yuvely Barrios Gasca
Un humilde campesino enamorado de la Naturaleza, que ha luchado toda su vida contra la furia del río y de la selva, contra las adversidades derivadas de su condición de colono, contra la pobreza, contra el olvido estatal y contra la violencia, sintió la necesidad de frenar las actividades de explotación  y aprovechamiento abusivo de los recursos en su entorno y decidió dedicarse al cuidado de las tortugas de río o charapas que abundaron en los afluentes amazónicos hasta hace una década.
Las charapas son un recurso de amplia presencia en la Amazonia, aprovechado históricamente por los grupos indígenas del medio y bajo Caquetá, importante no solo como fuente de proteína sino también dentro de su cultura, como elemento recurrente en sus cosmovisiones, mitos y leyendas. En La Pedrera, Amazonas, por ejemplo, se realiza cada año el llamado “Festival de la Charapa”.
Pero los métodos adoptados y la intensidad del aprovechamiento por la creciente presencia de poblaciones ribereñas, produjeron cambios que han reducido notablemente las dos especies más comunes en los ríos Orteguaza y Caquetá.
Don Arcesio Albino admite que su decisión también fue como una terapia contra la tristeza y la angustia derivadas del fracaso de varios intentos productivos que puso en marcha en su finca, entre otros, un proyecto panelero con el que perdió casi $100 millones. Sintió, del mismo modo, la necesidad de consolar su vida y hoy, después de 15 años, se proclama feliz, tiene la infraestructura y la capacidad para controlar el proceso de recolección, incubación, protección y liberación periódica de miles de charapas, pero se queja y reclama el apoyo oficial y de particulares para mejorar este programa.
A pesar de la importancia de este proyecto, y a los reiterados pedidos que ha hecho don Arcesio, no ha sido posible que las autoridades ni las instituciones asociadas con los temas ambientales se fijen con interés y reconozcan las dimensiones reales de este proceso de preservación. Hace apenas 3 días, en Santa Martha se hizo la liberación de un poco más de 100 charapas, en una ceremonia profusamente replicada por los Medios nacionales de comunicación y con la presencia de las autoridades locales, mientras que ayer fueron liberadas 4 mil charapitas en la laguna Potreros, en Caquetá, entre la algarabía atropellada de un centenar de estudiantes de algunas instituciones de centros poblados de la región, como Mononguete y Remolino, algunos profesores y 3 periodistas de Florencia. El alcalde de Solano, Alejandro Quintero, en cuya jurisdicción se encuentra el predio de don Arcesio y la laguna Potreros, un espejo de agua de casi 20 hectáreas, depositaria de las liberaciones, ha incumplido su promesa de apoyo al programa y aunque la Junta comunal le hizo la petición específica de un pequeño motor fuera de borda para ponerlo al servicio del proyecto, siguen a la espera. Algunas personas atribuyeron la indiferencia del funcionario hacia el proyecto, a que don Arcesio Albino no se adhirió a la campaña electoral del candidato del alcalde.
Solano, un municipio con más de 40 mil kilómetros de extensión, es considerado como el corazón de la selva caqueteña y, entre otras riquezas naturales, tiene la Serranía del Chiribiquete y la región del Araracuara, dos joyas de la Naturaleza. Su presupuesto es de un poco más de $18 mil millones, recibe ingresos provenientes de regalías por $3 mil millones y otros $2 mil millones del FOPEP. Un motor Fuera De Borda 15 Hp, Pata Larga, 2t, Mandos Manuales, tiene un valor de U$S 1.881, es decir, menos de $6 millones.
De todas maneras, don Arcesio ya es un personaje, cuya sensibilidad hacia la Naturaleza  lo pone por encima de asuntos electoreros y por encima del común de los campesinos colombianos, es un ejemplo mundial y se siente orgulloso, como un autor por sus libros, aunque le toque pagar un precio muy alto por el aislamiento de la clase política.
Considera su programa como una obra de arte que resume sus ideales, que ya hace parte de sus deseos, de sus deberes, por encima del bien y del mal, que lo distrae jugando con sus consentidas charapas, desde el momento de la recolección hasta su entrega nostálgica, pero de gloria, a la laguna. Es increíble que un titán como don Arcesio, quien contrasta con el estereotipo del campesino-colono “normal”, con el aporte que le hace al planeta, viva también en un columpio de crisis económicas, mirando su sombra terrosa que envejece.
En esa perspectiva del bosque ilimitado, con esa sinfonía de sonidos y del viento, con el rumor del río Orteguaza y el lenguaje multifonético de la selva, pensé en los artificios de la burocracia y la politiquería, una simbiosis letal de tramitología e indiferencia, y sentí las molestias, el enfado y la indisposición previas al vómito.
La belleza embriagadora del paisaje, la calma y el silencio de la selva, el sol poniente ensangrentado, la colosal desembocadura del río Orteguaza al Caquetá y la perspectiva de Solano, a lo lejos, como un pesebre decembrino, reafirman el concepto según el cual la Naturaleza es la mejor obra de arte, una revelación constante, y tenemos que detenernos ante ella para admirarla, no para destruirla.
Aunque no todos tenemos la facultad de contemplar y comprender la belleza, el solo hecho de admirar la Naturaleza es una forma de ser Naturalistas.
Y Don Arcesio Albino, con su esfuerzo solitario para blindar a las charapas de la extinción, hace parte de ese grupo de almas de élite que vibran y se conmueven con las emociones que inspira la Naturaleza.



sábado, 10 de agosto de 2019

Personajes de la vida cotidiana. Taita Gregorio Garcés, un grito y una cátedra desde la Amazonia ultrajada

Sus relatos espontáneos y curiosos, pero también objetivos y absolutamente verdaderos, son una voz terapéutica en medio de los quebrantos estrepitosos de la civilización y los lamentos entre las ruinas provocadas por los abusos del hombre contra la madre Naturaleza, la Pacha Mama.

El Taita Gregorio Garcés Mojomboy no sabe leer ni escribir pero fue señalado como el Maestro de la preservación y la recuperación ecológica por los académicos ilustres que participaron en el Primer Simposio Internacional y IV Congreso Nacional de Restauración Ecológica, desarrollado en la Universidad de la Amazonia entre el 31 de julio y el 3 de agosto de 2018.
Sus relatos espontáneos y curiosos, pero también objetivos y absolutamente verdaderos, fueron una voz terapéutica en medio de los quebrantos estrepitosos de la civilización y los lamentos entre las ruinas provocadas por los abusos del hombre contra la madre Naturaleza, la Pacha Mama o Mama Pacha, esa divinidad protectora y proveedora que representa no solo el suelo sino todo el planeta. El símbolo de la fecundidad y la fertilidad.
Entre la agonía de la Pacha Mama, asaltada y violada por el tropel codicioso y cruel del Homo Sapiens, las palabras del Taita Gregorio con las que describió las actividades ancestrales de cuidado, preservación y restauración de los recursos naturales, provocaron un silencio de selva entre los investigadores, ponentes y asistentes al Congreso, que lo escucharon atentamente, sorprendidos por sus conocimientos. Fue una cátedra de sabiduría, de empirismo científico regulador y protector de los recursos naturales. Un ejercicio rutinario para las comunidades indígenas.
“Nosotros abrimos la Chagra, la cultivamos durante 2 años, la abandonamos y entonces regresan los animales que traen semillas y nos regeneran el bosque, al que volvemos pasados 3 o 4 años. Del mismo modo, los frutales siguen creciendo y muchas veces encontramos abundante producción”, dijo el Taita. “Es decir, que rotamos los terrenos sin hacer nuevas intervenciones porque el bosque es nuestro patrimonio, nuestro laboratorio medicinal y nuestra fuente de alimentos”, añadió.
Contó que desde siempre, las comunidades indígenas aprenden a relacionarse de manera respetuosa con la naturaleza porque, insistió, “ella debe servir de alimento, de refugio, de trabajo, de remedio y de sustento para las generaciones futuras”.
El cuidado de los territorios se hace por órdenes de sus propias autoridades que a su vez constituyen la expresión del sentimiento del colectivo, recogido en las asambleas, su máxima jerarquía organizativa. “Nuestro territorio es, del mismo, el hospital de la comunidad porque allí obtenemos las plantas que nos curan y a ellos solo pueden ingresar los curacas y las personas autorizadas. Los nacimientos de los caños merecen una protección especial porque el agua es, con el fuego y el aire, fundamental para la vida, añadió.
La presión de los colonos sobre sus territorios es una verdadera amenaza porque “los occidentales” o “blancos” son despojadores y devoradores compulsivos, no tienen corazón ni les importa la preservación ni la conservación de los recursos. Con el apoyo de investigadores y activistas medioambientales, las comunidades indígenas salieron al encuentro con los invasores y se puede afirmar que en muchos casos los han obligado a detenerse, a devolverse desde sus fronteras de violación y de codicia.
Después de varios intentos, se logró llegar a algunos acuerdos sobre las medidas de protección y de restauración de los bosques talados en los alrededores de los resguardos indígenas. Para los “blancos”, el indígena es perezoso porque no tumba montaña sino que la cuida como una joya.
“La montaña es, además, el gran hospital de las comunidades, allí está la medicina tradicional que nos cura de todas las enfermedades, es una riqueza que debemos cuidar”, dijo el Taita Gregorio en un diálogo con los periodistas del programa “Puntos de Encuentro”, de la tristemente desaparecida Oficina de Paz, de la Universidad de la Amazonia. Así como ustedes cuidan, limpian y quieren sus hospitales, nosotros amamos la montaña que nos alivia.
Contó cómo los colonos que destruyeron la montaña a veces llegan hasta el resguardo pidiendo un árbol para construir una casa o un puente. “Nosotros no podemos regalar ningún árbol porque esa es nuestra riqueza que utilizamos para satisfacer nuestras necesidades. Es como si fuéramos a la finca del colono a pedir una vaca. Esa es la riqueza del colono”, comentó el Taita. “Tendríamos que tener una montaña gigante para darle un árbol a todos los “blancos”, o a los colonos que nos los pidan”, remató.
Reconoció que muchos colonos empezaron a tener conciencia del cuidado de los recursos y se han sumado a las actividades de restauración lideradas por la Fundacion Natura y su proyecto Amazonia 2.0 y en muchos casos se han obtenido apoyos reales para las actividades programadas.
El Taita Gregorio también dio cátedra sobre la conservación de las especies animales y señaló que por los conocimientos ancestrales pueden determinar los tiempos cuando la boruga, el guara, la pava, los loros, los micos y otros animales tienen sus crías pequeñas y entonces no se pueden cazar. Asimismo, los peces tienen sus periodos de incubación, durante los cuales no se les puede atrapar.
El proyecto Amazonia 2.0 es un programa de fortalecimiento de los modelos de gobernanza forestal en territorios indígenas y campesinos del bioma amazónico y sus objetivos principales son contener la deforestación y degradación de los bosques amazónicos, la pérdida de su biodiversidad y servicios ecosistémicos, entre ellos los climáticos, empoderando a un conjunto de organizaciones indígenas y campesinas para actuar y responder organizadamente junto con ONGs nacionales e internacionales, ante las amenazas a sus bosques en cada uno de los países del proyecto.
Uno de sus objetivos específicos es el establecimiento de una plataforma amazónica de intercambio de información y respuesta rápida, de aprendizaje, interactiva y constructiva, en el marco de una articulación de seis territorios indígenas y campesinos, permitiendo el registro, análisis y reporte de información en tiempo real que contribuya al monitoreo de la deforestación (presiones, amenazas y tráfico ilegal de recursos silvestres), y con la vigilancia de los procesos de gobernanza y vigencia de las salvaguardas de REDD+.
El proyecto se desarrolla en una zona limítrofe de los departamentos de Caquetá y Putumayo, en las comunidades campesinas de Mononguete y del Resguardo Indígena Inga, “Niñeras”, en el municipio de Solano, en donde reside el Taita Gregorio.
En el tropel devastador de las hachas, las motosierras y las lanchas que cruzan los ríos de la Amazonia, los únicos que pueden detener ese vehículo de bárbaros y devolverlos desde la frontera de la deforestación, son los académicos activos y las comunidades indígenas paradas en sus fronteras.
Porque a pesar de eventos académicos tan importantes como El Primer Simposio Internacional y IV Congreso Nacional de Restauración Ecológica, realizado en la Universidad de la Amazonia, existen muchas personas deliberadamente sordas a los gritos y lamentaciones de la civilización que avanza en medio de las tinieblas agónicas de la contaminación.
Cuando el Cóndor emblemático de la Libertad ha desaparecido y la hiena carroñera lo remplazará en el escudo de Colombia, cuyos "Libertad y Orden" entraron en agonía por causa de la corrupción y la gangrena moral de la narco-politiquería que ahora es símbolo nacional.

lunes, 24 de junio de 2019

Historias de Vida. Raimundo Muñoz, 101 años de victorias con el escudo de la simpatía y la resistencia




Asomado en la ventana desde donde se ven los jardines apacibles de los años postreros de la vida, en la tarde muy cercana a la noche que les da paz absoluta a los ancianos, Don Raimundo Muñoz Muñoz interrumpe con frecuencia su soledad y grita frases que son el saludo a un jardín encantado, voltea su cara hacia los que están cerca y les recuerda su heroica juventud.
Como contemplando el fondo de su vida y de su corazón, dice en voz alta que sacrificó su tiempo por la familia, “fui verraco para todo” y asegura que le arrancó la energía y los secretos a los cables de la luz con los que trabajó la mayor parte de su vida, hasta pensionarse como obrero de la electrificadora del Huila, hace 50 años.
“El tiempo es largo, como la vida dure”; “no hay más San Juan que el de Oporapa y más amor que el de la mama”; “Juépale carajo que cuando chiquita tenía” y “me gusta el tren porque camina y la mujer porque se empina”, son las expresiones más frecuentes que salen con tono vehemente desde su caminador a medida que da pasos evidentemente fatigados pero triunfantes.
Con mucha frecuencia vuelve su memoria hacia los campos lejanos de la juventud y narra los episodios de la época como ayudante de albañilería de su padre, las frecuentes tomadas de trago, durante las cuales “nadie me miraba feo porque les daba en la jeta, carajo”, así como las reuniones de amigos y las fiestas de la empresa.
Del mismo modo -después de tomarse un trago doble de aguardiente- recuerda su condición de hombre tranquilo en el hogar, en donde impartió autoridad sin represión, de acuerdo con el testimonio de sus hijos y de personas cercanas a la familia que lo califican como un hombre “bonachón”. Por alguna razón que no pude establecer, don Raimundo no habla de la violencia partidista de la mitad del siglo pasado y siempre evadió mis preguntas sobre esa bestia que devoró la patria. Sus recuerdos están encriptados y sellados y no pude conocer ese momento histórico en la vida de un humilde trabajador que se la pasó de casa en casa como instalador de redes eléctricas, por lo cual tuvo mucha información sobre los hechos que caracterizaron esa etapa cruel y triste de la historia nacional.

Lo cierto e incuestionable es que Colombia, desde el fin del dominio español, ha sido escenario de conflictos violentos sin solución que han contribuido a radicalizar la división social, por causa de la bipolarización extrema que representaba el que el espectro político y electoral estuviera copado casi en exclusiva por los partidos Liberal y Conservador. En la década de los treinta, Colombia empezaba a ser permeada por los cambios políticos, sociales y económicos que presenció y sufrió don Raimundo y además se registra el fin de la hegemonía conservadora. Y también fue tocado por la violencia desatada tras el asesinato de Gaitán e igualmente testigo del conflicto más reciente que intentamos superar tras la firma de los Acuerdos de Paz.
Atribuyo su silencio sobre los temas asociados a la violencia, a la vigorosa e imperturbable discreción que los viejos mantuvieron respecto de los hechos ocurridos en su entorno y gracias a la cual sobrevivieron en medio de esa convulsión producida por las murmuraciones y los testimonio “de oídas”, muy frecuentes en épocas de guerra.  Y él lo reconoce: “Abundan los sapos…los chiquitos y los grandes”, dice don Raimundo también con cierta frecuencia en sus conversaciones.
Los viejos de hoy, sobrevivientes de los conflictos, fueron los jóvenes que guardaron los hechos como confidencias exclusivas para su Yo interior, ese Yo interior que impera en los dominios de lo desconocido y que solo abre los labios para la madre Soledad.
Palpé en su mirada una angustia dolorosa cuando le pregunté por su esposa y sentí las vibraciones de su alma en la respuesta:
-Se llama Margarita Muñoz y murió hace 12 años, me dijo mirándome a los ojos. Y como el dolor es una fraternidad, sentí piedad por su expresión de desvanecimiento y entonces fuimos hermanos en la pena por unos instantes.
Hundido en el espectáculo de la autocontemplación característica de los ancianos, violada por la presencia de un interlocutor “preguntón” –como me dijo don Raimundo- me metí a la cama fría en “Casa Vieja” y proyecté esta nota, pensando, del mismo modo, en cómo desaparecemos en los horizontes del tiempo.
Muy temprano, casi adolescente, la tormenta de la pobreza arrojó a don Raimundo sobre el seno tumultuoso y hostil de la competencia laboral. Le tocó realizar distintas actividades, principalmente en mantenimiento y aseo, para atender los gastos familiares y recuerda que trabajó en la división de rentas del departamento del Huila, acompañó a su mamá y protegió a sus hermanos menores.
Fue un bebedor frecuente de aguardiente pero sin excesos, sin trasnochas ni escándalos, aunque confiesa que muchas veces le puso sus puños encima a “más de uno por groseros" y se ganó la fama de peleador respetado por sus contertulios y en general por las comunidades de Suaza y Guadalupe.
-El aguardiente me mantiene vivo y alegre, dice en voz alta y mira a sus hijos para que le den la dosis diaria que muchas veces pide, en vano, que se la aumenten. Siempre tomó el mismo trago doble que ahora le dan por la mañana, al medio día y por la tarde. Y algunas veces, como el día de la entrevista, de manera excepcional, un trago extra “para que se active”, dijo su hijo Norberto.
Como todas las personas demasiado mayores, don Raimundo se absorbe en silencios prolongados, como escuchando las confidencias de sus propios secretos, y quizás  mirando hacia la eternidad, tramando algunos argumentos para vencerla…o para conquistarla. Son los primeros encuentros de la vida con el huerto del descanso.
Todo anciano es una página de la historia, verídica, osada, cruel o simpática como fue su vida, con la savia que lo nutrió y con la sabiduría que aprendió; con el heroísmo que demostró y amó, con la fatiga derivada de la construcción de sus proyectos y con el olvido de sus labores y episodios más significativos que se fugaron al exilio, decretado por el paso inexorable del tiempo y el deterioro normal de las habilidades propias de los individuos.
Sus hijos Margarita, Nelly, Raimundo, Luis Eduardo, Norberto, Miriam  y toda su descendencia – 17 nietos y 13 bisnietos- son los principales admiradores de la formidable resistencia de su padre, abuelo y bisabuelo, pero en general los habitantes de Suaza y Guadalupe, las vecinas poblaciones del sur del Huila, miran con profundo respeto a don Raimundo quien ya es una estatua viva y ambulante con el escudo de la resistencia y la simpatía propia de los guerreros sembradores. No toma ningún tipo de medicinas, no usa gafas y su voz es firme, alta y sonora, una condición que no solo deslumbra sino que también fascina…es un derroche que embellece a esta joya histórica del sur del Huila. Es un trofeo que llena de orgullo a quienes lo tenemos entre nuestras manos y a la vez es un orgullo que exhibimos sin soberbia.
Es un triunfo que resuena gratamente en el corazón de toda la familia, de sus allegados, de la comunidad, como el eco de una victoria permanente. Es una victoria que se observa a través de un cristal para no contaminarla.
Sus familiares recordaron que don Raimundo es el hijo menor de 5 hermanos longevos, la más joven de los cuales murió de 89 años; cuentan que en la familia su mamá fue la que puso los condiciones y el “viejo” siempre estuvo más preocupado por la atención de las necesidades fundamentales y la asistencia a la iglesia y en general a los oficios religiosos. Hoy su relación con los hijos es muy horizontal, de camaradería familiar, aunque por momentos les recuerda que él es quien manda en su casa, especialmente cuando le “maman gallo” para darle la dosis diaria de sus tragos dobles de aguardiente.
-Tengo una pensión, me la gané trabajando, les dice a los encargados de administrarle el dinero. Viste de manera formal, elegante y los fines de semana usa una cachucha cuya visera pone hacia atrás la mayor parte del tiempo.
Hace varios años, la electrificadora del Huila lo presentó como personaje principal en un homenaje a los trabajadores más antiguos de esa empresa y diariamente recibe expresiones de reconocimiento y gratitud espontánea por parte de personas que pasan por su casa y perciben la energía alegre de un hombre claro y tranquilo que los deja perplejos.
Ninguno de sus allegados recuerda haber visto enfermo a don Raimundo y su hijo Luis Eduardo explicó que hace algunos años, molesto por dolores abdominales, el hombre fue llevado donde un médico homeópata quien le dio un medicamente que disolvió los cálculos en la vesícula del centenario bisabuelo.
-Tengo el cuero sano, declara con orgullo.
Más recientemente y ante la pérdida de su movilidad, don Raimundo fue sometido –casi contra su voluntad-a una cirugía en la cabeza, pero al salir del procedimiento se sintió mal y no reconoció a sus familiares. Fue remitido nuevamente a Neiva en donde corrigieron la operación y recuperó sus articulaciones y su memoria. Aunque tiene algunas limitaciones, se desplaza solo, apoyado en un caminador de aluminio, desde donde canta victoria por los 101 años que cumplirá este mes de junio del 2020.
-Si usted fue un hombre “toma trago, callejero y peleador”, es muy probable que haya tenido hijos en otras mujeres, le pregunté.
-No señor, por ahí si no ofendí a Dios, contestó visiblemente molesto y me pidió que me retirara. Regañado y a prudente distancia, vi cómo se pasó su mano izquierda por la cara, como una caricia, y sentí un extraño perfume que salió de esa alma taciturna…son los aromas de los recuerdos, pensé.
En medio de una comunión excepcional con sus familiares que lo respetan y aplauden, la casa de don Raimundo en Guadalupe es una verdadera playa en donde bajo un cielo tranquilo se pasea la  ternura de un viejo estremecido por el cariño y las atenciones de la gente que lo venera, que lo admira y disfruta con esa gloria de 101 años y con su pasado luminoso.
Mientras tanto, como el eco de una música muy lejana, a don Raimundo le llegan las ondas rumorosas y lentas de sus recuerdos, algunos ajados por el paso del tiempo y otros intactos, entre los que dejó ver la cara de los profesores huraños de su época, los campesinos por todas partes, los niños inocentes que pasean sin alguna amenaza por las pocas calles empedradas de Suaza y Guadalupe; los adolescentes hiperactivos, los rostros angelicales y colorados de la muchachas igualmente cándidas y todo el entorno sensitivo, tierno y hermoso que nos robó la violencia.
Con mi deseo de intimidad frustrada con don Raimundo, aumentado por mi imaginación, como sueños y capricho, sin respuestas sobre la cotidianidad de la violencia en los municipios conservadores del sur del Huila, me incliné sobre esos 101 años de sabiduría y al hacer una venia como la de los japoneses, vi que las sombras del crepúsculo me envolvieron, quedé como un vencido prematuro y la mirada de don Raimundo estranguló mis palabras.






jueves, 30 de mayo de 2019

Cumpleaños: el laberinto de la soledad


Mi vuelo por la vida, que ha sido una cascada de negaciones, entró en zona de huracanes en la cual la única certidumbre es la horrible soledad que atrapa a quienes vemos morir, despacio pero de manera inevitable, la tarde de la vida.
Y así como la luz llora sobre los picos de las montañas en la hora del crepúsculo, el aire de la soledad se trasforma en borrasca que arrastra nuestras ilusiones, nuestros amigos, nuestra familia, nuestras fuerzas, nuestra voluntad, y devora nuestra salud.
Del mismo modo, se cierran los horizontes de la esperanza y con tristeza observo que a estas alturas del viaje, la vida se metió por una larga avenida de cruces de mis amigos y parientes, rodeada de árboles desnudados por el viento y el paso de los años, en uno de cuyos recodos se embosca la parca con su arco envenenado. Es el espanto de quien ha visto morir sus ilusiones.
Es un gran contraste con los campos ya lejanos de la juventud bajo el sol efervescente de la lucha, del heroísmo, del sacrificio por un ideal de justicia social que no pudimos materializar mediante la movilización de voluntades y de masas y nos puso a dudar sobre el secreto de los veredictos históricos arrancados con la fuerza de las armas. Deserté en una trinchera pero los dos grandes amores de mi vida, la libertad y la duda, nunca me soltaron de sus manos enérgicas.
Hoy, al levantarme y con el primer saludo de cumpleaños, me atropelló una gran duda, sin resolución: ¿Las luchas fueron miserablemente estériles  porque, igualmente, fueron cándidamente heroicas?.
Después, cambió la perspectiva de la lucha pero no su esencia. Con el periodismo, clavé muchas veces mis garras sobre el crimen, la corrupción y la asquerosa politiquería que como bestias destruyen al país, pero fui vencido por sus poderosos apéndices, a los cuales mi indisciplina e inestabilidad les facilitaron su progreso. Y también por el poder de las amenazas pues la intimidación es un procedimiento horriblemente desestabilizador.
Está pendiente el incendio que destruirá los males colombianos.Será una llamarada, una gran columna de fuego. Y no es solo un deseo romántico porque ya se escuchan voces juveniles amantes de la libertad. Como me lo dijo una tarde Jaime Bateman, el insigne comandante del M-19, una tarde de agosto de 1982 en las selvas del Putumayo: "Mientras exista una sola persona dispuesta a morir por una causa justa, habrá esperanzas".
En esta época del derrumbamiento de los sueños hechos polvo, no quedan sino recuerdos para hacerle el duelo a la muerte de todas las ambiciones. Con mi mamá Alicia, con mis hermanos, con mis hijos, con mis parientes, con mis amigos del alma, busco de manera permanente la chispa que inicie, que desate los recuerdos. Las historias de mi madre, con sus 98 años de sabiduría, son confidencias divinas, relatos besados por los labios de la belleza, con suaves cadencias y frecuentes enlaces con otros episodios. No es una poetiza pero sus recuerdos tienen la musicalidad de los versos que los traigo a cada momento como nuevas revelaciones.
Paisajes, personas, acontecimientos y especialmente las risas, alcanzan dimensiones formidables con la recordación, aunque muchas veces un vaho doloroso se escapa de las praderas del recuerdo y hace temblar las voces de los relatores...y mi alma se perturba. Evocar el pasado es revivirlo y muchas veces vemos los laureles y otras las llagas miserables de la vida.
Para distraer la soledad en esta hora crepuscular del viaje terrenal, revivo mis sueños rebeldes que siempre escoltaron mi juventud batalladora y como único deleite y compañía vivo en contacto con la naturaleza y escribo sobre los sitios mágicos que visito. El sol, el azul del firmamento, las montañas, el jardín del eje cafetero, la calma del atardecer, las promesas de la aurora, el mar que lo contiene todo, el corazón de la selva caqueteña, el desierto de La Tatacoa, las aves pensativas en reposo y en vuelo; la gente, la coyuntura política nacional caracterizada por la mentira, la vanidad, el miedo, el odio y el conformismo; las expectativas de paz, los ríos y en general el milagro de la belleza natural, me empujan hasta las páginas en blanco del computador para "garrapatear"  mis impresiones.
Y aunque mis ojos  todavía no se han fijado en el rostro inmutable e indiferente de la parca, tengo una cita sucesivamente aplazada con el irreverente Gustavo Álvarez Gardeazábal para visitar el cementerio libre de Circasia y sus leyendas que han peregrinado por mi sensibilidad desde niño, como una flota de fantasmas que viajan constantemente entre Armenia y Pereira, en el eje cafetero.
Con las manos en el teclado, repasando las manifestaciones de afecto, cariño y solidaridad recibidas desde muy temprano, durante el programa radial "Puntos de Encuentro", de la Oficina de Paz-UDLA,con el ingeniero Esteban Cabuya, y después, del colectivo de compañeros de la Oficina de comunicaciones de la Uniamazonia, y de muchas personas quienes con una alegría cruel nos recuerdan que cada vez estamos más cerca de la losa fría, y  mirando el último párrafo de esta nota de cumpleaños, me propuse transformar el huracán de la vida en armonía permanente a través de la risa. 
Porque el mamagallismo es el abrevadero de los genios.

lunes, 29 de abril de 2019

Taita Gregorio Garcés, un grito y una cátedra desde la Amazonia ultrajada

Sus relatos espontáneos y curiosos, pero también objetivos y absolutamente verdaderos, fueron una voz terapéutica en medio de los quebrantos estrepitosos de la civilización y los lamentos entre las ruinas provocadas por los abusos del hombre contra la madre Naturaleza, la Pacha Mama.

Sus relatos espontáneos y curiosos, pero también objetivos y absolutamente verdaderos, fueron una voz terapéutica en medio de los quebrantos estrepitosos de la civilización y los lamentos entre las ruinas provocadas por los abusos del hombre contra la madre Naturaleza, la Pacha Mama o Mama Pacha, esa divinidad protectora y proveedora que representa no solo el suelo sino todo el planeta. El símbolo de la fecundidad y la fertilidad.
Entre la agonía de la Pacha Mama, asaltada y violada por el tropel codicioso y cruel del Homo Sapiens, las palabras del Taita Gregorio con las que describió las actividades ancestrales de cuidado, preservación y restauración de los recursos naturales, provocaron un silencio de selva entre los investigadores, ponentes y asistentes al Congreso, que lo escucharon atentamente, sorprendidos por sus conocimientos. Fue una cátedra de sabiduría, de empirismo científico regulador y protector de los recursos naturales, un ejercicio rutinario para las comunidades indígenas.
“Nosotros abrimos la Chagra, la cultivamos durante 2 años, la abandonamos y entonces regresan los animales que traen semillas y nos regeneran el bosque, al que volvemos pasados 3 o 4 años. Del mismo modo, los frutales siguen creciendo y muchas veces encontramos abundante producción”, dijo el Taita. “Es decir, que rotamos los terrenos sin hacer nuevas intervenciones porque el bosque es nuestro patrimonio, nuestro laboratorio medicinal y nuestra fuente de alimentos”, añadió.
Contó que desde siempre, las comunidades indígenas aprenden a relacionarse de manera respetuosa con la naturaleza porque, insistió, “ella debe servir de alimento, de refugio, de trabajo, de remedio y de sustento para las generaciones futuras”.
El cuidado de los territorios se hace por órdenes de sus propias autoridades que a su vez constituyen la expresión del sentimiento del colectivo, recogido en las asambleas, su máxima jerarquía organizativa. “Nuestro territorio es, del mismo, el hospital de la comunidad porque allí obtenemos las plantas que nos curan y a ellos solo pueden ingresar los curacas y las personas autorizadas. Los nacimientos de los caños merecen una protección especial porque el agua es, con el fuego y el aire, fundamental para la vida, añadió.
La presión de los colonos sobre sus territorios es una verdadera amenaza porque “los occidentales” o “blancos” son despojadores y devoradores. compulsivos, no tienen corazón ni les importa la preservación ni la conservación de los recursos. Con el apoyo de investigadores y activistas medioambientales, las comunidades indígenas salieron al encuentro con los invasores y se puede afirmar que en muchos casos los han obligado a detenerse, a devolverse desde sus fronteras de violación, de su codicia.
Después de varios intentos, se logró llegar a algunos acuerdos sobre las medidas de protección y de restauración de los bosques talados en los alrededores de los resguardos indígenas. Para los “blancos”, el indígena es perezoso porque no tumba montaña sino que la cuida como una joya.
 “La montaña es, además, el gran hospital de las comunidades, allí está la medicina tradicional que nos cura de todas las enfermedades, es una riqueza que debemos cuidar”, dijo el Taita Gregorio en un diálogo con los periodistas del programa “Puntos de Encuentro”, de la Oficina de Paz, de la UDLA. Así como ustedes cuidan, limpian y quieren sus hospitales, nosotros amamos la montaña que nos alivia.
Contó cómo los colonos que destruyeron la montaña a veces llegan hasta el resguardo pidiendo un árbol para construir una casa o un puente. “Nosotros no podemos regalar ningún árbol porque esa es nuestra riqueza que utilizamos para satisfacer las necesidades. Es como si fuéramos a la finca del colono a pedir una vaca. Esa es la riqueza del colono”, comentó el Taita. “Tendríamos que tener una montaña gigante para darle un árbol a todos los “blancos”, o a los colonos que nos los pidan”, remató.
Reconoció que muchos colonos empezaron a tener conciencia del cuidado de los recursos y se han sumado a las actividades de restauración lideradas por la Fundacion Natura y su proyecto Amazonia 2.0 y en muchos casos se han obtenido apoyos reales para las actividades programadas.
El Taita Gregorio también dio cátedra sobre la conservación de las especies animales y señaló que por los conocimientos ancestrales pueden determinar los tiempos cuando la boruga, el guara, la pava, los loros, los micos y otros animales tienen sus crías pequeñas y entonces no se pueden cazar. Asimismo, los peces tienen sus periodos de incubación, durante los cuales no se les puede atrapar.
El proyecto Amazonia 2.0 es un programa de fortalecimiento de los modelos de gobernanza forestal en territorios indígenas y campesinos del bioma amazónico y sus objetivos principales son contener la deforestación y degradación de los bosques amazónicos, la pérdida de su biodiversidad y servicios ecosistémicos, entre ellos los climáticos, empoderando a un conjunto de organizaciones indígenas y campesinas para actuar y responder organizadamente junto con ONGs nacionales e internacionales, ante las amenazas a sus bosques en cada uno de los países del proyecto.
Uno de sus objetivos específicos es el establecimiento de una plataforma amazónica de intercambio de información y respuesta rápida, de aprendizaje, interactiva y constructiva, en el marco de una articulación de seis territorios indígenas y campesinos, permitiendo el registro, análisis y reporte de información en tiempo real que contribuya al monitoreo de la deforestación (presiones, amenazas y tráfico ilegal de recursos silvestres), y con la vigilancia de los procesos de gobernanza y vigencia de las salvaguardas de REDD+.
El proyecto se desarrolla en una zona limítrofe de los departamentos de Caquetá y Putumayo, en las comunidades campesinas de Mononguete y del Resguardo Indígena Inga, “Niñeras”, en el municipio de Solano, en donde reside el Taita Gregorio.
En el tropel devastador de las hachas, las motosierras y las lanchas que cruzan los ríos de la Amazonia, los únicos que pueden detener ese vehículo de bárbaros y devolverlos desde la frontera de la deforestación, son los académicos activos y las comunidades indígenas paradas en sus fronteras.
Porque a pesar de eventos académicos tan importantes como El Primer Simposio Internacional y IV Congreso Nacional de Restauración Ecológica, realizado en la Universidad de la Amazonia, existen muchas personas deliberadamente sordas a los gritos y lamentaciones de la civilización que avanza en medio de las tinieblas agónicas de la contaminación.
Y cuando el Cóndor emblemático de la Libertad ha desaparecido.

Recorrido por el horizonte purificador del recuerdo

Aunque la hora del poniente esté opuesta al alba, nunca será una hora triste, es como un árbol que ha perdido sus ramas por los vientos y tormentas…un árbol que ya no puede sostener los nidos armoniosos pero que embellece el paisaje, como la ceiba legendaria y moribunda de El Dorado.


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En un emocionado regreso al huerto en donde regaron las semillas de sus  anhelos y ambiciones, nueve egresados de la primera promoción del programa de Ciencias Sociales de la entonces Seccional Florencia de la Universidad Surcolombiana, que fue el embrión de la Universidad de la Amazonia, recorrieron el campus Porvenir y verificaron el crecimiento de la que fue su casa durante 4 años, entre 1974 y 1978.
Con el sol oblicuo a sus espaldas, como las viejas palmas que desde la colina vigilan el legendario Valle de Cocora, en Salento, Quindío, cuyas ramas se inclinan reverentes ante el viento, tres hombres y seis mujeres doblaron sus cuerpos con respeto ante el desarrollo de su universidad, se devolvieron 40 años  y con la lupa de sus recuerdos observaron sus vidas juveniles.
El rector Gerardo Castrillón les dio la bienvenida, les mostró los avances en materia de infraestructura y les informó sobre los desarrollos académicos de la Universidad de la Amazonia que hoy tiene casi 10 mil estudiantes, 25 programas, Especializaciones, Maestrías y un Doctorado. Reconoció a los visitantes porque, dijo, “en aquellos años Yo comencé mis estudios de pregrado”.
El regocijo de este grupo alrededor del rector de UDLA y de su profesor, Juan Antonio León, de quien recibieron clases, hizo imprescindible una reflexión sobre la tarde de la vida, como el vuelo de los pájaros que regresan a sus nidos, que nunca puede ser una hora triste, es una hora tranquila, solitaria, calmada, y sus cabellos blancos –o su ausencia- contienen las hazañas y las leyendas que protagonizaron y algunos escribieron en su fogosa juventud.
Como releyendo las páginas de un viejo libro, el profesor Juan Antonio León, nostálgico ante los senderos de la evocación, mencionó detalles de aquellos tiempos cuando las clases se dictaban en las instalaciones que ocupa hoy la DIAN y recordó que la sala de profesores era pequeña, para unos ocho, entre ellos Blanca Barajas y Wildamiro Trujillo. También evocó la figura del rector, el entonces sacerdote Luis Augusto Castro, hoy reconocido obispo, quien fue presidente de la Conferencia Episcopal.
Sin proponérselo, se montó en su reconocido coloquio de hombre profundamente analítico y tras hacer una fría y desgarradora descripción de la coyuntura política nacional y las esperanzas derivadas de la firma de los acuerdos de Paz, les habló con tono de apremio:
“Independiente de que compartan mis reflexiones, los invito a que desde sus espacios mantengan una participación activa en la lucha por la Paz porque aunque estén retirados, ustedes tienen mucha influencia en sus núcleos familiares y sociales”.
Bety Cuéllar Ibañez asumió la vocería del grupo y aseguró que los reencuentros no tienen como objetivo despertar nostalgia sino alegrías derivadas de la tranquilidad, y muchas risas entre un tropel de anécdotas y gritos que salen desde los corazones de quienes comparten este tipo de momentos. “Reposados y analíticos observamos la juventud radiante y vibradora, algunas veces incendiaria, rítmica y ajena a toda pena”.
Al encuentro asistieron, además de Bety Cuéllar, Ricardo Garzón, Gustavo Agudelo Gonzáles, José Lubin Chaux, María Inés Peña, Cielo Cárdenas Serrato, Ludivia Méndez Perdomo, Amanda Orozco Gómez y Luz Miryam Toledo Guevara.
Aunque la hora del poniente esté opuesta al alba, nunca será una hora triste, es como un árbol que ha perdido sus ramas por los vientos y tormentas…un árbol que ya no puede sostener los nidos armoniosos pero que embellece el paisaje, como la ceiba legendaria de El Dorado.
 De verdad, los recuerdos de la juventud desprenden un extraño perfume que acaricia, porque, como lo dijo también Bety Cuéllar Ibáñez, los recuerdos tocan los corazones…
Y de golpe, el olvido se convierte en memoria.

Historias de Vida. Anderson Ramírez observa el mundo desde el templo silencioso e imperturbable de los sordos


Absorbidos por el silencio espléndido, calmado y sereno; alertas a las confidencias de sus secretos que les resuenan en sus almas con las voces de las estrellas, los sordos no son personas solitarias y muchos de ellos sienten compasión por los “oyentes” que no quieren oír las voces de la naturaleza, de la sociedad y de sus propios semejantes.
Libres de la creciente contaminación auditiva, su silencio profundo es violado constantemente por la presencia del dolor  que les provoca un país que no quiere autocontemplarse, que se niega reiteradamente la autocrítica y que se empeña en la construcción de castillos en el aire a partir de las ruidosas promesas de su clase política.
Libres de la tragedia del tumulto, su aislamiento los perfecciona como verdaderas almas de selección, dotadas de un excepcional espíritu de vuelo y de una admirable capacidad de transfundirse con el otro, con sus interlocutores, a través del lenguaje de señas, entrelazado con gestos y sonrisas que efectivamente cumplen las funciones de comunicar estados del alma y percepciones especiales desde su discreto pedestal, que es, además, como una ventana desde donde se mira hacia la eternidad.
El estudiante Anderson Ramírez Ramírez, quien ganó un cupo para los juegos nacionales paralímpicos que se realizaron a finales del 2019 en la disciplina de ajedrez, ratificó que las personas sordas, libres del ruido, prácticamente dejan la vida y entran en la eternidad, escuchan su Yo interior de manera permanente y crecen constantemente en una sociedad que todavía mantiene altos niveles de discriminación y exclusión con las personas que padecen algún tipo de discapacidad.
El joven ajedrecista Ramírez mostró cómo  su espíritu se refleja y se rebela contra los convencionalismos, a partir de su lenguaje de señas, con sus manos moviéndose en un aleteo constante, mientras su sonrisa contagia a los interlocutores y sus ojos alegres se mueven como una balinera. Esas particularidades lingüísticas y comunicativas son las mismas que reclaman  del Estado la formación de docentes, el desarrollo de procesos de investigación, la producción de materiales educativos y la implementación de tecnologías para que la población sorda tenga acceso equitativo a la educación.
El diccionario básico de la lengua de señas, diseñado y publicado por el MEN, constituye un gran paso hacia la estandarización de la lengua, es un compendio que facilita los proceso educativos de la población sorda y una herramienta muy importante para docentes, intérpretes y modelos lingüísticos, pero es urgente la implementación de otras ayudas educativas que permitan la superación de las actuales barreras para la comunicación de las personas sordas, en la perspectiva de equiparar las oportunidades.
Doña Gladys Ramírez, madre del destacado estudiante, relató su drama cotidiano, los esfuerzos que realiza en medio de las exclusiones y discriminaciones y, de manera puntual, narró el doloroso momento del descubrimiento de la sordera de su hijo, la catarsis y el efecto purificador y liberador que causó el conocimiento de la condición de Ánderson.
El silencio es el templo imperturbable y bello de los sordos y ellos ingresan a él de manera tan profunda que prácticamente no se reconocen en otros lugares. Y es allí en donde nacen todas sus ideas, como manantiales que riegan las praderas de sus corazones libres.
El aislamiento es su refugio y es desde su silencio que se vuelven elocuentes e inertes ante las ambiciones estridentes de los “oyentes”.
Y desde ese templo, los sordos también construyen sociedad y anhelan la conviviencia, sustentadora de la Paz a la que nos aferramos tras la firma de los acuerdos.
Los sordos no son ni solitarios ni tristes…tienen el culto apasionado del ritmo que obedece al mandato de sus armonías interiores…