viernes, 20 de octubre de 2017

El perfume triste que exhalan las bellezas gringas



El ideal toma forma, los sueños se materializan, la simetría semejante a los estantes de una farmacia complementa la armonía del color y de las líneas arquitectónicamente perfectas y entonces nos llega el soplo de la admiración. De la admiración de la belleza por parte de quienes somos sus fanáticos, de quienes poseemos el don intuitivo de la conmoción.
Acabo de completar un mes de mi expedición por USA y he sido absorbido por el entorno perfecto, y también por lo subjetivo que me revelan mis sentidos. Pero especialmente por las megaconstrucciones características en sus vías y en The Big Apple City, la capital del mundo, como la llaman algunos.
Su gran jardín de tristeza, el enorme cuadrado diseñado sobre la base de la destruida torre Gemela 1, en donde se acumularon los escombros que dejó el acto terrorista, que recuerda con nombres propios a las víctimas, es un poema rítmico inscrito en un lienzo cristalino en el que se retratan el enojo, la frustración y la solidaridad que desató el demente acto del 11 de septiembre.

El One trade Center, el edificio principal del complejo reconstruido, es el más alto del hemisferio occidental, es la diadema del poder, de la ambición y de la dominación americanas que se levantan soberbias a pesar del atentado.
-Fue como si le hubieran cogido los testículos a un muleto sin amansar, dijo un paisa para definir la gravedad del acto terrorista y la consecuente reacción de USA.
La mayoría de las personas, deslumbradas por las obras perfectas y  por los avances tecnológicos, no ven sino el resultado imponente del proceso productivo e inclinan la balanza hacia el lado de la belleza impecable. Porque los diseñadores, arquitectos, ingenieros y, en fin, los inspiradores de las moles de vidrio, acero, hierro y cemento, que predominan en el paisaje de Manhattan, le han puesto un tacto exquisito, semejante al de los más delicados artistas, para esconder el dolor provocado por la muerte, la dominación y la explotación, a punta de las cuales se han levantado sus rascacielos.
En sus interiores se percibe el perfume triste de los obreros muertos durante el proceso de las megaconstrucciones, así como el cansancio, el hambre y el vencimiento de los trabajadores de distintas partes del mundo que son los productores de la opulencia reflejada en los grandes edificios y en las telarañas que ha tendido la ingeniería en las monstruosas carreteras interestatales.
Por momentos, voces extrañas se escuchan aquí y en distintas partes del planeta para recordar que el trabajo es el origen de la riqueza y que los hombres dormidos en la idolatría de los dioses y del dinero no le ponen límites a sus ambiciones y es muy posible que sus ambiciones los lleven a la fatalidad. Cuando sean destruidas todas la fuentes de energía, se agoten las materias primas y escasee el oxigeno, de nada servirá el dinero, han dicho advertido constantemente los científicos.

Por las sofisticadas carreteras americanas circulan cientos de miles de automóviles, la mayoría con un solo ocupante, en uno de los principales desperdicios, como expresión orgullosa de la abundancia en la que vive el gringo promedio. El uso desmesurado del automóvil tiene un atenuante y es la abundancia de zonas verdes, de parques y espacio destinados a la recreación. Pero en esos lugares veo muchas personas que sacan sus perros a mear y cagar pero no salen a la práctica de los deportes.
En los parques, existen dispensadores de bolsas para que los dueños de los canes recojan los desechos y con avisos se advierte sobre la multa que se impone a quien infrinja la norma.
Las estadísticas muestran, del mismo modo, que el americano bota comida en cantidades exageradas y deshecha su ropa casi nueva de manera constante. Por estos días, la gente empezó a botar toda su ropa de verano y en los grandes almacenes se observan ofertas especiales con ropa de invierno.
Otra característica es la tenencia excesiva de perros y gatos a los cuales alimentan con refinados productos enlatados, los llevan a la peluquería frecuentemente y los visten de manera sofisticada, pero no saben, ni les interesa conocer los problemas de sus vecinos, de la comunidad. Se vive, y por tanto, se aprende el individualismo capitalista desde el núcleo familiar.

Un sentimiento de vida superior se alza en el espíritu de los gringos que solo se emocionan con el ser extraño que vive dentro de ellos, incapaces de conmoverse o simplemente perturbarse con actos como la reciente y repugnante carnicería de las Vegas.
Aunque estoy emocionado con las bellezas de lineamientos mágicos que hacen realidad un sueño de niño y una inquietud de viejo, por encima de estas praderas con cultivos de vidrio y cemento, de esta naturaleza muerta, siempre estarán las rosas, los jardines multicolores, los bosques, los animales y la gente de mi querida pero genuflexa, corrupta y politiquera patria colombiana.

viernes, 13 de octubre de 2017

Un salto desde la rigidez geométrica de los gigantes neoyorquinos al majestuoso Washington Bridge



 Pasaron varios días de sinfonía arquitectónica, moviéndome por entre la rigidez geométrica y la gloria esplendorosa de los gigantes neoyorquinos, hasta hoy cuando después de un recorrido por el famoso y encopetado Rockefeller Center, encontré el camino para liberarme de ese laberinto hiper complicado y entonces me monté en un bus articulado -un Transmilenio muy mejorado- que, tragando, acumulando, eruptando y evacuando miles de personas, me depositó en el Washington Bridge, otro de los más antiguos y queridos íconos de los gringos.

Llegando a su desembocadura en el atlántico, tras un viaje de 500 kilómetros, el río Hudson se desliza por entre sus riberas inmóviles y se mete, arrogante pero inofensivo, por debajo del ya veterano "Washington Bridge", colgado por la magia de la ingeniería para comunicar a los Estados de New York y New Jersey.

Un veterano de mil batallas, construido en 1930, sobre el cual transitan a diario cientos de miles de vehículos, empújados a través  de sus 14 carriles -8 en el primero y 6 en el segundo nivel- por el huracán de la modernidad, como perseguidos por la tormenta de la vida, al ritmo diabólico de las gandes urbes.

De conformidad con estadísticas suministradas por policías de guardia y control, por el coloso viaducto circulan alrededor de 140 millones de vehículos anualmente y la cifra se ha disparado en los últimos 10 años pues no solo une a Jersey con Nueva York sino que también sirve a la igualmente monumental carretera interestatal 95. El primer nivel fue puesto al servicio en 1931 y el segundo en 1962.
El Hudson es considerado un estuario porque su desembocadura tiene una forma semejante al corte longitudinal de un embudo, cuyos lados se van apartando en el sentido de la corriente por la influencia de las mareas en la unión de las aguas fluviales con las marítimas.
Su caudal, al paso por Manhattan es de 606 metros cubicos por segundo, suficiente para recibir embarcaciones de gran calado, principalmente cruceros internacionales.
 El Hudson se hizo mas famoso el 15 de enero 2009 cuando un Air bus A-300 que acababa de salir del aeropuerto La Guardia, de New York, hizo un acuatizaje exitoso que algunos denominaron "amerizaje" pues el océano había penetrado muchos kilómetros el cauce del río, tras sufrir el desperfecto de sus motores por culpa de varias aves que se introdujeron en sus turbinas. Todos sus ocupantes y la tripulación salieron ilesos.

El Rockefeller Center, la llamada Ciudad dentro de Manhattan, es un complejo de construcciones comerciales entre las avenidas 5 y 6 con calles 48 y 51, con pasarelas que conectan los tejados de los edificios, a semejanza de los Jardines de Babilonia, fue mi último recorrido por esa aureola del poder expresada en rascacielos que ponen la vanidad del hombre más cerca de la idolatría, el resumen de la vida moderna que le mete miedo a la humanidad como instrumento de dominación para asegurar el placer y el despilfarro de la riqueza que producen los trabajadores de todo el mundo. La plazoleta frente al edificio de la casa Rockefeller vive congestionada de propios y turistas que disfrutan de la perspectiva arquitectónica adornada por una verdadera plaza de banderas, cientos de banderas americanas en una seguidilla que no pude contar pues estuvieron constantemente agitadas por el viento frío que invade por estos días a "La Gran Manzana". La famosa pista
de hielo del Rockefeller Center, es la primera en inaugurarse cada temporada: abre desde principios de octubre hasta abril del año siguiente.Se instala en la plaza principal del complejo, en  donde más adelante se levanta  el árbol de navidad gigante que constituye otra de las muchas experiencias emblemáticas de los americanos. Esta pista y otras en lugares cercanos al centro de Manhattan son unas de las atracciones más notorias "en tierra" porque, inevitablemente, es la belleza, perfección y altura de los edificios el eje que domina la atención de los visitantes.


El día tiene el color de las perlas, los expertos pronosticaron lluvias intensas para las próximas horas y el viento frío que precede al invierno nos advierte que los paseos y el contacto con  la naturaleza están a punto de terminarse. El espejo corrugado del río me muestra las siluetas de los grandes edificios y en las altas torres de vidrio, cuyos pináculos estuvieron como incendiados hace dos días, hoy el sol se refleja pálido.

Desde siempre he sentido un terror doloroso ante el vacío, una ineptitud psíquica indefinible e inapaciguable que me produce vértigo en las alturas de los edificios y estructuras como este puente, pero no desde los aviones. Por momentos, siento un extraño mensaje de agotamiento que entra veloz por mi cabeza y se sitúa en las rodillas y una necesidad invencible de tenderme en el piso, de taparme los ojos y  quedo paralizado, en estado catatónico, tieso, despersonalizado como una estatua. Para mi primer paseo de la escuela Jesús María Ocampo, de Armenia, mamá Alicia empacó mi fiambre en una canasta, la  misma en la que trasteaba las arepas desde la casa de la prima Carlota, a las 6 de la mañana, todos los días. Cuando en Girardot el profesor Diego Mejía nos puso en el puente del ferrocarril para vivir la aventura de cruzar el río Magdalena, quedé paralizado cuando comencé el recorrido por el paso peatonal y vi abajo las aguas del turbulento río de la patria. Perdí mi canasta en un hecho verdaderamente traumático que paralizó momentáneamente la expedición por cuanto debí ser movilizado, casi halado, por el docente. Por causa del episodio, fui objeto de burlas sucesivas desde ese momento y durante todo el año escolar.

Hoy, ingresé a las escaleras de una estructura por la que acceden los peatones y ciclistas que pretender cruzar el imponente Washington Bridge y cuando me detuve en uno de sus "descansos" vi el vacío a través la malla metálica. Aunque me preparé desde la víspera para enfrentar mi desajuste, estas escaleras me tomaron de sorpresa y mi hermana Gladys pensó que definitivamente no podríamos hacer el recorrido. Una debilidad realmente tormentosa que envenena mi vida, una sensación que me hace sentir tan frágil como un niño abandonado.



Aprendí que en la vida tenemos que sonreír más cuando estamos en plena desgracia y con un poco de reflexión bajé las gradas con la mirada arriba, llegué a la vía peatonal del puente en donde sus grandes y poderosas infraestructuras me impresionaron, espantaron mis miedos y me sentí seguro prendido de la baranda que separa la vía vehicular de los transeúntes.

-El predominio del cerebro sobre los órganos de los sentidos, pensé orgulloso.

Con la armadura de  la razón que me protegía contra la fobia, comencé la batalla de dominio de las sensaciones pero ese triunfo me duró muy pocos metros pues quedé vencido de nuevo al verme expuesto ante las aguas del río Hudson que bajaban indiferentes ante mi pena. Intenté hacer un video pero mis manos temblorosas no me dejaron. Sentí que que la fuerza de gravedad se multiplicó por 20 y aferrado a la baranda vehicular hice un video. Mi hermana me vio tenso y pidió hacer las fotos mientras me tranquilizaba.

Atrevida, soltó una pregunta que me volvió mierda:

-¿Acaso ya no eres el insurrecto indomable que siempre fuiste?

Herida la vanidad, me sentí obligado a reaccionar y comprendí que no podía malograr ese momento para apreciar la belleza del paisaje y el poder del hombre para ejecutar este tipo de megaconstrucciones.

El titán enfurecido cogió la cámara, hizo nuevos videos, se aproximó a la baranda del río y se hizo tomar algunas fotos que retrataron su miedo camuflado.

Recorrimos alrededor de 900 metros de los 1.600 que tiene el puente, el cielo nos dio más luz y la fragancia fue mas perturbadora que el susto. Me tranquilice, convencido de que tenemos que gozarnos no solo la realidad sino también las ilusiones para sacarle a la vida la poca miel que ya le queda.
-Tenemos que hacer ahorros placenteros para cuando llegue el dolor, para sufrir menos en la desgracia, para proteger el alma contra la tristeza, le dije a mi hermana quien, caminando de regreso por la estructura del puente, me hizo comentarios sobre la rapidez con la que se va la vida.



sábado, 7 de octubre de 2017

Rascacielos neoyorquinos, éxtasis del poder y la dominación gringa






Aunque Manhattan es un conjunto de dioses narcisistas y soberbios que se miran en las aguas del brillante río Hudson, son 3 las moles de acero, hierro, vidrio y cemento que se imponen en su cielo casi siempre de un azul nítido, un poco desteñido, como la campaña de Millonarios. Uno de los soberanos de las alturas neoyorkinas destronado hace 45 años y el más legendario, es el "Empire State building", construido en 1930, con 381 metros en sus 102 pisos, más los 62 metros de su pináculo y las 21 mil personas que trabajan en su interior. Visitado por 5 millones de personas cada año, fue durante 40 años el referente del poder y la dominación americanas. Fue despojado del título de edificio más alto de New York por las tristemente célebres torres Gemelas del Trade Center, el eje económico mundial atacado el 11 de septiembre de 2001. Con el derribamiento de las Gemelas, otro rey depuesto, el 426 Park Avenue, recuperó su liderazgo en las alturas, con su estatura de 427 metros, con una estructura cuyos diseños simples han sido criticados por los los expertos, quienes afirman que tiene poco valor creativo. Es un edificio de apartamentos de 85 plantas. Hace apenas un poco más de 5 años, el "One World Trade Center", del complejo reconstruido en honor a las víctimas de las Torres Gemelas, es el nuevo emperador del conglomerado de Manhattan y sede del museo que guarda los recuerdos de las destruidas Gemelas. Es el rascacielo más alto del hemisferio occidental y el sexto más alto del mundo, dotado de un potente ascensor que en 47 segundos llega a lo más alto de la estructura, en donde se encuentra un observatorio. Inicialmente se le llamó "Freedom Tower", ocupa el mismo sitio que la torre norte de las destruidas con el atentado, tiene una altura de 541 metros y 110 pisos. Dotado de 73 ascensores, es el primero de otros 5 rascacielos de oficinas que se construirán en el corazón financiero del planeta. 

También en Manhattan existe otro referente, el "Madisson Square Garden", el coliseo más famoso del mundo, en donde se realizaron las sonadas peleas de Muhammad Alí, Frasier y Mike Tyson. Hoy es el escenario principal de los encuentros de baloncesto, tiene 5 pisos y una capacidad para un poco más de 20 mil espectadores. 

De la decoración bucólica de la selva natural, con el perfume del jardín colosal y sus flores exóticas, sus aguas puras, abundantes y rumorosas; su gente cálida, sencilla y servicial, al paisaje de siluetas frías y hurañas, con uno que otro rostro angelical, con adolescentes bulliciosos. Y, desde luego, perfiles altivos que irradian el poder americano, distantes, displicentes, imperturbables e inabordables. Y, ¡quién lo creyera!, también rostros precozmente envejecidos de adolescentes en condición de habitantes de calle, condenados a la soledad de los andenes fríos, como flores de tristeza en esta selva tumultuosa de personas que no caminan sino que corren en un desespero contagioso, estresante. El día está soleado pero con viento frío por la llegada del otoño y los habitantes ya comienzan a ponerse ropa de invierno. Junto a una de las grandes terminales terrestres, de la octava con 40, se acentúa la congestión humana y vehicular que se ve como un hormiguero gigante desde el 5° piso del edificio del New York Times. En sus alrededores, algunas mujeres pálidas, remanentes de la zona de parqueo de las "vírgenes ardientes", como les decía mi papá Jesusma a las vendedoras de pasión. 

 
 
En medio de la multitud me siento solo, abandonado, meinvade un desespero de prisión por este anonimterrible y me contagio de la prisa de los peatones cuando levantando la mirada veo el mismo entorno de rascacielos que me hacen sentir como en un laberinto sin salida. La gente tiene más afán que las bandadas de palomas sacudidas por una grúa que tocó el alero de una construcción vecina y en ese momento de soledad y aislamiento veo explosiones de bombas en Siria y en Corea, soldados muertos, trabajadores enfermos, con hambre y muchos niños flacos y barrigones en la Guajira, el Chocó y en los barrios pobres de las ciudades colombianas. 

Me acordé también de las ardillas del parque en donde temprano recorro 3 kilómetros, mansas, grises, de cola abundante y suavidad majestuosa y con ellas calmé la fatiga de las sensaciones producidas por la simetría de la arquitectura de Manhattan. 

Porque necesito un receso para abrir de nuevo las alas de mis ensueños, agotados con este caudal de sensaciones extraordinarias con las que ya estoy convencido de que la perfección SÍ es posible.


martes, 3 de octubre de 2017

Desde el cono del volcán Puracé a los enormes árboles de vidrio y cemento


Con apenas 20 días de viaje, mis sentidos alcanzaron el más alto estrato en la escala de los colores, la ingeniería, la arquitectura, los paisajes y las revelaciones extraordinarias, a tal punto que mi capacidad de asombro se agota por la sucesión de estampas sorprendentes, como pasa en Colombia con la violencia, la corrupción y la politiquería, ingredientes de la cotidianidad que, aunque gigantes, a nadie les preocupa.

El itinerario me puso ayer en el mirador del "Boulevard east", desde donde se observa el pomposo Manhattan, la concentración del poder económico mundial que se define, se planea, se ejerce, se imparte y impone desde los rascacielos poliformes y multicolores que, de noche, semejan un conjunto de dioses iluminados mirándose orgullosos en el espejo de las aguas del igualmente imponente río Hudson.

Es, del mismo modo, la sede del reinado del diseño, la ingeniería, la arquitectura, las comunicaciones, la alta cocina, los negocios y la delincuencia de alta alcurnia, que influyen en las decisiones de todo el mundo a través de sofisticados sistemas y aparatos ideológicos. Que cuando no pueden persuadir sobre una tendencia o una decisión, la imponen por la fuerza inapelable de las armas.

 A mayor exacerbación de mis sentidos, más vehemente es el interés de expresar mis percepciones, más intensa es la elaboración de las interpretaciones y más inquietante la construcción de los análisis en lo que he considerado como la más grande transformación del entorno que he vivido después de los ascensos saludables al volcán Puracé y al Nevado del Tolima.

Desde los verdes encendidos de la mayor huerta de la humanidad, desde los pulmones del planeta, a esta selva tumultuosa y hostil en donde los árboles gigantes de vidrio y cemento son una amenaza, como las fieras en la amazonia. Callejones oscuros, muy extensos, hasta donde la luz directa del sol solo llega unos pocos minutos porque el vértigo de las alturas la sorprende; el vientre de "The Big Apple city" está agitado a todas horas y en sus vías me siento extraño, entre gente extraña con lengua extraña, con costumbres extrañas."Amo más a la selva porque su soledad no ha sido deshonrada por el hombre", dijo un personaje de La Vorágine, en una de las tantas sentencias sabias del escritor huilense.

 Metido en el túnel Lincoln que une a New Jersey con New York, por debajo del lecho del río Hudson, a medio camino, entré en pánico cuando mi hermana Gladys, en tono premonitorio dijo:

-A propósito del la masacre en Las Vegas,¿cómo sería un atentado en este puente?

Como si me hubiera caído de culos sobre la punta del nuevo edificio del complejo reconstruido contiguo al monumento a las víctimas de las torres Gemelas, el One World Trade Center, solté un grito que perturbó al conductor:

-¡¡Ni se le ocurra pensar en esa eventualidad!!, le dije, y agaché la cabeza empujado por un terror semejante al que siento cuando me asomo por la ventana de un décimo piso y alma se sacudió como asaltada por el pico de un buitre.

  
Después una caminata de 15 minutos, entre las entrañas de la Gran Manzana, con fuertes dolores en el cuello por mantener la cabeza levantada, llegamos ansiosos y respetuosos, al monumento a las víctimas del atentado a las torres Gemelas. 

Impresionado por sus belleza, como un soberano en su trono, levanté la mirada de admiración ante el One World Trade Center, el edificio principal del complejo reconstruido como homenaje a las víctimas y al orgullo americano. Es el más alto del hemisferio occidental y el sexto más alto del mundo. 

La fraternidad de los concurrentes, turistas de todo el mundo, con una sencillez conmovedora, grabando videos y haciendo fotos históricas, representan también la máscara que esconde el grito desgarrador de la ira, el hervor de la sangre y el sollozo que sale del pecho al recordar ese macabro 11 de septiembre de 2001. Es un espejo de agua de 10 metros cúbicos, bajo el nivel de la calle, en cuyos muros se inscribieron los nombres de las víctimas identificadas, en donde el agua fluye constantemente, como las lágrimas de los americanos, y entra en un cuadro céntrico que simboliza la absorción de la vida, la ruina de las ilusiones y la humillación de la que objeto el Imperio.

La nube negra que desencadenó el derrumbamiento de las torres es una barrera beligerante que separa los americanos e  islamitas por cuenta de los responsables de ese fatídico episodio de la historia reciente.

 

Mirando el lento discurrir del esplendoroso río Hudson, el sol, el mar, el horizonte infinito, los edificios  de belleza impecable que son los ojos de la dominación del Imperio, así como el tapete dorado sobre el cual se mueve un gran barco crucero, también miro mi vida, mi vida de hombre sensible y entonces veo que solo me falta una caricia femenina sincera para completar este cuadro, este prisma de policromía misterioso y encantador que me ofrece la visión de la gloria americana resumida en Manhattan.

 


domingo, 1 de octubre de 2017

Escondida en "La gran Manzana" encontré a mi hermana


Acabo de llegar a New York después de un viaje de 7 horas por tierra desde Richmond, Virginia, tras las huellas de Gladys, mi hermana mayor, quien en 1972 inició el éxodo familiar a USA en busca del entonces añorado "sueño americano" que, cumplido, la hizo ciudadana de este país y atrajo a otros miembros de la familia que también tuvieron éxito en sus expediciones.
La perfección de la naturaleza, expresada en la armonía de los colores y las formas, con sus tonos verdes que palidecen por la llegada del otoño y configuran un contraste con el azul del cielo diáfano, se repliega, se aleja de la vista de los cientos de miles de personas que se movilizan por la monumental carretera 95 norte, para darle paso a la belleza y precisión de las obras vanidosas y soberbias construidas por el hombre para acomodarse armónicamente en el planeta.
Los titanes del diseño y la ingeniería son la encarnación de lo formidable y el triunfo de sus proyectos estimula el Ego de los propietarios de las grandes empresas constructoras. Sus éxitos son un grito que llena el mundo con sus colosales y arrogantes moles de hierro y cemento, al lado de las cuales las obras del tercer mundo son apenas una mueca tenue, como la luz de la luna en su último día de menguante.
Puentes soberbios, avenidas que son mesas de billar de dimensiones extraordinarias, se cruzan entre sí en un entramado misterioso, verdaderos laberintos aéreos y edificios que chuzan las entrañas del firmamento, dominando las llanuras ilimitadas, son los componentes principales del entorno en este Imperio del orgulloso y del poder.
Entre esa acuarela admirable, sugestiva, bella y sublime, que observo al entrar a "The Big Apple City", también observo el sollozo del hambre, el atraso y del subdesarrollo, el grito impotente del Prometeo tercermundista encadenado que blasfema y se retuerce en su dolor. Y no veo a las blancas Nereidas oceánicas que lo perfuman con narcisos, como en la tragedia  de Esquilo, para dar paso al Prometeo liberado.
Esta metrópoli convulsionada y aterradora que le hace honor a su denominación de "capital del mundo" me ofrece otros momentos bien difíciles de dibujar, exaltado por mi condición de hombre sensitivo y emotivo, quizás por haber vivido durante muchos años en el corazón de la amazonia y haber contemplado con sensualidad el pudor de las selvas vírgenes que guardan los secretos reales e imaginados descritos en la fabulosa poesía en prosa de José Eustasio Rivera.
Por esa razón, padezco una especie de primitivismo sensorial que se agita con fuerza cuando me pongo en contacto con sus antónimos contradictores, el hierro, el acero, el vidrio, el martillo y el cemento. Mis percepciones sensoriales tienen la fuerza y la vehemencia de una manada de cerrillos o cafuques, la suavidad de una mariposa de alas transparentes y también el aguijón de la hormiga conga. Con esas perspectivas es que miro los paisajes de la vida y de la "Pacha Mama".

Al llegar a casa  de mi hermana Gladys vi nuevos paisajes decorativos de otra belleza, la espiritual, bordados en su alma solitaria y solidaria por los grandes escenógrafos sembrados en su corazón por papá Jesusma y mamá Alicia con el esmero que despierta un primogénito.
Solitaria, cada día más lejos de la gente y más cerca de su dios, como vuelta de espalda a la vida, llegando a la desesperanza, me acercó con fuerza a su cuerpo menudo y con la mirada nostálgica me dijo lo mucho que me ha querido, desde mi época de seminarista cuando me pagó las matrículas y las pensiones, porque toda la familia quería tener un cura que los salvara.
Su casa grande, confortable tiene un aire de centro cerrado de novicias pero en realidad es un recinto multireligioso en donde la pluralidad religiosa de su marido permite que un Buda rojo, del tamaño de un niño de 5 años, mire de frente al Jesús Nazareno que tiene su mano derecha amputada. Los ángeles y arcángeles, grandes y pequeños le hacen compañía a San Gregorio, el único venezolano más virtuoso que Chávez, apostado cerca a la virgen del Carmen. Porcelanas chinas, indígenas de distintas partes del planeta y de diferentes  tamaños; elefantes, el niño dios de Praga, San Martín de Porres, San Antonio, la virgen del Perpetuo Socorro y San Lázaro miran a los visitantes con ojos de vidrio. También hay gatos, de verdad y de mentiras, la cabeza de un venado y la foto de papá Jesusma soltero, además de una colección de ranas verdes y de 
otros colores, que me recordaron la leyenda uitoto sobre las ranas de huesos azules. Mao Tse Tung le sonríe a Goerge Washington por entre las oraciones musulmanas  y judías  pintadas en grandes cuadros. En la mesa de centro, las biografías de Jhon Kennedy y George Washington esconden libros de santería, goegrafía peruana, unas cuantas revistas de arte y del "reino" de los ángeles.

En su casa, todo tiene el aire místico neutralmente aromatizado de las capillas y su silencio taciturno fue profanado por mis cuentos subidos de tono que compartí con su esposo peruano Jorge Eduardo, a quien además le hice bromas acerca de sus creencias sobre los milagros y faenas que le han hecho "los espíritus de la vida y los de la santa muerte". Es un meticuloso con sus acciones, severo, ordenado y un buen mamagallista que tiene una gran capacidad de acierto para apostillar remoquetes a familiares y amigos. Pero, del mismo modo, tiene juicios inapelables sobre la conducta de quienes lo visitan.
Al acostarme pensé sobre ese huerto cerrado que constituye el fuero espiritual de la gente, el bálsamo con el que hace deliciosas las tristezas, que la aísla, que la hace cantar aunque tenga motivos para llorar. La que facilita su fusión espontánea con los opresores alrededor un partido de fútbol y en las elecciones.
En medio de estos contrastes, de esta tolerancia, de este bazar de posiciones encontradas, en el que los símbolos comparten su espacio en medio de un silencio respetuoso, me acordé de un episodio gracioso de mi vida cuando una monja besó mis labios paganos.
-La variedad es el alma del paisaje, pensé con cierta voluptuosidad vencedora mientras cepillaba mis prótesis dentales. No pude reírme porque tenía los dientes en la mano.

Amanecí en la gran manzana, a la que llegué por entre un tumulto de hierros, ladrillos y placas artísticamente plegadas pero a pesar de la sorpresas y la magnanimidad de las megaconstrucciones, creo que los árboles siempre serán más cariñosos que los edificios porque la naturaleza tiene a los mejores orbefres del universo.
Mientras tanto, el tercer mundo subdesarrollado, pobre y explotado, grita y se ahoga entre su miserable estercolero.