martes, 17 de febrero de 2026

UN VISTAZO A LA PRENSA CAQUETEÑA A TRAVÉS DEL PERISCOPIO DEL RETIRO

 

Aunque el retiro no me permite la visualización directa de la realidad objetiva del ejercicio periodístico en el Caquetá, mi cercanía personal con muchos colegas -que también son mis amigos por la magia de las relaciones no intelectualizadas- y mi permanente interés por los temas y sucesos que involucran a ese amado territorio, me ofrecen la información suficiente para elaborar algunas opiniones, a propósito de la situación derivada de los silencios y publicaciones sobre los procesos judiciales contra el gobernador Luis Francisco Ruiz Aguilar.

Entre las víctimas  que dejó la llamada "guerra del Caquetá", primero, y la violencia paramilitar, después, está la Prensa regional que, presionada por los grupos legales e ilegales, naufragó entre un miedo generalizado que pulverizó las distintas expresiones de buena Radio, periodismo investigativo y de servicio a la comunidad, que alcanzaaron visibilidad y reconocimientos en el panorama nacional. Quienes no nos rendimos ante las amenazas, la extorsión, el chantaje y el soborno que pusieron a los periodistas a hablar cada vez más bajo, en beneficio de los militares, los grupos armados, los políticos y el gobierno, tuvimos que abandonar la región. En medio del miedo, los dueños del poder, sus cortesanos y sus organismos represivos, avanzaron en la tarea de callar las voces de inconformidad y protesta. Además, cuando la noticia se transformó en una mercancia, la Verdad fue lesionada gravemente y los empresarios regionales de la información enfocaron sus líneas editoriales hacia la obtención de dividendos económicos a partir de su contubernio con el gobierno seccional y los alcaldes. Los hechos truculentos, la morbosidad espectacular y la vanidad, por encima de los problemas del departamento y de las necesidades de la comunidad. Los verdaderos personajes de la cotidianidad perdieron protagonismo y la politiquería fue más importante que el hambre de la gente pobre y que incumplimiento de las promesas de los gobernantes.     

Las condiciones del ejercicio periodístico en Caquetá cambiaron sustancialmente porque los colegas tuvieron que plegarse al gobierno seccional y al de la capital, principalmente, para garantizar su sobrevivencia con el periodismo de biberón, se convirtieron en propagandistas, ruiseñores que cantan al ritmo de la pauta oficial y, de a poco, la comunidad se quedó sin voceros en los Medios de comunicación. Las nuevas generaciones, formadas bajo el rótulo de "comunicadores sociales", con un plan de estudios acrítico, estructurado para darle brillo a las empresas, al gobierno, a las instituciones oficiales y privadas, han replicado ese modelo, que dio origen a un híbrido que le hizo daño al Derecho a la información: *el periodista-asesor comercial-relacionista*, que también se convirtió en chantajista desde el micrófono, el papel o las redes sociales. Son muy pocas las excepciones saludables de colegas que cumplen con su misión verdadera, pero carecen de canales efectivos de difusión. Las pequeñas emisoras de los pueblos y las redes sociales son un instrumento importante, pero sus realizadores también dependen de la pauta publicitaria para su funcionamiento. La pauta oficial es la más generosa y en consecuencia, los colegas deben aplicar la autocensura, mantener encendido el incensario, o guardar silencio frente a sonados y evidentes casos de corrupción, politiquería y desgobierno. Periodismo complaciente y mentiroso. Cuando un periodista investiga y denuncia, es visto como un epecimen raro que se sale del molde y entonces se evidencia la antropofagia de los colegas que también perdieron la solidaridad grupal, remplazada por las zancadillas. Y claro, Lucho, con su paquete de denuncias a cuestas, a punto de caer doblegado por la justicia lenta y coja, cree que las publicaciones son insolentes y mentirosas. Una oveja se le salió del corral. Es más peligroso el silencio de los colegas que las amenazas del médico.

Hasta el premio de periodismo "Diosa del Chairá", que de todas maneras es un soborno disfrazado, se devaluó y en los últimos años algunos de sus ganadores han sido "asesores" de prensa de entidades oficiales o privadas, lo cual confirma que efectivamente el periodismo es propagandismo. Los trabajos ganadores se ocupan de temas sin trascendencia, ninguna investigación importante sobresale entre los participantes y sus ganadores son, regularmente, simpatizantes muy cercanos al gobierno de turno.

El silencio alrededor de la delicada situación jurídica del gobenador "Lucho", es otro producto de la prostitucion del periodismo regional que, justamente este 20 de febrero, tendrá su recompensa con la gala ofrecida por el gobierno que preside el cuestionado "Lucho" para celebrar tardíamente su día clásico en medio de comida y bebida abundante, para renovar su asociación y, naturalmente, para celebrar el triunfo de esa alianza silenciosa. Como el caso del gobernador, existen muchos otros manejados con el famoso "tapen, tapen", entre ellos los más sonados son el del "patrón" Alvaro Pacheco, llamado de nuevo por la JEP, pero de quien no nos dicen ni "mu", o simplemente "copian y pegan" tímidamente los despachos de las fuentes generadoras. También recordamos el caso del Pastor-gobernador, auspiciado por la tristemente célebre Alejandra Moreno Piraquive, reconocida empresaria de la fe, y quien, al estilo de su partido, realizó numerosas maniobras de corrupción que pasaron "de agache" por entre los periodistas y "comunicadores".
Mientras los periodistas tengan el tonel la pauta publicitaria como instrumento de pago por su trabajo, el Derecho a la información será otro de los Derechos violados sucesivamente.

Los "premios" inventados por el gobierno, los políticos y los empresarios, hacen parte de las dádivas ofrecidas a cambio de actitudes acríticas y complacientes, es decir, son un soborno disfrazado que reproduce constantemente el estereotipo del periodista-propagandista. El triunfo de la verdad es, por sí solo, un aplauso apoteósico, el mejor reconocimiento para el periodista. Lo demás es un asunto de vanidad y de chantaje.  El Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, creó el único premio de periodistas, para periodistas. Higiénico e independiente, es un galardón que realmente reconoce el trabajo de los colegas en benficio de la Verdad. El único premio para los trabajadores de la palabra es el placer que produce la escritura cuando se cumple con el deber verdadero, con la pasión por la Justicia y por la Libertad. 

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